Tolerancia Cero ¿QUE SIGNIFICA?

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Philip George Zimbardo es un psicólogo, investigador del comportamiento

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La Psicología política del delito

Año 1969, Universidad de Stanford, Estados Unidos de América. El Prof. Phillip Zimbardo diseña un experimento de psicología social.

Casi 40 años después sabemos que el Prof. Zimbardo es una eminencia en su área, un especialista reconocido internacionalmente, Profesor emérito de Stanford, ex docente de las Universidades de Yale, New York y Columbia, ex Presidente de la American Psychological Association y autor de contribuciones científicas muy importantes en el terreno de la Psicología Social.

Volvamos al experimento de Zimbardo. ¿Qué hizo en aquel lejano 1969?

Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos: la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York. Y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California.

Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes, y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente.

¿Resultado?

El auto abandonado en el Bronx comenzó a ser desguazado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, la radio…todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto: nadie lo tocó.

-¡La pobreza!- dice de inmediato un coro de voces. Porque claro: se ha transformado en un lugar común atribuir a la pobreza las causas del delito. Atribución en la que coinciden, misteriosamente o tal vez no tanto, las anteojeras ideológicas de la más dura derecha y de la más dura izquierda.

Sin embargo, el experimento de Zimbardo todavía no había finalizado. Faltaba lo más importante. El auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho. Y el de Palo Alto llevaba una semana y tan campante. Entonces los investigadores hicieron una cosa. Solo una.

Rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto.
¿Resultado?

Se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del otro barrio. En pocas horas. Con la misma furia.

¿Y entonces? ¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?

Ya no se trata de pobreza. Ahora lo que queda en evidencia es algo diferente, algo relacionado con la psicología humana, con la relación social entre las personas y con la interacción entre las comunidades, los individuos y los entornos físicos que comparten.

Un vidrio roto en un auto abandonado es todo un mensaje. Un mensaje que habla de deterioro, de desinterés, de falta de preocupación, de ruptura de sutiles códigos de convivencia. Un mensaje que muchos descifran como de ausencia de ley, de normas, de reglas. Como que vale todo. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica ese mensaje. Hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible. Y el vidrio roto desemboca en la violencia más irracional.

La teoría de las ventanas rotas

La mecha encendida por Zimbardo en el 69 ha seguido ardiendo. Uno de los desarrollos posteriores más interesantes es resultado del trabajo de los profesores James Q. Wilson y George Kelling. Sus conceptos son conocidos como La teoría de las ventanas rotas.

Los estudios de Wilson y Kelling sobre la criminalidad concluyen:

1. Que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.
2. Que si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, entonces pronto estarán rotos todos los demás.
3. Que si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí crecerá el delito.
4. Que si se cometen pequeñas “faltas” y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos y delitos cada vez mayores.
5. Que los espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente (que se repliega nerviosa y asustada hacia sus casas) y que esos mismo espacios abandonados son progresivamente ocupados por los delincuentes.

La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los 80 en el Metro de Nueva York, donde había sido contratado como consultor George Kelling.

El Metro de Nueva York se había convertido en el punto más candente de la inseguridad, el miedo y el peligro.

Fiel a sus ideas, Kelling recomendó una estrategia de seguridad que comenzaba por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar, suciedad de las dependencias, ebriedad entre el público, evasiones del pago del Metro, pequeños robos y desórdenes…

El resultado fue extraordinariamente alentador. Comenzando por lo pequeño, pronto el Metro fue un lugar seguro.

Tiempo después, en 1994, Rudolph Giuliani fue electo Alcalde de Nueva York y nombró como Jefe del Departamento de Policía de la ciudad a William Bretton.

¿Quién era? El Director de la Policía del Metro durante la consultoría de Kelling. ¿Qué hizo? Basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del Metro, impulsar una política de Tolerancia Cero frente al delito.

La clave de la estrategia apuntaba a crear comunidades limpias, ordenadas y cuidadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana. Y el resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos los índices criminales de la ciudad de Nueva York.

Tolerancia cero frente al delito

Algunas personas han escuchado la expresión “tolerancia cero” y creen erróneamente que se refiere a una especie de solución autoritaria y represiva.

En realidad es exactamente lo contrario, y su eje conceptual central es más bien la prevención y la promoción de condiciones sociales de seguridad.

No se trata de la horda primitiva linchando al delincuente, ni de la prepotencia o del desborde policial. Es más: también frente a estas violaciones a la ley es necesaria la tolerancia cero. No se trata tampoco de la pena de muerte ni del ojo por ojo y ni siquiera de bajar la edad a la que se es imputable penalmente.

Tampoco es un conjunto de recetas prefabricadas para otra realidad, sino más bien un conjunto de ideas que con diversos nombres y aplicaciones puede resultar en un beneficio para las más diversas sociedades.

No es un dato menor hacer un llamado de atención: no es toleracia cero frente a la persona que comete el delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo. Y no es poca la diferencia.

De lo que se trata, sí, es de crear (o reconstruir) comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social humana.

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Romper las reglas para alcanzar el poder. Club Lenguaje No Verbal.

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En mi calidad de  Delegada  del Club de Lenguaje No Verbal  para Peru es comparto un resumen del artículo “Romper las reglas para alcanzar el poder: Cómo los infractores de normas alcanzan el poder de cara a los demás”, de los autores Gerben A. Van Kleef , Astrid C. Homan, Catrin Finkenauer, Seval Gündemir y Eftychia Stamkou de la Universidad de Amsterdam (NL), sobre la transgresión de normas y la percepción de poder.

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Tal vez sea de esperar que los que detentan el poder al romper las reglas caigan en desgracia y pierdan su poder. Pero, ¿es posible que el hecho de romper las reglas en realidad alimente la percepción de poder? En este trabajo se explora esta paradójica posibilidad, centrándose en los efectos de la violación de las normas sobre la percepción de poder. Las normas son reglas o principios entendidos por los miembros de un grupo y que guían y/o restringen el comportamiento, sin la coerción de las leyes, para generar una conducta adecuada y aceptable. Así pues, la violación de la norma se define como una conducta que infringe uno o más principios de comportamiento apropiado y aceptable. En base a la teoría del poder de activación/inhibición y al trabajo empírico se plantea la hipótesis de que las personas que violan las normas son percibidas como más poderosas que las que no lo hacen. Según esta teoría, los individuos poderosos son relativamente libres de comportarse como quieren. Encuentran menos limitaciones sociales y más entornos con recursos (dinero, conocimiento, apoyo). Esto estimula su sistema de activación conductual, que se acompaña de desinhibición conductual. Al contrario, los individuos con poco poder, sufren más limitaciones sociales, amenazas y castigos. Esto activa su sistema de inhibición conductual, que restringe sus acciones. De hecho, los individuos con poder parecen actuar a voluntad sin temor a las consecuencias negativas. Esta desinhibición conductual hace que los individuos más poderosos sean propensos a exhibir una conducta socialmente inapropiada. Es más, a pesar de imponer estrictas normas morales a los demás, ellos por el contrario no suelen respetarlas.

Debido a que se cree que ciertos comportamientos están asociados con el poder, las señales en sí mismas pueden indicar poder. Por lo tanto, cuando las personas perciben a los que se encuentran a su alrededor, pueden utilizar este tipo de señales para inferir su nivel de poder. En este trabajo se ha querido poner a prueba esta hipótesis en cuatro estudios. En el primer estudio se estableció un escenario en el que un sujeto mostraba una conducta de violación de normas (o no), y se midieron las percepciones de los encuestados acerca “del poder” de esa persona. Los resultados proporcionaron evidencia inicial sobre que el hecho de transgredir las normas puede alimentar la percepción de poder, incluso aunque se trate de un comportamiento negativo (asocial, inmoral, inadecuado y grosero). El estudio 2, para examinar la posibilidad de generalizar el efecto, se centró en un tipo diferente de infracción de la norma que se llevó a cabo en un contexto institucional. Además, se investigó si el efecto de las transgresiones sobre la percepción de poder está mediado por inferencias intencionadas. El estudio mostró que la violación de normas puede alimentar la percepción de poder ya que indica que se es libre de actuar como uno quiere, una libertad que se asocia con un poder elevado. En el estudio 3 se empleó una violación de normas distinta y una metodología diferente para establecer la fuerza del efecto. Según las investigaciones sobre estereotipos emocionales, se prevé que los individuos poderosos reaccionen con más rabia y menos tristeza ante acontecimientos negativos que los individuos menos poderosos y, por consiguiente exhibir tendencias de acción más activas (aproximación, confrontación) y menos pasivas (inhibición, impotencia). Se ha usado esta idea para desarrollar una discreta representación de percepción de poder, esperando que la transgresión llevaría a índices más altos de ira y tendencias de activación e índices más bajos de tristeza y tendencias de inhibición. Para profundizar en la robustez y generalización de los hallazgos, en el estudio 4 se investigó si los efectos se dan igualmente en una interacción cara a cara. Los resultados indicaron que el efecto de la violación de normas sobre el poder está mediado por inferencias intencionadas.

En consecuencia, la presente investigación revela que la violación de normas hace que los individuos sean percibidos como más poderosos. El análisis de mediación mostró que el efecto de la transgresión puede ser explicado en términos de inferencias intencionadas: los infractores de normas son vistos con la libertad de actuar como les plazca, lo que alimenta la percepción de poder. El trabajo empírico ha descubierto varios predictores de poder, que van desde rasgos de personalidad tales como extraversión y dominancia a características demográficas y comportamiento no verbal. Se ha logrado mostrar que los individuos pueden ganar poder de cara a los demás infringiendo las normas. Este estudio apunta a un nuevo mecanismo a través del cual la jerarquía social y organizativa se refuerza y perpetúa. Puesto que el poder lleva a la desinhibición conductual, los poderosos son más propensos a violar las normas. Al hacerlo, otros individuos les ven poderosos, tal y como se ha demostrado. A medida que los individuos alcanzan el poder, su comportamiento se vuelve aún más libre, llevando posiblemente a más transgresiones, y por lo tanto provocando un proceso de auto-refuerzo. La gente suele detectar rápidamente el poder de los demás, pero del mismo modo debilitan la posición de poder de una persona cuando creen que es ilegítima. De acuerdo con la influencia recíproca del modelo de poder, los individuos detentan el poder cuando actúan en interés del grupo. Por tanto, infringir la normas por el interés del grupo puede ser una buena manera de elevar la posición. Una última cuestión se refiere al papel de la acción. Los individuos que muestran una mayor propensión a actuar tienden a ser percibidos como más poderosos. Puede ser que el papel de la acción dependa del contexto, de manera que el tipo de (in)acción que indique mayor libertad probablemente genere percepción de poder. Futuros estudios podrían explorar esta posibilidad. En conclusión, violar las normas puede aumentar el poder de un individuo de cara a los demás. A medida que los individuos obtienen poder, sienten una mayor libertad para infringir las normas vigentes. Paradójicamente, estas transgresiones no socavan el poder del individuo sino que lo incrementan, originando así un círculo vicioso de poder e inmoralidad.

