Evangelización intercultural en el norte de Europa

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Bandera de Suecia

Ebbon, el Obispo de Reims, en el año 823 inauguró la evangelización de Escandinavia con el apoyo de Ludovico Pío, enseñando a algunos daneses.

En 826, Harald, rey de Dinamarca, fue bautizado en Maguncia en la corte de Ludovico Pío. Llevó consigo a San Anscario, acompañado de celosos misioneros ingleses y franceses.
En 830, San Anscario fue de Dinamarca a Uppsala. Recibió del rey Bzoern, aliado a la monarquía francesa, una benévola hospitalidad. Dejó allí a unos misioneros. Regresado a Suecia en 852, trazó lazos de amistad con el rey Olaf.
En 1024, otro rey Olaf se hizo bautizar. Sus sucesores fueron católicos.
En 1155, el rey Erik, el Santo, trabajó en la evangelización de Finlandia. Enrique, el Obispo de Uppsala, murió allí como mártir en 1158. En 1335, otro Obispo de Uppsala, de nombre Hammig, comenzó la conversión de los Lapones en Tornea.

Santa Birgitta

En el siglo 14, Santa Birgitta Birgensdotter, princesa de Nericia, una de las almas más privilegiadas de la Iglesia por sus asombrosas revelaciones, fundó el monasterio de la Congregación de Vadstena, y fue a morir en Roma. Suecia se cubría de iglesias y de conventos. La catedral de Uppsala y la Universidad datan del siglo 15.
El rey Gustavo Vasa, durante la Reforma, conservó una cierta jerarquía episcopal, independiente de Roma, con la Misa y ciertas ceremonias católicas. El rey Cristián de Dinamarca imita a Gustavo Vasa.
En Suecia, después de Gustavo Vasa, su hijo Juan II se acercó al catolicismo; pero Carlos IX proscribió de nuevo a los católicos.

