
No es descabellado hacer eco de las opiniones que aseguran que el monumental Finnegans Wake (1939), por tantos años Work in Progress, no tendría una sino muchas lenguas de partida. Esta afirmación resume con acierto por qué fue traducida apenas por fragmentos, siempre admirada desde lejos por escritores y lectores de varias generaciones: por qué junto a Ulysses (1922) es uno de los libros más reverenciados y menos leídos de la literatura contemporánea. Las versiones castellanas del Finnegans que circulan en las ediciones de Lumen y Cátedra (aunque esta solo presenta Anna Livia Plurabelle) de Victor Pozanco y Francisco García Tortosa, respectivamente, parecen no satisfacer a los lectores. El poeta peruano Ricardo Silva-Santisteban realizó una versión de Anna Livia Plurabelle y otros fragmentos que intitula con mucha probidad “recreación” antes que traducción. Y es que las traducciones castellanas son más bien una guía para la lectura del texto en inglés, antes que versiones autorizadas con toda la solemnidad que la denominación de “traducciones” puedan representar.