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La ética en la política

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A continuación quiero  compartir con Uds. el capítulo  VII de la Parte II del Libro “Sueños, Realidades, Fantasías” de la Política (Una crisis generacional), ”  de Hugo Sirio Escobar

Hugo Sirio nació en San Isidro, Provincia de Buenos Aires, el 4 de Septiembre del año 1951, milito en  el Movimiento Nacional Justicialista  desde 1989.

En el año 2004 comenzó a desarrollar un arduo trabajo digital en Internet, sus emisiones fueron EL FEDERAL (Emisión Digital Independiente) y BAJO LA LUPA, superando más de 500 emisiones ininterrumpidas en cada lanzamiento. El 5 de Marzo de 2008 falleció a consecuencia de un infarto.

Hugo Sirio fue un periodista y político honesto que siempre  velo por la ética.
Gianna

Ética para el buen oficio político

 

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“El idealismo asigna al político un papel preponderante en todos sus actos, sin este principio fundamental estamos en presencia de un sujeto que nos lleva a un fracaso seguro.” H. Sirio

Fácilmente comprenderemos que la ética necesaria para este oficio es muy exigente. Los dilemas éticos que enfrenta el buen político son permanentes. En casi todas las decisiones importantes hay más de un bien ético en juego y la información sobre los costos y beneficios de toda decisión nunca es suficientemente precisa (a veces ni si quiera está claro lo que conviene ya no al país sino al político que decide). Desde luego siempre hay un límite por debajo del cual las decisiones son éticamente reprobables, pero los contornos son borrosos (¿dónde termina la política industrial razonable y comienza la concesión a las empresas poderosas de privilegios que deteriorarán la institucionalidad propia del mercado eficiente?). En general, en contextos decisionales específicos, casi nunca se impone una sola solución como la única éticamente correcta. La grandeza de la política reside en que, una vez rechazadas las decisiones abiertamente contrarias a los intereses generales, hay que optar entre bienes públicos igualmente valiosos. En estas decisiones se mezclan conocimiento, razón, sensibilidad, valores, cálculos, azar… Es el momento egregio de la política que no puede ser sustituido por ningún manual o consultor. Es también el momento de la libertad y la vida en toda su plenitud. Son los momentos en que hacemos historia.
Seguidamente nos vamos a permitir la audacia de establecer una serie de principios éticos que deben ser considerados en el oficio de buen político. Aunque esta exposición no tiene en absoluto valor de conocimiento académico, tampoco es una mera ocurrencia. Además de reflejar la reflexión sobre la propia experiencia, se apoya en algo más objetivado: la convicción de que los buenos políticos son los que mejoran constante y decididamente la gobernabilidad del país, su sistema institucional en sentido amplio, al que consideran el mejor activo para lograr el desarrollo.
Los buenos políticos son hombres y mujeres prácticos. Tras un discurso como éste tenderán siempre a preguntar. Bueno, ¿y qué puedo hacer yo para que la ética fortalezca el buen desempeño de mi oficio? Cómo además son inteligentes y vivos, si se les ofrece un manual lo rechazarán, pero seguirán inquiriendo ¿existen algunos principios o guías que me ayuden a ver mejor las exigencias de mi oficio y a cultivar el desarrollo personal necesario? El oficio de buen político no se aprende en una maestría. Las maestrías enseñan a gestionar y a administrar. Los buenos políticos siempre son líderes y emprendedores, hacen historia. Ellos no nacen, se hacen a sí mismos por la determinación de ponerse al frente y hacer una diferencia positiva. En el bien entendido que, como decía Peter Drucker, sólo es líder el que tiene seguidores. Los buenos políticos se esfuerzan siempre, como los grandes artistas y todos los creadores. Nunca se puede decir ya domino plenamente el oficio, como nunca se puede decir, por ejemplo, que el violín o la guitarra ya no tienen secretos para mí. Los buenos políticos mueren aprendiendo y para aprender practican permanentemente las disciplinas que les ayudan a dominar su oficio. Para ello necesitan guías o principios éticos y ahí van unos cuantos:

Subjetivamente se esfuerzan por el autoconocimiento y el autodominio. Sin ello es imposible la autenticidad, la integridad. Sin ello no se logra inspirar confianza ni se consigue la buena comunicación. Comunicar no es hablar bien, ni siquiera expresar buenas cosas, sino conseguir la atención y el respeto de las audiencias, lo que se hace imposible si la audiencia no percibe autenticidad en los mensajes, es decir, si no reconoce una coherencia básica entre el mensaje y la trayectoria de vida. ¿Conozco mis motivaciones y ambiciones últimas? ¿Tengo una medida adecuada de mis capacidades? ¿Soy capaz de reconocer y resistir las peores tentaciones del poder? ¿Sé encontrar los espacios de recogimiento en los que me pregunto permanentemente quién soy, qué pretendo, para qué estoy en este mundo? ¿Conozco mis modelos mentales? ¿Soy capaz de comprender los modelos mentales de mis interlocutores y adversarios sin dejar de ser fiel a mis propósitos? ¿Soy capaz de resistir al oportunismo del cambio? ¿Soy capaz de cambiar cuando resulta necesario?
Los buenos políticos tienen un compromiso con la realidad que pretenden transformar. Buscan el conocimiento y la información necesarias no sólo para operar en la realidad sino para transformarla. Para ello generan sistemas de información y de conocimiento, construyen equipos, establecen “sensores” y sistemas de alerta. Saben que no pueden saberlo todo, pero que es imperdonable cometer errores por no contar con la información necesaria y disponible. Pero el tipo de información y conocimiento que precisan es diferente de la información y el conocimiento que construye la ciencia y la técnica. Éstos producen conocimiento codificado, fácilmente comunicable, dotado de gran valor objetivo en tanto no se halle falseado. Es loco ir contra el conocimiento científicamente bien establecido. Por eso el buen político se rodea de asesores que están al día y, por ejemplo, supera viejos esquemas ideológicos e interioriza las lecciones aprendidas por la comunidad internacional en materia de desarrollo. El compromiso con la realidad es compatible y se refuerza con la firmeza de los valores y los principios, pero es incompatible con el apego dogmático a esquemas ideológicos periclitados. El buen político no desarma la ideología para caer en el pragmatismo más oportunista; contrariamente afirma valores y principios, desarrolla nuevos conceptos, imágenes y eslóganes movilizadores y con todo ello adapta viejas y respetables ideologías a las nuevas realidades.
El tipo de información y de conocimiento que precisa el buen político es muy diferente del conocimiento científico y experto: necesita conocer los desafíos, las oportunidades y amenazas, los actores estratégicos, sus ambiciones y sus miedos, sus estrategias, necesita conocer muy bien los conflictos actuales y potenciales, los recursos y alianzas que puede movilizar, su consistencia y durabilidad… necesita, en definitiva, crear los sistemas de información y conocimiento precisos para formular y desarrollar buenas estrategias de cambio. Para ello tiene que desarrollar una capacidad de pensamiento sistémico y estratégico, de reflexión y de indagación, tienen que ser capaces de comprender el sistema.
El mero operador político conoce personas y hechos, gestiona conflictos y compra ambiciones, pero no tiene rumbo. Pone su conocimiento como máximo al servicio de las próximas elecciones. No sabría ponerlo al servicio de las próximas generaciones, porque no tiene visión, no tiene metas y propósitos de cambio. Su pasión por el poder se agota en sí misma. Para él el poder no es instrumental para el desarrollo humano. El buen político ve y va más allá, es capaz de ver procesos lentos y graduales, sabe aminorar el ritmo frenético para prestar atención no sólo a lo evidente sino a lo sutil. Busca más allá de los errores individuales o la mala suerte para comprender los problemas importantes. Trata de descubrir las estructuras sistémicas que modelan los actos individuales y posibilitan los acontecimientos. Sabe que esas estructuras que se trata de cambiar no son exteriores pues son las propias instituciones en las que él opera y a las que pertenece. Sabe que lo fundamental es comprender cómo su posición interactúa con el sistema institucional real. Pero a medida que comprende mejor las estructuras que condicionan su conducta ve con más claridad su poder para adoptar las políticas capaces de modificar las estructuras y las conductas. Sabe que todos formamos parte del sistema que se trata de reformar. Para él no hay nada externo y por eso comprende mejor que nadie la sabiduría de la vieja expresión “hemos descubierto al enemigo: somos nosotros”.
Los buenos políticos se orientan siempre a elevar la gobernabilidad, la institucionalidad existente. Cuando los políticos hacen algo notable pero no lo dejan institucionalizado, la supervivencia del progreso logrado es problemática. Suele desaparecer con su creador, que no habrá sido un buen político al no lograr su institucionalización, al hacer depender de su persona el progreso, al no haber elevado la gobernabilidad. Oí decir una vez a un interlocutor anónimo que “los únicos caudillos que valen son los que acaban haciéndose prescindibles creando buenas instituciones”. Esta frase expresa el concepto que Maquiavelo tenía del buen Príncipe, que es el que fija en buenas instituciones el futuro progreso de la República.
Esta sabiduría histórica se corresponde con resultados muy recientes y reveladores en el ámbito de las relaciones entre gobernabilidad y desarrollo. En particular los trabajos de Kaufmann y su equipo desafían la creencia convencional de que la producción de crecimiento acarreará inevitablemente mejoras en la gobernabilidad. Contrariamente, sus trabajos revelan que mientras existe una relación causal y a largo plazo entre buena gobernabilidad y crecimiento duradero y de calidad, la causalidad no funciona en sentido inverso. Lo que ratifica que la gobernabilidad no es un bien de lujo, sino un bien público que es necesario cultivar en todos los estadios del desarrollo.
El buen político sabe que la gobernabilidad exigida por el desarrollo humano es la gobernabilidad democrática. Sabe también que la democracia es un sistema exigente que no debe confundirse con las meras aperturas electorales, las pseudo-democracias, semidemocracias, las democracias delegativas u otras expresiones descriptivas de las formas más o menos imperfectas de democracia de que disponemos en la región. El buen político sabe que la democracia es un proceso complejo y de fin abierto, en el que se experimentan avances y retrocesos. Sabe que la calidad democrática depende de un criterio fundamental: el grado de igualdad política efectiva que el sistema político permite. Sabe que la opción democrática no es sólo una opción de conveniencia que se justifica por las ventajas positivas que la democracia aporta; no es un demócrata por defecto; es demócrata también por una convicción ética desde la que cree en la superioridad moral de la democracia sobre cualquier otro sistema político. Dicha convicción es la afirmación axiomática de la igualdad humana intrínseca, de que el bien de todo ser humano, cualquiera que sea su condición, es intrínsecamente igual al de cualquier otro.
La igualdad política no es obviamente una constatación empírica sino un juicio moral sobre el que se interioriza un imperativo categórico. Su formulación más conocida es la que en 1776 hicieron los autores de la Declaración de Independencia Norteamericana: “Sostenemos como evidente estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Esta afirmación no es ni una manifestación de cinismo no una descripción de la realidad. Es sencillamente un juicio moral que afirma el deber moral de tratar a todas las personas como si poseyesen una igual pretensión a la vida, la libertad, la felicidad y otros bienes e intereses fundamentales. Significa igualmente que ninguna persona está tan definitivamente mejor cualificada que otras para gobernar como para dotar a cualquier de ellas de autoridad completa y final sobre el gobierno del Estado. Significa que los derechos de participación política han de ser asignados por igual y que deben crearse las condiciones para que toda persona adulta pueda enjuiciar lo que sea mejor para su propio intereses y para los intereses generales.