República de Finlandia
Bandera de Finlandia

Poco después de 1150, el rey católico de Suecia emprendió una cruzada en el suroeste de Finlandia: detrás llegaron los misioneros, y así nació la ciudad de Åbo. Durante la misma época los rusos ortodoxos de Nóvgorod, que dominaban el comercio de pieles, penetraron en el territorio de la actual Carelia, donde consiguieron conversiones de los nativos y fundaron un obispado en Olonets.
Los primeros enfrentamientos entre suecos y rusos se iniciaron a comienzos del siglo XIII, culminando con la victoria del príncipe ruso Alexander (1240), en el río Neva. Desde entonces el príncipe sería conocido como Alexander Nevski. Sin embargo, la victoria del príncipe ortodoxo preocupó al Papa de Roma, que animó a los suecos a culminar la conquista de Finlandia. Åbo se convirtió en la sede de un obispado dependiente del Arzobispo de Uppsala, que la convirtió en capital.
En 1293 se fundó una nueva ciudad, Viborg. Sin embargo, no tardó en reanudarse la guerra contra los rusos. El objetivo principal era controlar el istmo de Carelia, que finalmente acabó siendo repartido por el Tratado de Nöteborg (1323) en el cual los suecos conservaron Viborg y sus alrededores; los rusos, las dos orillas del río Neva y la costa del lago Ladoga. Esta frontera entre ambos países permaneció hasta el siglo XVI.
La conquista de Finlandia por el reino de Suecia, a diferencia del sistema establecido durante la misma época por la Orden Teutónica en Estonia y Livonia, no conllevó consigo la implantación de la servidumbre de las poblaciones autóctonas: se constituyó una nobleza finesa y los obispos de Åbo fueron elegidos entre los fineses.
A partir de 1347 se aplicó en Finlandia el derecho sueco, y unos años más tarde el país adquirió el rango de ducado, integrado en el reino de Suecia. En 1581 fue convertido en gran ducado. Un canónigo finés de Åbo introdujo en 1527 la Reforma luterana en Finlandia. El obispo Miguel Agrícola tradujo en 1548 el Nuevo Testamento al finés, convirtiéndose en el primer testimonio escrito de esta lengua, aunque la lengua oficial y de la sociedad culta siguió siendo el sueco. El uso del finés no sería implantado en la administración hasta 1739.
Desde mediados del siglo XVI, los reiterados ataques a Livonia por parte del zar Iván el Terrible obligaron a los suecos a reaccionar y se apoderaron de territorios en Estonia y en Ingria (entre Estonia y el lago Ladoga). El poderío sueco alcanzó entonces su apogeo y Finlandia conoció una relativa prosperidad: se crearon nuevos asentamientos, carreteras, servicios de correos, y se fundó una universidad en Åbo (Turku).
Con la Guerra del Norte (1700-1721) finalizó este período de estabilidad y prosperidad. El enfrentamiento entre el zar Pedro el Grande de Rusia y el rey Carlos XII de Suecia tuvo efectos catastróficos. Tras la derrota de este último en la batalla de Poltava en 1709, las tropas rusas invadieron Finlandia en 1710 y devastaron el país durante varios años: en la memoria colectiva de los finlandeses recibe el nombre de la “Gran Rabia”.
Por el Tratado de Nystad (1721), Rusia adquirió los territorios de Estonia, Livonia, Ingria y todo el istmo de Carelia: con ligeras variaciones esta frontera se mantuvo hasta la actualidad. En 1743 el Tratado de Åbo añadió una pequeña porción de Finlandia.
Por último, en 1808, el zar Alejandro I de Rusia, a quien la paz firmada con Napoleón Bonaparte en Tilsit había dejado las manos libres, invadió Finlandia: el Tratado de Fredrikshamn reconoció su anexión en 1809.
La dominación rusa
Alejandro I de Rusia estableció el Gran Ducado de Finlandia nombrándose a sí mismo como Gran Duque y lo configuró añadiéndole los territorios conquistados en 1743 y 1809, así como parte de los territorios adquiridos en el tratado de 1721: las fronteras de Finlandia se encontraban próximas a la ciudad de San Petersburgo.
Hasta finales del siglo XIX, el gran ducado gozaría de una autonomía real: tiene su propia dieta parlamentaria, su ejército, su moneda, sus sellos de correo etc., el sueco siguió siendo el idioma oficial. Por lo que se refiere a los propios fineses, éstos no se sentían apartados de los suecos, pero el traslado de la capital de Åbo a Helsingfors (Helsinki) en 1812, supuso una ruptura con la tradición.
La lengua finesa atravesó un período de esplendor literario, en particular con la aparición a partir de 1835 del Kalevala de Elías Lönnrot, un extenso poema épico inspirado en cantos populares. Por su parte las autoridades rusas estimularon el uso del finés para contrarrestar la influencia cultural sueca: reformaron la enseñanza para favorecerlo y reconocieron el finés como segundo idioma oficial.
