Papa Francisco en Estambul

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Pedro y Andres
Francisco durante la oración ecuménica en el Fanar, sede del Patriarcado de Constantinopla: «Nuestra alegría está en la común confianza en la fidelidad de Dios». El Patriarca: «Pidamos la intercesión de los Padres de la Iglesia para que volvamos a encontrar la unidad como en el primer milenio».
Por Andrea Tornielli- Vatican Insider
Al final de su discurso, Papa Francisco pidió la bendición del Patriarca Bartolomeo y se inclinó ante él para recibir su bendición. El Patriarca lo bendijo y le besó la cabeza. Es un gesto fuertemente simbólico con el que se cierra la segunda jornada del viaje apostólico. Ya es de noche en Estambul y, en la vigilia de la fiesta de San Andrés, patrón del Patriarcado Ortodoxo, Francisco entra a la Iglesia junto con el hermano Bartolomeo. La oración es un encuentro breve, una probadita de lo que sucederá mañana, cuando el Pontífice participe en la Divina Liturgia ortodoxa celebrada por el Patriarca Ecuménico. Al entrar, el Papa veneró un gran ícono plateado.
En su saludo de bienvenida, Bartolomeo definió a Francisco: «portador del amor del Protocorifeo (es decir el apóstol Pedro) al Primer llamado, su hermano carnal (es decir, el apóstol Andés)». El Patriarca recordó las «análogas visitas de sus venerables predecesores», citando a Pablo VI, a Juan Pablo II y a Benedicto XVI. Y habló sobre la «voluntad» de Papa Bergoglio y de la «santísima Iglesia de Roma de proseguir por el fraterno y constante camino con nuestra Iglesia ortodoxa, para el restablecimiento de la plena comunión». La visita del Papa, para Bartolomé, es «un evento histórico y lleno de buenos auspicios para el futuro».
El Patriarca, agradeciendo a los católicos por la restitución de las reliquias de Santa Eufemia, citó a San Basilio y a San Juan Crisóstomo. Y añadió: «que estos Padres sagrados, sobre cuya enseñanza fue construida nuestra fe común durante el primer milenio, sean intercesores ante el Señor, para que encontremos nuevamente la plena comunión entre nuestras Iglesias, cumpliendo así su Santa voluntad».
«Mientras expreso mi sentido “gracias” por su acogida fraterna –respondió por su parte Francisco–, siento que nuestra alegría es más grande porque la fuente está más allá; no está en nosotros, no en nuestro compromiso y en nuestros esfuerzos, que también deben hacerse, sino en la común confianza en la fidelidad de Dios».
Hablando sobre la paz y la alegría «que el mundo no puede dar, pero que el Señor Jesús ha prometido a sus discípulos, y se la ha entregado como Resucitado», Bergoglio indicó: «Andrés y Pedro han escuchado esta promesa, han recibido este don. Eran hermanos de sangre, pero el encuentro con Cristo los ha transformado en hermanos en la fe y en la caridad. Y en esta tarde gozosa, en esta vigilia de oración, quisiera decir sobre todo: hermanos en la esperanza».

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