Primer domingo de Adviento

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Adviento

Por Antonio Elduayen Jiménez CM

Que Jesús está por venir, es con mucho la cosa más importante que nos dice el evangelio de hoy (Mt 24, 37-44), lo que, además, nos llena de alegría y anima nuestra esperanza. Jesús está por venir de tres formas distintas, y espera de nosotros que, para cualquiera de ellas, estemos vigilantes y que nos preparemos debidamente. Sólo así su llegada será para nosotros un encuentro feliz y una fuente de bendiciones. Llega ante todo en la Navidad, ya a menos de un mes y para cuya llegada empezamos a prepararnos desde hoy, inicio del Adviento. Llega en los grandes y los pequeños acontecimiento de la vida. Grandes como cuando sobrevino el Diluvio, en tiempos de Noé, que el mismo Jesús menciona (Mt 24, 37); o pequeños y de cada día, como cuando se nos cruza un pobre en el camino, que representa a Jesús. Y llegará al final de los tiempos, cuando se haga presente como Señor de vivos y muertos…

A veces y por el modo escatológico en que Jesús se expresa, como en el evangelio de hoy, algunos se alarman y se amedrantan. Ciertamente no sabemos la fecha en que ha de llegar ni ha querido revelárnosla, pero sí sabemos que ha de venir. Y que por lo tanto debemos estar vigilantes. Que no nos pase como en la primera Navidad, cuando vino por vez primera. Vino como un amable y divino niño, pero ni los suyos se dieron cuenta y no lo recibieron (Jn 1, 11). Sabemos que Jesús no quiere asustarnos ni sorprendernos, sólo que estemos sobreaviso y en espera activa. Como el administrador solícito y fiel, que cierra el capítulo (Lc 24, 45-47): su Señor lo pondrá al frente de todo lo que tiene.

Más aún, le servirá Él mismo, si sabe olvidarse de sí por los demás y si sabe hacer de su vida un servicio a Dios y al prójimo (Jn 12, 25-26). La pequeña gran parábola del grano de trigo que muere, es muy aleccionadora en relación con lo que Jesús quiere decirnos. Aunque no lo parezca, ese grano de trigo es cada uno de nosotros, que va germinando y creciendo, hasta que cae en tierra (figura de la muerte). Entonces rompe, brota un tallo y da una espiga, con abundante trigo nuevo o… sin grano (Jn 12, 24). En la vida actuamos muchas veces como si a Dios le diera igual lo bueno que lo malo, como si Él nunca hubiera de venir… La gente come, bebe y se casa… Dos hombres estarán trabajando en el campo o dos mujeres moliendo… Pero el destino de la gente y de las personas, que Jesús pone como ejemplo, será muy distinto. Llegó el diluvió y se los llevó a todos (menos a Noé y su gente) y, en el caso de las personas, una será llevada (a la gloria) y la otra dejada (en la muerte).

La venida de Jesús y el tiempo de Adviento que iniciamos, es una invitación a vivir en la esperanza y a transmitir signos de esperanza. Es decir, a ilusionarnos por algo grande, a tener confianza en conseguirlo, a actuar con firmeza y constancia…, que son los componentes principales de la esperanza. Con Jesús que viene podemos construir un mundo mejor para todos.

Ausangate

Pastor entre pastores
Por Richard Webb- Diario El Comercio
El sacerdote jesuita José María García escribió Ausangate. En el libro comparte su vida de labor pastoral entre las comunidades de Quispicanchis, en Cusco. La narración descubre las costumbres y creencias de un mundo exótico para el citadino.
Impresiona la precariedad de la vida que describe. Una mujer da a luz anticipadamente, en las alturas. El padre envuelve al bebe, sin ropa y sangriento, en un poncho, y camina llevándolo dos horas al pueblo. Pero al llegar ya no hay nadie en la posta. Busca al párroco, pero éste ha salido. Finalmente consigue carro y lo llevan a Cusco, donde el bebe muere al llegar, de frío y hambre. Era el día de Navidad.
La inseguridad es grande, en parte por los abigeos, pero también por la crueldad del mundo oficial. El robo es constante, nadie los defiende, y cuando ellos mismos lo hacen, son castigados. Un día atrapan in fraganti a ladrones de ganado. La comunidad los enjuicia y ejecuta en el acto. Por ese hecho, la comunidad entera es acusada, y cumple la condena solidariamente, haciendo turnos en la cárcel. Otra vez un ladrón se lleva ocho lienzos de la iglesia, el tesoro venerado de la comunidad. Cuando reportan el incidente a las autoridades terminan ellos mismos acusados y arrestados. Pasan tres años entre cárcel y juicios que llegan hasta la Corte Suprema, con un costo inmenso para sus extenuadas vidas. Es la época del Gobierno Revolucionario de Velasco.
Al aislamiento se suma la pobreza y el frío. El autor se impresiona con una comunidad de pastores, más remota que otras, donde cuesta tres horas caminar de un extremo al otro. Quizás la pobreza del lugar los protegió de las haciendas, y el autor sospecha que esa independencia explicaría la personalidad abierta y confiada de la gente. “Cuando conversan te miran a los ojos, y no como en otros lugares, que cuando hablan miran al suelo o mueven la cabeza por todos lados”. Otra comunidad sí es ex-hacienda, pero el aislamiento extremo ha producido un fuerte individualismo. Los funcionarios de la reforma agraria los presionan para convertirse en comunidad registrada o en cooperativa, pero el autor es testigo de cómo logran evadir la presión con mañosas maniobras.
Hacia el final del relato, el autor destaca los cambios ocurridos desde su llegada en los años setenta. En 1996 observa cómo la gente ya no camina, por la abundancia de carros y caminos, a pesar de un viejo catequista de su parroquia que convencía a la comunidad para oponerse a la carretera, pues traería a ladrones y a las malas costumbres. El personal de la posta médica, que casi nunca llegaba, hoy visita y vacuna, y todos tienen luz y teléfono. Asistiendo a una fiesta, donde cantan “hapy verdi”, advierte que es como estar en Comas o Miraflores, que los mundos se han acercado, y pregunta, ¿será algo bueno o malo?
Pero el testimonio del autor es más reflexión que reportaje. Cada día su vida es una lucha para comprender y para acercarse a un mundo desconocido. Al final, lo que va descubriendo es más la esencial hermandad humana que las circunstanciales diferencias en las formas de vida.