Sin embargo, el despertar de la conciencia nacional acabó a largo plazo, por entrar en conflicto con el carácter autocrático del régimen zarista de Rusia, y la postura del gobierno central se endureció con el paso de los años. A instancias del gobernador Bobrikov (asesinado en 1904), el manifiesto del zar de 15 de febrero de 1899 suprimió el ejército finlandés e impuso el ruso como idioma de la administración. Tras la revolución rusa de 1905 se produjo cierta flexibilización: una nueva Constitución instituyó un Parlamento elegido por todos los ciudadanos, incluidas las mujeres. Pero el éxito de los socialistas en las elecciones de 1907 provocó que se intensificaran la represión y la rusificación.
La independencia
La independencia de Finlandia de Rusia fue reconocida en el Tratado de Brest-Litovsk. Después de haber experimentado una terrible guerra civil, los sectores conservadores, liderados por el general Mannerheim, derrotaron a los grupos socialdemócratas y comunistas, apoyados por los bolcheviques rusos. Luego de la firma del Tratado de Brest-Litovsk, Alemania desembarcó tropas en Hanko y tomó Helsinki el 13 de abril de 1918. El 16 de mayo se celebró la victoria de la “Finlandia Blanca”, luego de que los soviéticos rusos se retiran de Finlandia.
El 9 de octubre, el Senado finlandés seleccionó como Rey electo a Federico Carlos de Hesse, un príncipe alemán, cuñado del Emperador Guillermo II. La derrota alemana y la abolición de la monarquía germana significó el fin del experimento monárquico en Finlandia. El Príncipe Federico nunca fue coronado Rey, ni siquiera llegó a visitar Finlandia, y renunció el 14 de diciembre de 1918. De esta manera, Finlandia se convirtió en una República independiente, siendo su primer presidente Kaarlo Juho Ståhlberg. Entre 1918 y 1920, los fineses llevaron a cabo una serie de incursiones en territorio ruso, conocidas como Heimosodat, cuyo objetivo era la creación de la Gran Finlandia. Eventualmente, se firmó el Tratado de Tartu con Rusia el 14 de octubre de 1920, donde se definieron las fronteras ruso-finesas. Finlandia desocupó algunas regiones en la Carelia ocupadas por los voluntarios, a cambio recibió una salida al océano Ártico a través de Petsamo.
La frontera de 1920 sufriría modificaciones luego de la Segunda Guerra Mundial. Luego de sufrir un fallido intento de invasión soviética entre 1939 y 1940, Finlandia perdió acceso al Lago Ladoga. En 1941 participó junto a la Alemania nazi en la invasión de la Unión Soviética, específicamente en las regiones de Carelia y alrededor del Ladoga y Leningrado. Finlandia logró recuperar los territorios perdidos en 1940, pero al revertirse el curso de la guerra en contra de Alemania, los fineses de nuevo tuvieron que redefinir sus fronteras con la Unión Soviética en 1944. En el Armisticio de Moscú, Finlandia realizó mayores concesiones territoriales, y perdió su salida al océano Ártico.
La postguerra
Al acabar la guerra, los soviéticos actuaron con dureza sobre los territorios conquistados. Expulsaron a todos los fineses del istmo de Carelia para sustituirlos por rusos: Finlandia tuvo que acoger a más de 400,000 refugiados. Además, tuvo que pagar cuantiosas reparaciones de guerra hasta 1952. En 1945-1946 los soviéticos consiguieron que las Naciones Unidas acusaran y condenaran a todos los políticos finlandeses que estaban en el poder en junio de 1941. De un modo más general, la política exterior de Finlandia estuvo sometida a una vigilancia constante por parte de Moscú: a esta situación se la bautizó como “finlandización”, una tutela que se efectuó sin que se instalara un gobierno comunista en Helsinki ni se produjera una adhesión al Pacto de Varsovia. Tras la muerte del dictador soviético Josef Stalin, la presión sobre Finlandia se relajó poco a poco: los soviéticos evacuaron la base de Porkkala en 1956; se autorizó a Finlandia a adherirse a la Asociación Europea de Libre Comercio en 1962. Es también un éxito la “línea Paasikivi-Kekkonen” –una sutil dosificación de estricta neutralidad y combinación muy medida que satisface a las exigencias soviéticas sin menoscabar la independencia finlandesa –que encarnan los presidentes Juho Kusti Paasikivi (1946-1956) y luego Urho Kekkonen (1956-1981). Reconocida como puente entre el bloque capitalista y el bloque comunista, Finlandia acogió en 1973 la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa, cuya acta final se firmó el 31 de julio de 1975. El derrumbe de la Unión Soviética en 1991, puso fin a lo que subsistía de la finlandización. En febrero de 1993, Finlandia inició negociaciones con vistas a su adhesión a la Unión Europea, que se produjo en 1994.

