Fue muy natural convertirme al catolicismo, llevaba 25 años yendo a misa

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Tony Blair

Tony Blair católico y sus antecesores de Oxford
El 21 de diciembre del 2007, el ex primer ministro británico Tony Blair fue recibido en la Iglesia Católica por el cardenal primado Cormac Murphy-O’Connor, arzobispo de Westminster.
El hecho tiene lugar en un momento en que por primera vez desde el cisma anglicano el número de fieles católicos que asisten a la misa dominical en Reino Unido supera al número de fieles anglicanos que acuden a su servicio religioso los domingos, según los datos de Christian Research. La afluencia de fieles de ambas confesiones a los templos ha descendido progresivamente desde hace años, aunque la llegada de decenas de miles de polacos al Reino Unido ha frenado la caída del lado católico.
La conversión de Tony Blair ha llenado de comentarios la prensa británica. Se dice que –junto con el caso de la duquesa de Kent, en 1994– es la conversión al catolicismo del personaje inglés más notorio desde John Henry Newman, en 1845. Blair, como Newman, estudió en Oxford, y allí sintió un mayor interés por la religión. Su posterior relación con la católica Cherie Booth, hoy su mujer, no hizo sino ahondarlo. Sus cuatro hijos son católicos y Blair asistía asiduamente a misa desde hace años. El proceso de conversión que ahora culmina empezó hace tres décadas. No han faltado comentarios en la prensa inglesa, incluso por parte de católicos, que recusan la conversión de Blair por la posición mantenida por sus gobiernos en temas como el aborto o la investigación con embriones. La guerra de Irak es mencionada también en esos términos. Desde Westminster recuerdan que lo que Tony Blair hizo antes de su conversión no impide esta.
El padre Timothy Russ, que ha acompañado a Blair durante su proceso de acercamiento a la Iglesia católica, ha salido en su defensa: “Aconsejaría a los críticos –ha dicho– que esperen y vean la clase de hombre que será, y cómo puede ayudar a nuestra causa”.
El ingreso de Blair en la Iglesia Católica ha provocado a su vez una nueva reflexión sobre la norma legal británica que impide un monarca católico o con cónyuge católico. Desde 1688 no ha habido en Inglaterra un primer ministro católico.Bienvenidos hermanos en la fe
El cardenal William Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; y el arzobispo Mons. Agustin DiNoia, secretario de la Congregación para el Culto Divino, anunciaron la publicación de una Constitución Apostólica para responder a las “numerosas” peticiones de clérigos y fieles anglicanos que desean ingresar a la plena comunión con la Iglesia Católica.
Aunque estos dos prelados no anticiparon cifras, se sabe que uno de los grupos que ha pedido dar este paso es la Comunión Anglicana Tradicional, que cuenta con cerca de 500 mil fieles, constituyendo el grupo de anglicanos más grande de la historia en ingresar a la Iglesia Católica.
En una conferencia de prensa celebrada ayer en el Vaticano, el cardenal Joseph Levada explicó que la constitución “representa una respuesta necesaria a un fenómeno mundial” y ofrecerá un “modelo canónico único para la Iglesia universal adaptable a diversas situaciones locales, y en su aplicación universal, equitativa para los anglicanos”.
El modelo prevé la posibilidad de la ordenación de clérigos casados anglicanos como sacerdotes católicos y aclara que éstos no podrían ser ordenados obispos.
El cardenal Levada señaló que en el documento “el Santo Padre ha introducido una estructura canónica que provee a una reunión corporativa a través de la institución de Ordinariatos Personales, que permitirán a los fieles entrar en la plena comunión con la Iglesia Católica, conservando al mismo tiempo elementos del especifico patrimonio espiritual y litúrgico anglicano”.
“La atención y la guía pastoral para estos grupos de fieles ex anglicanos será asegurada por un Ordinariato Personal, del que el Ordinario será habitualmente nombrado por el clero anglicano”, indicó el Purpurado, quien señaló que al menos una veintena de obispos anglicanos ha solicitado ingresar a la Iglesia Católica.
Asimismo, explicó que la nueva estructura “está en consonancia con el compromiso en el diálogo ecuménico” y reiteró que “la iniciativa proviene de varios grupos de anglicanos que han declarado que comparten la fe católica común, como expresa el Catecismo de la Iglesia Católica, y que aceptan el ministerio petrino como un elemento querido por Cristo para la Iglesia. Para ellos ha llegado el tiempo de expresar esta unión implícita en una forma visible de plena comunión”.
El Cardenal Levada subrayó que “Benedicto XVI espera que el clero y los fieles anglicanos deseosos de la unión con la Iglesia Católica encuentren en esta estructura canónica la oportunidad de preservar aquellas tradiciones anglicanas que son preciosas para ellos y conformes con la fe católica”.
“En cuanto expresan en un modo distinto la fe profesada comúnmente, estas tradiciones son un don que hay que compartir en la Iglesia universal. La unión con la Iglesia no exige la uniformidad que ignora las diversidades culturales, como demuestra la historia del cristianismo. Además, las numerosas y diversas tradiciones hoy presentes en la Iglesia Católica están todas enraizadas en el principio formulado por San Pablo en su carta a los Efesios: ‘Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo’”, agregó.
