Virgen de la Puerta de Otuzco

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Virgen de la Puerta
Otuzco empezó como Doctrina independiente de Huamachuco, a partir de 1551. El primer documento oficial aparece en el libro II del Becerro, donde consta el nombramiento de Prior para el Convento de Otuzco en 1606.
Teniendo en cuenta la devoción de los agustinos a la Virgen, no es extraño que en su convento de San Agustín dedicasen especialísimo culto a la Inmaculada Concepción, cuya imagen estaba en el altar mayor de la Iglesia.
Por costumbre, los agustinos solían tener una imagen de la Virgen en la portería de todos sus conventos. Según la tradición, al de Otuzco fue obsequiada por una familia arequipeña, que la había mandado labrar en Venezuela. Esta imagen suplía a la principal de la iglesia para las procesiones y cultos de menor categoría, por lo que se le llamaba la Inter de la Inmaculada Concepción.
Por los abundantes y grandes milagros, fue la Inter la que se ganó la devoción popular. Con el correr de los años, de la portería pasó a ser venerada en lo alto de la Puerta de la iglesia con frente a la Plaza principal, de donde tomó el actual título de Virgen de la Puerta.
En lo referente al nombre de “Virgen de la Puerta”, la historia cuenta que durante el siglo XVII, el puerto de Huanchaco, muy cercano a la ciudad de Trujillo; se había convertido en un puerto floreciente del Perú; lo que atrajo a muchos piratas y filibusteros procedentes de Francia, Inglaterra y Holanda, quienes por el año 1670, realizaron asaltos y saqueos en las costas de América del Sur. Los piratas iniciaron sus ataques en Guayaquil (Ecuador), luego pasaron a Saña (Chiclayo) y más tarde llegaron hasta las costas de Trujillo, desembarcando en Huanchaco. Los pobladores, se llenaron de pánico, pensando que al anochecer, la ciudad sería saqueada, lo que los motivó a dirigirse a la iglesia para elevar sus plegarias implorando socorro y protección. Luego, sacaron en procesión a la Virgen Inmaculada, cargándola hasta la entrada de la ciudad, donde la custodiaron durante tres días y tres noches, pidiéndole que impidiera cualquier ataque.
Su fe en Dios y la confianza en su patrona, dio el resultado deseado. Los piratas se retiraron y desde entonces, los fieles comenzaron a llamar a la imagen “Nuestra Señora de la Puerta” y “Virgen de la Portería”. Años más tarde, dicho nombre se cambió definitivamente por el de Virgen de la Puerta, reina de la paz y patrona de Otuzco, ciudad que se convirtió en la capital de la Fe. Algunos lugareños, la llaman también “Mamita de la Puerta”. Parte de la devoción de los devotos es untarse la cara con hollín o betún negro, en señal de penitencia. Parece que esta costumbre proviene del trato que los esclavos negros tuvieron a inicios de la República, cuando fueron llevados a las haciendas azucareras para las labores agrícolas. Los nativos del lugar, recibieron igual trato, por lo que indistintamente de su color de piel, siguen la misma tradición. La Virgen desfila bellamente ataviada y es llevada sobre una media luna de metales preciosos; resguardada por un grupo que representa a los esclavos negros, y grupos folklóricos como las Collas y los Gitanos, usando vistosos disfraces y bailando comparsas propias de dicha festividad.
El 27 de Octubre de 1943, el Legado Papal al congreso eucarístico de Trujillo, la coronó solemnemente en inolvidable ceremonia verificada en el Campo Eucarístico de Trujillo.
El santuario de Otuzco, juntamente con los de Guadalupe, Copacabana y Puno; principales centros de devoción mariana en el Perú colonial, ratifica el sugerente título de Sacristanes de la Virgen dado a los agustinos por el cronista Calancha.

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