Evangelización de Noruega
Bandera de Noruega

El primer contacto con el cristianismo lo establecieron los vikingos. Pero fueron los reyes Olaf Tryggvesson -quién reinó del 995 al 1000-; y Olaf Haraldsson (del 1015 al 1028), quienes con ayuda de misioneros ingleses convirtieron al país. Haraldsson es venerado como mártir en Escandinavia e Inglaterra, su sepulcro en la catedral de Trondheim se convirtió en un gran centro de peregrinaciones.
En 1153, Noruega fue constituida en provincia eclesiástica independiente, agrupando bajo el arzobispado de Trondheim; los obispados noruegos de Hamar, Bergen y Oslo, más los de Groenlandia, Islandia, islas Ferbe, Orcadas y Hébridas. En los siglos XII y XIII, se establecieron las grandes órdenes religiosas; se desarrolló una liturgia latina y noruega y, bajo el gran arzobispo Eystein (1161-88), la Iglesia alcanzó su máximo esplendor religioso y político. Pero pronto, bajo el rey Sverre (1177-1202), se entabló una lucha con el poder civil que duró, con intervalos, todo un siglo. La peste negra y la unión política con Dinamarca en el siglo XIV, causaron un debilitamiento político y religioso. En 1537, Cristián III, rey de Dinamarca y Noruega, introdujo el protestantismo. El último arzobispo, Olav Engelbrektsson, que había resistido al rey, se exilió. Los obispos fueron depuestos. El rey se constituyó en jefe eclesiástico. Fueron nombrados superintendentes (obispos); las comunidades religiosas fueron disueltas y sus bienes confiscados.
El protestantismo encontró resistencia entre los campesinos. Sin embargo, ensayos esporádicos de algunos jesuitas noruegos para reconquistar el país para el catolicismo, dieron como resultado, en 1624, la prohibición, bajo pena de muerte, de entrar en el país a religiosos y sacerdotes católicos. En el siglo XVIII, el pietismo ejerció una influencia considerable. La Confirmación protestante fue introducida en 1736 y el año siguiente fue publicado el célebre comentario al catecismo de Pontoppidan. El pastor Tomás von Westen emprendió la evangelización de los lapones, y Hans Egede la evangelización de Groenlandia. Por la Constitución de 1814, Noruega recupera su independencia y el luteranismo es declarado religión de Estado.
Movimientos espirituales como el de Hans Nielsen Hauge (1771-1824) y más tarde el de Gisle Johnson (1822-94) reanimaron la vida cristiana del país. Por efectos de esa misma corriente se fundaron, hacia mediados de siglo, la Misión del Interior (Indremisjon); y del Exterior. Éstas cuentan hoy día con más de 800 misioneros protestantes. El conflicto entre tendencias liberales y conservadoras surgió en el interior del protestantismo hacia 1900 y tuvo como consecuencia la fundación de una Facultad de Teología protestante independiente en 1908; en ella se forma la línea de la «ortodoxia protestante» que agrupa la mayor parte de los pastores. El protestantismo luterano cuenta oficialmente con el 96% de la población.
El crecimiento de la Iglesia Católica, después del decreto de tolerancia en 1845, ha sido lento. Cuenta con cerca de 8,000 miembros; entre ellos, unas 500 religiosas que se ocupan de una veintena de hospitales. La Noruega católica está dividida en una diócesis (Oslo), para la zona sur del país, y dos vicariatos apostólicos para las zonas centro y norte. Hay un medio centenar de sacerdotes, en su mayoría extranjeros.
Según las estadísticas de 1960, hay también en el país 34,122 pentecostales; 16,773 luteranos de la Iglesia libre; 11,196 metodistas; 9,315 baptistas; 5,272 adventistas y 4,188 testigos de Jehová.