Finalmente, recordó que “nuestra comunión se ha reforzado por diversidades legítimas como estas, y estamos contentos de que estos hombres y mujeres ofrezcan sus contribuciones particulares a nuestra vida de fe común”.
En una declaración conjunta que reporducimos en nuestro portal, los arzobispos de Westminster y Canterbury, respectivamente Vincent Gerard Nichols y Rowan Williams, afirman que el anuncio de la Constitución Apostólica “acaba con un período de incertidumbre para los grupos que nutrían esperanzas de nuevas formas para alcanzar la unidad con la Iglesia Católica”.
“Toca ahora a los que han cursado peticiones de ese tipo a la Santa Sede responder a la Constitución Apostólica”, que es “consecuencia del diálogo ecuménico entre la Iglesia Católica y la Comunión Anglicana”, indicaron.
Por su parte, Mons. Augustine DiNoia, que colaboró en la redacción de la nueva estructura, recordó que “hemos estado durante 40 años por la unidad. Las oraciones han encontrado respuestas que no anticipamos”.
Para el Arzobispo, ha ocurrido un “giro tremendo” en el movimiento ecuménico y rechazó las acusaciones de quienes llaman “disidentes” a estos anglicanos. “Ellos están asintiendo al obrar del Espíritu Santo para estar en unión con Pedro, con la Iglesia Católica”, precisó.
Mons. Di Noia explicó que aún se trabaja en los detalles técnicos y estos Ordinariatos Personales podrían sufrir variaciones en su forma final. Los detalles completos de la Constitución Apostólica serán publicados en algunas semanas.

Cardenal John Henry Newman

John Henry Newman
Cardenal diácono de San George in Velabro, autor sagrado, filósofo, hombre de letras, líder del Movimiento Tractariano, y el más ilustre converso inglés a la Iglesia Católica. Nacido en Londres, el 21 de febrero de 1801, el mayor de seis hermanos, tres hombres y tres mujeres; murió en Edgbaston, Birmingham, el 11 de agosto de 1890. Ha habido ciertas discusiones sobre su ascendencia con respecto a su lado paterno. Su padre fue John Newman, un banquero. Su madre Jemima Fourdrinier, de una familia hugonote establecida en Londres como cinceladores y fabricantes de papel. Se sabe que el apellido se escribió alguna vez “Newmann”. Su ascendencia francesa es indudable. Recibió de su madre su entrenamiento religioso, un calvinismo modificado; que probablemente ayudó a la “concisión lúcida” de su verbo cuando trataba de temas complejos. Su hermano Francis William, también escritor, se separó de la Iglesia inglesa para adherirse al deísmo; Charles Robert, el segundo hermano, era bastante errático y profesaba el ateísmo. Su hermana Mary murió joven. Jemima tiene un lugar en la biografía del cardenal durante la crisis de su carrera anglicana; y estamos en deuda con una hija de Harriet, Anne Mozley, por las “Cartas y Correspondencia” de 1845.
La “Apología” será siempre el principal referente de los primeros pensamientos de Newman, y de su juicio acerca del gran resurgimiento religioso, conocido como el Movimiento de Oxford, del cual fue el guía, el filósofo y el mártir. La grandeza de Newman consistía en la unión de originalidad y gran profundidad espiritual, manifestadas en un lenguaje de perfecta armonía y ritmo, así como en una energía que tan frecuentemente ha creado sectas o Iglesias. Entre las estrellas literarias de su tiempo Newman se distingue por el puro resplandor cristiano que brilla en su vida y escritos, con una fuerza shakespeareana de estilo, y un fervor propio de los santos. Es esta combinación única la que lo eleva sobre los predicadores católicos de vanitate mundi, como Thackeray, y que le otorga un lugar aparte de Tennyson y Browning. En comparación a él, Keble es una luz de sexta magnitud; Pusey, un profesor devoto; Lidon es menos elocuente. Newman ocupa en el siglo XIX una posición semejante a la del Obispo Butler en el XVIII. Si Butler es el paladín cristiano en contra del deísmo, entonces Newman es el apologista católico en una época de agnosticismo, rodeada de las teorías de la evolución. Él es, además, un poeta, y su “Sueño de Gerontio” (“Dream of Gerontius”) aventaja con creces el verso meditativo de los poetas modernos por los símbolos y escenas dramáticas del mundo visto detrás del velo.
