Mi pequeña alma

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Evangelio según San Lucas 17,3b-10.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo“.
Los Apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe“.
El respondió: “Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, ella les obedecería“.
«Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: ‘Ven pronto y siéntate a la mesa’?
¿No le dirá más bien: ‘Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después’?
¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ‘Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber’».

Homilía del Padre Paul Voisin CR, Superior General de la Congregación de la Resurrección:

Gene Savoy fue un famoso arqueólogo estadounidense que, en una ocasión, se encontró perdido en la selva de Perú. Él y su compañero no podían encontrar el rastro que les había llevado a la selva. Su preocupación fue en aumento a medida que se acercaba la noche. Después de haber intentado sin éxito encontrar el rastro, se detuvo y pensó que esa selva era la casa de Dios, y que Dios estaba presente allí, y que seguramente Dios los sacaría de la selva. Entonces, con un espíritu de tranquilidad, dio unos pasos hacia la izquierda, y allí estaba el sendero. Más tarde escribió: “Estoy orgulloso de mis descubrimientos arqueológicos. Pero mi mayor descubrimiento, creo, fue reconocer la presencia de Dios en todas partes“.*
Me pareció que esta historia tiene algo que ver con nuestro evangelio de este fin de semana (Lucas 17:5-10). La fe adopta muchas formas diferentes. Algunos utilizan la palabra para decir que tienen fe en el servicio meteorológico, o en la bolsa de valores, o en la prensa. Otros hablan de la fe en las personas de su vida. Pero es la fe en Dios la que nos ocupa hoy. Jesús utiliza una imagen muy dramática en el evangelio, la semilla de mostaza que es una de las semillas más pequeñas, pero que tendría el poder de arrancar una morera y plantarla en el mar. Una hazaña impresionante. La semilla de la fe fue plantada en nosotros en nuestro bautismo, cuando nos convertimos en hijos de Dios. Esta semilla fue alimentada por las personas de fe en nuestras vidas: nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros padrinos y otros adultos significativos que influyeron en nosotros. Se nos recuerda en el Rito del Bautismo, en la bendición del padre, que “junto con tu esposa serás los primeros maestros de tu hijo en los caminos de la fe. Que vosotros también seáis los mejores maestros”. A medida que crecemos y maduramos, también lo hace nuestra fe, si es alimentada por la oración, el culto y la instrucción religiosa. En una escuela católica, o en un programa de catequesis parroquial, esta instrucción religiosa se comparte, y nuestra comprensión y capacidad de articular nuestra fe crece enormemente.
A veces, esa fe de los individuos se atestigua en actos de caridad y compasión, no sólo en la profesión verbal de su fe. En tiempos de dificultad y lucha, muchos recurren a su fe -tan pequeña o tan grande como la perciban- y se sienten fortalecidos y animados. No sé cuántas veces me ha dicho alguien, en un momento difícil, “no sé qué haría si no tuviera fe“. La fe nos proporciona una comprensión y una respuesta sobre la vida -y en particular con el sufrimiento y la muerte- que ninguna otra fuente puede proporcionarnos. Esta fuente proviene de Dios, no de encuestas o sondeos de popularidad. No alimentar a los demás en su fe -especialmente a los niños- ni darles un ejemplo vivo y dinámico de fe es tan triste como negar a los niños una buena alimentación y atención médica. Todos nosotros necesitamos “alimentar” la vida espiritual, la vida de fe, de los que están en nuestra vida.