Fuente: Ellert Dahl.
Dinamarca 
Bandera de Dinamarca

La Prehistoria
Algunos restos de poblados de cazadores constituyen las huellas más antiguas de asentamientos humanos que se conservan en Dinamarca y se remontan aproximadamente al año 12,500 a.C., final de la última glaciación. Hasta el Neolítico, hacia el 3900 a.C., no surgió una sociedad agraria propiamente dicha, y de la existencia de aldeas no se tiene noticia hasta algunos siglos antes del nacimiento de Cristo. Habrá que esperar hasta la Edad del Hierro germánica, 400-750, para encontrar auténticas ciudades como, por ejemplo, Ribe.
Hacia el año 700 d.C. se puso en marcha la unificación del Reino bajo un poder centralizado. A medida que el reino de los francos se iba debilitando, fue desarrollándose un poder real estable que, aunque apenas se extendía por todo el territorio danés, logró defenderse de las invasiones enemigas que llegaban del sur. La unificación definitiva del Reino culminó con el hijo de Gorm el Viejo, Harald I Diente Azul, muerto en 987 y nombrado en una de las piedras rúnicas de Jelling, donde por vez primera aparece la palabra Dinamarca. Las piedras de Jelling se consideran a menudo la fe de bautismo de Dinamarca.
El Período Vikingo
A lo largo de la era vikinga, 800-1100, se fue consolidando un fuerte poder real, del que son testimonio un gran número de fortificaciones circulares de impresionantes dimensiones levantadas en emplazamientos estratégicos. Uno de los rasgos más característicos de este período fueron las constantes incursiones que, en torno al siglo XI, desembocaron en la conquista de Inglaterra y llevaron a los devastadores vikingos a lugares tan remotos como Irlanda, el norte de Francia y Rusia.
Aunque las naves vikingas regresaban a su patria cargadas con ricos botines de guerra, los reyes daneses no lograron jamás que sus conquistas se materializaran en un imperio duradero. El asesinato de Canuto IV el Santo en 1086 supuso el debilitamiento del poder real, uno de los secretos de las victoriosas expediciones vikingas.
El cristianismo
Simultáneamente tuvo lugar la llegada del cristianismo a Dinamarca, cuando fue bautizado Harald I Diente Azul y la nueva fe echó raíces muy rápidamente. El país fue dotado de un clero encargado de velar por la expansión de la fe cristiana. En los siglos posteriores, la Iglesia católica consolidó su influencia; se construyeron muchos templos y la sociedad agraria danesa, que ya contaba con casi 700,000 miembros y se regía de acuerdo con normas sociales cristianas, quedó dividida en cuatro estamentos: el poderoso clero; una nobleza laica de grandes terratenientes, que además constituían el eje central de la defensa del Reino; el pueblo llano, que crecía a la par que las ciudades; y, por último, un numeroso campesinado.
La Unión de Kalmar
La epidemia de peste negra de 1350 supuso para Dinamarca la pérdida de una gran parte de la población, lo que trajo consigo grandes transformaciones económicas y sociales. El mayor acontecimiento político de este período se produjo en 1397 con la proclamación de la Unión de Kalmar, que reunió a Dinamarca, Noruega y Suecia en una unión personal bajo el reinado de la danesa Margrete I. La Unión se mantuvo hasta 1523, año en que Suecia, durante el reinado de Gustavo I Vasa, la abandonó. La alianza entre Dinamarca y Noruega continuó hasta 1814. Después de esta fecha, Groenlandia, Islandia y las Islas Feroe, posesiones en el Atlántico Norte que en su origen fueron noruegas, quedaron en poder de la Corona danesa, en cuyas manos continúan con excepción de Islandia, que en 1944 se declaró independiente.
Rivalidad con Suecia
La ruptura de relaciones con la Iglesia de Roma en 1536, tras tres años de guerra civil, convirtió a la Iglesia Católica danesa en una Iglesia nacional luterana. De este modo, Dinamarca se unía al bando protestante en las prolongadas guerras de religión que asolaron Europa hasta 1648. De puertas adentro la nueva Iglesia nacional se convertía en un instrumento al servicio de un poder estatal enormemente fortalecido que se proponía disciplinar ideológica y moralmente a la población.
El período que comprende los años entre 1560 y 1720 se caracterizó por la enconada rivalidad con la vecina Suecia por la hegemonía en el Báltico. Hasta ese momento, la posición dominante había correspondido siempre a Dinamarca, lo que quedaba reflejado de manera simbólica en el cobro del impuesto del Oresund, que no fue abolido hasta 1857. Esta rivalidad desencadenó seis guerras entre ambos reinos (1563-1570, 1611-1613, 1643-1645, 1657-1660, 1675-1679 y 1709-1720).
Tras la desafortunada participación (1625-1629) de Christian IV en la Guerra de los Treinta Años y el subsiguiente debilitamiento danés, el conflicto se convirtió para Dinamarca en una lucha a vida o muerte durante la que estuvo a punto de ser absorbida por el gran imperio báltico sueco. Sólo la intervención de los Países Bajos e Inglaterra le evitó tal destino, pero a costa de renunciar en 1658 a todas las provincias de Escania al este del Oresund. El reino perdió así una tercera parte de su extensión y la población se redujo de 800.000 a 600.000 habitantes.
El absolutismo
La catástrofe desembocó en una crisis política que se tradujo en el cambio del sistema de gobierno del país en 1660-1661. Mediante una acción similar a un golpe de Estado, una monarquía hereditaria vino a reemplazar a la antigua monarquía electiva dominada por la nobleza. El nuevo monarca heredero Frederik III y sus sucesores consiguieron poder absoluto.