Bolivia CAM5

Mensaje final del IV Congreso Americano Misionero (CAM4-COMLA)
Bendito sea Dios, Padre amoroso y misericordioso, que ha salido de sí mismo a comunicarse a los seres humanos y quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (Cf. 1 Tm 2,4) y que ha creado al ser humano con un anhelo último de conocer esta verdad y llegar a la plenitud de su vida (Cf. Ad Gentes 8 ).
Gracias, Padre de todos los pueblos por reunir los diversos países y culturas que componen nuestra América en este IV Congreso Americano Misionero realizado en Maracaibo del 26 al 30 de noviembre de 2013. El lema ha sido: “América Misionera comparte tu fe” y el tema “Discípulos Misioneros de Jesucristo desde América en un mundo secularizado y pluricultural”. Culturas indígenas, campesinas, afroamericanas, urbanas, suburbanas, mestizas y migrantes se congregaron para compartir experiencias y diseñar caminos de evangelización inculturada e intercultural. 
Alabado sea Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, enviado del Padre, que anunció el Reino de Dios con palabras y gestos y que, una vez resucitado, envió a sus discípulos a continuar su misión. Él nos sigue enviando a todos –ordenados y laicos, consagrados y familias, niños, jóvenes y adultos- a anunciar la Buena Noticia de su Reino de hermandad y justicia y a hacer discípulos de todos los pueblos.
Glorificado sea el Espíritu Santo enviado por Jesús. Él, protagonista de la Evangelización, nos impulsa a continuar con valentía y creatividad la misión de Jesús en diversos tiempos, situaciones y culturas.
Damos gracias a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo por estos días de convivencia, reflexión, oración y propuestas de acción para y desde las iglesias particulares de nuestra América. Cinco Ponencias, 22 Foros, celebraciones litúrgicas y diversos testimonios misioneros constituyeron un nuevo impulso para continuar avanzando en nuestra tarea evangelizadora hacia dentro (Inter Gentes) y hacia afuera (Ad gentes). Los foros se organizaron alrededor de cinco ejes temáticos: Discipulado, Conversión, Secularización, Pluriculturalidad y Misión Ad Gentes.
Bendito seas por el Santo Padre Francisco, primer papa latinoamericano, quien nos ha enviado un cálido mensaje en el que se alegra por la trascendencia de un Congreso que contribuirá a dar un nuevo impulso a la Misión Continental promovida por Aparecida. Bendecimos al Señor por la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio) en la que el papa nos invita a iniciar una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría que nace y renace del encuentro con Jesús.
Gracias Señor por la presencia del Cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los pueblos y Delegado extraordinario del Santo Padre. Él hizo presente entre nosotros la persona del papa Francisco y su nuevo estilo de Iglesia recordándonos que la Misión Ad Gentes es tarea de toda la Iglesia. 
Enséñanos Señor a mirar este mundo cambiante, plural y complejo con esperanza y amor, con profundidad y profetismo. Ayúdanos a encontrar en la Palabra de Dios, centro de la vida y de la misión de la Iglesia, respuesta a un mundo individualista que parece vivir sin sentido. Jesús es Palabra de Dios encarnada. La Palabra de Dios es una Palabra informativa y performativa que comunica un proyecto de valores revelado en Jesús y de manera eficaz y poderosa nos hace ver con los ojos de Jesús y nos capacita para transformar el mundo.
Haz Señor que nos percatemos que la misión hace la Iglesia, que ella es un desafío teológico-espiritual y que ella se origina en las entrañas de la comunidad trinitaria que, por amor, sale de sí misma a relacionarse con la humanidad. La fe en la encarnación implica entrar en las culturas. La fe en la resurrección lleva a evangelizar desde adentro a las culturas. Pentecostés hace posible el encuentro igualitario y enriquecedor de diversas culturas. Haz que nuestras iglesias vivan una comunión al servicio de la misión y sean misioneras, proféticas y liberadoras. Que la Iglesia que peregrina en América sea una Iglesia que se ponga en camino, una Iglesia dialogal, que opte por los pobres, testimonial y en permanente conversión de personas y estructuras. En esta Iglesia misionera la vida religiosa consagrada se concibe como una misión mística, simbólica y profética. Ella es misionera Ad Gentes por naturaleza (Ad Gentes 2)
Espíritu de Jesús danos valentía y creatividad para realizar en nuestras comunidades las orientaciones pastorales asumidas en este Congreso Americano Misionero:
A nivel de discipulado misionero: nos proponemos agradecer y expresar lo mejor que nos pudo acontecer en la vida, el haber encontrado a Jesucristo haciéndonos discípulos misioneros y renovando el compromiso y el gozo de hacerlo conocer.
A nivel de Conversión: Conversión eclesial a todos los niveles, desde la escucha de la Palabra que nos lleve a una comunión eclesial que promueva una pastoral profética que denuncie la injusticia;
A nivel de Secularización: desarrollar un cambio de actitud y mentalidad en todas las estructuras humanas; una nueva mirada de las relaciones: evangelización con rostro humano, incluyendo diálogo y respeto con los gobernantes y sociedades para abogar e incidir por el desarrollo humano, por el campo y la ciudad en todo el ámbito de la vida política, económica, social, cultural y ecológica. Priorizando la formación en todas las estructuras eclesiales y sociales para emprender ese espíritu del nuevo misionar. 
A nivel de Pluriculturalidad: Promover la interculturalidad a través de un acercamiento respetuoso a la diversidad, que iluminada con el evangelio nos lleve a promover acciones pastorales liberadoras, descolonizadoras, con enfoque de derecho y pertinencia cultural, revitalizando mediante la liturgia inculturada la formación de agentes pastorales y el compromiso apostólico con la realidad social, política, económica y cultural el anuncio del evangelio en comunidades excluidas, empobrecidas y marginadas. Para que nuestros pueblos indígenas, afros y culturalmente emergentes tengan vida y vida en abundancia.
A nivel de Misión Ad Gentes: las Conferencias Episcopales en el trascurso de 5 años asuman un lugar de Misión y envíen religiosas, religiosos, sacerdotes y laicos. Para ello deben promover la formación sobre la Misión universal para todos los corresponsables pastorales, a través de itinerarios de formación. Esto también requerirá la creación de estructuras económicas que permitan enviar y recibir misioneros.
Que la Virgen de Guadalupe, San Juan Diego, Santa Teresita del Niño Jesús, San Francisco Javier iluminen la nueva etapa evangelizadora a la que nos invita el Papa Francisco: América Misionera, comparte tu fe.

Congregación para la Educación Católica

Por Andrea Tornielli- Vatican Insider 

Procede poco a poco el cambio en la Curia romana. Ayer, Francisco confirmó en su puesto al Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, el polaco Zenon Grocholewski, y a su secretario, monseñor Angelo Vincenzo Zani.

Al mismo tiempo, el Papa nombró nuevos miembros en el dicasterio: son los cardenales Béchara Boutros Raï, patriarca de Antioquía de los maronitas, Odilo Pedro Scherer, arzobispo de São Paulo; John Njue, arzobispo de Nairobi; Timothy Michael Dolan, arzobispo de Nueva York; John Tong Hon, obispo de Hong Kong; Luis Antonio G. Tagle, arzobispo de Manila; Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Además fueron nombrados los arzobispos Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero; Ricardo Ezzati Andrello, arzobispo de Santiago de Chile; Marek Jędraszewski, arzobispo de Łódź; y Jorge Carlos Patrón Wong, secretario para los Seminarios de la Congregación para el Clero.