Sabe que sin igualdad en la participación política, sin una representación política de calidad, sin inclusión política real y efectiva, la acción social de los gobiernos tenderá siempre a ser paternalista y clientelar.
El único gobierno que puede satisfacer plenamente las exigencias del estado social es aquel en el que participa todo el pueblo; que cualquier participación, incluso en las más nimias funciones públicas, es útil; que la participación debe ser tan amplia en todas partes como permita el nivel general de mejoramiento de la comunidad; y que nada puede ser tan deseable en último término como la admisión de todos a compartir el poder soberano del Estado. Pero dado que, en una comunidad que exceda el tamaño de una pequeña población, todos no pueden participar personalmente sino en alguna porción mínima de la acción pública, el resultado es que el tipo ideal de un gobierno perfecto debe ser el representativo.

El buen político dispone de una estrategia de desarrollo, que ve como parte de un proyecto nacional. Son este proyecto y estrategia lo que da sentido a sus decisiones particulares y le ayuda a movilizar los recursos y a construir las coaliciones necesarias para enfrentar los conflictos inherentes al cambio. El proyecto del buen político no es un plan irrealista, voluntarista, de esos que plantean y prometen resolver bajo su mandato todos los males patrios y que normalmente acaban en populismo, frustración, desgobierno y división nacional. Desde el imperativo ético de conocer la realidad, el buen político sabe las constricciones con que cuenta, sus recursos y alianzas y propone sólo aquellos cambios que con su liderazgo devienen viables y factibles. Sabe que son los éxitos en los primeros pasos y conflictos los que le permitirán ampliar sus alianzas y seguir avanzando hacia objetivos más ambiciosos. Sabe que por mal que estemos, nada hay que no sea empeorable, y se mueve tan decidida como cuidadosamente.
Como buen demócrata sabe que no hay buen gobierno sin fuerte compromiso social. Que el imperativo moral de la igualdad política impone avanzar decididamente hacia la creación de las condiciones que hacen que la igualdad y la libertad sean reales y efectivas. Que la democracia sólo es una fachada para la gente que, víctima de la indigencia o la pobreza, no puede realizar su derecho a la igualdad en la participación política y se ve forzada a renunciar o a transar con sus derechos políticos. Que en sociedades profundamente desiguales o hasta estructuralmente dualizadas como las nuestras o la democracia sirve para ir creando las condiciones económicas y sociales de la igualdad política o la democracia se deteriora inevitablemente. Por ello mismo entiende el compromiso democrático como inseparable e integrante del desarrollo humano. Sabe que no hay proyecto democrático sin proyecto de desarrollo. Sabe que aún está lejos el día de la verdadera democracia que será cuando ningún/a latinoamericano/a, desde la libertad conquistada, deje de mirar a los ojos a cualquier otro. Pero se sabe al frente y responsable de un tramo significativo de este viaje.
El buen político ha aprendido que los avances económicos y sociales que no quedan institucionalizados en la cultura cívica y política democrática (como los experimentados en tantos populismos y autoritarismos latinoamericanos) son una bomba del tiempo para el desarrollo humano sostenible del país. La cultura del beneficio o caridad social a lo Evita Perón o de tantas otras primeras o segundas damas no produce ciudadanos sino clientes y asistidos. La ciudadanía es una extensión de la cultura de los derechos que debe quedar fijada y garantizada en las instituciones del Estado social y democrático de derecho. Si las mejoras sociales no se acompañan con esta institucionalidad, entonces sólo hay un espejismo de desarrollo que propala malas culturas políticas que acabarán cobrando un alto precio a los países en los que arraiguen.
6. Los buenos políticos impulsan siempre la transparencia, combaten la opacidad en la que se envuelven siempre los malos políticos. Sin transparencia en el ámbito público tiene poco sentido la participación política y se hace muy difícil la rendición de cuentas. La transparencia se mide por el grado que un sistema institucional permite a los ciudadanos o a las organizaciones interesadas acceder eficazmente a información relevante, confiable, suficiente y de calidad en el ámbito económico, social o político que resulte necesario para la defensa de sus intereses o para su participación en la definición de los intereses generales. Estos flujos de información no pueden ser asegurados por los mercados, en parte porque puede haber beneficios importantes derivados de la no revelación. Por eso el rol de la política y del estado resulta crítico en este punto, aunque nada fácil pues también hay rentas políticas derivables.
La orientación a la transparencia no es sólo una exigencia de la lucha contra la corrupción. Es también una condición para avanzar la calidad de la democracia y generar buena cultura política. Pero no basta sólo con la transparencia en el ámbito público. El buen político sabe que hoy la definición y realización de los intereses generales no es ningún monopolio del gobierno, pues éste se ve obligado a decidir y actuar en redes de interdependencia con las empresas y, a veces, con algunas organizaciones sociales. Si éstas relaciones no son transparentes, resulta muy alto el riesgo de extorsión de las empresas por los políticos, de captura del gobierno por las empresas, o de connivencias entre unos y otros contrarias a los intereses generales. Por eso el buen político sabe que la exigencia de transparencia, como imperativo de buena gobernabilidad, alcanza tanto al sector público como al privado así como a las relaciones entre ambos. Hoy la gobernanza gubernamental ya no es separable de la consideración de la gobernanza empresarial cuando nos planteamos la construcción de una verdadera gobernanza democrática. Y la letanía de escándalos, encabezada por Enron y Worldcom, que ha recorrido el mundo pone de manifiesto las graves consecuencias en el ámbito público de profundos defectos en la gobernanza corporativa. Por eso las políticas de transparencia deben incluir a los gobiernos y a las empresas.
Los buenos políticos enfrentan constantemente el desafío de la captura del estado ya sea por grupos políticos, burocráticos, de negocios, financieros o sindicales privilegiados. No olvida la sabiduría de Adam Smith quien advirtiera que “rara vez se verán juntarse los de una misma profesión u oficio, aunque sea con motivo de diversión o de otro accidente extraordinario, que no concluyan sus juntas y sus conversaciones en alguna combinación o concierto contra el beneficio común, conviniéndose en levantar los precios de sus artefactos o mercaderías”. Saben que en los mercados y las democracias imperfectas todos los grupos de interés con acceso al gobierno tratan de atentar contra los intereses generales, propenden a la opacidad y ocultan sus intereses particulares bajo el velo de los intereses generales. En especial prestan atención al dato crecientemente revelado por investigaciones empíricas de la gravedad de la tendencia de algunas empresas y conglomerados empresariales –incluidos los internacionales- a afectar ilícitamente la formación de políticas, leyes y regulaciones estatales.
De las crisis vividas en Asia, Rusia y América Latina hemos aprendido que el sector financiero ha estado especialmente involucrado en la captura del estado con consecuencias muy negativas para la gobernabilidad general. Los datos existentes indican una correlación fuerte entre el grado de solidez bancaria y el nivel de control de la corrupción. Estos datos apuntan en el sentido de que una estrategia de fortalecimiento de la gobernabilidad no podría dejar de considerar el fortalecimiento de la gobernanza de las corporaciones privadas y en particular del sector financiero (Daniel Kaufman, ob.cit. , P.17.

El buen político sabe distinguir entre las instituciones del mercado y las empresas actualmente existentes. Sabe que a largo plazo el determinante fundamental del número, la calidad, productividad y competitividad de las empresas estriba en la calidad de las instituciones del mercado. Sabe también que necesita la colaboración del sector empresarial existente o al menos de una parte significativa del mismo para impulsar una mejor institucionalidad del mercado y de las relaciones entre las empresas y el estado. Pero sabe que el gobierno ha de ser mucho más favorecedor del desarrollo de los mercados que de los negocios. Salvar o fortalecer empresas sin asegurar su capacidad para sobrevivir o desarrollarse en entornos de mercados más amplios y perfeccionados equivale a proteger campeones de mercados imperfectos y a bloquear en consecuencia y más pronto que tarde el desarrollo. Sabe lo difícil que resultan estas decisiones y trata de desarrollarlas con transparencia y buscando las difíciles alianzas con las que enfrentar los inevitables conflictos. Respeta la empresa y la riqueza obtenida a través de ella, pero siempre que, tal como exigía Adam Smith, no se hayan obtenido violando “las reglas de juego limpias”, es decir, siempre que se haya buscado el propio interés “por un camino justo y bien dirigido”. Por eso, como Adam Smith también enseñó, sabe que defender la libre empresa es diferente de defender a los empresarios, pues éstos, en ausencia de instituciones garantizadoras del “camino justo y bien dirigido” (principalmente la libre competencia y una política industrial coherente con ella) tenderán a realizar su propio interés a costa del interés común

El buen político sabe además que si no hay buenas reglas del juego y buen manejo de las relaciones entre el gobierno y las empresas, es la propia democracia la que se acaba poniendo en riesgo.
El buen político sabe que no es el capitalismo sino su forma institucional específica de economía de mercado lo que constituye una condición favorecedora de la democracia. Pero no se le oculta que la estrecha relación entre democracia y economía de mercado oculta una inevitable paradoja: si bien el desarrollo de las economías de mercado producen transformaciones económicas y sociales que propenden a la democratización política, no es menos cierto que la economía de mercado al provocar una distribución muy desigual de muchos recursos clave (riqueza, ingresos, status, prestigio, información, organización, educación, información y conocimiento…) determina que unos ciudadanos tengan una influencia mayor que otros sobre las decisiones políticas. La consecuencia es que, de hecho, los ciudadanos no son iguales políticamente y, de este modo, la fundamentación moral de la democracia, la igualdad política, se ve seriamente vulnerada.
7. Los buenos políticos se orientan a la rendición de cuentas y a la asunción de responsabilidades. Saben que sin buenos sistemas de transparencia y responsabilidad el ejercicio del poder no puede superar los riesgos a que está continuamente sujeto. No cree que los políticos sean corruptos, pero sabe que todos –comenzando por él mismo- somos corruptibles. Por eso aunque valora el discurso se esfuerza porque se traduzca en instituciones eficaces de rendición de cuentas. Nuevamente sabe que las buenas instituciones son las que hacen que todo funcione correctamente cuando nos flaquea la ética. Que la tendencia del ser humano a acrecentar y abusar del poder corre paralela a la propensión a ocultar la información y silenciar la crítica, a exigir responsabilidades desde la oposición y a boicotear su exigencia y producción desde el gobierno.

Pero el buen político sabe también que las instituciones de rendición de cuentas interiorizadas en los procesos gubernamentales (controles ex ante del gasto, controles de gestión presupuestaria, evaluación interna de desempeño personal y de resultados organizativos, controlarías, oficinas anticorrupción…) resultan tan necesarias como insuficientes. La experiencia le demuestra y las investigaciones empíricas más actuales le confirman que sin mecanismos más amplios de transparencia y responsabilidad externa a cargo de evaluadores externos independientes, los medios de comunicación, los parlamentos, las fiscalías y los jueces penales, y hasta determinadas organizaciones sociales…, sin todo esto, los mecanismos internos de control y responsabilización no funcionan efectivamente. Especialmente en países como los nuestros donde las estructuras administrativas son altamente imperfectas y vulnerables. Desde luego que el buen político conoce bien las imperfecciones que afectan a los medios de comunicación y a las organizaciones sociales con funciones de supervisión, alerta, control y exigencia de responsabilidad. Pero, además de tratar de superarlas garantizando mayor pluralismo, objetividad e independencia, comprende que el gran aprecio que la ciudadanía muestra por estas instituciones se debe a la convicción cívica profunda de que sin ellas la opacidad y los negociados políticos acabarían matando el nervio democrático.

El buen político se orienta a la construcción y desarrollo del estado de derecho. Sabe que América Latina, por lo general, registra niveles muy limitados de Estado de Derecho. En cualquier caso no confunde a éste con la mera seguridad jurídica del estado de los derechos existentes. La desigualdad estructural que atraviesa la región se expresa también en un acceso muy desigual, entre otros, a los derechos de propiedad eficazmente protegidos. Si confundimos el Estado de Derecho con la seguridad jurídica del status quo, muchos países latinoamericanos serían campeones del Estado de Derecho. El entramado de privilegios económicos y sociales expresados en la distribución de la tierra, los beneficios fiscales a algunas empresas, los privilegios comerciales, los monopolios otorgados a algunas corporaciones profesionales, regímenes privilegiados de determinados colectivos laborales… y un largo etcétera, son restos de un sistema jurídico, procedente del tiempo colonial, en que el derecho se configuraba más como un entramado de privilegios personales o corporativos que como un orden abstracto fundamentador de una ciudadanía universal. Todos los buenos políticos experimentan la dificultad de ir desmontando esos entramados bloqueadores del desarrollo, que suelen hallarse amparados por leyes hechas muchas veces –como solemos decir- con nombre y apellidos.

Pero ningún buen político renuncia a este objetivo, pues sabe que la democracia y el desarrollo humano exigen el fortalecimiento progresivo del verdadero estado de derecho, es decir, el que garantiza derechos de ciudadanía política, civil, económica, social y cultural, con carácter universal, para el conjunto de la población. Capta intuitivamente la idea expresada por Amartya Sen de que “la reforma legal y judicial es importante no sólo para el desarrollo del estado de derecho sino también para el desarrollo en las esferas económicas, política, civil, social y cultural, las cuales a su vez forman parte del concepto integral de desarrollo humano”. Y coincide con la evidencia empírica, pues disponemos ya de análisis econométricos que indican que existe una relación causal y significativa entre el nivel de estado de derecho, por un lado, y la riqueza de las naciones, el grado de alfabetización y escolarización y la tasa de mortalidad infantil, por otro.

Hoy sabemos también que el fenómeno de la captura del estado no se agota en el ejecutivo sino que incluye también al legislativo y al judicial. Por eso sabemos que los programas tradicionales de fortalecimiento institucional basados en formación, cambio en las reglamentaciones, informatización, mejora de recursos presupuestarios, simplificación de procedimientos, reducción de dilaciones, gestión de la carga, visitas de estudios, etc., no producen avances sostenibles si no van acompañados de programas tendentes a reducir la captura del poder legislativo y judicial por los grupos de interés más diversos. Por ejemplo, aunque la independencia del poder judicial con relación al poder político continúa siendo un tema mayor en muchos países, en otros es superado por la necesidad de asegurar esta independencia frente al poder económico nacional e internacional y en otros por asegurar la transparencia y responsabilización de unos jueces bastante independientes pero poco responsables y eficaces capturadores de rentas.
Avanzar hacia la independencia, la transparencia, la responsabilización y la confiabilidad de los jueces, administradores y legisladores sigue siendo el tema clave de la construcción del Estado de Derecho. Pero la estrategia precisa para lograrlo debe plegarse perfectamente a las condiciones específicas de cada país. En particular, es preciso conocer si el déficit de independencia procede de la subordinación política, de la captura económica o de cualquier otra fuente.
9. Por último, el buen político cultiva la sensibilidad ética, la simpatía y la empatía. Trata de no perder nunca la capacidad de ponerse en el lugar del otro e imaginar cómo siente y piensa. Sabe que el juicio ético es a la vez corazón y razón. Por ello combate permanentemente la apatía, la alogia y la anestesia moral con la que tienden a contagiarnos tantos “triunfadores” al uso. Sabe que las gravísimas diferencias sociales que registramos propenden a inhibir la empatía y a asignar valores diferentes a la vida humano en función del grupo de pertenencia. Al final ya no vemos a los pobres; los usamos pero no los sentimos nuestro prójimo.

El buen político trata de no ser captado y anulado por los poderosos, pues no olvida las advertencia de Adam Smith: “la disposición a admirar, y casi a adorar, al rico y al poderoso y a despreciar o al menos menospreciar a las personas pobres y de medios limitados, aun cuando sea necesaria para establecer y para mantener la distinción de jerarquías y el orden social, es a su vez la causa más grande y universal de la corrupción de nuestros sentimientos morales”. Por eso el buen político no descuida los gestos de compasión y apoyo hacia las víctimas y los pobres, de respeto y consideración hacia los honestos, los emprendedores, los esforzados, los innovadores, los solidarios… en definitiva hacia los hombres y mujeres que necesitamos asegurar para que la locura del neoliberalismo (con su sueño imposible de un consumo irrestricto e irresponsable de recursos no renovables, con la manipulación mediática y el aturdimiento sensible que provoca, y con la subordinación de los intereses del mundo a los hegemónicos de la PAX AMERICANA no impida el resurgir, el arraigo y la expansión incontenible de una gobernanza global multilateral y democrática sobre la que pueda florecer el desarrollo humano sostenible.

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EL AUTOESTIMA COMO HERRAMIENTA DE CONOCIMIENTO Y SUPERACION

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Hoy comenzare con una pastilla……poco a poco trabajaremos juntos en esta tarea

Dra.Gianna Tassara

 

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MUCHAS VECES NOS PREGUNTAMOS 

 

¿ Quién soy yo?

A esta pregunta voy a responderte con una serie de afirmaciones. Eres un ser vivo compuesto de células. Un ser humano distinto a los otros con una realidad propia, un cuerpo, una personalidad y un alma. No hay otro como tú en todo el mundo, aunque hay millones y millones de seres humanos vivos, pero todos distintos a ti.

Observa tu letra, es letra diferente a todas las demás y no encontrarás ni una sola como la tuya. Así eres tú, distinto a todos los demás. Y esto es importante y no te pareces a nadie porque tienes tus propias características.

Como decía Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”.

Naciste en estado de perfección y aunque tu cuerpo pueda presentar imperfecciones no deseables y tu personalidad arrastre una buena parte de herencia quizá tampoco deseada, tu alma nació incólume. Este regalo al que, por el hecho de nacer, a todos nos corresponde, y que por su gratuidad no valoramos lo suficiente, nos acompaña hasta nuestro último día.

Has de conocer esta compleja realidad que eres tú y también saber qué esperas. Hoy es el primer día del resto de tu vida. Si lo deseas, aún estás a tiempo de cambiar de camino. ¿Crees que no eres lo bastante feliz? ¿Qué es para ti la felicidad? El verdadero camino de la felicidad es la tranquilidad de espíritu.

Hemos de aceptar todo lo que nos suceda aunque nos disguste, ya que hacerlo, nos ayudará, sin duda, a encontrar esta tranquilidad de espíritu. Esto no quiere decir que nos quedemos con los brazos cruzados ante las dificultades, sino que debemos luchar. Pero también hemos de aprender a convivir con el papel que nos ha tocado.

Y antes de continuar, permítaseme aquí un breve antojo poético.

¿Quién soy yo? – Ostentación – Vanidad – Presunción – Soy algo, pero ¿qué? – Me escucho a mí – Me hablo a mí – Me miro a mí – Y siempre a mí, mí, mí y nunca tú – Y después… – de tanto decir de mí – no sé saber – quién soy yo.

Acostumbramos a mirarnos el YOmbligo y a pensar únicamente en nosotros mismos, en lugar de, tan sólo, observar a nuestro alrededor. ¿En qué te hace pensar todo esto?

ESTAMOS EN EL MUNDO PARA CUMPLIR UNA META…QUE DIOS.EL UNIVERSO,EL COSMOS, AFRODITA ETC ..EN .QUIEN  CREAS,TRAZO

En consecuencia nuestra vida no es para echarla al  tacho muchos nos necesitan empezando por ti……

 

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LENGUAJE CORPORAL Y PAREJA

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Lenguaje Corporal y Pareja

Dra. Gianna Tassara

Experta  LNV

Delegada para Peru

 Club Internacional LNV

 

 

El lenguaje del cuerpo  refleja nuestro eseo por

el otro el otro

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No hace falta ser un Einstein para saber que cuando nos atrae alguien “a primera vista” todo nuestro cuerpo cambia inmediatamente sin que nosotros podamos prácticamente disimular y si disimulamos, es peor, puesto que nuestro cuerpo revela un repertorio nuevo de conductas que pueden incluso delatar nuestra atracción de una manera mucho más explícita.

La investigación sobre el comportamiento de nuestro cuerpo ante los diferentes contextos, ha sido ampliamente investigado y detallado por  cinco disciplinas: la psicología, la psiquiatría, la antropología la sociología y la etología.

Ni que decir tiene, que el intento del ser humano por analizar, clasificar y estudiar el comportamiento del cuerpo del otro ante el deseo sexual, ha sido una obsesión desde que se irguió por primera vez hace millones de años.

Para analizar corporalmente el deseo sexual, tenemos que definir previamente qué mecanismos inconscientes se encuentran en el deseo. Así:

–  El deseo en el hombre: El hombre tiene un deseo de conquista, de asegurar la relación afectiva, de cazar para satisfacer su deseo sexual. Para el hombre, el simple deseo es medio para conseguir un fin, por eso es capaz de mantenerse en disposición para pasar a la acción incluso sin tener demasiadas garantías de éxito. El acto del deseo en el hombre, pasa por mirar únicamente a las mujeres que le interesan  y aunque le gusta ser mirado y admirado, es menor esa necesidad, que la que pueda tener la mujer.

 El deseo en la mujer: La mujer tiene dos deseos. Por un lado, al igual que el hombre tiene una necesidad de satisfacer su deseo sexual, pero por otro también tiene el  deseo de seducir por seducir, por conquistar el corazón del hombre. El disfrute es lograr despertar el deseo en el otro para seducir y saborear la conquista. Para la mujer la seducción es un fin en  sí mismo, no necesariamente un medio para conseguir plasmar su deseo sexual.

El repertorio de gestos y posturas en el hombre y en la mujer cuando se sienten atraídos por el otro pueden dividirse en innatos (reacciones fisiológicas del cuerpo para incrementar el atractivo frente al otro) y aprendidos (dependientes de la cultura y transmitidos). A continuación se detallará que dicen nuestros cuerpos cuando nos sentimos atraídos por el otro:

Gestos de coqueteo en hombres y en mujeres:

En hombres

–          Llevarse la mano al cuello, bien para arreglarse la corbata, para alisarse el cuello de la camisa o quitarse motita de polvo imaginaria.

–          Arreglarse la camisa, chaqueta o cualquier otra prenda.

–          Pasarse una mano por el cabello.

–          Recolocar las gafas para ver mejor.

–          Pasar sus dedos por sus labios.

–          Postura de pulgares en el cinturón, para poner de relieve la zona genita. Girar el cuerpo hacia la mujer y desplazar un pie hacia ella.

–          Entrecerrar los ojos para adoptar una mirada íntima y sostener la mirada durante una fracción de segundo más de lo normal.

–          Dilatación pupilar.

–          Aumento de volumen de los labios.

–          Mejillas se sonrojan. Postura de las manos en las caderas para destacar su dimensión física y demostrar que está listo para actuar.

–          Si está sentado o apoyado en una pared, apertura de piernas como símbolo de disposición genital.

En mujeres:

–          Tocarse el cabello. Alisar la ropa.

–          Colocar una o ambas manos en las caderas.

–          Dirigir el cuerpo y un pie hacia el hombre.

–          Largas miradas íntimas e intenso contacto visual.

–          Cruzar y descruzar las piernas con lentitud frente al hombre, indicando el deseo de ser acariciadas.

–          Emplear un tono de voz bajo o susurros para conseguir el acercamiento.

–          Postura con los pulgares en el cinturón. Dilatación pupilar.

–          Mejillas se enrojecen.

–          Sacudir la cabeza para echar el pelo hacia atrás o apartarlo de la cara.

–          Exhibir las muñecas.

 

Que dicen nuestros ojos

–  Pupilas dilatadas: ya se explicó el otro día la importancia de las pupilas cuando encontramos algo que nos gusta. En la seducción unas pupilas dilatadas, es indicativo de interés y atracción, por el contrario unas pupilas contraídas indican mentira, enfado y tristeza.

– Parpadeo: la frecuencia e intensidad del parpadeo también es muy relevante. Así, parpadear mucho es señal de nerviosismo e inquietud y cuando menos parpadeo, señal de tranquilidad y control.

– Las personas que no miran a su interlocutor cuando habla no causan buena impresión en la sociedad occidental. Significa que pueden  estar escondiendo algo o que son tímidos o reservados.

– Mirada de reojo o de soslayo: curiosidad, interés, seducción.

– Mirada a ambos lados: ansiedad, temor o no se sienten a gusto.

– Mirada seductora: ojos abiertos, dirigidos directamente al interlocutor, párpados inferiores ligeramente tensos, parpadeo intermitente (primero a conciencia y posteriormente más lento).

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Que dicen nuestras manos

Las manos son clave en el proceso de seducción. Las mujeres suelen fijarse más que los hombres en la proporción, textura, firmeza de unas manos varoniles. Es importante por tanto, mantener las manos adecuadamente cuidadas, limpias, hidratadas.  Igualmente importante a la hora de hablar del deseo y seducción es la postura que esas manos adopten:

–  Manos en reposo, descansando o con abandono: sosiego y tranquilidad.

– Manos activas y en continuo movimiento: impaciencia por comunicarse.

– Manos ocultas en bolsillos, espalda: Personas tímidas y preocupadas.

– Manos entrelazadas en la espalda mientras se camina: concentración y asuntos a solucionar que preocupan.

– Manos que ocultan el rostro: Necesidad de ocultar muchas cosas que ni las mismas personas saben explicar. Son propias de la huida hacia delante.

– Manos abiertas: síntoma de franqueza, ganas de tener, de conseguir, tanto material como espiritualmente.

– Manos cerradas: falta de comunicación con los demás, temor, ansiedad, agresividad y escondiendo los pulgares entre los dedos, de voluntad.

– Manos abiertas con las palmas hacia arriba: Seguridad y sinceridad.

– Juntar las manos y las yemas de los dedos: Mostrar seguridad y confianza.

– Apuntar con el dedo: agresividad o dominación.

– Apoyar la cabeza en las manos: cansancio y aburrimiento.

– Juguetear con un objeto pequeño, como un anillo, deslizar los dedos suavemente por el borde de la copa, tazo o vaso, tocarse distraídamente la rodilla, acariciarse el brazo o el pelo: Seducción.

 

Acercamiento y contacto físico:

–          caricias fogosas en el regazo: implica necesidad de intimidad contenida.

–          caricias en el cabello: indica un amor tierno y sincero

–          caricias en los labios. indica que la intimidad es lo más importante para esa persona.

–          caricias en las manos: solidaridad, complicidad, necesidad de ser entendido.

–          caricias en el rostro: el amor es un sentimiento profundo y limpio.

–          caricias en el cuello. invitar a la pareja a relajarse y disfrutar de una intimidad más intensa.

–          caricias en los muslos: si es en público es una evidente demostración de marcar territorio. En la intimidad es parte de la comunicación afectiva madura.

–          caricias en los pies: necesidad de un mayor contacto con esa persona.

 

Qué transmiten los colores

Los colores en el inconsciente de las personas transmiten una serie de emociones. Cuando observamos los colores, tienen el poder de estimular sentimientos y emociones, también en el hombre o la mujer que queremos conquistar.

 

–          blanco. virtud, posición, pulcritud.

–          negro: elegancia, autoridad, dignidad, sofisticación, seducción, misterio.

–          gris: inteligencia, clase, eficiencia sofisticación, confianza

–          rojo. proximidad, extraversión, agresividad, valentía

–          rosa: romanticismo, delicadeza, suavidad.

–          azul: amor propio, respeto, conocimiento, confianza, seriedad, responsabilidad, posición social, amabilidad, tranquilidad, intuición, inhonestidad, integridad, lealtad.

–          azul claro. pacificador, sincero, afectividad.

–          turquesa: refrescante, frio imaginativo, innovador, juvenil

–          verde: relajado, compasivo, prosperidad, prestigio, madurez, abundancia, armonía.

–          verde azulado: motivado, activo, dinámico, eficiencia, vitalidad.

–          indigo. conocimiento, poder integridad.

–          morado. espiritual, apasionado, respetado, visionario, realista, dignidad, lujuria

–          lavanda: romántico, imaginativo, fantasía

–          magenta: innovador imaginativo, terrible.

–          oro: iluminación, prestigio, caro, sabio

–          plata. prestigio, frio científico.

 

Todo lo que se ha escrito anteriormente, tiene relación con respuestas reflejas del deseo sexual del ser humano. Sin embargo, no todos es biología. La forma en la que yo me veo a mí mismo/a  y como me relaciono con los demás, puede hacerme atractivo/a. Así la fórmula de la atracción perfecta, no existe. La mejor forma de conseguir sentirme atractivo/a es transmitir a los demás quien soy yo realmente, pues la personalidad es la mayor fuente de atracción del ser humano. A continuación se dará unas disposiciones básicas:

o     algunas personas no son bellas, pero tienen un encanto especial. el secreto de esta clave reside en la percepción y la confianza que uno tiene de sí mismo. si una persona se siente segura de su atractivo, esa creencia poderosa le funcionará y le hará parecer atractiva ante los ojos de los demás.

o     cada uno es responsable de lo que comunica y de lo que otros ven en él/ella. si vamos pregonando por la vida soy feo/a, gordo7a… pues eso será lo que vean los demás. pero si somos capaces de destilar nuestros rasgos más atractivos (inteligencia, simpatía, amabilidad, sensualidad, espontaneidad…) incluso si somos feos, gordos y deformes, empezaremos a generar una energía positiva y atrayente que nos permitirá acceder a la mayoría de personas que deseemos.

o     lo que uno cree de sí mismo es lo que uno muestra a los demás. cuando uno tiene la creencia firme en su propio atractivo, esta creencia actúa sobre la percepción subjetiva de belleza de los demás.

o    el asunto de la belleza es subjetivo, y esto significa que si alguien cree que eres atractivo, lo eres para esa persona.

o     la belleza por sí misma no implica éxito en la seducción

o    si alguien cree firmemente en la belleza objetiva  y la belleza social por encima de su propia apreciación de belleza subjetiva, no es una persona que merezca estar contigo.

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El Lenguaje corporal en una entrevista de trabajo

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El Lenguaje corporal en una entrevista de trabajo

Dra Gianna Tassara

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 Hay tres categorías a tener en cuenta, cuando hablamos de comunicación no verbal:

La primera es la comunicación kinésica, es decir, todo el conjuntos de comportamientos y movimientos del cuerpo, como son los gestos que ponemos, las expresiones faciales que denotan nuestras emociones, el contacto (o ausencia) ocular y la postura.

La segunda es la comunicación paralíngüística, es decir, todas aquellas conductas relacionadas con aspectos que son vocales, pero no lingüísticos, vease el tono de voz, una buena vocalización, los silencios, una buena o mala pronunciación, los errores en el habla.

Y la última, es la comunicación proxémica o aquellas conductas ligadas al uso del espacio interpersonal, es decir, el espacio entre la persona que va a ser entrevistada y la persona que realiza la entrevista, véase la manera de sentarse o la cercanía.

A continuación ejemplos prácticos

 

  • Mantener contacto ocular directo: si cuando estaís hablando sobre un tema concreto, os hacen una pregunta, manteneís el contacto ocular indicaís un deseo de comunicación, de atención hacia lo que os están preguntando. Es muy importante mantener la mirada y prestar atención a la interacción.
  • Falta de contacto ocular continuo: si cuando os preguntan sobre un tema concreto o cuando os están informando sobre un tema específico del trabajo apartaís la mirada, dará la impresión de que rehusaís hablar sobre ello, o que estaís disconforme.
  • Al fruncir el ceño o si apartaís la mirada, indicaís que os preocupa un tema, dará la sensación de inseguridad.
  • Mirar de reojo o arquear las cejas, indicará que estaís dubitativos o quizás sorprendidos por una propuesta.
  • Sonrisas, siempre que sea de manera comedida y justificada, ayuda a rebajar la tensión de la entrevista y afianzar la confianza.
  • Mover rápidamente los ojos, indica mucha excitación o nerviosismo. Intentad controlarlo.
  • Inmovilidad de los ojos, boca inanimada, en una entrevista teneís que hacer valer vuestras aptitudes). Tienes que participar, responder sin demasiada latencia de respuesta, y mostraros afables y receptivos.
  • Encogerse de hombros, muestra incertidumbre o ambivalencia.
  • Repanchingarse, no lo hagas y mantened una postura correcta. Sentados y con la espalda recta, mirando al entrevistador o entrevistadora.
  • Taconeo o cruzar y descruzar las piernas repetidamente, indican ansiedad y nerviosismo. Sientate ,relájate y  muestra confianza con  ty capacidad,es por eso que te están entrevistando
  • El cuerpo de frente, o inclinarse hacia delante, indica una apertura a la comunicación. Interés.
  • Hablar con un susurro imperceptible, es importante controlar nuestra voz, de manera constante y cálida, si hablas muy bajo (casi en susurros) dará impresión de inseguridad y poca confianza en sí mismo/a.
  • Por el contrario, si hablas rápidamente, puede que no os entiendan lo que decía u os vean demasiado exaltados como para mantener una buena comunicación.

Recuerda  siempre que una entrevista es una oportunidad, y las oportunidades hay que vivirlas de la mejor manera y muy positivamente

 

 

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LA ETICA VENDE

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En víspera de celebrarse en Peru el Día del Periodista ,quiero rendirles un homenaje transcribiendo este concienzudo trabajo, sobre el dilema de los medios:

¿VENDE EL BUEN PERIODISMO?¿SOLO RINDE EL AMARILLISMO?