La ilimitada autoridad real quedó consignada en la Ley Real de 1665, plenamente vigente hasta que en 1848 se puso fin al absolutismo y en 1849 se aprobó una constitución democrática. A la Ley Real vino a sumarse en 1683 un código común para todo el Reino, la Ley Danesa de Christian V. Dinamarca se convirtió, en la medida en que esto fue posible, en un estado en el que reinaba el orden bajo el paternalista gobierno del monarca absolutista.
Reformas agrarias y guerras contra Inglaterra
La mayor empresa del absolutismo fueron las grandes reformas agrarias que se llevaron a cabo a finales del siglo XVIII, impulsadas por el deseo de lograr una mayor efectividad de la producción agraria y aprovechar al máximo el auge económico del momento. Las reformas suponían la conversión de un sistema de explotación condicionado por la naturaleza en un sistema de explotación condicionado por el mercado.
Con la disolución de los antiguos terrenos comunales, las parcelas pasaron a manos de las fincas agrarias. Al mismo tiempo, era frecuente que las casas de labor se trasladaran al campo, con lo que también fue desapareciendo la antiquísima comunidad de aldeas. Las reformas dieron lugar a la aparición de una nueva clase de hacendados independientes que, en el siglo posterior, sería la principal impulsora de las escuelas superiores populares y el cooperativismo. Estos propietarios se agruparon políticamente desde finales del siglo XIX en el Partido Liberal (Venstre), que en 1901 subió al poder.
El conflicto entre Napoleón y el resto de Europa supuso un problema insoluble para Dinamarca. Por miedo a las posibles consecuencias, el gobierno danés se resistía a tomar partido, lo que desembocó en los ataques de la flota inglesa a Copenhague de 1801 y 1807 y en el embargo de la armada danesa. Además, la pérdida de Noruega en 1814 se tradujo en la reducción de la antigua doble monarquía que, de extenderse desde Cabo Norte hasta el Elba, pasaba ahora a limitarse al territorio actual de Dinamarca y los ducados alemanes.
La democracia y la cuestión de Schleswig
Con la aparición y desarrollo de los movimientos nacionalistas, la posición de los ducados con respecto al poder real se convirtió en una cuestión de capital importancia durante todo este período y hasta 1864. Cerca de la tercera parte de la población de Dinamarca era alemana. Holstein y Lauenburg eran miembros de la Confederación Germánica, mientras que Schleswig estaba dividido. La decisiva cuestión de la filiación de Schleswig se agudizó cuando en 1848 los habitantes de procedencia y cultura alemana de los ducados de Schleswig y Holstein exigieron una constitución libre y la adhesión del primero a la Confederación. Al mismo tiempo, círculos liberales de Copenhague exigían una constitución democrática para todo el Reino y la incorporación de Schleswig, hecho que, sin embargo, contravenía el antiguo compromiso de unión permanente de los ducados.
Esto provocó una insurrección de los ducados, al mismo tiempo que Frederik VII se declaraba rey constitucional en Copenhague y abría con ello las puertas a una constitución democrática que cristalizó en la Constitución del Reino de Dinamarca del 5 de junio de 1849. El resultado fue la Guerra de los Tres Años (1848-1851), que terminó con una victoria danesa en la medida en que los ducados, gracias a la mediación de las grandes potencias, continuaron formando parte del Estado danés, aunque el problema de fondo seguía sin resolverse de manera satisfactoria.
La cesión de los ducados
En 1863, el Parlamento danés aprobó la Constitución de Noviembre, que en realidad dejaba fuera del Reino a Holstein y Lauenburg e incorporaba en su lugar a Schleswig, hecho que constituía una clara violación de los acuerdos alcanzados y que llevó al prusiano Otto von Bismarck a declarar la guerra a Dinamarca en nombre de la Confederación Germánica. El resultado fue la humillante derrota danesa de 1864 y la cesión de los tres ducados. Con ello Dinamarca perdía una vez más un tercio de su territorio y de su población, además de dejar a cerca de 200,000 daneses al sur de la nueva frontera. No regresarían a su país hasta el referéndum de 1920.
La esperanza del resurgimiento
Con la pérdida de los ducados, el territorio danés se redujo a la menor extensión de su historia. A partir de este punto, el país emprendió la tarea de lograr un resurgimiento nacional cuyo lema fue ganar dentro todo lo que se había perdido fuera. El cultivo del páramo cobró fuerza y, con la ayuda del cooperativismo, la agricultura experimentó una reconversión a gran escala pasando de la producción vegetal a la animal. También se impulsó la industrialización, de la que surgió una auténtica clase obrera que pobló las ciudades. En 1884, se eligieron los primeros representantes de la Socialdemocracia (Socialdemokratiet) en el Folketing –el Parlamento danés–. El número de escaños obtenidos por este partido fue aumentando elecciones tras elecciones.
En 1905, el Partido Radical (Det Radikale Venstre) se escindió del Partido Liberal (Venstre) y se constituyó como grupo independiente en el que se aglutinaban, sobre todo, intelectuales urbanos y pequeños agricultores. Quedaba así configurado el modelo que dominaría la política danesa hasta 1973, caracterizado por ser un sistema en el que ningún partido podía alcanzar la mayoría parlamentaria, con lo que la necesidad de llegar a acuerdos se convertía en la condición básica de toda la política. La actitud de consenso derivada de ello continúa siendo uno de los principales rasgos de la cultura política de Dinamarca.
Resumen histórico
hacia 12.500 a.C. Llegada de los primeros cazadores