Francisco también confirmó como miembros del dicasterio que se encarga de las universidades católicas a los cardenales Antonio María Rouco Varela (Madrid), Christoph Schönborn (Viena), Audrys Juozas Bačkis (emérito de Vilnius), Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga (Tegucigalpa), José da Cruz Policarpo (emérito di Lisboa), Peter Kodwo Appiah Turkson (Presidente de Justicia y Paz), Josip Bozanić (Zagreb), Péter Erdő (Budapest), Marc Ouellet (Prefecto de los Obispos), Jean-Pierre Ricard (Bordeaux), Oswald Gracias (Mumbai), Laurent Monsengwo Pasinya (Kinshasa), Reinhard Marx (Mónaco de Baviera), Thomas Christopher Collins (Toronto), Willem Jacobus Eijk (Utrecht), Leonardo Sandri (Prefecto para las Iglesias Orientales), Gianfranco Ravasi (Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura), Fernando Filoni (Prefecto de “Propaganda Fide”), João Braz de Aviz (Prefecto de los religiosos), Edwin Frederick O’Brien (de la Orden del Santo Sepulcro). Además, también fueron confirmados los obispos Alfredo Horacio Zecca (Tucumán), Gerhard Ludwig Müller (Prefecto de la doctrina de la fe), Charles Morerod (Losanna).

Esto es lo que indica el comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede. Al revisar la composición de los miembros del dicasterio antes de estos nombramientos, se ve que salieron por motivos de edad los cardenales Godfried Danneels (emérito de Bruselas), Juan Sandoval Íñiguez (emérito de Guadalajara) y Raffaele Farina (Bibliotecario emérito). Otro de los no confirmados fue el cardenal Dionigi Tettamanzi, emérito de Milán, que cumplirá ochenta años en marzo del año próximo.

También salieron los cardenales Mauro Piacenza (que pasó a la Penitenciaría), William Joseph Levada (Prefecto emérito de la doctrina), Rainer Maria Woelki (Berlín), Giuseppe Betori (Florencia) y Stanislaw Dziwisz (Cracovia).

Al ojear la lista, se ve que dejaron el conjunto de los miembros del dicasterio cuatro italianos (Farina, Tettamanzi, Betori y Piacenza) y que solo entró uno, monseñor Stella. En cambio, los alemanes pasaron de dos a uno. Y se confirma la presencia internacional.

