Los maestros son grandes inspiradores de nuestras vidas

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Los maestros son grandes inspiradores de nuestras vidas, como también pueden convertir sus cursos en pesadas mochilas llenas de piedras, cal y arena de las que queremos deshacernos en un dos por tres.

En su reciente libro “Conversación en Princenton”, Mario Vargas Llosa (MVLL) señala que su mejor maestro no fue un escritor sino un historiador, Raúl Porras Barrenechea. Dice de él: “Físicamente no imponía -era bajito, barrigón, tenía siempre su chaqueta condecorada por la caspa-, pero cuando hablaba, deslumbraba…”.

Y en la entrevista para Somos, a propósito del lanzamiento de su nuevo libro, comenta: “Porras fue el mejor expositor que yo he escuchado nunca. No solo sabía mucho de historia, sino también de literatura. Había enseñado el Siglo de Oro y conocía muy bien a los clásicos. Creo que ahí le venía en buena parte la desenvoltura que tenía para expresarse, la elegancia con que hablaba y escribía, porque Porras es uno de los grandes prosistas del Perú. Sus clases era absolutamente hechiceras. Y yo, que tuve la suerte de trabajar con él cinco días por semana a lo largo de cinco años, vi cómo preparaba sus clases: como si fuera un profesor que recién empieza, sin repetirse, después de llevar enseñando 30 años. A mí me deslumbró tanto Porras que llegué a dudar si debía estudiar de verdad Literatura, que era lo que quería, o Historia. Aprendí más trabajando con él que en las clases de universidad.”

Alguna vez leí que Porras recomendaba enseñar en colegios antes que en universidades, como sucedió con él, y aunque no es un requisito, estoy de acuerdo por propia experiencia.

Yo venía de un colegio militar, dónde la disciplina era un factor que se daba por descontado, y estaba estudiando ingeniería en la UNI, y lo primero que vi cuando entré al salón donde tenía que dictar física a los alumnos de secundaria, de uno de esos colegios bullangeros del Rímac, fue una mota que me pasó silbando por la cabeza. A raíz de esas primeras clases, abrumadoras para mí, me pregunté ¿Qué debía hacer para que prestasen atención y pudiesen aprender la gran mayoría de aquellos alumnos de matemática y física que me habían asignado?… Ahora puedo comentar que esos dos años fueron una de las experiencias más enriquecedoras en mi vida. Siempre recuerdo con gratitud a la Sra. Directora, la llamábamos “Paquita”, quien me dio la oportunidad de enseñar en su colegio.

Posteriormente, dicté electrónica digital en la compañía ACV, que se iniciaba en la venta de PCs, y tuve que reemplazar súbitamente un ciclo en la Universidad Ricardo Palma a mi gran profesor David Apaza, que en la UNI me enseñó los fundamentos de la lógica digital hasta programar en assembler, y que falleció de un derrame cerebral cuando era muy joven aún. David me inspiró a ser diseñador de circuitos electrónicos, que más adelante me llevaría a diseñar e implementar equipos de telefonía en Entel Perú y Tele2000. Ahora como docente a tiempo parcial, disfruto continuar compartiendo clases en la Católica, desde hace 11 años, a pesar del cansancio que muchas veces me atrapa el bregar día a día contra los incesantes vientos de la competencia oriental que nos azota a los que trabajamos en compañías fabricantes de redes de telecomunicaciones.

Hoy, hay tanto material en Internet, como fotos, animaciones y videos, que se pueden hacer clases muy atractivas con el apoyo de todo ese material, además de contar con la más variada cantidad de herramientas informáticas que nunca hubo. Por eso, me apena oír a alumnos que llevan cursos de ciencias, sean colegiales o universitarios, cuando se cuestionan: “¿Para qué sirve todo esto?”, después de unas cuantas preguntas, entiendo que hay muchas falencias para enganchar a los chicos.

La labor de los maestros es transcendental para el desarrollo de una sociedad, de ahí que son oportunas las palabras de MVLL sobre Porras Barrenechea: “sus clases era absolutamente hechiceras… vi cómo (las) preparaba: como si fuera un profesor que recién empieza, sin repetirse, después de llevar enseñando 30 años”. Estas provocan, además, una reflexión sobre la vocación del magisterio en tiempos de extensas huelgas que perjudican a una gran parte de la muchachada de nuestro país.

Fuente: Revista Somos de El Comercio (23/9/2017)

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