3900 a.C Agricultura y ganadería
400-700 Primeros asentamientos urbanos
826 Llegada del cristianismo
866-867 Los vikingos conquistan York
1015-1034 Inglaterra bajo la hegemonía
1397-1523 Unión de Kalmar con Noruega y Suecia
1479 Fundación de la Universidad Copenhague
1536 La Reforma. Noruega se incorpora a Dinamarca
1660-1661 Instauración del absolutismo
1666-1917 Colonias danesas en el Caribe
1807 La flota inglesa bombardia Copenhague
1814 Noruega abandona la Unión
1848 Fin del absolutismo
1849 Primera constitución libre, la Constitución de Junio
1864 Pérdida de los ducados
1901 Instauración del parlamentarismo
1914-1918 Dinamarca se mantiene neutral durante la Primera Guerra Mundial
1915 Reforma constitucional, la mujer obtiene pleno derecho al vota
1920 El norte de Schleswig vota a favor de su reincorporación a Dinamarca
1940-1945 Ocupación alemana
1945 Dinamarca es miembro fundador de la ONU
1949 Ingreso en la OTAN
1973 Miembro de la CEE
1993 Dinamarca ingresa en la Unión Europea
Neutralidad y ocupación
Como resultado de la precavida posición neutral que adoptó tras su derrota contra Alemania en 1864, Dinamarca decidió no intervenir en la Primera Guerra Mundial, con lo que la economía danesa resultó muy beneficiada por la coyuntura bélica. Cuando Hitler se hizo con el poder en Alemania en 1933, Dinamarca se mantuvo en la misma línea esperando poder capear el temporal, pero resultó imposible. El 9 de abril de 1940, las tropas alemanas emprendieron la «ocupación pacífica» de Dinamarca y el gobierno socialdemócrata-radical de Thorvald Stauning decidió ceder y comenzar una forzosa colaboración con las fuerzas de ocupación.
Sin embargo, la resistencia popular contra la ocupación, apoyada por los ingleses, alcanzó tales dimensiones que, en agosto de 1943, hizo fracasar la política de colaboración. El Gobierno se retiró y cesaron las actividades de la vida parlamentaria. La farsa de la ocupación pacífica tocó a su fin y el último año y medio de guerra estuvo caracterizado por una creciente resistencia armada contra los alemanes y por las siempre brutales medidas represivas de éstos. Al concluir la guerra, la resistencia contaba con cerca de 50,000 miembros.
Alianza y bienestar
A pesar de la ambigüedad de su postura, Dinamarca logró su reconocimiento de hecho como aliada del bloque occidental gracias a la labor de la resistencia durante la guerra, y por ello fue invitada a unirse a los miembros fundadores de la ONU en 1945. Al igual que Noruega, el país ingresó en la OTAN en 1949, abandonando así de manera definitiva la neutralidad que tan importante había sido como elemento integrante de la política de seguridad danesa desde 1864.
El Plan Marshall de 1948 dio pie a un considerable proceso de modernización del sector agrario danés y, a partir de mediados de los años cincuenta, se produjo el auténtico despegue de la industrialización. En 1963, el valor de las exportaciones industriales sobrepasó por vez primera al valor de las exportaciones agrarias. Al mismo tiempo, comenzó a promulgarse sistemáticamente una legislación propia de la sociedad de bienestar, basada en el principio del derecho de todos los ciudadanos a recibir prestaciones sociales dentro de los marcos legales. Se creaba con ello el modelo danés de estado de bienestar basado en el sistema tributario y caracterizado por una red de garantía social consolidada y por una fuerte presión fiscal.
Dinamarca y Europa
A medida que se fue integrando en Europa, la economía danesa de la posguerra experimentó una creciente internacionalización. El país no participó en las negociaciones que entre 1957 y 1959 culminaron con la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE), aunque sí ingresó en 1960 en la Unión Europea de Libre Comercio (EFTA) junto con Gran Bretaña, el principal mercado de exportación del país. Dinamarca y Gran Bretaña no ingresaron en la CEE hasta 1973. Desde entonces, las relaciones con la CEE –desde 1993 UE– se han convertido en un asunto muy polémico para la política interior danesa que ha dividido a la población en dos grupos prácticamente iguales.
El referéndum de 1992 sobre el Tratado de Maastrich para una mayor integración dio la victoria a los partidarios del no por un escaso margen de votos; para lograr el consenso fue necesario realizar un nuevo referéndum después de que Dinamarca obtuviera ciertas exenciones. En el año 2000 se rechazó la adhesión a la moneda común europea, el euro, en otro referéndum popular. En este los daneses se muestran como unos europeos algo indecisos.
El legado histórico
La forma y la extensión actuales de Dinamarca son el resultado de repetidas cesiones territoriales causadas por su expuesta situación en pleno acceso al Báltico. Hasta hace poco, los daneses eran un pueblo extraordinariamente homogéneo, hecho que puede achacarse a la paulatina pérdida de las zonas marginales del Reino.
Pero el alto grado de uniformidad y consenso que tradicionalmente ha caracterizado a la sociedad danesa guarda también una estrecha relación con muchos de los rasgos históricos expuestos, tales como la fuerte influencia de la Iglesia nacional luterana; la homogeneización de la población durante el absolutismo; la tardía industrialización, que originaría una clase baja urbana numerosa; y la escasa fortuna de las fuerzas políticas a la hora de obtener la mayoría absoluta, que ha hecho de la coalición una premisa fundamental de la vida política danesa. Son éstas las experiencias históricas que han resultado decisivas para la formación del moderno carácter nacional danés.