Iglesia Católica en China
Por Llorenç AlcinaRoselló
Para presentar su realidad sintéticamente, conviene recordar su historia. La Iglesia comienza su presencia con las misiones cristianas; es una realidad a partir de 618, por tanto en el primer milenio. La capital del imperio chino estaba entonces en la actual ciudad de Xian, desde donde se extendía la influencia cultural china. El modelo estático y central de entonces, se ha perpetuado hasta el siglo XXI, en la centralidad política.
¿De dónde procedían los misioneros? De la Iglesia de Persia, que nunca estuvo dentro de los límites del Imperio Romano, pues el Imperio Persa era poderoso y no permitía a los obispos relacionarse con Roma ni acudir a los Concilios. Pero esta Iglesia tuvo enorme expansión en Asia, desde la India a China y otros lugares, tal vez 300 diócesis. Que tantos quedaron destrozadas por los musulmanes. Sabemos que el año 635 un monje persa, Aloben, presentó al Emperador Taizong, la Biblia, que fue estudiada por sus sabios, después de ser traducida, dando el imperial decreto a la llamada “Religión Luminosa”, para que tuviera libertad de acción en China. Aloben fue el primer Obispo de esta Iglesia China naciente. Los iconos se dieron a conocer junto a la Biblia. Se construyó un monasterio en la capital, desde donde irradiaría la misión.
Más aún, uno de los testimonios que quedan de esta etapa, es la estela en piedra, erigida en el año 781, con el Credo en Chino. Fue obra del sacerdote Jungjing. Se guarda cuidadosamente en un museo. Estos cristianos, en Occidente eran llamados nestorianos, por haber acogido al Patriarca Nestorio de Constantinopla, al ser depuesto por el Concilio de Efeso, aunque no ocupó cargo alguno, pero influyó su teología. La “estela de Xian”, así llamada, es una referencia cristiana hasta nuestros días. Estos cristianos estuvieron presentes en diversos lugares, pero las prohibiciones, con cambios imperiales se sucedieron, con todo persistieron y a la llegada del franciscano menor, ya en Pekín, nueva capital imperial, Juan de Montecorvino, enviado por el Papa Nicolás IV. franciscano, con un grupo de misioneros, para establecer relaciones con el Emperador, y así poder evangelizar, pudo encontrarse con grupos diversos de cristianos nestorianos, que con frecuencia entraron en la Iglesia Católica. Montecorvino salió hacia la India en 1289, tardó seis años en llegar a Pekín. Llevó cartas para el Emperador, pero también, era ya un gesto ecuménico de entonces, con una carta para el Patriarca de la Iglesia Persa, Mar Yahballaha, pidiendo protección para los franciscanos. En 1306 Montecorvino, escribe al Papa indicando que ya ha bautizado miles de chinos, traducido el Nuevo Testamento y la Liturgia al chino, lengua que con audacia usa. Tiene ya templos construidos y pide un grupo numeroso de misioneros. También traducirá el Antiguo Testamento. Entre los misioneros siete franciscanos han sido ordenados obispos, y ellos ordenarán a Montecorvino, como nuevo Arzobispo de Pekín, el primero. Era hacia 1308, y es el Papa Clemente V, quien lanza esta misión renovada. El sucesor de Montecorvino, será en 1342, Juan Marignolli. Acaba el siglo con una gran persecución. Cuando comience la segunda etapa del cristianismo en China, con la llega de los jesuitas y en especial del Padre Mateo Ricci, figura excepcional por su cultura, por medio de la cual penetrará, no sin enormes dificultades, en los círculos intelectuales de la corte imperial en Pekín, desde 1601.
Mateo Ricci había encontrado en algunas regiones por las que pasó, comunidades cristianas de las bautizadas por Juan de Montecorvino, que se transmitieron la fe. Ahora Ricci y sus compañeros iniciarán un nuevo tipo de misión desde la cultura, tan apreciada por la corte imperial, y todo lo que Ricci aporta, desde las matemáticas, astronomía, etc. Se le permitirá tener una capilla y residencia propia, en pocos años tendrá ya una comunidad de 300 bautizados, algunos funcionarios imperiales.
Al mismo tiempo, por autorizaciones en parte obtenidas por Ricci, otras órdenes han entrado en China: dominicos, franciscanos y agustinos, especialmente. Pero no tienen la óptica de diálogo fe y cultura de Ricci, predicando directamente, y a veces sin valorar la cultura milenaria de la China.
Un primer mártir, será el dominico castellano San Francisco Fernández de Capillas, dominico decapitado en 1648, tras larga prisión; será el primero de una enorme lista que llega hasta nuestros días. Juan Pablo II, canonizó a 120 de ellos, muchos laicos y hasta familias con hijos.