En la Primera Lectura del Libro del Profeta Habacuc (1:3-4, 2:2-4) escuchamos la voz de los atribulados que claman a Dios. Están rodeados de miseria, destrucción y violencia. Dios responde que “el justo, por su fe, vivirá”. Para el que tiene fe, la gracia y el poder de Dios están ahí. En realidad, esa gracia y ese poder están al alcance de todos, pero los que no se abren a estas realidades no reconocen la presencia de Dios en medio de ellos, no se dirigen a él y, por tanto, no reciben su bendición.
En la Segunda Lectura de la Segunda Carta de San Pablo a Timoteo (1:6-8, 13-14), San Pablo nos anima a vivir una vida de fe. Nos dice que “avivemos el don de Dios”, que trabajemos en el crecimiento y el desarrollo de la fe que se nos ha dado, de modo que nos hagamos cada vez más “ardientes” con la luz de Cristo. Nos dice que “no nos avergoncemos de nuestro testimonio” del Señor, sino que seamos valientes y compartamos nuestra fe. Se llama a sí mismo “prisionero” del Señor, una imagen difícil a la que todos estamos llamados si nos tomamos en serio nuestra fe. Nos recuerda, como tantos de nosotros hemos experimentado, que nuestra “fuerza viene de Dios”, que nuestra fe aligera nuestras cargas porque Jesús nos recuerda que no estamos solos, sino que él está con nosotros, y su gracia es abundante. Sus palabras de despedida nos dan una clara visión de lo que estamos llamados a ser como personas de fe: “Tomad como norma las sanas palabras que habéis oído de mí, en la fe y el amor que hay en Cristo Jesús. Guardad esta rica confianza con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros”. Qué más se puede decir, así es como no sólo crecemos en la fe, sino que damos testimonio a los demás de esa fe.
La verdadera fe se basa en la revelación de Dios, en las Sagradas Escrituras y a lo largo de los siglos en la Iglesia. Dios se revela y nos llama a una relación personal con él. Con demasiada frecuencia, cuando pensamos en la fe o en la religión, pensamos en instituciones, estructuras, mandamientos, preceptos y reglas. Pero la fe es más profunda que eso. Estos instrumentos externos y humanos sólo tienen sentido y propósito en la medida en que nos dirigen en nuestra relación con Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Al igual que Gene Savoy reconoció la presencia de Dios en aquella selva de Perú, y le condujo al sendero, Jesús nos conduce al “camino, la verdad y la vida” a través de nuestra fe en él. Eso es la fe, no sólo emociones o modas pasajeras, sino reconocer la presencia constante y eterna de Dios. A menudo, esta es la razón por la que la gente “pierde la fe” en Dios, porque su fe depende de los buenos sentimientos y de las “sensaciones cálidas”, y no de la realidad de la vida con sus retos y dificultades. Recuerdo que hace muchos años escuché la frase: “Si Dios parece estar lejos, ¿adivina quién se ha movido?”. Dios está aquí. Nos bombardea con el amor y la verdad, con las gracias y las bendiciones, pero con demasiada frecuencia no lo reconocemos y, por tanto, no abrazamos la fe de una manera más profunda. Podemos mantener a Dios a distancia, o pedirle que “pase por el aro” y se adapte a nuestra idea de lo que debe hacer. Eso, sin duda, no es fe en Dios.
Este fin de semana, nuestras hermosas lecturas nos animan a crecer – como el grano de mostaza – y a ser personas de mayor fe, y a compartir esa fe con los demás. Como hemos sido alimentados, debemos alimentar a otros. Así como otros han dado testimonio de nosotros, nosotros debemos dar testimonio de otros. Entonces podremos decir que estamos llenos de fe, y que estamos “encendidos” con la vida de Dios.
*Esta historia introductoria está tomada de Homilías Dominicales Ilustradas, Año C, Serie II, por Mark Link, S.J. Tabor Publishing, Allen Texas. Página 113.