Fuente: Dr. Knud J.V. Jespersen

Kurt Westergaard

Atentado terrorista

La policía danesa disparó e hirió a un hombre, originario de Somalia y con vínculos con Al Qaeda, cuando trataba de entrar a la casa del caricaturista que en el 2005 publicó una tira cómica del profeta Mahoma que irritó a los musulmanes.
El individuo tiene “lazos próximos con la organización terrorista somalí Al-Shabaab así como con líderes de Al-Qaeda en el este de Africa”, dijo el Servicio de Seguridad e Inteligencia Danés PET en un comunicado.
“PET observa de manera muy seria este caso, que nuevamente confirma la amenaza terrorista dirigida contra Dinamarca y, en especial, contra el caricaturista Kurt Westergaard”, según el jefe de PET Jakob Scharf.
Westergaard, de 74 años y quien dibujó al profeta Mahoma con una bomba en su turbante, no resultó herido en el incidente, aseguró el portavoz de la policía, que aún está investigando si el hombre somalí actuó solo al atacar la casa de Westergaard, que se encuentra bajo una rigurosa seguridad.
El año pasado, las autoridades de Estados Unidos arrestaron a dos hombres en Chicago que eran sospechosos de planear ataques contra Westergaard y el periódico Jyllands-Posten, que publicó las caricaturas del profeta Mahoma.
La mayoría de los musulmanes consideran cualquier representación del fundador del Islam como ofensiva, y cuando varios otros periódicos volvieron a publicar las caricaturas en el 2006 se registraron varios disturbios en diversos países.
Tres embajadas danesas fueron atacadas y al menos 50 personas murieron en disturbios en Oriente Medio, Africa y Asia. Varios jóvenes musulmanes han sido condenados en Dinamarca desde entonces por planear ataques con bombas, en parte para protestar contra las caricaturas.
En el 2008, el líder de Al Qaeda Osama bin Laden dijo que Europa sería castigada por las caricaturas. La comunidad musulmana de Dinamarca representa al 3 por ciento de la población de 5,5 millones de habitantes.
Los servicios de inteligencia norteamericanos consideran patrocinadores del terrorismo a los gobiernos de cuatro Estados: Cuba, Irán, Sudán y Siria. Otros 10 países son considerados lugares de intenso entrenamiento: Afganistán, Argelia, Irak, Líbano, Libia, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudita, Somalia y Yemen.

Fuente: Agencia de Noticias Reuters.

Bandera de Islandia
Son 12 las diócesis con cerca de 300,000 fieles para estos cinco países. En Dinamarca, los católicos representan un 0.7 %; en Finlandia un 0.2 %; en Islandia 2.6 %; en Noruega 1.3 % y en Suecia un 2 %.
“En una pequeña parroquia se pueden encontrar fieles de 50 o más nacionalidades”, asegura monseñor Arborelius. “Todo esto, naturalmente nos pone un reto constante: ayudar a estos fieles a crecer en unidad”, indica.
Según los datos de la Conferencia Episcopal Escandinava, en los cinco países hay un total de 167 sacerdotes y 28 diáconos permanentes, 11 religiosos y 560 religiosas.
Por ello el papel de los laicos es tan significativo: “son muy importantes y en muchos lugares son muy activos”, indica el prelado.
“La mayor parte de los catequistas son laicos”, señala. Y destaca la labor evangelizadora que llevan a cabo, diciendo que gracias a ellos: “la Iglesia y la fe pueden ser más conocidos y aceptados por los católicos”. Indica que los laicos son importantes para otras tareas: “en la liturgia y en la obra de las parroquias”.
El Presidente de la Conferencia Episcopal Escandinava dice que: “al ser nuestros países de inmigración, no tenemos nunca suficientes vocaciones autóctonas para asistir a quien llega aquí”. “De todas maneras, cada año es ordenado algún sacerdote y el número de las vocaciones en los monasterios de vida contemplativa son bastante buenos”, agrega el obispo.
“En cuanto a los institutos religiosos femeninos de vida activa hay un número muy bajo de vocaciones”, indica.
Asegura que con la comunidad judía “tenemos óptimas relaciones, por ejemplo en Suecia, donde los católicos y judíos han vivido la misma historia de minoría, y de lucha por la patria y por los derechos”.
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