Esta etapa iniciada por el Siervo de Dios Mateo Ricci, de quien hace poco tiempo se ha inaugurado, por parte del Estado Chino, un museo sobre su vida, escritos, objetos personales, etc., y que su sepulcro ha sido celosamente guardado junto a la Universidad de Pekín, con otros jesuitas, es el símbolo de estos largos siglos para anunciar a Jesucristo; darán fruto y lo dan en la clandestinidad o en las comunidades católicas que optan por registrarse, por ello las llaman “Iglesia Oficial”, aunque Benedicto XVI, en su carta orientatoria del catolicismo chino de 2007, indica que hay una sóla Iglesia, y que se debe tender a un testimonio público común, aunque ello lleve consigo enormes dificultades, por el deseo impositivo del gobierno comunista de controlar todo hecho religioso, y más cuando el catolicismo tiene una base universal, presidida por el Obispo de Roma.
Una tercera etapa, sería la de los siglos XIX y XX, unidos por el esfuerzo de inculturizar la Iglesia; petición urgida por el Papa Benedicto XV en 1919, encontrado su realización en el primer Concilio Nacional de la Iglesia en China en 1924, en Shangai, bajo el impulso del delegado apostólico Monseñor Constantini, que como pocos comprendió a los chinos, y la consagración por Pío XI de los primeros seis obispos chinos, con la excepción de uno ordenado en 1685, el Obispo Luo Wenzao. En 1674, el Papa Clemente X, lo había nombrado administrador apostólico de Nankín y un inmenso territorio; pero los portugueses que desde 1557 desde Maccao intentaban controlar a la Iglesia China, evitaron otras ordenaciones episcopales.
Pero el siglo XIX fue desastroso para la Iglesia, por las dominaciones de zonas chinas por parte de Inglaterra, Francia y Alemania, especialmente. A los católicos se les vería como sujetos a estas potencias europeas, a pesar que eran víctimas de las mismas. Comenzando el siglo XX, hay un resurgir que con la caída del Imperio y la instauración de la República de China en 1912, todo comenzará a moverse en una dirección de recuperar el sentido de la nacionalidad china. Los jesuitas abrirán algunas universidades y la misma Iglesia China también. El P. Paúl Lebbe, belga, lanza el programa de total inmersión china, desde 1920. Una vitalidad para ser “Iglesia China para los chinos”, rehace el conjunto, y el Papa Pío XII en 1939, cambia la estructura de la Iglesia, constituida por misiones dependientes de diversas órdenes y congregaciones religiosas y los vicariatos apostólicos, dependiendo directamente de la Santa Sede, formando la estructura eclesial china con cerca de 150 archidiócesis y diócesis y colocando en Pekín, al primer Cardenal chino el Arzobispo Tien, obispo en un vicariato apostólico; pertenecía a la Sociedad del Verbo Divino, gran evangelizadora de muchas diócesis actuales.
Pero el triunfo en 1949 del general Mao Zedong, llevó a la Iglesia a ver expulsados todos los misioneros de muchos países, incautadas sus instituciones, encarcelados obispos, sacerdotes y fieles chinos, haciéndose un general silencio de muerte y martirio. El Obispo de Shangai, Kong Ping Miei, será el símbolo de tanto terror; pasará 30 años en la cárcel, será el primer cardenal nombrado por el Papa Juan Pablo II, pero “in pectore”, en secreto, hasta que doce años después pudo hacerse público, al ser liberado, ya muy anciano. Su figura es la referencia a la represión permanente de la Iglesia en China, pero que Pablo VI, al celebrar la Eucaristía en Hong-kong, entonces colonia inglesa, la alentó con vigor a no tener miedo, pues sus mártires la sostienen y la Palabra de Dios también. Precisamente el 29 de este septiembre de 2012, será beatificado el franciscano Padre Allegra, que fundó en el mismo Hong-kong el Instituto Bíblico Franciscano, y que bajo su dirección consiguió la traducción total de la Biblia al Chino, y es la difundida actualmente en toda China. El P. Allegra falleció en 1976, y como su lejano hermano en San Francisco el arzobispo Montecorvino de Pekín, completa un recorrido al servicio del pueblo Chino, pues Montecorvino, tradujo los textos bíblicos, con menos ayuda que ahora.
Todo lleva a esperar que María Auxiliadora, en su fiesta anual del 24 de mayo, que Benedicto XVI ha declarado día universal de oración por la Iglesia en China, posibilitará que el control, encarcelamiento y malos tratos de los católicos se terminen, para poder evangelizar con brío esperanzado.

San Jose Freinademetz

San José Freinademetz, un chino del Tirol

José Freinademetz nació el 15 de abril de 1852 en Oies, un pequeño paraje entre los Alpes del norte de Italia, zona que en aquel entonces era llamada “Tirol del Sur” y formaba parte del imperio austro-húngaro.

Bautizado el mismo día de su nacimiento, en la iglesia parroquial de Badia, heredó de su familia una fe sencilla pero tenaz, y una gran laboriosidad.

Los dos primeros años de escuela primaria los hizo en el pueblo; con 10 años se trasladó a Bressanone donde cursó los últimos años de primaria en idioma alemán y el liceo clásico.

En 1872 entró en el seminario mayor diocesano de Bressanone donde completó los estudios teológicos. Fue durante estos años de formación que José comenzó a pensar seriamente en la posibilidad misionera. Sin embargo, el 25 de julio de 1875 fue ordenado sacerdote y destinado a la comunidad de San Martín de Badia, primer lugar de su actividad sacerdotal. Humilde, celoso, rico en humanidad, transparente y sincero, pronto se ganó el corazón de todos.

Llevaba apenas dos años de servicio como cooperador en San Martín, cuando se dirigió al Padre Arnoldo Janssen, fundador y rector del nuevo Instituto Misionero del Verbo Divino, fundado el 8 de septiembre de 1875. Pidió ser admitido en la casa misionera de Steyl (Holanda) como aspirante misionero.

El Padre Arnoldo, regresando de Roma, se encontró en Bressanone con el capellán Freinademetz y los dos fueron recibidos por Mons. Vincenzo Gasser, Obispo de aquella Diócesis. Freinademetz pidió se le concediese dejar su puesto en la Diócesis para ingresar en la recién fundada Congregación misionera. Vale la pena recordar la respuesta del Obispo Gasser: “El Obispo de Bressanone dice no, pero el Obispo católico dice sí. Llévese a mi hijo Freinademetz y haga de él un valiente misionero”. (F. Bornemann, Giuseppe Freinademetz, Ed. EMI ’75, pág. 38).

En agosto de 1878, Don José llegó a la modesta casa de Steyl que el Padre Janssen había comprado para acoger al primer núcleo de los misioneros del Verbo Divino. No permaneció mucho tiempo, pues pronto obtuvo el permiso para ir a China. El 2 de marzo de 1879 recibió la cruz misional de manos del Nuncio Apostólico en Holanda y con él la recibió el P. Juan Bautista Anzer. Ese mismo día salieron de Steyl y después de 5 semanas desembarcaron en Hong Kong.

Monseñor Raimondi del PIME (Pontificio Istituto Missioni Estere di Milano) acogió en Hong Kong a los dos primeros misioneros del Verbo Divino (Freinademetz y Anzer), el Padre Freinademetz, bajo la guía del Padre Piazzoli, se inició como misionero ambulante.

Después de dos años la Congregación de Propaganda Fide encomendó a los dos misioneros del Verbo Divino la parte meridional de la provincia Shantung que contaba con 12 millones de habitantes y sólo 158 bautizados.

El Padre Freinademetz quiso aprender el chino a la perfección; pero ante todo, trató de llegar al corazón de la gente, entrar en sus problemas, usar comparaciones y ejemplos sencillos, comer y vestir como ellos. “… Amo la China y los chinos y desearía morir mil veces por ellos -escribía-. Ahora que no tengo tantas dificultades con el idioma y que conozco la gente y sus costumbres, considero la China como mi patria, como mi campo de batalla donde deseo morir”. (carta del 22 de marzo de 1886 a los padres).

