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EL DERECHO PRÁCTICO EN ACCIÓN

Alcances generales
En el presente ensayo se intentará abordar de una manera sucinta y sencilla, el espinoso tema de “el conocedor del derecho en acción”. Es decir, de lo que en la práctica significa ejercer, en sus múltiples facetas, el derecho.

En la realidad concreta[1], que el derecho sea una ciencia[2], o no tenga esa categoría, poco importa. Porque dicha respuesta sólo responderá la razón espiritual, su origen y su calidad experimentativa o cualitativa, mas no puede solucionar (así al menos ha quedado establecido) los problemas que causan su aplicación y que lo alejan más de su calidad teleológica.

Por esa razón es inevitable desligar esta aplicación de la deontología en tanto, cualquier acción pragmática estará vinculada íntimamente a aquella, porque el contacto entre personas, entre aquellos a quienes habrá que enseñarles de lo que se trata el derecho, entre aquéllas quienes esperan de los conocedores de esta disciplina una solución a sus conflictos, entre un juez y las partes de un proceso, entre litigantes, entre profesionales, etc.[3], siempre tendrá que estar trazado por lazos de actos éticos, morales y axiológicos.

Por lo tanto, la aplicación del derecho no sólo significaría poner en práctica lo que dice tal o cual código legal, ni mucho menos de aplicar alguna que otra teoría explicada por reconocidos tratadistas, sino más bien, está ligado a la intersección entre los aspectos deontológicos[4] y el derecho en sí. A esta razón pragmatista, nosotros reconocemos como el derecho práctico en acción.

Problemática deontológica del ejercicio del derecho

¿A quién le corresponde la aplicación del derecho?

Una antigua máxima del derecho romano se ha venido deformando con los siglos. Se trata de que nadie puede alegar su ignorancia del derecho para excusarse de haberlo incumplido. Ello es clarísimo cuando se trata del deber de obrar de buena fe, no engañar a otro, no dañar a nadie, no abusar del propio derecho, actuar coherentemente, cumplir con la palabra, no auto contradecirse, estar obligado por los propios actos, no incurrir en mala praxis, actuar con prudencia, con razonabilidad, con proporcionalidad, no actuar desviadamente, ser un buen padre de familia, vivir honestamente, cumplir las reglas del mercado (lex mercatorum), ser justo, oír al otro antes de resolver, etc. Sin embargo, con el correr de los siglos han aumentado bastante los principios pero en cambio lo han hecho de manera exponencial las normas. Ellas contradicen a veces los principios rectores del orden jurídico. En casos extremos es imposible cumplirlas pues así están diseñadas. De manera que llegamos prima facie a concluir que la aplicación del derecho no sólo está, como erróneamente lo creemos, únicamente en manos de aquéllos quienes estudiaron esta materia, sino que el ejercicio del derecho es de aplicación universal[5].

¿Formas del ejercicio del derecho?

Pienso que hay dos formas globales del ejercicio del derecho: una activa y otra pasiva. En el primer grupo se encuentran aquellas personas que son peritos en el tema jurídico, como los jueces, fiscales, abogados, doctrinarios, legisladores, etc.; en cambio, en el segundo grupo se encuentran las personas que no son peritos en el tema jurídico, como los litigantes (relativamente hablando), las personas que poseen del derecho un raciocinio vinculado a los postulados: bueno – malo / positivo – negativo / beneficioso- perjudicial, al cual en esencia se traslada el derecho, cuando expresa: “el que realiza tal acción [que al Estado le parezca negativa/positiva para sus fines], entonces obtendrá de este Estado (o de sus representantes) como resultado, una consecuencia negativa/positiva para sí mismo]”[6]; en definitiva, quien tenga raciocinio para diferenciar (algunos lo reconocen mejor con el término decidir), entonces puede ser ejecutor del derecho, siempre y cuando, claro está, se encuentre dentro de una sociedad[7].

¿Formas indebidas del ejercicio del derecho?

Al decir indebido, negativo, bueno o malo, estamos realizando un juicio de valor que bien nos podría sumergir en un debate filosófico infinito. Sin embargo, dichos juicios de valor poseen un término distinto cuando se califican acciones en la práctica, verbigracia, la resolución de un juez pendiendo de la cantidad de dinero que reciba de un abogado que a su vez lo ha solicitado de su patrocinado para obtener un resultado benéfico. Ello sería un ejercicio indebido del derecho, porque no concuerda con el deber ser[8] que anhela el Estado para su desarrollo. La comisión de un delito por una persona en el ejercicio activo del derecho, es un golpe tan cruel para el espíritu de las normas (de lo que siempre habla Peter Hâberle) que rompe dramáticamente la relación con la sociedad y con aquellas personas que desean del derecho eso que utópicamente conocemos –aunque sea sólo por nombre- como justicia.

