Pecado contra el Espíritu

[Visto: 135 veces]

Resultado de imagen para San Marcos 3,20-35

Evangelio según San Marcos 3,20-35.
Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer.
Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: “Es un exaltado”.
Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: “Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios”.
Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: “¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin.
Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre”.
Jesús dijo esto porque ellos decían: “Está poseído por un espíritu impuro”.
Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar.
La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: “Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera”.
El les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”.
Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

080618c_encuentro_cardenal_cipriani_monsenor_barreto

Cardenal Cipriani y Monseñor Barreto se reúnen y celebran designación de otro cardenal para Perú

El Cardenal Juan Luis Cipriani y Monseñor Pedro Barreto, que el 28 de junio se convertirá en Cardenal de la Iglesia, se reunieron el jueves 7 de junio para almorzar y celebrar la designación del Arzobispo de Huancayo como nuevo miembro del Colegio Cardenalicio.
La reunión se realizó en la casa del Arzobispo de Lima, quien al finalizar el encuentro le obsequió a Monseñor Barreto un cuadro de la Virgen María con el Niño Jesús.

Recordemos que ambos prelados se conocieron en Ayacucho, cuando el Cardenal Cipriani fue designado Obispo de esa Arquidiócesis y Monseñor Barreto trabajaba en esa localidad.
La designación de Monseñor Pedro Barreto se dio a conocer el pasado 20 de mayo y el consistorio donde será creado Cardenal por el Papa Francisco está programado para el próximo 28 de junio.
Fuente: www.arzobispadodelima.org

Gustavo Gutiérrez OP cumple 90 años

Por María Elena Castillo- Diario La República.
Pese al tiempo transcurrido y al normal deterioro por la edad, su lucidez sigue incólume. La República conversó con varios allegados a él, quienes relataron que Gustavo –como lo llaman– sigue igual de sencillo, alegre, perspicaz, agudo en sus expresiones, y preocupado por la Iglesia y los pobres.
El padre Jorge Álvarez Calderón lo conoció cuando ambos eran universitarios: él de la Agraria La Molina, y el padre Gutiérrez, de San Marcos. Formaban parte de la Acción Católica Juvenil. Pertenecían a diferentes parroquias y una vez al mes coincidían en las reuniones que se realizaban en el Arzobispado.
“Es un hombre tremendamente débil a nivel físico, por la enfermedad que cogió a los 12 años, pero con un gran sentido de Iglesia, del pueblo, de la misión liberadora”, comenta con notorio cariño y admiración.
Y es que Gustavo Gutiérrez enfrentó la adversidad desde muy joven. A los 12 años, al terminar el primer año de secundaria, le diagnosticaron osteomelitis, una infección ósea que le impedía caminar. Dejó de asistir a clases pero estudiaba en su casa y logró terminar el colegio aprobando exámenes elaborados por jurados.
Así, a los 18 años ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y a los 24, cuando estudiaba Filosofía en Lovaina (Bélgica), confirmó su decisión de ser sacerdote. Entre 1955 y 1959 estudió Teología en Lyon (Francia), época en que compartió aulas con el padre Álvarez Calderón y su hermano Carlos, quien también se ordenó como sacerdote.
“Allá había un movimiento espiritual muy comprometido con la pastoral social, que nos marcó. Además, los cambios que trajo el Papa Juan XXIII, quien convocó al Concilio Vaticano II, crearon un clima de reflexión”, precisa como regresando en el tiempo.
En 1959 los dos fueron ordenados sacerdotes por el cardenal Juan Landázuri en el Seminario Toribio de Mogrovejo, y aunque el destino los envió a diferentes parroquias y misiones, siempre se mantuvieron en contacto, conversando sobre la necesidad de una Iglesia más cercana al pueblo, que más adelante se expresó en la Teología de la Liberación. Esto les valió ser calificados como “curas rojos”.
“Hubo momentos difíciles. Como cuando Gustavo tuvo que salir del Perú porque cierto sector de la Iglesia no comprendía la Teología de la Liberación y creían que era marxismo, lo que nunca fue”, dice el padre Álvarez Calderón, remarcando que más bien, gracias a esta corriente, en el Perú no hubo sacerdotes que incursionaran en política o, incluso, en la guerrilla, como ocurrió en otros países de la región.
“Gustavo dijo ‘nuestro papel no es político, es profético’. Eso implicaba denunciar las cosas malas y anunciar el nuevo ser humano que queremos”, resalta. Y es que, para él, la pobreza no es una fatalidad sino una injusticia.