Fueron años duros para él: viajes largos y difíciles, asaltos de bandoleros que lo despojaron de todo. El Padre Freinademetz fue encargado de iniciar y formar las primeras comunidades en zonas todavía totalmente paganas. En la labor de la primera evangelización comprometía a los catecúmenos y neo-bautizados. Una vez que la comunidad estaba encaminada, llegaba la orden del Obispo: ‘deja todo y ve a otro sitio a fundar nuevas comunidades’.

Muy pronto captó la importancia del papel que podían desempeñar en la tares de la primera evangelización los laicos comprometidos, sobre todo los catequistas. Los quería firmes en la fe y de costumbres irreprensibles, verdaderos ejemplos en medio del pueblo. Para ellos preparó un manual catequético en chino.

El Padre José y el Obispo Anzer daban gran importancia a que cada comunidad tuviese sólidas bases y, desde el principio, trataron de formar y cuidar un clero chino. Se comenzó en la estación central de Puoli de donde más tarde saldría Tomás Tien, del Verbo Divino, primer cardenal chino. El Padre Freinademetz consideró siempre la atención espiritual a los misioneros de capital importancia, “cuidar el alma del cuidador de almas” (Relación del Capítulo Provincial, 22 de agosto de 1892, pág. 97), como él la llamaba. En esta tarea le fueron de ayuda también los cargos que ocupó: fue administrador de la misión; rector del seminario; director espiritual del primer grupo de sacerdotes chinos; superior provincial. Ejerció siempre su autoridad como un hermano mayor, respetado más por su ejemplo y testimonio de vida que por el cargo en sí.

Si se interesó por la atención espiritual de los misioneros, no menos importancia dio a su formación y a su puesta al día en teología y pastoral. “El progreso de los misioneros -decía- significa progreso de la misión” (Relación del Capítulo Provincial, 22 de agosto de 1892, pág. 97).

Desempeñó varios cargos como superior, sin embargo, lo que le importaba, era ser un hermano mayor que habla con su ejemplo y con su vida más que con la ley. De él escribió el Cardenal Tien, alumno suyo en el seminario: “… para nosotros que podíamos observarlo, era siempre una experiencia extraordinaria verlo rezar. La imagen de este sacerdote arrodillado quedó imborrable en mi memoria”. (Giacomo Reuter, Giuseppe Freinademetz, pág. 52 – entrevista al Cardenal Tien con ocasión del 50º aniversario de la muerte de Freinademetz).

Desde el principio el Padre Freinademetz trató de inculturarse en la difícil cultura china. Lo consiguió sólo al final de su vida.

Toda su vida estuvo marcada por el esfuerzo de hacerse chino entre los chinos, al punto de escribir a sus familiares: “Yo amo la China y a los chinos; en medio ellos quiero morir, y entre ellos ser sepultado”.

Como misionero nunca se amilanó ante los muchos compromisos. El trabajo incesante, sin embargo, y las privaciones, con los años, hicieron mella en su físico esbelto y robusto. En 1898 apareció la enfermedad de la laringe y también en los pulmones se detectó un principio de tisis. Cediendo a las insistencias del Obispo y de los cohermanos se trasladó por breve tiempo al Japón, cerca de Nagasaki, en busca de salud. Regresó algo restablecido, pero, ciertamente, no sano. La región donde residió y recibió atención médica es la misma zona donde vive actualmente la familia del joven Jun Yamada, que en 1987, fue curado completamente de “leucemia aguda del tipo M2”, por la intercesión del Beato José Freinademetz.

En 1900, después de 20 años de ininterrumpida labor en China, el Padre Janssen, con motivo del veinticinco aniversario de la fundación de la Congregación, lo invitó a Steyl para participar en las celebraciones conmemorativas. Freinademetz, sin embargo, rechazó, cortés pero firmemente, regresar a Europa. Era el tiempo de la lucha de los “Boxer” contra los europeos. Prefirió permanecer junto a sus cristianos y sufrir con ellos.

En el cúlmen del peligro, cuando los otros misioneros, siguiendo la orden de las autoridades eclesiásticas, se refugiaron en el puerto de Tsingtau bajo protección alemana, el Padre Freinademetz, después de un día de viaje, ordenó dar vuelta al carro y, con un Hermano, regresó a Puoli para estar entre sus cristianos, consciente del peligro al que se exponía. Más tarde escribió: “Vuestro hermano José, lo creíais muerto, pero vive todavía… El año pasado, ciertamente, me faltó poco para ir a reunirme con nuestros buenos padres, fallecidos hace ya muchos años. Tantas veces corrí el peligro de morir y ser asesinado; una vez tuve que huir a media noche por caminos desconocidos, pues venían ya para asesinarme; otra vez los soldados estaban listos para matarme; el mandarín suplicó tanto que al final me dejaron con vida” (carta del 6 de julio de 1901 a los hermanos y hermanas). A pesar de todo, nunca abandonó a sus cristianos.