Fue educado desde su infancia en deleitarse con la lectura de la Biblia, pero carecía de convicciones religiosas formadas hasta que cumplió quince años. Solía desear que los cuentos de las mil y una noches fueran ciertos; su mente discurría con influencias desconocidas; pensaba que la vida era posiblemente un sueño, que él era un ángel, y que sus compañeros ángeles lo estarían engañando con la apariencia de un mundo material. Era “muy supersticioso” y le tenía temor a la oscuridad. A los quince años se “convirtió”, aunque no practicaba mucho los Evangelios; de las obras de la escuela de Calvino, obtuvo sus ideas dogmáticas definitivas, mientras descansaba “en el pensamiento de dos y solamente dos absolutos y luminosos seres evidentes a todas luces, yo mismo y mi Creador.” En otras palabras, la personalidad se convirtió en la verdad primera de su filosofía; sin importar la ley, la razón o la experiencia de los sentidos. De aquí en adelante, Newman fue un místico cristiano, y como tal permaneció. De los escritos de Thomas Scott de Aston Sandford, “a quien, humanamente hablando”, le dice, “casi debo mi alma”, aprendió la doctrina de la Trinidad, apoyando cada frase del Credo Atanasiano con textos de la Escritura. Los aforismos de Scott estuvieron constantemente presentes en su labios por años, “Santidad antes que paz”, y “El crecimiento es la única evidencia de vida.” La obra “Serious Call” de Law tuvo en los jóvenes una influencia católica o ascética; nació para ser misionero; pensaba que era el deseo de Dios que guiara una sola vida; enamorado de las citas de los Padres dadas en la “Historia de la Iglesia” de Milner, y, leyendo a Newton sobre las profecías, se sintió convencido de que el Papa era el Anticristo. Atendió la escuela en Ealing, cerca de Londres desde los siete años. Siempre pensativo, tímido y afectivo, no participaba de los juegos de “hombres”, empezó a ejercitar su pluma prontamente, leyó las Novelas Waverley, imitaba a Gibbon y Jonson, se matriculó en el Colegio Trinidad (Trinity College) de Oxford, el diciembre de 1816, y en 1818 ganó una beca de 60 libras por nueve años. En 1819, el banco de su padre suspendió los pagos, pero pronto descargó sus obligaciones por completo. Trabajando muy duro por su título, Newman perdió la salud y consiguió, en 1821 solo honores de tercera clase. Pero sus dones no podían ocultarse. Oriel era entonces la primera en reputación e intelectualmente hablando entre las Universidades de Oxford, y fue elegido tutor en Oriel el 12 de abril de 1822. Sintió que este fue “el punto de quiebre de su vida, y de todos los días, el más memorable.”
En 1821, había renunciado a la intención de estudiar para abogado y decidió tomar órdenes sagradas. Como tutor de Oriel, consideraba que tenía una cura de almas; fue ordenado el 13 de junio de 1824; y por sugerencia de Pusey se convirtió en cura de San Clemente, en Oxford, donde permaneció dos años en actividades parroquiales. Y aquí los puntos de vista en los que había sido educado lo decepcionaron; el Calvinismo no era una llave al fenómeno del ser humano como aparecen en el mundo. No funcionaría. Escribió artículos de Cicerón, etc., y su primer “Ensayo sobre Milagros” (“Essay on Miracles”), que toma una posición estrictamente protestante, busca perjudicar a aquellos alejados de la Escritura. Pero también cayó bajo la influencia de Whateley, luego Arzobispo Anglicano de Dublín, quien lo hizo su vicepresidente de St. Mary’s Hall en 1825. Whateley lo estimuló a través de discusiones, le enseñó la noción del cristianismo como organismo social y soberano diferente al Estado, pero lo condujo en dirección hacia ideas “liberales” y lógica nominalista. Newman contribuyó en tal tema en el libro de Whateley, alguna vez famoso. De Hawkins, cuyo voto decisivo lo hizo rector de Oriel, Newman obtuvo las doctrinas católicas de la tradición y regeneración bautismal, así como cierta precisión de términos que, mucho después, dieron origen al malentendido de Kingsley de los métodos de Newman al escribir. De otro clérigo de Oxford aprendió a creer en la sucesión apostólica. Y la “Analogía” de Butler, que leyó en 1823, marcó un hito en sus opiniones religiosas. Probablemente no sea mucho decir que su libro profundo se convirtió en la guía de la vida de Newman, y dio origen no solo al “Ensayo en Desarrollo” (“Essay on Development”) sino también al “Gramática de Asentimiento” (“Grammar of Assent”). En particular ofreció un conjunto de ética y conciencia de rechazo que confirmaron sus primeras creencias en un dador de leyes y un juez íntimamente presentes en el alma. En otra línea sugería el sistema sacramental, o la “Economía”, de los cuales Clemente y San Atanasio son exponentes. En resumen, en este período formativo las fuentes de donde Newman derivó sus principios así como sus doctrinas eran anglicanas y griegas, no romanas o germanas. Su calvinismo se derrumbó, al tiempo que se retiró de la Sociedad Bíblica.
Su universidad en 1828 lo hizo Vicario de St. Mary’s (que era también la iglesia de la universidad), y en su púlpito brindó los “Sermones Parroquiales” (“Parochial Sermons”), sin elocuencia o postura, ya que no tenía ofrendas populares, pero con una maravillosa seriedad y una sabiduría de la naturaleza humana rara vez igualada. La teología católica tendría muy poco que objetarles. Su estilo escarmentado, fertilidad de ilustración, y su corta pero aguda energía, no han perdido nada con el paso de los años. En tono son severos y frecuentemente melancólicos, como la manifestación de un espíritu solitario. Si bien afable e incluso compasivo, el carácter peculiar de Newman incluía una profunda reserva. No tenía su composición -como él mismo afirma- un gramo de alegría. Siempre fue el intelectual de Oxford, no demócrata, receloso de los movimientos populares, pero hábilmente interesado en estudios políticos como sosteniendo las fortunas de la Iglesia. Esta disposición fue intensificada por su amistad con Keble, cuyo “Año Cristiano” (“Christian Year”) fue publicado en 1827, y con R. Hurrel Froude, hombre de pensamiento impetuoso y de práctica de auto-negación. En 1832 discutió con Dr. Hawkins, quien no toleraría la idea pastoral que Newman tanto apreciaba de su trabajo universitario. Renuncio a su tutoría, emprendió un largo viaje alrededor del Mediterráneo con Froude, y regresó a Oxford, donde el 14 de julio de 1833, Keble predicó el sermón del tribunal sobre “Apostasía Nacional”. Aquél día, en el aniversario de la Revolución Francesa, dió origen al Movimiento de Oxford.
