Caviares con piel de lagarto

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Un acoso archivado, el silencio del machismo

Por Mariella Balbi– Diario EXPRESO.
María del Pilar Rivera, periodista del Congreso, recibió en el 2019 estos escabrosos mensajes de ‘wasap’ del entonces parlamentario acciopopulista Yonhy Lescano, hoy candidato a la presidencia. Era de madrugada. Le escribe: “La entrevista debe ser en privado”. Rivera contesta: “Normal, entrevista es entrevista”. Él insiste con su fantasía sexual: “Estás, pues, con tu libreta y yo voy respondiendo… de pronto te asalto. No importa, te robo tu ropita”. Ella reacciona con: “???, qué”. Él busca convencerla: “Bueno, amiga, tenía cosas exóticas… quería conversar cosas mayores, qué de malo tiene”. Los “????” se multiplican.
Días después, el morboso congresista arremete a la medianoche: “Hola, ¿ya en la camita?… ¿Cómo va esa delantera?… Muéstramelas para ver si es cierto… ¿Estás sola ya en la camita desnudita?”. Rivera le espeta: “Suficiente. Me está faltando el respeto… Como que confunde la amistad”. Al día siguiente le reclama: “q pasó anoche…Pensé que ud era un hombre serio… Nunca le di la confianza”. Lescano pide disculpas y cobardemente, soslayando su arrebato sexual, afirma que otra persona usó su WhatsApp.
Al estilo de los acosadores, Lescano nunca admitió los inmundos mensajes y responsabilizó a su seguridad, al fujiaprismo y dijo que estaban editados. El Defensor del Pueblo corroboró el acoso sexual. Pero en el 2020, cuando la fiscal titular estaba de vacaciones, logró –probablemente con malas artes– que el fiscal suplente, Henry de la Cruz, de la Fiscalía de Violencia contra la Mujer archivara el caso. Descarta la edición de los ‘wasaps’ Argumenta cínicamente que fueron consentidos y carecen de contenido sexual.
María del Pilar tiene un hijo autista, está destrozada. Se siente vejada, humillada, timada, tiene asco. Con coraje, denunció. La justicia se torció. Las feministas, las mujeres que protestan tanto contra el abuso sexual, no la respaldan. Las cegó el machismo o la política. En los debates electorales es un tema menor, los candidatos no lo encaran. Son pocos los periodistas que le hacen la pregunta. Solo dos escuchan a la víctima.
Acción Popular no se pronuncia. ¿Avala al torcido fiscal?, qué diría Belaunde, un caballero cabal. El caso de la periodista Rivera debe reabrirse por el bien de la salud moral del país. A las mujeres nos pegan, asesinan, violan, acosan, es una plaga que carcome a nuestra sociedad. Quedarse callado es ser cómplice del acosador sexual.
Si ocurriera esto con una hija, cualquier padre vería el tufo libidinoso y enfermizo de los ‘wasaps’ y exigiría justicia. La periodista Rivera está sola. Lescano abusó de su poder de congresista. Dio rienda suelta a su obscenidad, sabiendo que saldría impune.
Quién sabe si hay o habrá otras María del Pilar Rivera. El silencio frente a su caso es vergonzante. Como afirma una lúcida amiga: “¡Vivo indignada con el cinismo de este hipócrita y caradura!”.

Les Caviares

Ante la muy extendida y generalizada confusión de la ciudadanía, que no logra distinguir entre un izquierdista-marxista y un caviar perulero, nos vemos en la patriótica obligación de realizar algunos apuntes sazonados con una buena dosis de “ubicaína”.
En provincias no hay caviares. Todos los caviares viven en Lima. Para ser más precisos, existen cuatro castas de caviares. Por cierto, es una sociedad bien estamentada como la costumbre exige. Existen los “Caviares propiamente dichos“; viven en San Isidro, Miraflores y Barranco, tienen apellido europeo, son blancos, tienen dos o más nacionalidades, trabajan en ONGs financiada por fundaciones o corporaciones transnacionales o en una universidad conversa (Pontificia Universidad Católica del Perú, Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Universidad Cayetano Heredia y Universidad del Pacífico), infaliblemente por donde pasa un jesuita parece garantizada la generación y multiplicación de caviares anticristianos.
Los caviares son ególatras, hedonistas, consumidores compulsivos de sustancias tóxicas y adoradores del becerro de oro. Viven de la pobreza y harán todo lo posible para perpetuarla en el tiempo, con innovadores enfoques y modelos de intervención social. Los caviares debilitan la organización social a la que reemplazan con ONGs, a las que denominan “sociedad civil”.
Son la punta izquierda de la pinza con la que la corporocracia transnacional manipula la explotación de una nación y debilita cualquier intento de soberanía nacional u organización popular. Siguiendo con la taxonomía caviar, nos encontramos con el estamento de “Aspirantes a Caviares“; viven en Surco, La Molina y San Borja, son emergentes económicos, multiétnicos sin lazos directos con la “nobleza europea”. A continuación nos encontramos con los “Caviares Alucinados“; nunca serán caviares, solo los imitan y acompañan cuando se los piden, son sus fieles servidores; viven en Jesús María, Pueblo Libre y Magdalena, son mestizos e ideológicamente sumisos. Finalmente, nos encontramos con los “Zombi-Caviares“; no son caviares ni son conscientes de que no lo son, viven en el “resto” de la ciudad de Lima Metropolitana, son migrantes o hijos de migrantes. Han sido ideológicamente inoculados con el caviarismo, cumplen la función de esclavos mentales (les está prohibido pensar libremente), son operarios de batucadas, movilizaciones y activaciones. Los “Zombi-Caviares” no desperdician ocasión para practicar las lecciones esenciales del caviarismo internacional social-confuso. Con frecuencia, sin importar tiempo y espacio, escuchan el audio de algún caviar miraflorino o barranquino, que con voz gomosa, lastimera y afectada indica: – Repeat after me: los, las, les, l@s, lxs… Mi Munda, Tu Cuerpa, etcétero!
Fuente: El Oráculo de los Pallares.

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