De vuelta al barrio

En la década del 60, el padre Gutiérrez volvió al Perú y empezó a trabajar como conciliario nacional de la Unión de Estudiantes Católicos (UNEC). Allí coincidió con el sacerdote diocesano Carlos Castillo, quien aún era estudiante universitario.
“Gustavo ha sido un transmisor de que no podemos ser cristianos aislados, y menos en cuanto a la teología, que es una reflexión sobre la fe, teniendo en cuenta la palabra de Dios”, refiere el sacerdote que con los años se ha convertido en un gran amigo suyo.
Refiere que, junto a otros laicos y sacerdotes, participó con él en largos debates sobre la Iglesia y su opción por los pobres, los mismos que ayudaron al nacimiento de la innovadora corriente teológica.
Es así que en 1968, en un encuentro nacional de laicos organizado en Chimbote, el padre Gustavo Gutiérrez dio una ponencia sobre el cambio social. Un mes después, la presentó en la Conferencia Episcopal de Medellín, llamándola, por primera vez, Teología de la Liberación.
“Fue un proceso de reflexión elaborado teórica y teológicamente por Gustavo. Supo articular una serie de elementos, aunque entre bromas nos suele decir: ustedes escribieron el libro y yo me llevé la fama”, rememora el padre Castillo, destacando la chispa que lo ha caracterizado siempre.
Recuerda que en la época de la UNEC, él solía cantar y tocar guitarra. “A Gustavo le gusta mucho la música pero no tiene habilidades en ese campo. Él es inclusivo en todo. Un día en que me escuchaba cantar, me dijo: Carlos, haz que cante la gente”, apunta el padre Castillo.

Con los estudiantes

El padre Gustavo Gutiérrez trabajó mucho con los universitarios. Cuando volvió al país comenzó a enseñar Teología a los estudiantes de Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y años más tarde también lo hizo en la Facultad de Ciencias Sociales.
Siempre inclusivo, buscó llegar también a universitarios de San Marcos, uno de ellos Rolando Ames, catedrático en la PUCP.
“Yo lo conocí por un amigo sacerdote, también formado en Europa como él: El padre Carlos Álvarez Calderón, quien se dedicaba a la pastoral obrera”, relata.
Detalla que Francisco Guerra García, quien fue senador en los años 90, entre otros, comenzaron a reunirse con el padre Gutiérrez.
“Nos citamos en el patio de letras de San Marcos. De primera impresión me desconcertó, pues estaba ante un tipo de sacerdote que encontré muy poco clerical. Y aunque estaba con sotana no parecía un cura”, destaca.
En los años 60, la Iglesia era más conservadora, pero Gutiérrez, quien tenía poco más de 30 años, era muy sencillo e informal.
“Tenía muy vivo su paso por Medicina. Empezó a recordar las experiencias del movimiento estudiantil del 45 al 48, antes de Odría. Y para nosotros era curioso, porque casi era como un joven profesor de San Marcos, pero era un cura”, dice remarcando que él busco desde el comienzo afirmar que la fe cristiana no era antiintelectual, sino que suponía una reflexión crítica.
“Y yo, en mi lenguaje, diría que no era una fe en ideas sino más bien una esperanza de que la fraternidad es posible. Nos decía al grupo de jóvenes que hicimos amistad con él, cómo hablar de Dios en una sociedad tan injusta y con tanta pobreza”, reflexiona.
Recuerda que, años después, en 1972, lo encontró en un congreso de pensadores cristianos y sacerdotes latinoamericanos, en el que se notó el gran respeto que le tenían por su trabajo sobre la Teología de la Liberación.
Todos remarcan la lucidez y la alegría con la que siempre trabaja el padre Gustavo Gutiérrez, aun en los tiempos difíciles en los que era criticado por un sector de la Iglesia. Pero también su sencillez, la misma que demostró cuando el papa Francisco lo recibió hace cinco años, que se tomó como una suerte de rehabilitación total a las críticas pasadas del clero.
En 1970, con el ánimo de impulsar la edición de los trabajos sobre teológica, el padre Gustavo Gutiérrez se juntó con intelectuales católicos para fundar el Centro de Estudios y Publicaciones (CEP), y tres años después, constituyeron el Instituto Bartolomé de las Casas, con el fin de promover la investigación.
Catalina Romero, miembro del comité directivo de este último, destaca que la guía del sacerdote ha sido muy importante para difundir la corriente teológica basada en la opción por los pobres.
Precisamente a través del CEP, el sacerdote publicó en 1971 su libro más famoso Teología de la Liberación, que ha sido traducido en 13 idiomas.
“En el Instituto hay una línea de trabajo de investigación en teología sobre los nuevos desafíos, trabajándolos siempre teniendo en cuenta la búsqueda de la igualdad y la justicia, y que los pobres sean protagonistas, que son valores centrales en Teología de la Liberación”, comenta.
Resalta que Gustavo Gutiérrez ha viajado mucho por el país acompañando el trabajo de base de sacerdotes, principalmente en el sur andino. Destaca que ha promovido cursos de teología todos los veranos. La edad no ha sido una limitación para él, pues ahora usa la tecnología para dictar conferencias vía Skype y otras herramientas.
Señala que además de los artículos que suele escribir, el padre Gutiérrez está trabajando en un libro tipo balance que espera pronto se decida a publicar.

Puntuación: 5 / Votos: 40

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *