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Para Monserrat Herreros catedratica de filosofia politica en la Universidad de Navrra,el marketing electoral se refiere con exclusividad al planteamiento, realización y difusión de unos determinados mensajes, con ocasión de la puesta en marcha de programas electorales para designar al Gobierno de una determinada comunidad política; se trata por tanto, de una variante específica del marketing político.
La supeditación del marketing electoral al marketing político, la explicita Herreros cuando señala que el marketing electoral constituye una herramienta de ayuda a la consecución de un número significativo de candidatos, por el aporte de procedimientos y métodos racionales configuradores de un sistema ceñido a la política de comunicación de un partido u organización electoral, más que el partido propiamente dicho.
Para M. Santesmases el marketing electoral forma parte también del marketing político y se refiere a las actividades específicas desarrolladas en la campaña electoral para conseguir el voto a favor de un partido o candidato.
MARKETING SOCIAL
Si entendemos el marketing como un intercambio con la intención de satisfacer las necesidades de todos los participantes en dicho intercambio, no cabe la menor duda de que las organizaciones no lucrativas están envueltas de lleno en relaciones de intercambio con aquellos que les proporcionan apoyo, mediante recursos, pertenencia a la organización, etc., y los destinatarios de su actuación social. De ahí se deduce que la existencia de una actividad lucrativa no es condición imprescindible para la implantación de herramientas de marketing.
El marketing social fue acuñado por Kotler y Raltman refiriéndose al uso de los principios y técnicas de marketing para hacer progresar una idea o conducta social, lo cual puede ser realizado, planteado y ejecutado por instituciones públicas o no lucrativas.
Como explicita Santesmases (1992), el marketing social es una parte o aspecto particular del marketing no empresarial, que persigue estimular y facilitar la aceptación de ideas o comportamientos sociales que se consideran beneficiosos para la sociedad en general, por ejemplo el ahorro familiar, la higiene dental, la protección del medio ambiente, etc. o, por el contrario, trata de frenar o desincentivar aquellas otras ideas o comportamientos que se juzgan perjudiciales como el consumo de drogas, tabaco y alcohol o la conducción temeraria de automóviles. Así, las administraciones públicas recurren con frecuencia al marketing social intentando conseguir que los ciudadanos consuman bienes preferentes.
Las ideas y las conductas son el “producto” que ha de promoverse. Kotler y Roberto (1992) distinguen entre tres tipos de productos sociales:
Las ideas: entre las que incluyen:
Creencias: una concepción que se establece respecto a un asunto de hecho.
Actitudes: evaluaciones positivas o negativas de personas, objetos, ideas o sucesos.
Valores: ideas globales respecto a lo que es correcto y erróneo.
Las prácticas: ya se trate de un acto único o del establecimiento de un esquema diferente de conducta y
Los objetos tangibles: que permitan alcanzar una práctica social.

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