Entre las formas indebidas que cometen atropellos para que al derecho se le crea menos y a la justicia se la vea más lejana, podemos enumerar a las realizadas por los abogados, cuando mienten a sus patrocinados, no son diligentes con sus actuares, ponen precio a sus palabras y exigen de sus clientes mucho más de lo que académicamente aquellos pueden rendir. Los jueces y fiscales que no realizan un análisis a fondo y sistematizado de los casos que se le presentan (sea por la excesiva carga procesal o por su mediocridad), contribuyen notablemente para que los agentes pasivos del ejercicio del derecho desconfíen de acudir a la justicia y que duden de la existencia del principio del Debido Proceso.

Pero en ellos no se queda todo. También encontramos usos indebidos del ejercicio del derecho entre los legisladores, quienes (muchas veces ignorando lo que hacen o van a hacer) tienen ideas desaforadas y desvinculadas con los aspectos teleológicos del Estado (porque al fin y al cabo, la institución jurídica sirve para alcanzar el fin supremo de un Estado, como otras instituciones, también para su desarrollo y permanencia).

¿La configuración de la Justicia está basada en el ejercicio activo del derecho?
La organización de la justicia.

¿Cómo ha quedado configurada la justicia tras los profundos cambios experimentados por el país en este fin de siglo?

El objetivo de este apartado es establecer una especie de retrato-robot del actual sistema judicial peruano, a modo de revelador inventario de los puntos de continuidad y discontinuidad respecto del pasado, de los elementos de coincidencia o similitud con otros sistemas de justicia dentro de nuestra realidad latinoamericana. ¿Está vinculada entre sí con los principios deontológicos naturales o fundamentales? Muchas de las principales innovaciones introducidas y de sus consecuencias más tangibles del derecho no son otra cosa que aplicaciones jurídicas llenas de intereses económico-políticas, e incluso partidarias, que ocasionan colisiones entre grupos de poder. Ello nace desde la gobernabilidad, pasa por el aparato legislativo y es justificado por jueces y abogados que creen en la divinidad de los poderes políticos que manejan el derecho a su antojo. Ello, indubitablemente, es un craso y cruel manejo del ejercicio del derecho. Siempre hay cómo justificar los actos bajo el seudónimo de la ley, porque es más fácil realizar este tipo de señales, que optar por un camino justo.

El uso de la justicia.

¿Cómo ha variado el comportamiento de los que aplican pasivamente el ejercicio del derecho con el mundo de la justicia en el nuevo contexto social, político y económico? El uso de los tribunales por parte de la ciudadanía ha sido, tradicionalmente, muy alto. A lo mejor porque existen muchos conflictos entre ciudadanos, o a lo mejor porque necesitan un documento que tenga que señalarles que tienen la razón (así este documento sea obtenido tras corridas ilícitas). Sin embargo, el comportamiento de la ciudadanía, en general, frente al derecho y sus operadores activos, es simple llanamente de la más negativa. Son pocas las personas que confían en que se les hará un proceso transparente, eficiente, adecuado y que sirva para el momento que se lo requiere. Mayormente, las soluciones dadas por el Poder Judicial siempre es cuando ya no se las necesita. Aquí escribiremos el adagio que un autor literario escribió: La verdad siempre se sabe, pero la mayoría de veces, cuando ya no se la necesita. Es decir, la verdad, la justicia, probablemente siempre lleguen tarde.

La imagen de la justicia.

Finalmente, ¿cuál es ahora la imagen de la justicia predominante en la sociedad? ¿Cómo percibe y evalúa la ciudadanía su modo de operar? Es una pregunta que le interesa a los doctrinarios, quienes tienen la dura tarea de no sólo analizar, dogmatizar y pragmatizar el derecho, sino también la de concientizar la labor del mundo jurídico para que no se desenlace tan fácilmente (lo ideal es que nunca suceda) el derecho puro de la deontología jurídica, por el buen ejercicio pleno de aquél.

Conclusiones

Como conclusiones diremos las siguientes:

1. El derecho, sea ciencia o no lo sea, nos interesa en la aplicación, en la adecuación a la realidad concreta.

2. El derecho puede desligarse, para su elaboración, de cualquier axioma, juicio de valor o término axiológico. Sin embargo, en la práctica, el derecho camina junto con los principios deontológicos.

3. Existen dos formas del ejercicio del derecho, las cuales son, el ejercicio pasivo y el ejercicio activo, ambos, vinculados en una sociedad que se interrelaciona en un plano múltiple de disciplinas.