Nuestro agradecimiento a la Academia  Nacional de Periodismo, de la Republica Argentina

Gianna

 

 

La Ética vende

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Javier Darío Restrepo

                Publicado en “Pulso del Periodismo”

En la historia de Robinson Crusoe hay un episodio provocador. Ocurre cuando el náufrago ya ha completado 25 años de soledad en su isla. Como buen empresario, la ha dotado de todo lo que necesita para vivir una existencia confortable: ha levantado un cómodo refugio en donde puede estar a cubierto de soles, lluvias, vientos helados e intemperie. Ha descubierto una fuente de agua dulce y limpia, cultiva frutos y legumbres, ha perfeccionado la técnica de la cacería y de la pesca, dispone de la más extensa playa privada del mundo. Nada parece faltarle. Pero aquél día y los detalles y reflexiones los acumula el filósofo español Fernando Savater- tiene el efecto de un rayo en medio de un atardecer espléndido, la aparición en la playa de la huella de un pie desnudo.
Por la cabeza de este solitario pasan en ese momento las más perturbadoras ideas: puede tratarse de un caníbal como los que vio recalar en una playa lejana, cuando arrastraban, les daban muerte y convertían en largas tiras de carne para la hoguera, a dos prisioneros.
Si es así, piensa Robinson, una solución es la de seguir las huellas, llevar consigo su mejor arma y darle cacería al enemigo.
Pero hay otra posibilidad, la de llevar en vez de un arma, un cesto lleno de frutas y de carne, acercarse al desconocido y hacerlo su amigo. Savater reflexiona entonces que la solución del arma y de la destrucción de ese misterioso y desconocido Otro que ha llegado a su isla, es un paso dado hacia la deshumanización porque todo lo que conduzca a ignorar, hacer daño o destruir al otro nos deshumaniza. En cambio la propuesta para hacerlo amigo tiene el efecto de humanizar, porque todo lo que implica reconocimiento, acercamiento o ayuda al otro tienen una clara fuerza humanizadora.
Agrega el filósofo otra conclusión: para Robinson en sus 25 años de aislamiento no se habían planteado problemas éticos; lo ético surgió cuando en su horizonte apareció el otro. Las dos situaciones son posibles, teóricamente al menos: o los 25 años de aislamiento con total ausencia del otro, o la vida transformada por su presencia, que es lo que aparece en esa segunda parte del relato de Defoe en donde todo cambia y se ilumina merced a la aparición del otro: el caníbal Viernes.
Traigo a cuento este episodio y las reflexiones que inspira, porque lo encuentro sugestivamente semejante a la situación de empresarios, hombres de negocios y banqueros de hoy que se mueven entre los dos extremos, el de la vida y el negocio planteados con ausencia del otro, o con una total presencia suya, con las forzosas consecuencias de deshumanización o de humanización. No estamos hablando
y valga la aclaración- del empresario humanitario, que contribuye a las obras benéficas. Estamos hablando de una situación más radical: la de ser humano o inhumano, de asumir en su totalidad la condición de ser humano, o la de ignorarla. Si se me permite el paralelo urticante que me sugería una situación desgraciadamente frecuente en mi país, cuando oía por la radio el lamento de una mujer cuya hija fue secuestrada por la guerrilla hace dos años. Esta madre clamaba ante los secuestradores para que tuvieran humanidad no les pedía que fueran humanitarios- sino que recuperaran su humanidad y en tal condición liberaran a su hija. No pedía un favor, ni beneficencia alguna, tampoco exigía un derecho, su pedido iba más allá de lo benéfico y lo legal, era un reclamo de respeto a la naturaleza: sean ustedes humanos porque lo que hacen contradice a la naturaleza.
El paralelo lo formulo a manera de pregunta: ¿es posible que, como el guerrillero secuestrador, un hombre de negocios prescinda de lo humano?

1.- La empresa del Otro ausente.

Antes de aventurar una respuesta examino el mundo empresarial y encuentro, en primer lugar, un modelo de empresa atención que no estoy hablando de una empresa modelo sino de un modelo de empresa en el que predominan estas características:

1.1.- La atomización del trabajo, de acuerdo con los principios de productividad introducidos por Taylor. Allí cada uno responde por la parte que le corresponde en el proceso productivo, sin que sea de su incumbencia el producto final. El trabajador es una pieza que debe marchar al ritmo que impone toda la maquinaria, sin adelantar ni atrasar porque lo importante es el ritmo de la empresa. La consigna es que la empresa le paga a usted para que usted se entregue de lleno a la empresa. Esa idea se respalda con campañas educativas, con reglamentos, con actos de reconocimiento, premios y condecoraciones, que mantienen en alto la lealtad hacia la empresa.

1.2.- En estas empresas hay filosofías corporativas, que se aplican aún sin necesidad de enunciarlas, en las que se parte del hecho de la competencia feral para sobrevivir. ¿Saben cuántos tigres, panteras, leones, elefantes, caballos, barracudas o tiburones, águilas, cóndores y halcones se han convertido en tótemes o símbolos de empresas? Esas fieras son la expresión del pensamiento dominante de que el negocio es lucha salvaje en la que todas las armas se legitiman si permiten sobrevivir y aniquilar a la competencia. Son temas que, desde luego, no se ventilan en público por la misma razón por la que callan los generales y altos oficiales sobre sus armas y tácticas de guerra.

1.3.- El manejo de otras empresas obedece a un esquema vertical y autoritario en que un pequeño núcleo de ejecutivos estudia y toma las decisiones y el resto del personal tiene la obligación de obedecerlos. Así se mantiene el orden, así se garantiza la productividad y se definen con claridad las responsabilidades a la hora de tomar cuentas.

1.4.- En estas empresas opera una lógica que distingue dos esferas: la de los individuos, sujetos a derechos y deberes que, por lo general, se precisan en términos legales en los contratos y reglamentos de trabajo. Cada persona es responsable y por tanto hay normas precisas de acuerdo con unos valores establecidos de lealtad, productividad, decisión, espíritu empresarial, carácter, etc.
La otra esfera es la de la empresa, como tal, que está sobre toda norma porque las empresas no son sujetos morales y pertenecen a un mundo amoral, distinto desde luego del de las personas que sí son sujetos morales. ¿Les suena conocido el discurso aquél de que como gerente o presidente de la junta directiva soy una cosa, y como persona, padre de familia, amigo, soy otra? Ante ese discurso, nada infrecuente, reflexiona Adela Cortina: “una vez se reconoce que las empresas no tienen alma, un buen número de empresarios saca sigilosamente la conclusión de que muy buen pueden permitirse el lujo de ser desalmados.”
Esas empresas desalmadas o sin corazón se cuidan muy bien de separar lo empresarial, rígido, racional, frío, sin concesiones al sentimiento, de la beneficencia, zona marginal y extraña a la lógica empresarial, más cercana a una operación de relaciones públicas, que a su actividad propia que es el beneficio económico, que solo admite el poder adquisitivo de las personas como único y real argumento de interés. Lo demás, lo social, lo que tiene que ver con las personas, o no existe, o lo atienden departamentos de recursos humanos para los que el trabajador, como las máquinas, vale por su productividad.
Las anteriores son características que delinean el perfil de la empresa con un horizonte humano cercano al nivel cero, de alguna manera parecida a la isla de Robinson cuanto la huella de otro ser humano no había aparecido; o, quizás, a lo que hubiera conducido la decisión de ignorar, desconocer o destruir al otro. Tomen esta descripción como una simple hipótesis de trabajo, que en uno u otro de sus datos puede tener contacto con la realidad de una empresa sin el Otro, aunque funcione con otros.

2.-La presencia del Otro.

El otro término de la comparación es la empresa en que la del Otro es una presencia descollante.

2.1.- El aspecto, el ambiente, el trabajo mismo de una empresa son distintos si se la tiene, no como un negocio solamente, sino que además es un grupo humano que comparte un proyecto, unos sueños ambiciosos y unos riesgos comunes.
Allí se impone otro estilo, otro tono de voz, otras costumbres, dictadas por el hecho de que allí cada persona se reconoce prioritariamente por los valores y las potencialidades de un ser humano. Las experiencias de las empresas que han adoptado este modelo indican una reducción de costos de coordinación, porque cuando se apela a la cooperación, en vez de la confrontación, por ejemplo, los conflictos tienen otra clase de soluciones.

2.2.- Los empresarios saben que es alto el costo de mantener el enfrentamiento con los sindicatos y que es otro el resultado cuando en vez de campos de batalla se construyen condiciones propicias para el diálogo y la cooperación.

2.3.- Cuando se revisan los esquemas de organización empresarial es sorprendente la diferencia de resultados según que se aplique la idea de una entidad jerarquizada en la que unos mandan y otros obedecen, en donde existe el señuelo del ascenso y de la competencia que los pone a todos contra todos y en donde la vida de trabajo está compartimentada de modo que uno es el mundo de los ejecutivos, distinguidos y separados de los demás en todo, y otro el del trabajador raso. Es distinto, digo, ese ambiente y esa productividad de empresa de las otras en que impera el entusiasmo de todos por el mismo proyecto, en que todos comprenden que desde sus lugares de trabajo son parte ejecutora y beneficiada de unas realizaciones comunes.
Allí no desaparecen las naturales diferencias de capacidad y de responsabilidad, pero estas operan como reglas de un juego que los involucra a todos porque allí es posible sentir que hay un reconocimiento de sus valores como seres humanos. Con un profundo sentido común anota Cortina: “resulta más económico entusiasmar en un proyecto transmitido de modo transparente, que mantener día a día un despótico régimen de terror.”

2.4.- En esta clase de empresa que estoy describiendo, el respeto por cada uno de sus trabajadores como seres humanos, impone principios de acción como la comunicación y la autoridad.

En las empresas distinguidas por su respeto al hombre se afinan mecanismos de escucha de las personas y de intercambio de opiniones en los que todos saben que escuchan y son escuchados;. Un intento en ese sentido son tantos buzones de opiniones, publicaciones y programas de empresa para intercambio de ideas; pero son empresas sin oidos, sin rostro, sin individuaidad. En estas de que hablamos, la empresa no es una abstracción sino una o más personas con las que es posible sentarse a tomar un café para hablar de un trabajo y un proyecto comunes.

2.5.- El otro principio que allí se maneja es el de la autoridad, sólo que entendida de modo diferente al tradicional que la hace consistir en el don de mando y en la capacidad para dar órdenes de trabajo, de ascenso o de despido. La etimología latina de la palabra autoridad hace referencia a ese influjo de los padres sobre los hijos que les ayuda a crecer y los estimula para progresar. Autoridad es la del hombre que en vez de almacenar las semillas, las cultiva y activa todo el potencial que ellas llevan consigo. Es el estímulo que le permite al trabajador dar lo mejor de sí; en eso consiste la autoridad en esta clase de empresa.

