Solitos se desenmascaran

Solitos se desenmascaran

Por Ricardo León Dueñas– Político.pe
Si alguien de derecha o conservador opina debe estar preparado para ser agredido, insultado y descalificado con total impunidad, pues finalmente defiende posiciones inaceptables del medioevo (“muy peligrosas para nuestra sociedad”). Por el contrario, si quien opina es progre o de izquierda, hay que escucharlo con respeto y tolerancia porque, final e indiscutiblemente, él y su grupete son la verdad encarnada.
Para los progres solo hay debate entre ellos (si es que llegan a debatir); les aterra que haya gente preparada del otro lado del espectro ideológico, y que sea gente que no le huye a la dictadura de lo políticamente correcto, esto es, gente informada que debate con respeto y altura y no con consignas y muletillas.
Y cuando los progres se ven acorralados apelan a todo tipo de conductas erráticas: dejan a su interlocutor con la palabra en la boca y se van por un café, dan palmaditas condescendientes, interrumpen, lloran, gritan, gesticulan, hacen pucheros y luego, por supuesto, se defienden entre ellos dando ejemplos extremos para justificar sus acciones y opiniones o llegando hasta a la xenofobia. En resumen, se disfuerzan y, algo que nunca falta, acusan al oponente de “facho”.
En fin: ya los conocemos, para qué decir más. Solitos se desenmascaran y, la verdad, mejor que así sea.
Respuesta a Patricia del Río, por A. Laje y N. Márquez

Respuesta a Patricia del Río

Agustín LajePor Agustín Laje, y
Nicolás MárquezNicolás Márquez– Diario El Comercio

Tras el episodio acontecido en la mañana del miércoles en RPP (19 de abril del corriente) en la cual la comunicadora Patricia del Río nos increpó (intento frustrado de ‘strip-tease’ mediante) sin permitirnos brindar argumento alguno para responderle, ayer nos encontramos que no contenta con la violencia explicitada por radio y televisión, escribió en el diario El Comercio una nota referida a nosotros, en la que además llama a practicar la censura sistemática contra todo aquel que no piense como ella.
Claro que todo esto pretende ser justificado en virtud de un cúmulo de imputaciones tan infundadas como previsibles que nos dedica, tales como “homofobia” y “misoginia”, mezcladas con una curiosa interpretación xenofóbica sobre la nacionalidad argentina según la cual, nosotros como argentinos, nada tendríamos que hacer en el Perú hablando sobre ideología de género, a pesar de haber escrito un ‘best seller’ internacional (que la agresora no leyó) sobre la materia.
Vale decir, la sedicente “comunicadora de la diversidad” es quien se arroga el monopolio y la potestad de decidir qué opinión debe permitirse y cuál debe prohibirse, a pesar de que en su mencionado escrito afirme que “el tema merece un debate amplio e informado”.
En la década del 60, uno de los más importantes teóricos de la marxista Escuela de Frankfurt y padre de la revolución cultural que hoy impulsa la ideología de género, Herbert Marcuse, escribía en “La tolerancia represiva” que la libertad de expresión solo debía valer para la izquierda, al tiempo que debía ser completamente vedada para cualquiera que tuviera posiciones distintas.
Es inevitable no recordar este intolerante ensayo del citado autor alemán cuando reparamos en el penoso papel protagonizado por Del Río, quien no ahorró siquiera el contacto físico para denigrar a sus invitados sobándoles el hombro. Y si bien es muy probable que la censuradora no conozca ni de a oídas a Marcuse, indirectamente cumplimenta a pie juntillas sus deseos que hoy, por desgracia, son moneda corriente en una sociedad que, al tiempo que se llena la boca vociferando “tolerancia” y “diversidad”, silencia y reprime toda voz que cuestione o disienta con la ideología de género.
Lo curioso del caso vivido es que tras el incidente que ella protagonizó en su programa a expensas nuestra, al terminar el bloque en el que nos tocó atestiguar su histriónico desempeño, fue la propia ofensora quien se nos acercó a pedir disculpas, y en señal de concordia acabamos tomándonos una foto todos juntos para dar por finalizado el mal rato que ella generó.
Si bien no fue la voluntad de ella darle popularidad a la obra que venimos a presentar al Perú (“El libro negro de la nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural”), mucho le agradecemos su bulliciosa intervención, puesto que la misma masificó el interés del lector peruano en la obra que ella paradojalmente pretendió acallar.

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PATRICIA DEL RÍO O LA TETA ASUSTADA

Por Luciano Revoredo- www.laabeja.pe
En medio de una exitosa gira por el Perú, los brillantes autores de “El libro negro de la nueva izquierda: Ideología de género o subversión cultural”, los argentinos Nicolás Márquez y Agustín Laje, que además son columnistas de este portal, fueron invitados a una entrevista en Ampliación de Noticias de Radio Programas del Perú (RPP).
El programa es conducido por Fernado Carvallo, Patricia del Río y Aldo Mariátegui. De los conductores se puede decir que Carvallo es un correcto y generalmente informado entrevistador, Aldo Mariátegui, últimamente muy silencioso, es un liberal, muy apasionado en los temas económicos y muy neutral cuando el entrevistado no es de su interés y Patricia del Río que básicamente es una activista “progre”, que suele entrevistar partiendo de sus propias conclusiones o prejuicios y a la que muchas veces su profunda e invencible ignorancia le juega malas pasadas.
Lo cierto es que la entrevista fue muy accidentada y ha sido ampliamente comentada. (Es posible verla aquí: https://www.youtube.com/watch?v=0eSw6dDQqR4). Al inicio se permitió a los invitados hacer una breve introducción en la que principalmente Laje explicó con mucha claridad los orígenes de la Ideología de género. Las citas fueron contundentes. Los pocos argumentos que se empezaban a exponer se vislumbraban irrefutables, es entonces que Patricia del Río se empieza a poner nerviosa, se asusta, ve que no podrá mantener la entrevista a un nivel académico como los entrevistados proponían y se torna agresiva y violenta.
Es entonces que dejando de lado toda posibilidad de un diálogo o incluso un debate inteligente, intenta llevar la entrevista a su nivel e introduce un tema que no venía al caso y propone a los entrevistados que se quiten la camisa, ellos se niegan, entonces hace ademanes de hacerlo ella y empieza a abrirse la blusa para sorpresa de los otros cuatro participantes.
Este es el momento más patético de la performance de Patricia del Río, cuando con estos ademanes de mostrar las tetas, llama a Nicolás Márquez aburrido, y en un inaceptable caso de agresión al entrevistado palmotea hasta en tres oportunidades a Laje, llamándole “querido” y otros adjetivos orientados a denigrar su importancia. Luego de esto declara que hombres y mujeres tienen tetas, pero ella no puede mostrar las suyas porque están sexualizadas y se retira de la mesa.

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