Apóstoles

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Evangelio según San Mateo 22,1-14.
Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas’.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.
Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren’.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
‘Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?’. El otro permaneció en silencio.
Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes’.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

Padre Ernest Alexander Varosi CR

Homilía del Padre Paul Voisin CR, Superior General de la Congregación de la Resurrección:

Cuando salía de Bolivia, después de casi trece años allí, tenía más de ochenta celebraciones de “despedida”, desde la cena con pareja, hasta un banquete de más de ochenta personas (con los profesores, los ministros eucarísticos y sus cónyuges). Recuerdo una invitación particular de una pareja en la Parroquia cuya compañía disfruté cuando nos encontramos juntos en Arica, Chile. Cuando llegué a su casa, me di cuenta de unos cuantos coches. Cuando entré a su casa encontré pequeñas mesas en toda la sala, comedor y jardín colindante. Había alrededor de cuarenta personas allí, muchas de ellas diplomáticos y algunos generales también. Me preocupaba, porque, como el hombre sin la vestimenta de boda, me había ido usando solo un suéter sobre mi camisa clerical, mientras que todos los invitados estaban vestidos formal y elegantemente. Afortunadamente, desde que era la razón de la cena, no me pidieron que me fuera por no estar suficientemente bien vestido.
Mi experiencia resonó, para mí, cuando leí el evangelio de hoy (Mateo 22:1-13). La parábola que Jesús cuenta, continuando en el vigésimo primer capítulo del evangelio de Mateo, una vez más se dirige a los escribas y a los fariseos. El rey, por supuesto, es Dios. Jesús es el hijo cuya boda se realiza, y el banquete de boda es el reino de Dios. Los que fueron invitados al banquete de boda fueron los elegidos, en particular los escribas y fariseos. Sin embargo, no vinieron, porque rechazaron la invitación al banquete de boda. De la misma manera, el pueblo de Dios rechazó la enseñanza de Jesús. No reconocían sus palabras como verdad, ni ven sus obras como reveladoras que el reino de Dios había llegado. Y así, el rey envió a sus sirvientes para llamar a cualquiera que pudieran encontrar (incluyendo gentiles), y estos estaban representando a las personas que respondieron a las palabras y obras de Jesús. Es obvio desde la parábola que no fueron la primera elección del rey, pero fueron los que respondieron a la llamada. Compartirán en el banquete de boda del hijo. Ellos compartirán en el reino,
Y luego, llegamos los invitados de la boda, no vestidos con una prenda de boda. Estoy seguro de que la respuesta del rey a este hombre nos sorprende. En nuestro tiempo y lugar uno va a una boda vestido bastante bien como uno quisiera. A veces lo informal o casual de negocios son lo normal. A veces los lazos y las chaquetas son opcionales. A menudo es la pareja la que establece el tono en este asunto, al igual que mis amigos en su casa en Bolivia. En el tiempo y lugar de Jesús era bastante diferente. Todo el mundo tenía una prenda de boda, una prenda especial que se guardaba solo para estas ocasiones especiales. Sería un insulto asistir con la ropa de ′′calle′′ de uno, o lo que uno usaría en un día habitual. Esto fue ′′escrito en piedra” como algunos dirían. Así que, este hombre sabía que no había respetado esta regla, y esto se convirtió en una señal de falta de respeto para su anfitrión, el rey. La boda del hijo del rey, sobre todo, habría significado vestirse apropiadamente, según las normas culturales y religiosas de la época y el lugar.
Es interesante los comentarios de algunos de los estudiosos de la Escritura sobre la interpretación de este aspecto de la parábola. El Padre Jesuita, Mark Link, cuyos comentarios utilizo a menudo, escribe que este hombre, sin la vestimenta de boda, representa a aquellos que quieren entrar en el reino de Dios en sus propios términos. Querían compartir en el reino sin haber seguido a Jesús fiel. Ellos no aceptaron su verdad -al igual que los que lo rechazaron en la parábola- pero inventaron su propia verdad. Su amor y servicio no se inspiraron en el de Jesús el Señor, sino en su conveniencia o motivos puramente egoístas.
Esto tocó una campana conmigo. Hace muchos años leí un libro, el costo del discipulado, del mártir de la Segunda Guerra Mundial, el pastor luterano, Dietrich Bonhoeffer. Habló en su libro sobre ′′gracia barata”. Esto fue salvación sin conversión, amor y servicio sin sacrificio. Él -en su tiempo y lugar- desafió a la gente en Alemania a declarar su discipulado por vidas de gracia: verdadera gracia que vendría de seguir a Jesucristo, y no ′′gracia barata′′ que les convenga y no traerá ningún cambio o renovación en ellos.
En nuestra condición humana es una tentación ser como ese invitado en el banquete de boda no vestido con la vestimenta de boda. Queremos seguir a Cristo, pero no estamos dispuestos a pagar el precio. Queremos ser identificados con Cristo, pero no abrazamos los valores y virtudes del reino de Dios. Queremos decir la verdad, pero no es la verdad de Dios. Queremos amar, pero no es un amor inspirado y modelado por Jesús el Señor. Queremos seguir la voluntad de Dios, pero en nuestros términos. En nuestro mundo lleno de individualismo y relativismo esta es una gran tentación. Podemos pensar fácilmente que seguir a Jesús, conformarse con su voluntad y sus caminos, es una negación de nosotros mismos y lo que es más preciado para nosotros. Ahí es donde – como la otra semana en mi homilía cuando hablaba de San Agustín: debemos reconocer si creemos que Dios tiene una mejor manera, una mayor manera. Si realmente creemos en eso, nos pondremos esa vestimenta de boda y estaremos preparados para el reino de Dios siguiendo fielmente a Jesús el Señor.
′′Muchos son llamados, pero pocos son elegidos”. Estas palabras se hacen eco a través de los siglos desde el momento en que Jesús las dijo. Muchos fueron llamados al banquete de boda, pero no respondieron. Los elegidos fueron aquellos que hicieron la voluntad del Padre, que siguieron los caminos de Jesús, y fueron movidos por el Espíritu Santo. Hoy Jesús nos invita, en esta misma parábola, a escuchar sus palabras y a permitirles mover nuestra mente, corazón y espíritu para ser verdaderamente sus discípulos y seguirle en el reino.