2.6.- Y puesto que se trata de maximizar el potencial existente en los seres humanos que hacen parte de la empresa, el factor experiencia se mira como un recurso valioso acumulado a lo largo de años, que una empresa debe aprovechar. Si en los vinos el añejamiento es un alto factor de calidad, en los hombres la experiencia es un activo que estos empresarios valoran y aprovechan. Cuando en la empresa el ser humano cuenta más que la máquina, y la tecnología aparece subordinada a lo humano, la llegada de nuevas máquinas se asume, no como una novelería, sino con sabiduría y ésta enseña que las máquinas y técnicas proporcionan nuevos modos de hacer, pero la experiencia es un refinado modo de ser. Complementar lo uno y lo otro, desechar la tendencia común de hacer que los sers humanos se adapten a las máquinas y para esto se cree- los mejores son los que no tienen experiencia porque así se plegarán más dócilmente a las nuevas técnicas. Ante estas prácticas, concluía Fernando Savater que “ la decadencia del concepto de experiencia, el miedo a la experiencia, ver a la gente con experiencia como individuos con resabios, es una de las características más peligrosas de la industria y de la sociedad moderna.”

3.- Les he puesto frente a frente dos modelos de empresa, como dos referentes extremos de la empresa en que desaparece o casi se ignora al ser humano como tal, y la que se construye sobre el respeto y la optmización del potencial humano, porque allí aparece el dilema ético fundamental de cualquiera empresa. La una no es ética y la segunda sí; la primera considera que los valores éticos no son rentables y por tanto los desecha como supérfluos; la segunda le apuesta al ser humano, hace depender su triunfo de su fe en el ser humano. La primera a veces ofrece resultados a corto plazo y ese es su argumento; la empresa ética no siempre da ganancias a corto plazo, pero sí las garantiza en el mediano y largo plazo, y en esta disputa estabamos cuando ocurrieron casi simultáneas dos catástrofes paradigmáticas: la del 11 de septiembre en Nueva York y la de más de 10 grandes empresas en Estados Unidos, que colapsaron por aquellos oscuros días. Cuando se cumplió el primer año después del atentado contra las torres gemelas, el director de la revista Foreign Policy, hizo un paralelo de los dos hechos, sacó cuentas sobre las pérdidas del atentado y las pérdidas en el colapso empresarial y concluyó, con números contantes y sonantes, que para la economía de Estados Unidos había sido más dañina la corrupción de los altos ejecutivos empresriales, que la acción rabiosa de los terroristas.
Cuando el gobierno se vió obligado a aplicar drásticas medidas para proteger el dinero de los accionistas y se descorrió el manto de desinformación que existía, para dejar al descubierto un paisaje gris de empresas en crisis, muchos debieron recordar la expresión de Paul Volcker, presidente de la Federal Reserve, cuando anunció con énfasis de profeta bíblico en los años 80: “Si Estados Unidos quiere conservar su potenica moral, debe afinar y revisar sus patrones éticos.”
Con las empresas pasa lo que con las personas en crisis: adoptan una actitud de sobrevivientes enfurecidos para los que todo vale, o mantienen su fe y se mueven por entre los escombros con serenidad inteligente; los primeros agregan destrozos al destrozo; los segundos aprovechan lo que pueda haber utilizable entre las ruinas; los primeros tambalean entre los incertidumbres de su desesperación; los segundos avanzan con lentitud, pero con la seguridad que les da la esperanza.
Bruno Bettelheim, especialista en pedagogá infantil, sobrevivió a un campo de concentración nazi y al hacer el recuento de su terrible experiencia encontró que entre los prisioneros había los que, desesperados y convencidos de estar viviendo la más insuperable de las desgracias, aflojaron sus resortes morales pensando que la ética es un lujo que uno puede darse en los tiempos mejores, por tanto, en aquel infierno se aplicaron a obtener el mayor provecho de todo lo aprovechable. Comprobó Bettelheim que fueron estos, los que primero perecieron; y que aquellos que mantuvieron su convicción y su práctica de respeto al otro, tuvieron las mayores posibilidades de sobrevivir. Unos y otros, los que pretenden sobrevivir a cualquier costo y los que se resisten a darse por derrotados tienen razones y prácticas que merecen alguna mención y comentario. Lo ético surge de lo práctico y de los hallazgos hechos por los humanos en la historia.
Frente a la convicción que cada vez toma más fuerza de que la calidad vende y de que el gran argumento de una empresa es el de su buen trabajo, se levantan las prácticas contrarias en las que el argumento no es la calidad sino la habilidad. Sea la habilidad publicitaria que convence y vende artículos o servicios de mediocre calidad, o sea la frialdad o el cálculo para el soborno y las malas artes empresariales. Es posible que las empresas comprometidas en escándalos como los que se dieron con los expresidentes costarricenses, hayan obtenido beneficios inmediatos como resultado de sus prácticas; a otras les ha sucedido y han tenido que apelar a cambios de nombre para mantenerse con vida. Antes se decía, con palabras de las películas de vaqueros, que el crimen no paga. Hoy los hechos se encargan de probarnos que las trampas y la deshonestidad no son un buen negocio. Si alguien lo duda, bastará recordar una de las imágenes más impactantes de los últimos días sobre esta materia: la del expresidente de Costa Rica y Secretario General de la OEA, cuando regresó a su país con las manos esposadas. A corto plazo todo le había salido bien, como les está sucediendo a las firmas que sobornan, en este caso Alcatel, bajo la vista gorda de las legislaciones europeas. Pero una conciencia universal, cada vez más irritada y hastiada por las prácticas de corrupción, hará que en algún momento se comprenda que la corrupción es un mal negocio.
En cambio, un conocimiento profundo del mundo de los negocios acaba enseñando que la ética es un buen negocio. La idea, para mi asombro, no encajó fácilmente en la mente de los gerentes sociales del BID con quienes tuve una jornada de Ética en Washington. Su idea de la ética no les permitía asimilar la frase provocadora: la ética vende, quizás influídos por viejos conceptos religiosos que, como dice Savater, rezuman cierta indignación hacia la idea de ganancia y de lucro, “considerándolo algo inmoral de por sí.” La teología moral clásica ha mantenido una guerra sorda contrra el dinero que produce dinero y lo ha estigmatizado como usura; y Dante, buen transmisor de ese pensamiento, tuvo cuidado para acondicionar una estrecha, oscura y atormentada celda en un círculo recóndito del infierno para los usureros. La realidad, más sabia y compasiva que las teorías, se han encargado de demostrar que la ética vende.
Una aproximación a ese hecho la hizo Adam Smith al examinar la lógica utilitaria del cervecero y del panadero: “no esperéis de la benevolencia del cervecero la cerveza, o de la del panadero el pan; ellos os lo dan por su propio interés, pero también su interés es teneros contentos con su cerveza y con su pan.”
El egoísmo del mercader se vuelve sano, y de paso le garantiza la permanencia en su negocio, cuando piensa en el interés del otro “su interés de teneros contentos.” Es un egoísmo virtuoso, o como lo dice Savater en el título de uno de sus libros es la “Ética del amor propio.”
Esta intrigante idea, apenas esbozada por Smith, tiene en nuestros días un desarrollo avalado por la práctica. Apunta Adela Cortina que “ las empresas norteamericanas comprueban con asombro en la segunda mitad del siglo XX, algo tan sabido por la economía como que la confianza vende, la credibilidad vende, la calidad es la mejor propaganda y que la falta de calidad hunde a una empresa.” La Ford mandó recoger millones de llantas de mala calidad e invirtió en la operación una fortuna, porque es aún mayor la suma que está en peligro si la empresa pierde credibilidad. Sólo los empresarios mediocres y los principiantes creen que la credibilidad de una empresa, por ser un intangible que no figura en los activos, no merece tenerse en cuenta. El buen empresario sabe que la clientela es la vida de la empresa y que esa clientela se mantiene fiel en la compra de sus productos o en el uso de sus servicios, si cree en la empresa, y esa credibilidad es la suma de valores éticos. Por eso, apunta agudamente la filósofa, que a los ciudadanos los pueden engañar los políticos con discursos ideológicos, pero a los consumidores no. Puede ser que compren una, dos o tres veces un mal producto, pero “ al cabo el consumidor vota por la calidad.”
Se han convertido en asuntos de vida o muerte de las empresas, objetivos como iniciativa, corresponsabilidad, comunicación, transparencia, calidad, innovación, virtudes que no figuraban en el modelo de buena empresa de Taylor. Aparecen en cambio, prácticas de reigeniería empresarial que dejan en el rincón de los trastos viejos o dañinos, la cultura del conflicto y de la guerra dentro de la empresa; los hostigamientos, amenazas y regímenes de terrror como métodos para aumentar la productividad; porque en su lugar están demostrado sus bondades la cultura de la cooperación y las prácticas de corresponsabilidad. Una nueva generación de empresarios se está distinguiendo por su capacidad para identificar el bien común, que es una especial sensibilidad para comprender las exigencias ajenas y hacerlas compatibles con las propias; esa virtud, armonizada con la prudencia y la responsabilidad, implica una personalidad equilibrada; pero, además, debe inspirar confianza, algo incompatible con cualquier forma de engaño. La confianza, la anotación es de Savater, es una virtud comercial. “Puede sonar escandaloso, una virtud comercial, pero no debe olvidarse que las virtudes tienen una utilidad y son eficaces. La confianza contribuye en gran medida a la permanencia y prosperidad de cualquier empresa,” concluye el filósofo.
Y lo ratifica Cortina aludiendo a la lección que han aprendido a golpes de desastre en algunos casos, o estimulados por el éxito en otros, los empresarios de Estados Unidos: “ una lección tan antigua como la humanidad: que las tradicionales virtudes son rentables.”
En la alusión inicial al episodio de Robinson Crusoe les hablaba de dos partes en la historia de Defoe: una, el náufrago en su isla, él solo y sin dilemas éticos. La isla era una empresa para él mismo. Esa parte de la historia termina cuando aparece el otro, que es cuando nacen para este hombre solitario los problemas éticos. Pienso que la historia de las empresas es una cuando sólo piensan y actúan para sí mismas, y cambia esa historia cuando se descubre la capacidad transformadora que pone en marcha la presencia del otro.
Llega a mis manos el código de Ética de una de las mayores empresas de nuestro continente, en el que se describen “ la misión, valores y creencias que nos definen.”
Leo en el capítulo de los principios que motivan a esa empresa: “Nuestra misión, satisfacer las necesidades de nuestra clientela, contribuimos con nuestros clientes a la construcción de un mundo mejor; buscamos la excelencia en nuestros resultados; nuestros valores: colaboración, unirse al esfuerzo de los demás, integridad, que es actuar con honestidad, responsabilidad y respeto; y liderazgo, que es orientar el esfuerzo a la excelencia.”
Lo destaco porque encuentro que es una tendencia que avanza en el mundo de los negocios: el empresario ético.
Déjenme agregar un pensamiento más, este sugerido por un apunte de Savater en una conferencia a empresarios de mi país.
Observaba él que cada época de la historia ha tenido sus personajes emblemáticos. Para los griegos fue el héroe porque él encarnaba el espíritu de aquella sociedad que soñaba con la excelencia y veía en el héroe la encarnación de su utopía. En la edad media ese sueño tuvo su expresión más cabal en el santo, todo un campeón en los quehaceres del espíritu; en el siglo XVIII el emblema de la sociedad fue el científico; la humanidad engreída por lo avances de la ciencia, veía en el hombre de conocimiento el más deseable de los destinos; en nuestra época , concluye el filósofo “ si tuvieramos que identificar una figura emblemática tendríamos que elegir al empresario, al creador de la actividad productiva y económica.” Me pregunto por qué, en una época en la que brillan con luz propia los astronautas, los escritores, las deslumbrantes estrellas del espectáculo, los autores conocidos y aplaudidos por todo el mundo, si cualquiera de ellos provoca entusiasmo y admiración. Pero el empresario ha hecho posibles en nuestro tiempo lo mismo la conquista de la luna, que los innumerables avances de la informática, la ampliación de las fronteras del espectáculo y de la comunicación y tiene en sus manos la posibilidad de exorcizar el mundo de los negocios, desde el comienzo de los tiempos habitado por los demonios del egoísmo, la mentira, el engaño y la violencia, y convertirlo en el escenario dominado y dignificado por la presencia del otro, que es la dirección que está tomando la actividad empresarial dominada por la ética. Es lo que he estado tratando de decirles desde el principio: ustedes pueden ser el emblema de la sociedad del siglo XXI.