El viaje de Newman a las costas del Norte de África, Italia, Grecia Occidental, y Sicilia (Diciembre de 1832 – Julio de 1833) fue un episodio romántico, del que sus diarios han preservado los incidentes y el color. En Roma vio a Wiseman en la Universidad Inglesa; la ciudad, como madre de la religión de su tierra nativa, lo embrujó de tal manera que nunca se olvidó de ella. Se sintió llamado para alguna grande misión; y cuando la fiebre lo atrapó en Leonforte en Sicilia(donde estaba errando solo) gritó, “No debo morir, no he pecado en contra de la luz”.
La reforma estaba en el aire, diez obispados irlandeses habían sido suprimidos; la separación del Estado podía no estar lejos. La Iglesia primitiva debía de alguna manera ser restaurada en Inglaterra. Otros se reunían en comité y enviaban una dirección a Canterbury; Newman empezó las “Tratados para los Tiempos” (“Tracts for the Times”), como nos dice con una sonrisa, “de su propia cabeza”. Tomó su lema de la Ilíada: “Sabrán ahora la diferencia”. Peleó por ocho años, ganó victoria sobre victoria, pero fue vencido por sus propias armas cuando el “Tratado 90” apareció, y se retiró a su tienda en Littlemore, un campeón quebrado. “Fue poco después de 1830”, dice Pattison severamente, “que los tratados desolaron la vida de Oxford”. La posición de Newman era designada la Vía Media. El estudio patrístico se convirtió en orden del día. Como pensador Newman publicó en 1833 los “Arians”. Implica una filosofía mística controlada por los dogmas cristianos, mientras la Iglesia la difunde. En la “Apología” encontramos esta llave a su desarrollo mental brindada por Newman, dice: “Entendí…que el mundo exterior, físico e histórico, era la manifestación para nuestros sentidos de realidades mayores que ellas mismas. La naturaleza era una parábola, la Escritura era una alegoría; la literatura pagana, la filosofía, y mitología, adecuadamente entendidas, eran una preparación para el Evangelio. Los poetas griegos y sabios eran en un sentido profetas”.
La Santa Iglesia “permanecerá después de todo como símbolo de aquellos hechos celestiales que llenarán la eternidad. Sus misterios son la expresión en lenguaje humano de verdades que no son equivalentes a la mente humana” (Apología Ed.1895, p.27). Tal era la enseñanza que “llegó como música” a su oído espiritual, de Atenas y Alejandría. La vida de Newman estuvo dedicada, primero a aplicar este magnífico esquema a la Iglesia de Inglaterra; y luego, cuando vió que no cabía en dimensiones tan estrechas, a la Iglesia del centro, a Roma. El “Tratado de Justificación” (“Treatise on Justification”) fue llamado por Döllinger “la más grande obra maestra en teología que Inglaterra ha producido en cien años”, y contiene la verdadera respuesta al puritanismo. Los “Sermones Universitarios” (“University Sermons”), profundos como su tema, apuntan a determinar los poderes y límites de la razón, los métodos de revelación, las posibilidades de una teología real. Newman escribió tanto que casi pierde su mano. Entre una multitud de admiradores, uno quizás, Hurrel Froude, pudo conocerlo en semejantes términos de pensamiento, y Froude falleció en Dartington en 1836. El pionero caminó su sendero solo. Fue un mal líder de partido, siendo responsable de repentinas resoluciones personales que terminaron en catástrofe. Pero desde 1839, cuando gobernó en Oxford sin rival alguno, estaba ya vacilante. En su propio lenguaje, había visto un fantasma -la sombra de Roma, cubriendo su compromiso anglicano.
Dos nombres están asociados con un cambio tan trascendental -Wiseman y Ward. La “Apología” hace completa justicia con Wiseman; apenas menciona a Ward. Aquellos que estaban observando pueden haber predicho una colisión entre los Tractarianos y la Inglaterra protestante. Esto ocurrió con ocasión del “Tract 90” -en sí mismo el menos interesante de todas las publicaciones de Newman. El tratado estaba orientado a prevenir críticas contra Roma al distinguir las corrupciones, contra las cuales se dirigían los treinta y nueve artículos, de las doctrinas de Trento que éstas no atacaban. Una furiosa y universal agitación fue la consecuencia (febrero de 1841), Newman fue denunciado como traidor en Oxford; la Universidad intervino con torpeza académica y llamó al tratado “una evasión”. Dr. Bagot, Obispo de Oxford, lo censuró levemente, pero ordenó que cesara de escribir tratados. Durante tres años se desparramaron condenas de parte de los obispos por todas partes. Para una mente constituida como la de Newman, imbuida con ideas Ignacianas del episcopado, y sin la intención de darse cuenta de que ellas no valen en el establecimiento inglés, este fue un juicio ex cathedra en contra de él. Detuvo sus tratados, renunció a su editorial de “The British Critic”, abandonó St. Mary’s, y se retiró en Littlemore en comunión laica. Nada es más claro que eso, si se hubiera mantenido en silencio, hubiera ganado. “Tract 90″no va tan lejos como muchos intentos anglicanos de reconciliación desde entonces.