Las 12 vías con las que «la santa más grande» sigue llevando almas al cielo a 125 años de su muerte

Por José María Alsina– Religión en Libertad.
Este 30 de septiembre se han cumplido 125 años de la entrada en la eternidad de la “santa más grande de los tiempos modernos” (San Pío X). El próximo 18 de octubre es el aniversario de los 25 años de la proclamación de Santa Teresa del Niño Jesús como Doctora de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II con la carta Divina Scientia Amoris (La ciencia del Amor) desarrollaba las razones de la proclamación de la nueva doctora de la Iglesia, la más joven de todos los tiempos.
Con motivo de estas efemérides el sacerdote de la Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, José Maria Alsina, nos resume en 12 expresiones el camino de santidad, “la ciencia del amor” con la que Teresita sigue guiando a una “legión de almas pequeñas” en el camino hacia el cielo.
1º “Amar es darlo todo y darse uno mismo”
Estas sencillas palabras se encuentran en su poesía ¿Por qué te amo ¡oh, María!?”. Teresa desde la contemplación del misterio de la Virgen, describe en que consiste el amor: donación sin reservas, del todo, al Todo y a todos.
2º “El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos ¡oh, Jesús!”
Aquí está la “clave” del descubrimiento del “caminito” por Teresa. El camino del amor se recorre descendiendo… dejándose amar desde la humildad, la confianza y el abandono, dejándose tomar por los brazos de Jesús que nos levantan hasta lo “más alto” de su Corazón.
3º “Amar mi propia pequeñez”
Palabras a su hermana María (Sor María del Sagrado Corazón) a la que le enseña que lo que le agrada a Dios no son los deseos grandes de santidad, sino que “ame su pequeñez y su pobreza y la confianza que tiene en su misericordia”.
4º “Ganar a Jesús por el corazón”
Así le explica a su hermana Leonia como hay que conquistar el cielo, haciendo pequeños actos de amor con los que se “gana a Jesús por el Corazón”.
5º “Lo escojo todo”
La magnanimidad es la virtud definidora de los santos. Teresa con estas palabras magnánimas pronunciadas siendo una niña entiende el anhelo y deseo su vida, no negarle nada a Jesús y escoger todo lo que Él quiera para ella; hacer en todo su voluntad.
Santa Teresita de Lisieux.
“Amar la pequeñez”, entregarse por completo a Cristo sin reservas y un profundo amor a la Iglesia fueron algunas guías en la vida de Santa Teresita de Lisieux.
6º “Rosa deshojada”
Es el título de una poesía y resumen de como Teresa entiende el desarrollo de la vida de perfección en la tierra. La imagen de una rosa que, desde el silencio y sin que se perciba, va dejando sus pétalos, sencillos actos de amor, a los pies de Jesús, es icono de la santidad que vivió y quiso enseñar a vivir con su caminito.
7º “Corazón a corazón”
Así comprende Teresa la devoción al Corazón de Jesús. Con estas palabras dirigidas a su hermana Celina, Teresa da a entender lo que para ella es el principio y fundamento de esta devoción: vivir ya en esta vida una relación personal con Jesús, vivir de veras con Cristo vivo.
8º “Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo”
Esta frase de Teresa queda recogida en el inicio de la sección sobre la Oración del Catecismo de la Iglesia Católica, significando la sencillez y profundidad con la que Teresa ha mostrado para estos tiempos como hay que dirigirse a Dios nuestro Padre.
9º “En el Corazón de mi Madre la Iglesia yo seré el Amor”
Exclamación de Teresa al descubrir en la lectura de la carta de San Pablo sobre la caridad cual era su vocación, su lugar en la Iglesia. Ella quiere latir en sintonía con la esposa de Cristo y hacer que este latido de amor se extienda hasta los confines de la tierra. No en vano fue proclamada patrona de las Misiones.
10º “La Virgen es más Madre que Reina”
La relación filial con la Virgen María le llevaba a mostrar su extrañeza ante ciertos tintes con las que se presentaba a la Madre del Cielo. Teresita habla desde su propia experiencia. Ella, desde niña, curada milagrosamente por la sonrisa de la Virgen, percibió a la Virgen como Madre cercana que acompaña nuestros pasos con delicadeza y ternura.
11º “Dios mío, te amo”
Son las últimas palabras de Teresa el 30 de septiembre de 1897. Puente entre el cielo y la tierra. Con ellas resume su vida y la misión que se la ha confiado en la Iglesia: dar a conocer para estos tiempos el misterio de Dios revelado a través de Cristo para que los hombres le amemos sin miedos ni reservas.
12º “Pasaré mi cielo haciendo bien en la tierra”
Para Teresa el cielo no es “lugar de descanso”. Desea vivir para siempre con Dios para hacer que desde el cielo “descienda una lluvia de rosas” que atraiga a muchas almas por el camino de la confianza y el amor. La misión de Teresa sigue desarrollándose. Hoy 125 años después de su muerte la doctrina de Teresa sigue fecundando el corazón de una “legión de almas pequeñas” que por su magisterio e intercesión han descubierto el camino universal de la santidad.
BROTHER ANDREW