Beatificación de Acutis: «Una buena noticia: un joven de nuestro tiempo ha sido ganado para Cristo»

Por Fernando de Navascués– www.religionenlibertad.com
Este sábado 10 de octubre pasará a la historia de la Iglesia como el día en que Carlos Acutis, un joven de apenas 15 años, fue beatificado y se convirtió en un modelo de santidad para los jóvenes y adolescentes del siglo XXI. La ceremonia de beatificación ha aunado en un solo corazón a los 3,000 asistentes venidos para la celebración más los miles que siguieron la retransmisión por Internet y las redes sociales, el mundo tecnológico que apasionaba a Carlos, del que era autodidacta y el que usó para hacer llegar el mensaje del Evangelio. La ceremonia de beatificación ha sido presidida por el Cardenal Agustino Vallini, Legado Pontificio para las Basílicas de San Francisco y Santa María de los Ángeles.
Carlos Acutis falleció hace 14 años y su beatificación certifica que este joven italiano vivió de forma extraordinaria el seguimiento de Jesús. Ciertamente, su testimonio caló hondo entre sus amigos y su familia y progresivamente en la Iglesia al grado que, a los cinco años de su muerte, se iniciaron los primeros pasos del proceso diocesano de beatificación, el cual se ha visto cumplido este sábado.
El rito se inició con la solicitud por parte del obispo de Asís, monseñor Domenico Sorrentino, de la beatificación de Carlos. Seguidamente, el postulador de su causa de beatificación, Nicola Gori, presentó una semblanza del joven. Y la respuesta de Cardenal Agostino Vallini fue la lectura de la carta apostólica en la que el Papa Francisco inscribe al joven italiano en el Libro de los Beatos y establece su fiesta el día 12 de octubre, su ‘dies natali’, su nacimiento para el cielo.
Inmediatamente, mientras se escuchaba un canto de aclamación, se descubrió una gran imagen del nuevo beato, e inició una sencilla procesión en la que un diácono portaba un relicario hasta el altar, siendo acompañado por los padres de Carlos: Andrea y Antonia.
Un chico de apenas 15 años
El Cardenal Agostino Vallini comenzó su homilía preguntándose “¿qué tenía de especial este joven de apenas solo 15 años?”. A lo que él mismo respondió enumerando las siguientes características: “Era un chico normal, sencillo, simpático, jugaba al fútbol, amaba la naturaleza y a los animales, tenía muchos amigos de su edad”. “Se sentía atraído por los modernos medios de comunicación social, la informática -continúa detallando el cardenal Vallini-, era autodidacta, construía programas que, como señaló el Papa Francisco, usaba para transmitir el Evangelio para comunicar valores y belleza”. Y, entre otros puntos que enumeró el cardenal, señaló “el don de atraer y ser considerado como un ejemplo”, pero si en alguno hizo especial énfasis fue “su amor por la Eucaristía en donde mantenía viva su relación con Dios y que el propio Carlos definía como ‘mi autopista para el Cielo’”.
“No quiero ir al Purgatorio, quiero ir al Cielo”
Los dos rasgos de la fe heroica de Carlos Acutis fueron, en palabras del prelado, “oración y misión” que le llevaron “a encomendarse al Señor, sobre todo, en los momentos más difíciles. Con este espíritu vivió con serenidad la enfermedad que le llevó a la muerte: Carlos se abandonó en manos de la Providencia y bajo la mirada maternal de María repetía: ‘Quiero ofrecer todos mis sufrimiento al Señor por el Papa y la Iglesia. No quiero ir al Purgatorio, quiero ir al Cielo’”.
Un ejemplo para jóvenes y adolescentes actuales
“Su vida es un modelo, sobre todo, para los jóvenes -explicó el Cardenal- que encuentran satisfacción no en lo efímero, sino en los valores perennes que Jesús sugiere en el Evangelio, es decir, poner a Dios en primer lugar en las grandes y pequeñas circunstancias de la vida y servir a los hermanos, especialmente a los últimos”.
“La beatificación de Carlos Acutis es una buena noticia. Es una buena noticia que un joven de nuestro tiempo, uno como muchos otros, ha sido conquistado por Cristo y se ha convertido en faro de luz para aquellos que desean conocerlo y seguir su ejemplo. La fe no nos aleja de la vida sino que nos sumerge más profundamente en ella mostrándonos la forma de vivir la alegría del Evangelio”.
La sencillez del testigo
Nicola Gori, postulador de la causa de beatificación ha descrito a Vatican News, la agencia de noticias de la Santa Sede, la vida del nuevo beato como corta, intensa y siempre llevada de la mano de Jesús. Se trata “de la sencillez del testigo de Cristo, quería a Cristo, a quien sentía siempre a su lado, como un amigo que siempre lo ayudaba. No se puede comprender a Carlos si no comprendemos que él se sentía amado por Cristo. Este es su secreto y esto le daba fuerza”.