Desde 1841, él y algunos amigos vivieron juntos en Littlemore en retiro monástico, bajo una dura regla que no ayudaba a su salud. En febrero de 1843, se retractó de sus fuertes palabras en contra de Roma, en Setiembre detuvo ese ritmo de vida. Con gran trabajo compuso el “Ensayo sobre el Desarrollo de la Doctrina Cristiana” (“Essay on the Development of Christian Doctrine”), según el cual las aparentes variaciones del dogma, antiguamente objetadas en contra de la Iglesia Católica, estaban explicadas en una teoría de la evolución, anticipándose al trabajo de Darwin. El 9 de octubre de 1845, Newman fue recibido en la Iglesia; a tres días de la ruptura de Renan con San Sulpicio y el Catolicismo. El evento, irritó y angustió a sus conciudadanos quienes no lo perdonaron sino hasta muchos años después. Se sintió su importancia, se desconocen las causas. De ahí una enajenación que sólo el exquisito candor de la propia delineación de Newman en la “Apología” podría satisfacer completamente.
Su conversión divide una vida de casi noventa años en partes iguales:la primera más dramática y determinada, la segunda hasta aquí la hemos contado imperfectamente; pero pasó un cuarto de siglo sub luce maligna, bajo sospecha de un lado y otro, sus planes frustrados, sus motivaciones tergiversadas. Llamado por Wiseman a Oscott, cerca de Brimingham, en 1846, viajó en octubre a Roma, y fue ordenado sacerdote por el Cardenal Fransoni. El Papa aprobó su esquema para establecer en Inglaterra el Oratorio de San Felipe Neri; en 1847 regresó, y además de establecer la casa en Londres, tomó un trabajo de misionero en Brimingham. De ahí se mudó a Edgbaston, donde aún permanece la comunidad. En 1859 se añadió una gran escuela. La espaciosa iglesia renacentista, consagrada en 1909, es en conmemoración de los cuarenta años que Newman vivió allí. Luego de sus “Sermones para Diferentes Congregaciones” (“Sermons to Mixed Congregations”), que exceden en vigor e ironía sobre sus propias publicaciones. Siempre se sintió “paucorum hominum, sum”, su afabilidad no era para la multitud.
Como católico se inició con bastante entusiasmo. Sus “Discursos sobre Dificultades Anglicanas”(“Lectures on Anglican Difficulties”) fueron oídos en Londres por grandes audiencias; “Pérdida y Ganancia” (“Loss and Gain”), tiene muchos comentarios alegres y toques personales; “Callista” recuerda su viaje por el Mediterráneo; el sermón en el sínodo de Oscott titulado “La Segunda Primavera” (“The Second Spring”) tiene una extraña y delicada belleza. “Cuando Newman decidió unirse a la Iglesia de Roma” observa R.H.Hutton, “su genialidad floreció con una fuerza y libertad como nunca desplegó en la comunión anglicana”. Además, “en ironía, en humor, en elocuencia, en fuerza imaginativa, los escritos posteriores, y como podemos llamarla, porción emancipada de su carrera, excediendo de lejos los escritos de su aprendizaje teológico”. Pero la literatura católica también ganó una voz persuasiva y una clásica dignidad insuperable en el tiempo.
Los años entre 1851 y 1870 le trajeron desastres a una serie de nobles proyectos con los que buscaba servir a la religión y a la cultura. En Irlanda los obispos han sido obligados, luego de rechazar las universidades “sin Dios” en 1847, a asumir una universidad propia. No tenían ni hombres, ni ideas. El Estado no sancionaría títulos conferidos por un organismo privado; sin embargo, se podía hacer el intento; y Newman fue nombrado rector en noviembre de 1851; en 1854 prestó juramento. Pero tenía en mente en 1852 dirigir a Irlanda la idea de la universidad, con la grandeza y la liberalidad de Oxford. Las “Lectures” terminan abruptamente, le dieron menos satisfacción que cualquier otra obra suya; incluso, en conjunto con sus brillantes obras pequeñas en la “University Magazine”, y las disertaciones académicas para las diferentes universidades, exhiben un rango de pensamiento, una urbanidad de estilo, y un nivel de inteligencia superlativo. Sólo algunos estudiantes nativos o ingleses asistieron a la casa en St. Stephen’s Green. Los obispos estaban divididos, y el arzobispo MacHale opuso un severo non possumus a los planes del rector. En cuanto a la administración, las dificultades se multiplicaron; y a pesar que Newman ganó la amistad del Arzobispo Cullen y el Obispo Moriarty, no era siempre tratado con consideración. Se le había prometido el status de obispo titular, pero por motivos que nunca conoció esta promesa nunca se cumplió. Su sentimiento hacia Irlanda era cálido y generoso, pero en noviembre de 1858, se retiró del rectorado. Sus labores e inquietudes le fueron retiradas. Otra gran empresa, a la que el Cardenal Wiseman lo invitaba fue de igual manera un fracaso: la revisión de la Biblia Católica en inglés. Newman había escogido un conjunto de personas para el trabajo y habían empezado a acumular materiales, pero algunos intereses de pequeños publicistas fueron escuchados por el Cardenal Wiseman, cuyas intenciones eran buenas, pero efímeras y les permitió arruinar esta magnífica oportunidad.
