Espía mercenario

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Paolo Gabriele
Un hombre identificado como el mayordomo del Papa ha sido arrestado en el Vaticano. La información fue confirmada por Ciro Benedittini de la Sala de Prensa de la Santa Sede, después que el portavoz Federico Lombardi señalara que los agentes de la Gendarmería habían localizado “a una persona en posesión ilegal de documentos reservados” puesta a disposición de la magistratura “para mayores averiguaciones”.
Oficialmente el Vaticano no ha revelado hasta el momento el nombre del detenido, considerado como uno de los miembros de la llamada “familia del papa“.
Este reducido grupo de personas está compuesto además por sus dos secretarios, los sacerdotes Georg Ganswein y Alfred Xuereb y cuatro laicas italianas consagradas de la comunidad “Memores Domini” que cuidan el apartamento papal.
Paolo Gabriele es un romano que trabaja en el apartamento papal desde 2006, tras estar al servicio del prefecto de la Casa Pontificia, el arzobispo James Harvey.
Benedicto XVI, según aseguraron fuentes vaticanas, ha sido informado del arresto de su mayordomo y se ha mostrado “muy entristecido y afectado“.
Según las fuentes vaticanas, los gendarmes encontraron “una gran cantidad de documentos reservados” en la casa en la que Gabriele vive con su esposa y tres hijos en Via de Porta Angelica, anexa al Vaticano.
Gabriele fue detenido por los gendarmes y puesto a disposición del “Promotor de Justicia” del Vaticano (fiscal), Nicola Picardi, quien le interrogó durante varias horas.
El arresto de esa persona, a la que ya se conoce como “Il Corvo” (El Cuervo), ha sorprendido en ambientes vaticanos. De confirmarse que es “Il Corvo” y ser juzgado, el mayordomo puede ser condenado hasta a 30 años de cárcel por violación de la correspondencia de un jefe de Estado, como es el papa, equivalente a un atentado contra la seguridad del Estado, señalaron fuentes vaticanas.
La detención se ha producido tras las investigaciones realizadas en los últimos días por la Gendarmería Vaticana para esclarecer los casos de filtraciones a los medios de comunicación de documentos reservados vaticanos enviados al papa Benedicto XVI y su secretario Ganswein.
Las investigaciones se desarrollaron según las instrucciones recibidas por la Comisión Cardenalicia, creada el pasado mes de abril por Benedicto XVI para esclarecer esos casos y que preside el cardenal español Julián Herranz, de 82 años y expresidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos.
La comisión se creó después de que una cadena de televisión italiana (la 7) publicara unas cartas enviadas por el actual nuncio en EEUU y ex secretario general del Governatorato de la Ciudad del Vaticano (Gobierno que gestiona este Estado), Carlo María Viganó, a Benedicto XVI, en las que denunciaba la “corrupción, prevaricación y mala gestión” en la Administración vaticana.
En una de esas misivas, Viganó denunció también que los banqueros que integran el llamado “Comité de finanzas y gestión” del Governatorato y de la Secretaría de Estado “se preocupan más de sus intereses que de los nuestros”, y que en diciembre de 2009 en una operación financiera “quemaron (perdieron) 2,5 millones de dólares”.
Tras conocerse esas filtraciones, Lombardi denunció la existencia de una especie de Wikileaks para desacreditar a la Iglesia.
Pero la filtración de documentos no quedó ahí. El 19 de mayo salió a las librerías el libro “Sua Santita”, del periodista Gian Luigi Nuzzi, con un centenar de nuevos documentos filtrados desde el Vaticano que desvelan tramas e intrigas en el pequeño Estado.
Entre la información confidencial que ha salido a la luz figura también que la banda terrorista ETA pidió al Vaticano a principios de 2011 enviar a su nunciatura en Madrid a varios de sus miembros para concordar con la Iglesia el anuncio del fin de su actividad armada, pero el cardenal Tarcisio Bertone lo rechazó, tras hablar con el obispo de San Sebastián, Jose Ignacio Munilla.
También se han filtrado documentos sobre las confesiones del secretario de Marcial Maciel y el encubrimiento de que gozó en el Vaticano el sacerdote mexicano fundador de los Legionarios de Cristo castigado por Benedicto XVI por pederasta.
Lombardi anunció que la Santa Sede llevará ante la Justicia a los autores de la filtración de todos esos documentos reservados y cartas confidenciales al papa Benedicto XVI, cuya publicación calificó de “acto criminal“.
La detención de “Il Corvo” se ha conocido después de que el Banco del Vaticano (IOR) destituyera fulminantemente a su presidente, Ettore Gotti Tedeschi, “por no haber desarrollado funciones de primera importancia para su cargo” y al estar “preocupado” por su gestión.
El cardenal Sepe fue apartado de Propaganda Fide por Benedicto XVI, en lo que parece un intento de alejar a la Curia italiana -y a Comunión y Liberación- de la gestión inmobiliaria. Tras siete años de papado, es un secreto a voces que Ratzinger no se fía de su Curia, si exceptuamos un pequeño puñado de fieles.

