De tumbo en tumbo

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Martín Vizcarra no apoyará retorno a la bicameralidad aprobada por el Congreso. (Renzo Salazar/Perú21)

Perú a la deriva

Mariella Balbi

Por MARIELLA BALBI-Diario Perú21.
Las recientes elecciones fueron anuladas por el referéndum impulsado por el gobierno con vehemencia y sin sentido. La campaña electoral municipal y regional se diluyó para solo escuchar que el Congreso era lerdo e inepto frente a los cuatro proyectos de reforma constitucional. Reforma que no sirve de nada pero que le dio oxígeno al régimen.
En Puno, el Poder Judicial se propasó: anuló un largo juicio al dirigente radical puneño Walter Aduviri. En 2006 todos vimos cómo se incendió en Puno la Sunat y otras instalaciones en una asonada promovida por Aduviri en contra de la mina Santa Ana. La sala penal lo condenó a siete años de prisión, pero hace días la Suprema anuló el proceso y tendrá un nuevo juicio.
Aduviri estuvo prófugo durante la campaña, esperando la decisión de la Suprema. Hoy es el presidente regional de Puno. No vieron la ‘tele’ los jueces supremos que lo favorecieron. Imagine usted a ese gobierno regional.
Otro prófugo de la justicia es Dante Mandriotti, quien disputará la segunda vuelta para la Región Callao. Es acusado de pertenecer a una organización criminal dedicada a extorsionar. Tiene orden de detención preliminar. Nos vendieron la mentira de que la Corte del Callao se limpió al descabezar a la ‘temible’ banda Los Cuellos Blancos del Puerto. Callao es una plaza económica muy importante y es probable que Mandriotti gane la gobernación regional. Al igual que con Aduviri, la justicia peruana está ajena a la realidad del país.
El presidente sigue obsesionado y mareado con ‘su referéndum’. Hace siete días declaró que estaba satisfecho con el trabajo del Congreso al que fueteó y denigró para que tramitara los proyectos para el 4 de octubre.
Ahora ya no le gusta lo aprobado para la bicameralidad porque, según el mandatario, desnaturaliza la cuestión de confianza, la que permite al presidente cerrar el Congreso. Su ministro de Justicia y su premier, gente de su mayor confianza, votaron a favor del proyecto consensuado. Hoy el capricho de Vizcarra lo recusa.
El ogro del Ejecutivo también se comió al Jurado Nacional de Elecciones, organismo que debía elaborar las preguntas del referéndum. Ya le mandó las preguntas y el JNE chitón boca. El presidente será el único que hará campaña para su referéndum, como en gobiernos totalitarios.
La no reelección será revertida, según constitucionalistas preclaros, va contra los derechos fundamentales. Vizcarra anda mudo frente al caso Lava Jato y el ‘affaire’ Cavassa. Su vicepresidenta declara que “PPK apoya a Vizcarra en varias materias”. ¿Sabremos cuáles?
¿El nacimiento de una República?

¿El nacimiento de una República?

En las tradiciones intelectuales anglosajonas se suele emplear el concepto de The birth of a nation para referirse al momento en que las sociedades logran constituirse como naciones o repúblicas. Por ejemplo, en Estados Unidos se ubica ese momento en la independencia de la corona británica; y mucho antes, en el caso de Inglaterra cuando esta sociedad se convirtió en Commonwealth of England, luego de decapitar al rey por haberse atrevido a cerrar el Parlamento. Y las conclusiones son relativamente simples: un país se convierte en República cuando todos sus ciudadanos son iguales ante la ley, al margen de noblezas y poderes económicos.
¿A qué viene esta extraña introducción? ¿Se puede hablar de una República en el Perú? La República en el Perú avanza hacia su quinta elección nacional sin interrupciones sin un sistema de partidos que organice el debate y los alineamientos de los espacios públicos. Luego de la caída del fujimorato, el territorio de lo público fue llenado por la polarización fujimorismo versus antifujimorismo que, de una u otra manera, jaloneó la política y tensó las instituciones. Bajo esta cruenta polaridad fueron elegidos Toledo, Humala y PPK, por ejemplo. Sin embargo, luego de las elecciones nacionales del 2016 todo, como se dice, se desmadró, desencadenando la renuncia del presidente Kuczynski y una confrontación Ejecutivo-Legislativo sin precedentes.
Hoy la polarización avanza envuelta en medio de una feroz judicialización de la política por el llamado caso Lava Jato, que afecta casi a toda la dirigencia política (PPK, Humala, García, Vizcarra) y que ayer determinó la detención de Keiko Fujimori y 20 dirigentes de Fuerza Popular. En este contexto, un sector del país integrado por sectores vinculados al caso Lava Jato, ciertos dueños de medios de comunicación, conocidas ONG de izquierda y los llamados sectores caviares (marxistas sin partido) desarrollaron una de las campañas más feroces e injustas contra el Fiscal de la Nación, Pedro Chávarry. Hubo de todo, hasta las conocidas encuestas de Ipsos y GFK preguntando por la “legitimidad” del Fiscal. Todas las imputaciones eran parte de mitos y leyendas organizadas por este sector, que buscaba remover al magistrado no obstante que Chávarry había desarrollado una trayectoria impecable de cuatro décadas en el Ministerio Público.
Hasta el presidente Vizcarra se sumó a la ofensiva exigiendo la renuncia de Chávarry en esta especie de guerra del fin del mundo en contra del Fiscal. Poco a poco las cosas comenzaron a quedar en evidencia: un sector del país pretendía tener un fiscal a su propia medida. Sin embargo, ayer el Congreso, luego de un debate intenso —televisado por el canal institucional del Congreso—, decidió archivar el caso contra el Fiscal de la Nación.
En el preciso momento en que diversas especulaciones señalan que el presidente Martín Vizcarra tiene una estrategia definida para cerrar el Congreso, ayer el Legislativo decidió asumir sus fueros y archivó las denuncias infundadas contra Chávarry. En otras palabras, optó por no entregar la cabeza del Ministerio Público a las demandas de un Ejecutivo que, favorecido coyunturalmente por las encuestas, comienza a interferir en la actividad de las instituciones. ¿Qué se puede leer detrás de esta decisión? Que las instituciones están apostando —valga la redundancia— por la autonomía de las instituciones y los contrapesos del poder. Una decisión contraria habría significado una peligrosa concentración de poder en el Gobierno.
De alguna manera, la guerra contra el Fiscal de la Nación tiene que ver con la posibilidad de que todos seamos iguales ante la ley; es decir, la posibilidad de la emergencia de una República. Hasta hoy la justicia solo parece inclinarse por investigaciones y sanciones selectivas: anulación del indulto de Alberto Fujimori y detención de Keiko, su hija. Y también prisión preventiva de Humala. Si la justicia solo actúa sobre un ex presidente de origen japonés u otro de raíces andinas, mientras deja a los miembros de las élites fuera del largo brazo de la ley, entonces el Perú todavía no nace como República.
Quizá entonces la permanencia de Chávarry represente una buena noticia para el futuro republicano. Finalmente, el Perú solo necesita una institución que funcione de verdad para que comience a imponer su lógica a las demás.
Fuente: www.elmontonero.pe

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