 

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JAVIER HOY MAS QUE NUNCA ENTRE NOSOTROS

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“Han dinamitado mi casa, han ametrallado mi auto, han intentando secuestrar a mis hijos y aquí estoy” / “Si me quieren juzgar por haber presidido la comisión investigadora de los delitos económicos y financieros, que me sancionen, me voy contento” / “Si me quieren juzgar por haber mandado a tres miembros del directorio del Banco Central de Reserva a la cárcel por haber colocado dinero del Perú en el BCCI, me voy contento” / “Si me quieren sancionar por el mal uso del dólar MUC y la denuncia contra cinco ministros y por meter preso a uno de ellos, me voy contento” / “Si me quieren denunciar por denunciar al señor Du Bois por 400 y picos de millones de dólares que costó el salvataje al Banco Latino, me voy contento” “Aquí, señor, no hay un pesetero, aquí hay una persona de principios”

“(frases pronunciadas el 16 de noviembre de 2012 en el Congreso de la Republica del Perú)

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Conocí a Javier en la Universidad Católica, en el Programa  de Sociales , yo apenas ingresaba y el  era ya un dirigente estudiantil del Frente Revolucionario de Estudiantes Socialistas (FRES) en el que  también hizo sus pininos   Alberto Flores Galindo . Era un muchacho serio  con pocas palabras  de profundo contenido, Sonreía poco ,pero cuando sonreía su rostro se iluminaba con ese halo que tienen las personas buenas y transparentes(pureza de sonrisa que siempre lo acompaño) Javier lejos de entregarse a la diversión  dedicaba su tiempo libre al trabajo a favor de los más necesitados fue precisamente en esa época que se ofreció de voluntario en Cooperación Popular y viajó a una comunidad de Puno. “El día que llegué estaban enterrando a un chico de 17 años que había muerto de tuberculosis. Estaba en una caja de madera que decía en varios tablones: ‘del pueblo de Estados Unidos al pueblo del Perú’.  Era una de las cajas en que se enviaban alimentos“, comentaba .Fue  una  experiencia que  cambió su vida. “Fue un choque brutal. Yo venía de un mundo completamente distinto. Mi país era mi barrio, mi colegio”. Una realidad totalmente diferente  que le permitió  estudiar la primaria en el Colegio Inmaculado Corazón y la secundaria en el Colegio Santa María Marianistas Es que  nuestro Javier era  hijo de Santiago Luis Diez-Canseco Magill gerente del Banco Popular, uno de los más importantes del país  y  de María del Carmen Cisneros Sánchez ambos provenientes de familias tradicionales y acomodadas. Descendiente del general Manuel Diez Canseco y Corbacho, era primo de Raúl Díez Canseco Terry y de Anel Townsend Diez-Canseco

Quizás su sensibilidad social estaba marcada por la poliomielitis, enfermedad que contrajo en la primera infancia y que le hizo más difícil que a los demás aprender a caminar, a nadar, a montar bicicleta.  Su padre, le inculcó la cultura del trabajo y del esfuerzo, que fortificaron su voluntad. “Yo estoy en las situaciones pero también las observo de fuera porque nunca estoy totalmente integrado en la situación”, pero esa unión según comentaban estuvo por un  tiempo  quebrada. Sus ideas de izquierda le  habían costado un rompimiento temporal con su padre Pepe uno de sus mejores amigos  contaba que a  los 18 años, Javier se fue de casa y durante un tiempo vivió con un grupo religioso llamado Los Hermanos de Foucauld, en San Martín de Porres, y luego, pasó por diferentes pensiones. Antes de su despertar social, Javier ere el chico que cada día llegaba a sus clases puntualmente en su convertible. El mismo chico que en sus años de adolescente tocaba con Jean Pierre Magnet en una banda de rock……..

Fue presidente del “Centro Federado de Estudiantes de Ciencias Sociales” de la PUCP, y al año siguiente, presidente de la “Federación de Estudiantes” de la PUCP (FEPUCP). Durante esos años se hizo militante de “Vanguardia Revolucionaria” junto a Ricardo Letts Colmenares, Edmundo Murrugarra, Humberto Rodríguez Pastor, Fernando Rospigliosi, entre otros.

El destierro no le fue ajeno, pues a fines de la década de 1970, el gobierno militar lo expulsó a la Argentina, desde donde postuló a la Asamblea Constituyente de 1978, que elaboraría una nueva Carta Magna antes de la transición democrática. Fue así que recibió entonces el respaldo del electorado. En la práctica, esta elección se constituyó en su trampolín a la vida política, a la que se dedicó por completo a partir de ese momento, lo que se tradujo en su elección, en diversas oportunidades, al Poder Legislativo.

Llegado el  momento  fue uno de los principales opositores al gobierno de Alberto Fujimori. Se involucró en las investigaciones sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas tanto por Sendero Luminoso como por las Fuerzas Armadas del Perú.

Para el período 2011-2016. Javier Diez Canseco fue elegido con 94,703 votos en Lima, ocupando el 7mo lugar en la escala nacional de votos para congresista.

Pero es así que nuestro Javier se nos fue ayer, físicamente para quedar grabado en el corazón y la memoria de los miles de peruanos que queremos un país más justo y equitativo, para los que soñamos que el hambre, la tuberculosis la prostitución infantil, los sicarios adolescentes, los ancianos que duermen en las calles bajo la lluvia solo queden en el recuerdo y  que todos y  cada uno de los peruanos podamos vivir con dignidad , con autoridades que no conozcan la palabra CORRUPCION

“Nunca me han gustado los himnos, los símbolos, los ritos. Soy ajeno al ritual. Mi pasión por la política es la comunicación con la gente”  JDC

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MODELA TU MENTE Y TU COMUNICACION PARA OBTENER EL EXITO

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“Cada uno construye su mundo desde dentro; el pensamiento es el constructor, porque los pensamientos son fuerzas –sutiles, vitales, irresistibles, omnipotentes– y de acuerdo como se usen traerán poder o impotencia, paz o dolor, éxito o fracaso.”
[Ralph Waldo Trine (1866-1958)]

MODELA TU MENTE Y TU COMUNICACION PARA OBTENER EL EXITO

Gianna Tassara
Delegada Oficial del Club de Lenguaje No Verbal para Perú

¿Necesitas mejorar tu posición laboral? ¿Crees que tienes dificultades para relacionarte con los demás? ¿Te gustaría tener otra imagen?

Seamos sinceros. A todos nos gustaría tener una capacidad de influencia sobre los demás que nos permitiera conseguir todos nuestros deseos. De igual manera, nos encantaría leer la mente de la gente, saber qué piensan de nosotros y qué intenciones tienen. Esta situación de película del futuro no es posible ni deseable, sin embargo, en la actualidad disponemos de los conocimientos necesarios que nos permiten aprender y desarrollar las habilidades pertinentes para mejorar nuestra comunicación no verbal con los demás, un elemento clave alcanzar nuestros objetivos y lograr una mayor felicidad.
La forma de entender y utilizar estos conocimientos también son determinantes a la hora de definir cómo queremos vivir y cuáles son nuestros objetivos.

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PERIODISMO EN SU HORA CERO

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Tan sólo en 2012 un total de 3.879 periodistas se quedaron sin empleo, de acuerdo con los datos del Observatorio sobre la Crisis de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). No en vano, en apenas cuatro años, más de 70 medios de comunicación han desaparecido en España.Vamos, que a nadie se le escapa ya que el Periodismo, en nuestro país, no goza de buena salud y muchos ya han empezado a ver como una realidad muy cercana lo que hasta ahora era la crónica de una muerte anunciada.Es cierto que la crisis económica, por desgracia, no entiende de sectores económicos ni profesiones. Pero también es verdad que puede que tras estos números no sólo encontremos razones económicas. Al fin y al cabo, medios de comunicación ha habido siempre y han sabido sobrevivir incluso a Guerras Mundiales.Entonces, ¿qué ha pasado? ¿qué síntomas presentaba el enfermo y no supimos atajar? Si no sólo estamos hablando de razones económicas, ¿es Internet el gran culpable, como muchos apuntan? ¿O estaba el tumor dentro?Lo cierto es que el Periodismo ha vivido, no hace demasiado, una época más que dorada que podría apuntar maneras de lo que sufre hoy. Viajes de prensa a todo tren, comidas en los mejores restaurantes, “detalles” agradeciendo la oportunidad de unas líneas… Incluso series de TV que, hay que decirlo, hicieron mucho daño e inundaron las facultades de Periodismo de jóvenes creyéndose ser el sucesor de Carl Bernstein y Bob Woodward, los protagonistas del caso Watergate.Y de aquellas vacas gordas… esta práctica inanición.Hoy más que nunca es necesario aquello de “reinventarse o morir”. Y parece que algunos, lo están intentando.No sabemos si por pura necesidad, pero el caso es que en los últimos meses estamos asistiendo al nacimiento de medios de comunicación – sí, sí, en medio de la batalla -. Avalados por las nuevas tecnologías, por las redes sociales pero también por nuevas fórmulas de financiación de las que incluso, en algunos casos, detrás están los propios lectores.Nombres como el de La Marea, financiado en su totalidad por la cooperativa MasPúblico, formada íntegramente por lectores y ex trabajadores de la desaparecida edición en papel del diario Público, toman fuerza en el devastado panorama.U otro “hijo descarriado” del también fallecido Público: InfoLibre, un medio digital que verá la luz en estos días y que, según sus directivos, albergará únicamente publicidad a tarifas públicas y que aspira a mantener su viabilidad económica con las aportaciones que hagan sus lectores.Hay afortunadamente más nombres de valientes o de al menos gente que quiere plantarle cara a la situación: Eldiario.es, Mongolia, ZoomNews, Materia, Jot Down, Forbes…Pero, ¿hemos entendido el mensaje los periodistas? ¿Hemos conseguido ver que aquella incluso romántica imagen del periodista pegado a su máquina de escribir, fumando sin parar y, cómo no, bebiendo a la par, ya no volverá? (Gracias a Dios).De verdad, espero que sí porque de lo contrario, ya saben: la reinvención no será sino un puro parche y con él, un nuevo fracaso. Y yo, tal vez por romántica, fumadora y amante del buen vino, no lo quiero volver a sufrir. Sigue leyendo