Para Gori, un joven de 15 años que vive con su familia y va a la escuela, el tiempo es un elemento precioso, sin embargo, “Carlos era un genio de la informática y ayudaba a sus compañeros de clase” y también puso este don al servicio del Evangelio “transmitiendo el mensaje de salvación y de amor a Cristo”.
Acutis tenía una especial predilección por la Eucaristía, “por eso quería difundir el mensaje de amor del Señor”. El postulador, al profundizar sobre la vida interior del nuevo beato afirma que “la Eucaristía, y la Virgen María son los dos pilares que sostienen su vida interior”.
Una leucemia acabó con su vida de manera fulminante. Dio testimonio de calma, tranquilidad y serenidad en Cristo. El personal de salud que lo atendió afirmaba “que no es posible que un muchacho tan pequeño pueda haber logrado una gran madurez espiritual”, concluye Nicola Gori.
Homilía del Cardenal del Cardenal Vallini
A continuación, la homilía completa del Cardenal Vallini durante la celebración. Fue pronunciada en italiano y la traducción al español es de la agencia de noticias ACI Prensa.
“Quien permanece en mí y yo en él, da mucho fruto, porque sin mí no pueden hacer nada”.
Con estas palabras que hemos escuchado del Evangelio de Juan, Jesús, en la última cena se dirige a sus discípulos y los exhorta a permanecer unidos a Él como las ramas a la vid.
La imagen de la vid y las ramas y es muy elocuente para expresar cuánto es necesario para el cristiano vivir en comunión con Dios. Su fuerza reside precisamente aquí: tener una relación personal con Jesús, íntima, profunda y hacer de la Eucaristía el momento más alto de su relación con Dios.
Queridos hermanos y hermanas, hoy nos sentimos especialmente admirados y atraídos por la vida y el testimonio de Carlo Acutis, a quien la Iglesia reconoce como modelo y ejemplo de vida cristiana, proponiéndolo sobre todo a los jóvenes. Es natural preguntarse: ¿qué tenía de especial este joven de 15 años?
Recorriendo su biografía, encontramos algunos puntos fijos que ya lo caracterizan humanamente.
Era un joven normal, sencillo, espontáneo, simpático (basta mirar su fotografía), amaba la naturaleza y los animales, jugaba fútbol, tenía muchos amigos de su edad, se sintió atraído por los medios modernos de comunicación social, apasionado por la informática y autodidacta construyó programas, como ha dicho el Papa Francisco “para transmitir el Evangelio, comunicar valores y belleza”. Tenía el don de atraer y fue percibido como un ejemplo.
Desde pequeño -lo testimonia su familia- sintió la necesidad de la fe y tenía su mirada dirigida hacia Jesús. El amor a la Eucaristía fundó y mantuvo viva su relación con Dios. A menudo decía “La Eucaristía es mi autopista al cielo”.
Cada día participaba en la Santa Misa y permanecía durante mucho tiempo en adoración ante el Santísimo Sacramento. Carlo decía: “Se va directo al cielo si te acercas todos los días a la Eucaristía”.
Jesús era para él Amigo, Maestro, Salvador, era la fuerza de su vida y el objetivo de todo lo que hacía. Estaba convencido que para amar a las personas y hacer su bien, es necesario sacar energía del Señor.
Su ardiente deseo era también el de atraer al mayor número de personas a Jesús, haciéndose anunciador del Evangelio sobre todo con el ejemplo de vida. Fue precisamente el testimonio de su fe lo que le llevó a emprender con éxito una obra de asidua evangelización en los ambientes que frecuentaba, tocando el corazón de las personas que encontraba y despertando en ellas el deseo de cambiar de vida y acercarse a Dios. Y lo hacía con espontaneidad, mostrando con su modo de ser y de comportarse el amor y la bondad del Señor. De hecho, era extraordinaria su capacidad de testimoniar los valores en los que creía, incluso a costa de enfrentarse a malentendidos, obstáculos y, a veces, a pesar de que se rieran de él.
Carlo sentía una fuerte necesidad de ayudar a las personas y descubrir que Dios está cerca de nosotros y que es hermoso estar con Él para disfrutar de su amistad y de su gracia.
Para comunicar esta necesidad espiritual utilizó todos los medios, incluidos los modernos medios de comunicación social, que sabía utilizar muy bien, en particular Internet, que consideró un regalo de Dios y una herramienta importante para encontrar a las personas y difundir los valores cristianos.