Conciencia para él era la revelación interna de Dios. El catolicismo es la revelación externa y objetiva. Esta fuerza de dos dimensiones se la oponía al agnóstico, al racionalista, al simple mundano. Pero parece haber pensado que los hombres son demasiado prematuros para emprender una reconciliación positiva entre fe y ciencia.
Fuente: http://ec.aciprensa.com/n/newman.htm y Wikipedia.

Santo Tomas Moro

Santo Thomas More
Pensador, teólogo, político, humanista y escritor inglés; que fue además poeta, traductor, canciller de Enrique VIII, profesor de leyes, juez de negocios civiles y abogado. Su obra más famosa es Utopía, donde busca relatar la organización de una sociedad ideal. Amigo del humanista Erasmo de Rotterdam. En 1535 fue enjuiciado por orden del rey Enrique VIII, acusado de alta traición por no prestar el juramento antipapista frente al surgimiento de la Iglesia Anglicana ni aceptar el Acta de Supremacía. Fue encontrado culpable y condenado, permaneciendo en prisión hasta ser decapitado, el 6 de Julio de ese mismo año. En 1935 fue canonizado por la iglesia católica y esta institución lo considera un santo y un mártir.
Biografía
Nació en Londres el 7 de febrero de 1478, hijo de John More, mayordomo del Lincoln’s Inn, jurista y posteriormente nombrado caballero y juez de la curia real. En 1486, tras cinco años de enseñanza primaria en el Saint Anthony School, considerada la mejor escuela de gramática de Londres, además de la única gratuita, fue conducido según la costumbre entre las buenas familias al Palacio de Lambeth, donde sirvió como paje del cardenal John Morton, arzobispo de Canterbury y lord canciller de Inglaterra.
Con catorce años, Tomás More ingresa en 1492 en el Canterbury College de la Universidad de Oxford, donde pasa dos años estudiando la doctrina escolástica que ahí se impartía y perfeccionando su retórica. Sin embargo, More se marchó de Oxford dos años después sin graduarse y en 1494 se dedicó a estudiar leyes en el New Inn de Londres y posteriormente en el Lincoln’s Inn, institución en la que había trabajado su padre. Posiblemente durante esta época aprendió el francés necesario tanto para las cortes de justicia inglesas como para el trabajo diplomático, uniéndose este idioma al inglés y latín ya aprendidos durante sus estudios primarios.
En torno a 1497, comienza a escribir poesías, con una ironía que le valió cierta fama y reconocimiento. En esta época tiene sus primeros encuentros con los precursores del Renacimiento, conociendo a Erasmo de Rotterdam, con quien entablaría amistad, y a John Skelton.
Hacia 1501 ingresó en la Tercera orden de San Francisco, viviendo como laico en un convento cartujo hasta 1504. Allí se dedicaría al estudio religioso y al rededor de 1501 traduciría epigramas griegos al latín y comentaría De civitate Dei, de San Agustín. A través de los humanistas ingleses tiene contacto con Italia. Tras realizar una traducción (publicada en 1510) de una biografía de Giovanni Pico della Mirandola escrita por su sobrino Gianfrancesco, quedó prendado del sentimiento de la obra que adoptó para sí, y que marcaría definitivamente el curso de su vida.
Al abandonar la Orden de los Cartujos, en 1505, contrae matrimonio con Jane Colt y ese mismo año nace su hija Margaret, quien sería su discípulo. Habiendo abandonado la Orden de los Cartujos, recibido en leyes, ejerce como abogado con éxito, en parte gracias a su preocupación por la justicia y la equidad; más tarde sería juez de pleitos civiles y profesor de Derecho.
En 1506 nace su segunda hija, Elizabeth. Ese año traduce al latín Luciano en compañía de Erasmo. Un año más tarde nace Cecily, su tercera hija. Tomás More es pensionado y mayordomo en el Lincoln’s Inn, donde realiza conferencias entre 1511 y 1516. En 1509 nace su hijo John. More participa en gestiones entre grandes compañías de Londres y Amberes. Ese mismo año escribe poemas para la coronación de Enrique VIII. En 1510 es nombrado miembro del parlamento y vicesheriff de Londres. Un año más tarde muere su esposa Jane y se casa con Alice Middleton, viuda siete años mayor que Moro y con una hija, Alice.
En 1513 escribe History of King Richard III, libro que inspirará al personaje de William Shakespeare.
En 1515 es envíado a una embajada comercial en Flandes. Ese año escribe el libro segundo de Utopía. Un año más tarde escribe el libro primero de Utopía y la obra completa es publicada en Lovaina. En 1517 es enviado a Calais para resolver problemas mercantiles. Es nombrado master of requests y miembro del Consejo Real. En 1520 ayuda a Enrique VIII a escribir Asertio septem sacramentorum. More es hecho caballero y vicetesorero. Ese mismo año su hija Margaret se casa con William Roper, quien sería el primer biógrafo de Tomás More.
En 1524 es nombrado Administrador de la Universidad de Oxford, en 1525 Administrador de la Universidad de Cambridge y Canciller de Lancaster. Traslada su residencia a Chelsea y escribe carta a Iohannis Bugenhagen defendiendo la supremacía papal. En 1528 el obispo de Londres le permite leer libros heréticos para refutarlos.