Enrico De Pedis

Enrico De Pedis
Por Pablo Ordaz
Enrico De Pedis murió como vivió, a tiros, en un callejón del Campo de’ Fiori, el 2 de febrero de 1990, a los 35 años, después de haber sido uno de los últimos capos de la banda de la Magliana, un atajo de malhechores que desde mediados de los setenta controlaba los bajos fondos de la ciudad de Roma. Nadie se acordaría de Renatino —su nombre de guerra— si no fuera porque, en el año 2005, durante la emisión de un programa de la televisión italiana dedicado a buscar a personas desaparecidas, se recibió una misteriosa llamada:
—Si queréis saber más sobre Emanuela, mirad en la tumba de De Pedis…
Aquella noche, el programa Chi l’ha visto, una especie de Quién sabe dónde a la italiana, repasaba por enésima vez los detalles de la desaparición de Emanuela Orlandi, de 15 años, hija de un empleado del Vaticano. La última vez que la vieron fue a las siete de la tarde del miércoles 22 de junio de 1983, tras salir de clase de música, junto a la romana basílica de San Apolinar, a solo unos metros de la plaza Navona. Su familia empapeló la ciudad con su retrato en blanco y negro: “Pelo negro, largo y lacio. Pantalón vaquero y camisa blanca. Zapatillas de gimnasia. 1,60 de estatura…”. Unas horas después, en la ciudad del Vaticano se empezaron a recibir llamadas de los supuestos secuestradores. Un varón que hablaba italiano con acento anglosajón pedía la liberación del turco Alí Agca, quien dos años había atentado contra el papa Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. Las extrañas y muy escurridizas llamadas telefónicas —hubo hasta 16 y ninguna pudo ser grabada por la policía— desaparecieron un día y jamás se supo si detrás de su secuestro estaba realmente el terrorismo internacional o las siempre turbias cuentas del Vaticano. Justo un año antes había estallado el escándalo del Banco Ambrosiano, una de cuyas habilidades consistía en lavar el dinero de la Mafia o de la logia masónica P-2. ¿Qué viejas y sucias cuentas se estaban tratando de ajustar a través del sufrimiento de la muchacha Orlandi? En 2005, nada más y nada menos que 22 años después, el programa de televisión seguía buceando en la oscuridad más absoluta cuando una llamada entró en antena:
“Si queréis saber más sobre Emanuela, mirad en la tumba de De Pedis…”

Roma

Pero, ¿dónde estaba enterrado De Pedis? Tras algunas investigaciones, saltó el escándalo. Si bien el criminal había muerto como había vivido, a sangre y fuego, su último reposo lo había encontrado en la exquisita paz de la basílica de San Apolinar. La conmoción fue general: el capo De Pedis compartía cripta con cardenales de la Iglesia. Su sepultura fue autorizada por el entonces rector de la basílica, monseñor Piero Vergari, con un texto que no tiene desperdicio: “Se certifica que el señor Enrico De Pedis, nacido en Roma-Trastevere el 15/05/1954 y fallecido en Roma el 2/2/1990, ha sido un gran benefactor de los pobres que frecuentaban la basílica y ha ayudado concretamente a muchas iniciativas de bien patrocinadas en estos últimos tiempos, tanto de carácter religioso como social. Ha dado contribuciones particulares para ayudar a los jóvenes, interesándose sobre todo por su formación cristiana y humana…”.
No parece que los jóvenes de la banda de la Magliana —retratados por Giancarlo de Cataldo en su obra Una novela criminal (publicada en España por Roca)— lograran a través de su formación “cristiana y humana” hacerse con el control de la delincuencia de Roma y colaborar, a ratos, con la Mafia y con las cloacas del Estado, pero a pesar de eso —o tal vez por ello— el entonces presidente de la Conferencia Episcopal italiana, cardenal Ugo Poletti, dio el plácet. Ahora se ha sabido —según declaraciones de una fuente del Vaticano a la agencia de noticias Ansa— que la viuda del capo pagó mil millones de liras (unos 450.000 euros) al cardenal Poletti por una tumba para su santo. El caso es que De Pedis sigue enterrado a San Apolinar, a solo unos metros del lugar donde la joven Orlandi fue vista por última vez…
Desde hace años, la familia de la muchacha pide ayuda al Papa para que la Iglesia cuente todo lo que sabe. Ha reunido más de 80,000 firmas y, por fin, ha logrado que la fiscalía de Roma autorice la apertura de la tumba del capo, para comprobar si junto a sus restos están también escondidos los de la muchacha. El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, insiste una y otra vez en que no dispone de datos ocultos e intenta defender la actuación de Juan Pablo II que “hasta en ocho ocasiones hizo llamamientos públicos a favor de la liberación de Emanuela”. Sin embargo, las huellas, aunque cada vez más débiles, siguen aproximándose al otro lado del Tíber. En junio de 2008, una antigua novia de Enrico De Pedis recuperó extrañamente la memoria y contó algunos de los pasajes de su vida con el capo. Muchas de las cosas que dijo no tenían ni pies ni cabeza, y así se demostró, pero otras resultaron muy llamativas. Contó, por ejemplo, que ella acompañó a De Pedis a deshacerse del cadáver de la muchacha a las afueras de Roma. No solo aportó la marca y el color del vehículo presuntamente utilizado en el secuestro —un BMW 745i gris oscuro—, sino que aseguró que se encontraba en un garaje subterráneo cercano a Villa Borghese. Los policías —seguramente sin mucha convicción— se acercaron y… allí estaba, 18 años después de la muerte del capo. Al indagar sobre el vehículo se descubrió que el primer dueño fue un empresario relacionado con el Banco Ambrosiano…

Fuente: Agencia EFE y www.elpais.com

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