Puertas abiertas

Por Jaime Septién– Aleteia.org
“Se puede proclamar a Cristo en todas partes, siempre y cuando estés dispuesto a ir y no estés preocupado por volver”.
A los 94 años, en su casa de Holanda, murió el martes pasado Andrew van der Bijl, conocido en los países de habla hispana como Hermano Andrés (Brother Andrew en todo el mundo).
Un misionero laico, famoso por ser “contrabandista” de biblias en países comunistas en plena Guerra Fría. Hazañas que lo llevaron a ser considerado por muchos como “el Contrabandista de Dios”.
El hermano Andrés fue el fundador de la organización Open Doors (Puertas Abiertas), una organización internacional sin fines de lucro que pasa por ser el ministerio cristiano más antiguo para defender e informar sobre los cristianos perseguidos en todo el planeta.
Hoy –después de 67 años de haber sido fundada– Open Doors se encuentra en sesenta países y además de proporcionar biblias, da ayudas de emergencia, capacitación vocacional, reconstrucción comunitaria y otras ayudas esenciales a los cristianos que son perseguidos por su fe.
Este singular misionero laico, casado y padre de cinco hijos y abuelo de 11 nietos, se ganó el apodo de “contrabandista de Dios” por su audacia para entregar biblias en los países detrás de la Cortina de Hierro. Fue hombre de acción y de profunda oración quien estuvo casado por 59 años con su esposa Corry.
“El hermano Andrew era un hombre común que eligió ir a lugares difíciles y hacer cosas asombrosas por una razón: estaba siguiendo a Jesús”, dijo David Curry, presidente y director ejecutivo de Open Doors en Estados Unidos.
Su gran pasión
Nacido en 1928, tras sufrir la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, marchó a Polonia en donde se percató de que los cristianos en los países dominados por el comunismo se encontraban totalmente aislados.
De ahí comenzó lo que él mismo denominó como una pasión: servir a las iglesias censuradas y acalladas por los comunistas y llevarles la Biblia a los cristianos que no tenían el más mínimo acceso a ella.
Las aventuras del Hermano Andrés fueron innumerables. En su autobiografía («God ‘s Smuggler«), escrita en 1964, recuerda, por ejemplo, cuando cruzó en 1957 hacia Yugoslavia y el este de Europa en un Volkswagen lleno de biblias sin que fuera detenido por los agentes fronterizos.
Sin embargo, la mayor de sus aventuras fue la de China en junio de 1981, cuando, a través de una barcaza, desembarcó en la costa de China un millón de biblias en 232 paquetes que flotaron hasta un ejército de cristianos silenciosos que las esparcieron más tarde por el inmenso territorio chino.
«God´s Smuggler (El contrabandista de Dios)» fue el primero de los 16 libros que escribió el Hermano Andrés. Ha vendido 12 millones de ejemplares y ha sido traducido a 40 idiomas. Sus viajes sumaron más de un millón y medio de kilómetros en 125 países.
Puertas abiertas
“Nuestra misión misma se llama ‘Puertas abiertas’ porque creemos que todas las puertas están abiertas, en cualquier momento y en cualquier lugar”, explicaba a menudo el hermano Andrew. “Literalmente creo que todas las puertas están abiertas para entrar y proclamar a Cristo, siempre y cuando estés dispuesto a ir y no estés preocupado por volver”.
Según la nota de prensa distribuida por Religion News Service, después de la caída del Muro de Berlín, el Hermano Andrés centró su atención en el mundo islámico “creyendo que la rápida propagación de expresiones radicales y militantes del islam planteaba el mayor desafío hasta ahora para la libertad religiosa en todo el mundo”.

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