No tengo la menor referencia de los pergaminos profesionales y de servidora pública de la recién juramentada ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Fiorella Molinelli, pero es evidente que no es el punto que interesa considerar. Al margen de la persona y su trayectoria, el carácter político de la decisión obligaba al Presidente Pedro Pablo Kucsynski a designar una persona que no iniciara su gestión con tanta sombra y cuestionamiento, para que el ojo público pudiera ver su desempeño inmediato sin los nubarrones del reciente pasado que acompañan a la designada. Al tener que dejar su cargo de viceministra de Transportes precisamente por dicho caso, su reciente ocurrencia y la ansiedad cusqueña de que la obra se haga, levantaron la polémica incluso antes que juramente.

En PPK, el sentido común parece, a estas alturas luego de tantos disparos al pie, una característica ausente en el Presidente a la hora de tomar decisiones. Aun así cuesta entender esta pulsión autodestructiva. No hay que tener una bola de cristal para anticipar que la prensa se volcará de inmediato hacia la flamante ministra y la oposición parlamentaria le aplicará la puntería apenas se instale. De repente, ya ni lo que diga PPK en su discurso presidencial tendrá más cobertura que sacarle alguna explicación sobre tan extraña designación. Tampoco necesito tomarme un “sanpedro” para alucinar que ella podría dejar su sillón ministerial antes que las ministras de Salud o de Educación.

Con esta decisión no solo cae definitivamente el mito de la experiencia de gobierno y capacidad de liderazgo del Presidente, que ya el mismo se ha encargado de pisotear en los últimos meses, sino también el mito del “equipo de lujo” que presuntamente lo acompañaba. Si lo hubiera, obvio que podría haber nombrado a otra persona, con tan o más competencia en el sector que la aludida. El enroque que ha hecho con Cayetana Aljovín del MIDIS hacia Energía y Minas lo confirma. Tal vez PPK no lo sepa, pero el efecto comunicacional que esta decisión transmite es devastador para su propio gobierno.

En sicología, la tendencia autodestructiva es clasificada en dos conductas: la autodestructiva directa y la indirecta. Ésta última consiste en su efecto a largo plazo, en su carácter acumulativo, y de ella dice la sicóloga Gloria Marsellach: “El ser humano continuamente lleva a cabo acciones autodestructivas indirectas (…), pero la intención habitualmente no es la de acabar con la propia vida sino experimentar placer, ya sea en forma consciente o inconsciente.”

Tal vez, a estas alturas de su vida, Kucsynski en forma inconsciente, solo quiere demostrar que puede tomar las decisiones que quiera, aún las más lamentables para su gobierno, sólo porque puede tomarlas. No lo sé. Podría ser una teoría. La realidad para los peruanos de hoy, es que, empezando el segundo año de su gobierno, no podría ser más desalentador verlo iniciar mal un nuevo ciclo. ¿Habría solución? ¿No se hace en Palacio de Gobierno una lectura política de los acontecimientos? Tal parece que no. Es una pena.

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