
17 jul '08-10:00
Doppelgängers: Baudelaire y Poe

Cortázar, hijo de la modernidad, afirma que Baudelaire y Poe fueron doppelgängers.
No existe mayor mérito previo para una traducción que el ser hecha por un escritor consagrado. Por ello, es gratificante para muchos lectores hispanos de Edgar A. Poe lucir el prolijo subtítulo poco usual (pues el nombre del traductor siempre por tradición figura en la página legal) que adorna la portada de las Obras Completas de Poe: «Traducción de Julio Cortázar».
La Universidad de Puerto Rico encargó a Cortázar, traductor de profesión y oficio, la famosa traducción de la obra completa de Poe que se publicó en 1956, antes de su consagración con "Rayuela". Décadas antes, un joven Charles Baudelaire, por admiración a Poe, tradujo sus cuentos al francés. Octavio Paz con mucho acierto dice que Baudelaire introdujo la modernidad a la literatura; quizá también porque tradujo a Poe, figura inequívoca de la modernidad.
21 jun '08-01:09
Intraducibles: el Finnegans Wake

No es descabellado hacer eco de las opiniones que aseguran que el monumental Finnegans Wake (1939), por tantos años Work in Progress, no tendría una sino muchas lenguas de partida. Esta afirmación resume con acierto por qué fue traducida apenas por fragmentos, siempre admirada desde lejos por escritores y lectores de varias generaciones: por qué junto a Ulysses (1922) es uno de los libros más reverenciados y menos leídos de la literatura contemporánea. Las versiones castellanas del Finnegans que circulan en las ediciones de Lumen y Cátedra (aunque esta solo presenta Anna Livia Plurabelle) de Victor Pozanco y Francisco García Tortosa, respectivamente, parecen no satisfacer a los lectores. El poeta peruano Ricardo Silva-Santisteban realizó una versión de Anna Livia Plurabelle y otros fragmentos que intitula con mucha probidad “recreación” antes que traducción. Y es que las traducciones castellanas son más bien una guía para la lectura del texto en inglés, antes que versiones autorizadas con toda la solemnidad que la denominación de “traducciones” puedan representar.
11 mar '08-15:35
Homoerotismo en The Happy Prince: el Wilde que los traductores nos vedaron

Entre las versiones castellanas con las que contamos y que probablemente circulan en ediciones tan descuidadas donde apenas si se hace alusión a Oscar Wilde como autor de “El príncipe feliz” destaca la versión de los traductores Julio Gómez de la Serna y E.P. Garduño. Julio Gómez de la Serna en especial, tradujo las piezas de teatro más logradas de Wilde, como Lady Windermere’s Fan, The Importance of Being Earnest y A Woman of No Importance; su trabajo con Garduño se limitó más bien a los relatos infantiles. La leyenda cuenta que incluso el precoz Jorge Luis Borges, con tan sólo nueve años, publicó en el diario “El País” de Buenos Aires una versión castellana de The Happy Prince, pero aún si esto resulta de lo más interesante, no es motivo de la nota de hoy, pues como todo lo que se desprenda de la ominosa figura de Borges, merece reflexión aparte.
09 mar '08-11:52
Entre Cervantes y Cide Hamete Benengeli: el olvidado traductor del Quijote

08 mar '08-14:21
La traidora tradición de los traductores

Babel Fish y otros tantos traductores virtuales automáticos prometen a miles de internautas la posibilidad de verter a la lengua que quieran sendas oraciones con sólo presionar “Enter”. Reciben miles y miles de visitas diarias e incluso sus bancos de datos son actualizados varias veces al día. Sin embargo, la incompetencia de estos programas hace que ninguna persona cuerda se fíe de sus resultados o se muestre satisfecha de sus versiones. Con oraciones carentes de alguna lógica en el significado, los resultados de los traductores virtuales parecen chistes mal hechos que hubieran hartado la paciencia del frío Hal de Space Odyssey, referente obligatorio de la audaz “tecnología inteligente”.
El traductor San Jerónimo, responsable de la Vulgata Latina, patrón de los traductores y entre otras cosas, teórico de la traducción, afirma en su célebre Ad pammachium de optimo genere interpretandi, que él cuando traduce, lo hace, “non verbum e verbo, sed sensum exprimere de sensu”, es decir, no expresando palabra por palabra sino sentido por sentido. Y es justamente el sentido, lo que las máquinas no podrán descifrar jamás, porque la traducción raya incluso lo comprensible y pretende lo inefable. Solo la humanidad del hombre es capaz de revelar los productos de otro ser humano.