4. La configuración de la Justicia está basada en el ejercicio activo del derecho.

5. La imagen de la justicia depende de absolutamente todos los que ejercen el derecho, tanto pasiva como activamente.

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NOTAS:

[1] Asumimos que, al igual que en el pensamiento anti nihilista, se puede aceptar la presencia de otras realidades que no son concretas. Las matemáticas, por ejemplo. Influenciables unas con las otras.

[2] GORDILLO, Agustín. 2000. Introducción al Derecho. (Buenos Aires, Argentina: Fundación de Derecho Administrativo)

[3] CARRIÓ, Genaro, Cómo estudiar y cómo argumentar un caso. Consejos elementales para abogados jóvenes, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1989, pp. 32 y 33

[4] Deontología: Del griego δέον “debido” + λόγος “tratado”, término introducido por Bentham —Deontology or the Science of Morality, 1834— para referirse a la rama de la Ética cuyo objeto de estudio son los fundamentos del deber y las normas morales. Se la conoce también bajo el nombre de “Teoría del deber”. Junto con la axiología es una de las dos ramas principales de la Ética normativa.

[5] Para poder encajar nuestro juicio, véase: LEVI, EDWARD H., Introducción al razonamiento jurídico, Buenos Aires, EUDEBA, 1964, p. 12 (disponible en: http://www.gordillo.com/Pdf/IAD/iad_1_ii%20.pdf: 2311071651)

[6] Huamán Sánchez, Jorge. 2007. Diseño estructuralista de la norma. (Artículo: SINJUP) Artículo Electrónico. Revista (Disponible en: http:www.sinjup.org/art_jur/cpc/jhs/art_den.html)

[7] Porque bien se sabe que el derecho nace en el intercambio social entre dos o más personas.

[8] Relacionado al iusnaturalismo.

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La desideologización de la ideología: su influencia en el plano jurídico*

Para poder repartir, primero hay que crear

Carlos Alberto Montaner**

La palabra ideología proviene de las voces griegas idea: idéa, y loyía: logía, se refiere al estudio o tratado de las ideas. La Real Academia Española otorga a “ideología” dos acepciones: “Doctrina filosófica centrada en el estudio del origen de las ideas”; y “Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”[1] Esta pobreza de significado se agrava porque actualmente se ha venido utilizando el término ideología principalmente como un sinónimo de pensamiento político.

El término ideología fue acuñado por el filósofo Antoine Destutt de Tracy. Él es uno de los llamados ideólogos que intentó reformar la sociedad posrevolucionaria mediante una “ciencia de las ideas” pragmática. Desde entonces la ideología se llegó a reconocer como un pensamiento, no siempre de carácter político, que es defendido por un grupo o por una persona. De Tracy acuñó el término ideología para referirse a una disciplina filosófica cuyo objeto era el análisis de las ideas y de las sensaciones. Según de Tracy, la ideología era la ciencia más importante de todas y que contenía un rigor de tal envergadura que era equiparable a la física o las matemáticas, además de constituir una disciplina filosófica cuya misión era la de formar la base de todas las ciencias: La ideología es la ciencia filosófica fundamental. La obra de de Tracy es considerada como el fundamento teórico de la sociedad, sin embargo, su pensamiento ha sido relegado por concepciones más modernas.[2]

Luego de de Tracy, reconocidos filósofos, ideólogos, y otros autores, entre los que destacan Gallupi, Romini, Maquiavelo, Bacon, Tomás Moro, Vico, Hegel y Karl Marx, gastaron tinta para referirse al término ideología, objeto de completar, de darle variaciones, ajustarla a realidades que no estaban en la mira del fundador del término, etc. Pero tanta fue la malversación filológica que, con el transcurso del tiempo hasta nuestros días, aparece la ideología como un término capaz de soportar cualquier significado que se le otorgue. Así, Ferruccio Rossi-Landi ha encontrado once acepciones, no necesariamente entre las concepciones de los autores que nosotros citamos: 1) mitología y folclore; 2) ilusión y autoengaño; 3) sentido común; 4) mentira, deformación y oscurantismo; 5) estafa o engaño consciente; 6) falso pensamiento en general; 7) filosofía; 8) visión del mundo; 9) intuición del mundo; 10) sistema de comportamiento; 11) sentimientos.[3] A éstos, nosotros agregamos unos cuantos conceptos populares: a) pensamiento promulgado por un partido político; b) pensamiento filosófico de cada individuo; c) ideal político del gobierno de turno; d) poder político; etc. Se ha desvirtuado la ideología de tal modo, que ni siquiera es necesario hablar de desideologización en vista que ya no existe la esencia de lo que es la ideología. En un sentido global, la desideologización parte de confundir el significado de ideología o utilizarlo con fines paganos de tal modo que nadie crea en su existencia y con el tiempo el hombre aborrezca el solo hecho de escuchar esa palabra.