Cuando el Obispo Anzer viajó a Europa, el Padre José asumió la administración de la Diócesis. Durante ese período estalló el tifus y Freinademetz, como buen pastor, no escatimó esfuerzo y a todos ofreció su incansable asistencia, despreocupado del peligro.

Contrajo la enfermedad y su organismo, ya débil, sucumbió. Inmediatamente regresó a Taikia, sede del Obispo, donde, el 28 de enero de 1908 concluyó su vida.

Nacido al pie del monte de la Santa Cruz, fue sepultado en Taikia bajo la duodécima estación del Vía Crucis. Su tumba pronto se convirtió en un punto de referencia y peregrinación para los cristianos.

La obra de Freinademetz y de sus cohermanos dio sus frutos: el reducido número de cristianos del comienzo, 158, llegó, a la muerte del Padre Freinademetz, a la bonita suma de 45 mil. Otro tanto era el número de los catecúmenos. Se erigieron iglesias en 1.100 comunidades y centros de oración. Más de 70 sacerdotes y hermanos coadjutores, alrededor de 40 Hermanas y cerca de 1000 catequistas estaban comprometidos en la actividad misionera.

El Cardenal Tien, así se expresó en una entrevista en 1958 con ocasión del 50º aniversario del fallecimiento del Padre Freinademetz: “Entre los cristianos -dijo el Cardenal- el Padre Freinademetz gozaba, todavía en vida, de fama de santo. Es como Kungdse (Confucio) decían de él los chinos, en él todo es bueno, todo es perfecto: siempre cordial, modesto, humilde. Hablaba bien el chino. En todos que le conocieron causó una profunda impresión y su cercanía siempre, en algún modo, los consolaba. En Yangku había un anciano catequista que siempre, por principio, juzgaba negativamente a los otros y que a duras penas encontraba algo de bueno en los misioneros extranjeros. Pues bien, sólo en el siguiente juicio concordaba con los otros: -Fu Shenfu (este era el nombre chino del Padre Freinademetz) es un santo, es distinto de todos los otros-. Durante los años de seminario en Yenchowfu, frecuentemente me encontré con el P. Freinademetz, pues era norma que cada domingo, después del Oficio solemne, se fuese a él para hablar. Se arrodillaba en el coro de la iglesia y para nosotros que podíamos observarlo, era una experiencia extraordinaria verlo rezar. La imagen de este sacerdote arrodillado quedó imborrable en mi memoria. Se tenía la impresión que nada pudiese distraerlo. Era hombre de profunda oración. Siempre estaba a disposición de los otros con total abnegación y desinterés. Su piedad era abierta y fascinante. A veces nos dábamos cuenta que Mons. Anzer sobrecargaba el buen Padre Freinademetz con esta o aquella tarea, él soportaba todo, conservando siempre una actitud cordial. Era realmente un hombre perfecto, homo perfectus”.

La Iglesia confirmó el juicio del finado Cardenal Tien. En efecto, el 16 de marzo de 1970 fue publicado el decreto sobre el grado heroico de las virtudes practicadas por el Padre José Freinademetz. En tal decreto, después de describir su actividad misionera, se dice que se puede admirar en él “la fidelidad que Cristo pidió a sus ministros y que también el decreto conciliar “Ad Gentes” propone a la imitación de los mensajeros del Evangelio: -El enviado entra en la vida y en la misión de Aquel que lo llamó, renunciando a todo lo que tuvo hasta entonces y hacerse todo para todos (cfr. 1Cor 9,22 – Ad Gentes nº 24). – San José Freinademetz supo realizar plenamente dicho programa de vida”.

Freinademetz supo descubrir y amar profundamente la grandeza de la cultura del pueblo al que había sido enviado. Dedicó su vida a anunciar el Evangelio, mensaje del Amor de Dios a la humanidad, y a encarnar ese amor en la comunión de comunidades cristianas chinas. Animó a esas comunidades a abrirse en solidaridad con el resto del pueblo chino. Entusiasmó a muchos chinos para que fueran misioneros de sus paisanos como catequistas, religiosos, religiosas y sacerdotes. Su vida entera fue expresión del que fue su lema: “El idioma que todos entienden es el amor”.

El 19 de octubre de 1975, Freinademetz fue beatificado por el Papa Paulo VI, junto a su fundador, el Padre Arnoldo Janssen.

El 5 de octubre de 2003, Freinademetz junto a Janssen, fue reconocido santo para la Iglesia por el Papa Juan Pablo II.

Fuente: svdargentina.org.ar

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