En 1530 no firma la carta de nobles y prelados que solicita del papa la anulación del matrimonio real. En 1532 renuncia a su cargo de canciller. En 1534 se niega a firmar el Acta de Supremacía que representa repudio a la supremacía papal. El Acta establece condena a quienes no la acepten y el 17 de abril del mismo año es encarcelado. Un año más tarde es decapitado, el 6 de julio de 1535.
Vida pública
Miembro del Parlamento desde 1504, fue elegido juez y subprefecto en la ciudad de Londres y se opuso a algunas medidas de Enrique VIII. Con la llegada de Enrique VIII, protector del humanismo y de las ciencias, More entró al servicio del Rey y se convirtió en miembro de su Consejo Privado.
More viajó por Europa, y recibió la influencia de distintas universidades. Desde allí escribió un poema dedicado al rey, que acababa de tomar posesión de su trono. La obra llegó a manos del rey, que hizo llamarlo, naciendo a partir de entonces entre ambos una amistad. Enrique VIII se sirvió de su diplomacia y tacto confiándole algunas misiones diplomáticas en países europeos; más tarde lo nombró para varios cargos menores (tesorero, etc.), y por fin Lord Canciller, en 1529. Fue el primer Canciller laico en varios siglos.
En 1521 fue condecorado con el título de Knygth. En 1524 fue nombrado High Steward (censor y patrón) de la Universidad de Oxford, de la que había sido alumno. En 1525 fue nombado también High Steward de la Universidad de Cambridge.
Condena y muerte
El Rey Enrique VIII se enemistó con Tomás More cuando quiso divorciarse de su esposa Catalina de Aragón; y Tomás, como Canciller, no lo aprobó. Enrique VIII había pedido al Papa la concesión del divorcio y la negativa de éste supuso la ruptura de la Iglesia de Inglaterra con la Iglesia Católica de Roma.
El rey insistió en obtener su divorcio eclesiástico, como medio para acallar sus devaneos de alcoba, de los que había murmuraciones por la Corte, y por las que el rey se sentía molesto. El divorcio hubiese borrado la infidelidad, y todo hubiese quedado en un asunto intrascendente.
Las sucesivas negativas de Tomás More a aceptar algunos de los deseos del rey, acabaron por provocar el rencor de Enrique VIII, que acabó encarcelando a Tomás More en la Torre de Londres, tras la negativa de éste a aceptar el juramento que reconocía a Enrique VIII como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra, tras la ruptura con Roma.
Finalmente el rey, enojado, mandó juzgar a More, quien en un juicio sumario fue acusado de alta traición y condenado a muerte (ya había sido condenado a cadena perpetua anteriormente). Otros dirigentes europeos como el Papa o el rey Carlos I de España y V de Alemania, quien veía en él al mejor pensador del momento, presionaron para que se le perdonara la vida, y se la conmutara por cadena perpetua o destierro, pero no sirvió de nada y fue decapitado una semana después, el 6 de julio de 1535.
Mantuvo hasta el final su sentido del humor, confiando plenamente en el Dios misericordioso que le recibiría al cruzar el umbral de la muerte. Mientras subía al cadalso se dirigió al verdugo en estos términos: “ ¿Puede ayudarme a subir?, porque para bajar, ya sabré valérmelas por mí mismo”. Luego, al arrodillarse dijo: “Fíjese que mi barba ha crecido en la cárcel; es decir, ella no ha sido desobediente al rey, por lo tanto no hay por qué cortarla. Permítame que la aparte”. Finalmente, ya apartando su ironía, se dirigió a los presentes: “I die being the King’s good servant-but God’s first” (Muero siendo el buen siervo del Rey, pero primero de Dios).
More no fue el único que estuvo en la encrucijada de si debía seguir al Rey Enrique VIII o a la Iglesia Romana. El recién nombrado cardenal Juan Fisher también pasó por el mismo trance; Enrique VIII le mandó el capelo cardenalicio cuando Fisher estaba en prisión, y fue también ejecutado.
Obras
Su obra cumbre fue Utopía (1516), en la que aborda problemas sociales de la humanidad, y con la que se ganó el reconocimiento de todos los eruditos de Europa. Uno de sus inspiradores fue su íntimo amigo Erasmo de Rotterdam. La redactó durante una de las misiones asignadas por el rey en Amberes.
El resto de sus obras van desde retratos de personajes públicos, como el caso de Life of Pico della Mirandola (Vida de Pico della Mirandola) o Histórica Richardi Tertii (La Historia de Ricardo III) como a poemas y epigramas de su juventud (Epigrammata). Mención importante dentro de su obra merecen los diágolos-tratados que realizó en defensa de la fe tradicional atacando duramente a los reformistas tanto laicos como religiosos. Entre este tipo de obras se encuentran por ejemplo Responsio ad Lutherum (Respuesta a Lutero), A Dialogue Concerning Heresies (Un Diálogo sobre la Herejía), The Confutation of Tyndale’s Answer (Refutación de la Respuesta de Tyndale) o The Answer to a Poisoned Book (Respuesta a un Libro Envenenado).