Su modo de pensar le hizo decir que la red no es solo un medio de evasión, sino un espacio de diálogo, conocimiento, intercambio, de respeto recíproco, para ser usado con responsabilidad, sin convertirse en esclavos de ella y rechazando el bullismo digital, en el limitado mundo virtual que es necesario saber distinguir el bien del mal.
En esta perspectiva positiva, animó a utilizar los medios de comunicación como medios al servicio del Evangelio, para alcanzar el mayor número posible de personas y hacerles conocer la belleza de la amistad con el Señor.
Para ello se comprometió a organizar la exposición de los principales milagros eucarísticos ocurridos en el mundo, que también utilizó al impartir el catecismo a los niños.
Era muy devoto a la Virgen. Rezaba cada día el Rosario, se consagró varias veces a María para renovar su afecto por ella e implorar su protección.
Por lo tanto, oración y misión: estos son los dos rasgos distintivos de la fe heroica del beato Carlo Acutis, que en el transcurso de su vida breve lo llevó a encomendarse al Señor, en todas las circunstancias, especialmente en los momentos más difíciles.
Con este espíritu vivió la enfermedad que enfrentó con serenidad y lo condujo a la muerte.
Carlo se abandonó entre los brazos de la Providencia y bajo la mirada materna de María repetía: “Quiero ofrecer todos mis sufrimientos al Señor por el Papa y la Iglesia. No quiero ir al purgatorio, quiero ir directo al Cielo”.
Hablaba así, recordemos, un joven de 15 años, revelando una sorprendente madurez cristiana, que nos estimula y nos anima a tomarnos en serio la vida de fe.
Carlo despertaba además una gran admiración por el ardor con el que, en las conversaciones, defendió la santidad de la familia y la sacralidad de la vida contra el aborto y la eutanasia.
El nuevo Beato representa un modelo de fuerza, ajeno a cualquier compromiso, consciente de que para permanecer en el amor de Jesús es necesario vivir concretamente el Evangelio, incluso a costa de ir contracorriente.
Realmente hizo suyas las palabras de Jesús: “Este es mi mandamiento que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. Esta certeza en su vida lo llevó a tener una gran caridad con el prójimo. Sobretodo hacia los pobres, los ancianos, las personas solas y abandonadas, sin techo, los discapacitados y las personas marginadas. Carlo fue siempre acogedor con los necesitados y cuando iba a la escuela los encontraba en la calle y se detenía a hablar, escuchaba sus problemas y, en la medida de lo posible, los ayudaba.
Carlo nunca se centró en sí mismo, sino que fue capaz de comprender las necesidades y los requerimientos de las personas, en quienes veía el rostro de Cristo. En este sentido, por ejemplo, no dejó de ayudar a sus compañeros de clase, en particular los que estaban en problemas.
Una vida luminosa, por tanto, totalmente entregada a los demás, como el Pan Eucarístico.
Queridos hermanos y hermanas, la Iglesia hoy se regocija. Porque en este joven beato se cumplen hoy las palabras del Señor: “Yo he elegido a ustedes y los he constituido para que vayan y lleven mucho fruto”. Y Carlo fue y llevó el fruto de la santidad, mostrándola como meta al alcance de todos y no como algo abstracto y reservado para unos pocos.
Su vida es un modelo particularmente para los jóvenes, para no encontrar justificaciones no solo en los éxitos efímeros, sino en los valores perennes que Jesús sugiere en el Evangelio, es decir, para poner a Dios en primer lugar en las grandes y pequeñas circunstancias de la vida, y para servir a los hermanos especialmente los últimos.
La beatificación de Carlo Acutis, hijo de la tierra lombarda y enamorado de la tierra de Asís, es una buena noticia, un anuncio fuerte que un joven de nuestro tiempo, uno como muchos,
ha sido conquistado por Cristo y se ha convertido en un faro luminoso para quienes quieren conocerlo y seguir su ejemplo.
Él testificó que la fe no nos aleja de la vida, sino que nos sumerge profundamente en ella, indicándonos el camino concreto para vivir la alegría del Evangelio. Depende de nosotros seguirlo, atraídos por la fascinante experiencia del Beato Carlo para que nuestra vida pueda brillar de luz y esperanza.
Beato Carlo Acutis, ruega por nosotros”.
Padre Pacifico ‘Jun’ Nohara OSA encabeza la recreación de la llegada de la expedición española durante la Santa Misa en la ciudad de Cebú. La ciudad está celebrando las festividades anuales del Sinulog para conmemorar la llegada del cristianismo a Filipinas. Foto Charlie Saceda.

La primera misa de Pascua se celebró en Limasawa en 1521

Por Kenneth Corbilla- AsiaNews.it
La primera misa de Domingo de Pascua celebrada en Filipinas tuvo lugar el  31 de marzo de 1521 en la isla de Limasawa, Leyte del Sud (en el centro del archipiélago). El celebrante fue el padre Pedro Valderrama, el único sacerdote que embarcó con Fernando de Magallanes, en su (casi) circunnavegación del globo. Después de convertir al rey de Cebú, Magallanes murió ese mismo año en una revuelta encabezada por un jefe indígena, Lapu-Lapu, en la isla de Mactan.
La búsqueda de la “primera misa” celebrada en el país cobra importancia en estos momentos porque la Iglesia filipina se prepara para celebrar los 500 años de la primera evangelización. La conmemoración debía comenzar en 2020 pero, debido a la pandemia de Covid-19, muchos eventos se han pospuesto para 2021 y 2022.
Sobre la “primera misa” en el archipiélago se llevaron a cabo muchas investigaciones y hubo hipótesis contradictorias. En 2018, la Comisión Histórica Nacional (gubernamental) intentó confirmarlo verificando tres estudios diferentes realizados en 1980, 1995 y 2008. Todos señalaban la isla de Limasawa como el lugar donde tuvo lugar la misa, pero no había acuerdo sobre la fecha. La Comisión Histórica fijó la fecha de la Primera Misa de Pascua, pero dando a entender que pudo haber otras misas no documentadas por fuentes históricas.
En una resolución de fecha 25 de septiembre, la Conferencia Episcopal de Filipinas aceptó los resultados de la Comisión Histórica Nacional para utilizarlos en la preparación del 500 aniversario de la evangelización de Filipinas.

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