Además de escritos en defensa de la Iglesia de Roma, también escribió sobre los aspectos más espirituales de la religión. Así es como se encuentran escritos como Treatise on the Passion (Tratado sobre la pasión de Cristo), Treatise on the Blessed Body (Tratado sobre el Cuerpo Santo), Instructions and Prayers o De Tristia Christi (La Agonía de Cristo) redactada esta última de su puño y letra en la Torre de Londres en el tiempo que estuvo confinado antes de su decapitación el 6 de julio de 1535. Este último manuscrito, salvado de la confiscación decretada por Enrique VIII, pasó por voluntad de su hija Margaret a manos españolas y a través de Fray Pedro de Soto, confesor del Emperador Carlos V, fue a parar a Valencia, patria de Luis Vives, amigo íntimo de More. Actualmente se conserva dentro de la colección que pertenece al museo del Real Colegio del Corpus Christi de Valencia.
Otras obras que escribió son las traducciones desde el latín que hizo de Lucano, así como varias cartas y pequeños textos: Letter to Bugenhagen, Supplication of Souls, Letter Against Frith, The Apology, The Debellation of Salem and Bizance, A Dialogue of Comfort Against Tribulation, Letter to Martin Dorp, Letter to the University of Oxford, Letter to Edward Lee, Letter to a Monk.
Santificación
Tomás More fue beatificado junto a otros 53 mártires (entre ellos John Fisher) por el papa León XIII en 1886, y finalmente proclamado santo por la Iglesia Católica el 19 de mayo de 1935 (junto a John Fisher), por el Papa Pío XI. Juan Pablo II, el 31 de octubre del año 2000, lo proclamó patrón de los políticos y los gobernantes, respondiendo así a la demanda que, en 1985, le presentó el Presidente de la República Italiana, Francesco Cossiga, y que recogió centenares de firmas de jefes de Gobierno y de Estado, parlamentarios y políticos.
Reflexión sobre el aporte intelectual y moral de San Tomás Moro
Por Jeffrey Klaiber SJ -Historiador y profesor del Departamento de Humanidades PUCP
Tomas Moro fue canonizado por la Iglesia Católica en 1935 por su defensa de la fe católica y es el único santo de la Iglesia que fue honrado por el Partido Comunista de la Unión Soviética, que creó una sala en su honor en el mismo Kremlin.
Sucede que Moro es considerado un precursor del socialismo, o lo que sería en su caso, el socialcristianismo. Su célebre libro Utopía (1515-1516) describe una isla donde reina la justicia y la paz social, y la regla suprema es el bien común. Los habitantes sólo trabajan seis horas diarias, lo cual es posible porque todos laboran, hombres y mujeres. En Utopía, no hay mendigos ni niños abandonados y el dinero no es necesario ya que todo se comparte en la comunidad. Asimismo, entre otros rasgos que pueden sorprender a un lector moderno está el hecho de que en Utopía el divorcio se permite (la pareja se puede separar por motivos de incompatibilidad) y, además, existe una gran variedad de religiones. Pero todas conviven en paz, porque rige la tolerancia, lo que permite que, incluso, se celebren fiestas en las que todos se reúnen para orar juntos.
Pero Utopía no fue una mera fantasía desarraigada de su contexto. Moro escribió su obra como una propuesta alternativa frente a la realidad social de la Inglaterra de su tiempo: una sociedad cada vez más polarizada entre ricos y pobres. Los señores del campo estaban formando monopolios y desplazaban a los campesinos de sus tierras, sobre todo para vender la lana de ovejas a los mercados de Flandes. Con aguda ironía Moro observa que en Inglaterra las “ovejas se comen a los hombres”. Al mismo tiempo, Londres se estaba llenando de pobres sin trabajo, algunos de los cuales se dedicaban a la delincuencia. Este excelente análisis global de toda una sociedad —que incluye el concepto muy avanzado para su tiempo de “estructuras sociales injustas”— apenas podría ser superado por un libro de sociología escrito hoy.
Ahora bien, Moro no fue canonizado por este libro famoso, sino por su firmeza ante los caprichos de un déspota: Enrique VIII. Tomás Moro había iniciado su carrera como abogado estudiando en Oxford y luego se convirtió en defensor de los pobres tras compartir su vida con los monjes de la Cartuja (quienes destacan por practicar la estricta observancia). Tras ello, en 1518, se convirtió en consejero de Enrique VIII.
Desde ese cargo ayudó al rey a escribir Defensa de los siete sacramentos (1520) como una respuesta a Martín Lutero y a los protestantes, y en 1529 fue nombrado canciller (el equivalente de Primer Ministro). Sin embargo, cuando Enrique VIII intentó separarse de Catalina de Aragón, y luego se declaró jefe de la Iglesia de Inglaterra, Moro renunció a su cargo sin reconocer la validez de las pretensiones del rey. Por eso, fue acusado de traición, encarcelado en la Torre de Londres y ejecutado en 1535. Antes de morir declaró: “soy buen siervo del rey, pero primero de Dios”.
Hoy Tomás Moro destaca como modelo de político cristiano. Fue un hombre de fe, pero con una visión moderna que rompió con moldes medievales. Más allá de los monasterios, decidió ser cristiano en el mundo y, más precisamente, en el mundo público, donde surgen constantemente conflictos de valores, entre lo privado y lo público, entre el servicio al bien común y la propia carrera. Efectivamente, fue un hombre de dos reinos.

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