Por eso es de suma importancia saber el significado de ideología, tenerla e interiorizarla. De otro modo, seremos caminantes sin horizonte, a la deriva, enrumbados quizás, al fracaso individual y social. A nuestro criterio, ideología es el conjunto de ideas y teorías sistematizadas que tienen una finalidad supeditada al transcurso del tiempo y que se basa específicamente en no perder horizonte ni coherencia cuando sucede el traspaso de las ideas y teorías a la realidad. La finalidad de la ideología es siempre el desarrollo de la humanidad, por eso es, o debe ser, inmutable ante los avances científicos y tecnológicos. Si la ideología apunta al desarrollo de la humanidad y de sus propios conocimientos, entonces sería erróneo creer que sólo se basa en ideas y métodos meramente políticos o ilusiones infundadas[4]. A la ideología le interesa que los seres de una misma comunidad tengan la misma perspectiva y no que todos piensen igual. Porque la humanidad tiene un propósito y de Tracy lo entendió de esa manera, y por eso es que supo que la ideología nunca puede separarse de la lógica para trasladarla a la realidad. Osvaldo Guariglia sostiene que la ideología posee cuando menos dos grandes significados opuestos entre sí, I. conjunto ordenado de ideas y valores referentes a la acción tanto individual como política compartido por un determinado grupo social; y II. es una concepción errónea de la realidad[5]. Con ambos conceptos de este autor, como se observará, disentimos.

Si fuéramos miembros de (y creyéramos en) un mundo incivilizado, podríamos hablar de una ideología primitiva individualista, capaz de corroer las aspiraciones ajenas con tal de satisfacer las propias. Y eso es, en términos peyorativos, lo que significa desideologización. Nacida del exceso de ambición y del avance monopolizador, que propugna la darwinística frase de que sólo sobreviven los poderosos y a ellos se debe rendir culto, la ideología ha pasado a ser la idea (precisamente) de los más poderosos y no las aspiraciones de la humanidad. De modo que de esa forma se puede revelar el verdadero propósito del imperialismo (más que del capitalismo) y su intento incontrolable por destruir o destituir la ideología y poner en alto que ha llegado de ésta su final y ha nacido el tiempo de la desideologización. Se ha querido atacar a la ideología y hacer creer que tenerla es motivo de rechazo y que es un concepto plenamente político, lo que en realidad no es cierto. Lo cierto es que, de acuerdo con Moskvichov, la desideologización es la manifestación ideológica de la organización burocrática del actual capitalismo (aunque más del imperialismo, como ya especificamos) monopolista de los estados[6]

La ideología de la desideologización ha tenido gran aceptación por los gobiernos de los países oprimidos[7]. Se les ha logrado comprar su ideología como nación y persiguen la ideología planteada por los países desarrollados, los cuales saben presionar la libertad y soberanía nacionales con tal de conseguir sus objetivos (aunque esta apreciación parezca subjetiva, no la es si la observamos desde una perspectiva de un estado fácilmente manipulable, precisamente por carecer de fundamentos ideológicos de desarrollo infra nacional. En consecuencia, aclaramos que no es problema de los países desarrollados, es problema de la carencia de identidad de los países subdesarrollados y que es aprovechado por otros estados, lógica y necesariamente, pues cualquier estado busca ser más desarrollado que cualquier otro). En este aspecto, hoy en día, tendríamos que aceptar la tesis de Marx —lo que resulta intolerable, sabiendo que la doctrina marxista, en pocas palabras, al menos para nuestro tiempo, no ha funcionado en la práctica—, quien concebía a la ideología (en realidad se refería al régimen capitalista) como la excusa de la clase dominante para vejar con justicia a los oprimidos[8]. En este caso ya no tratamos de clases sino de naciones. Paradójico cuando vivimos en el mundo de los derechos humanos inalienables.

La falta de ideología se deja notar fácilmente. Incoherencias de política intentando llevar a cabo dos doctrinas a la vez, como es el caso de pretender llevar a cabo una política socialista que al mismo tiempo sea liberal[9]. O perpetrar una asistematización legal tal como las normas inconstitucionales producto de una desatinada manera de ver el derecho. O protestas basadas en la ignorancia de lo que se pretende. Todo ello serían los productos de una completa desideologización tanto por parte de los que ostentan el poder como del pueblo mismo.

En el plano jurídico, las secuelas de la ideología de la desideologización están presentes cuando la norma sustantiva no guarda relación, coherencia ni armonía sistemática con la norma procesal y deviene la vulneración de los derechos fundamentales, ya que la protección que el Estado debe brindar a quienes conforman la nación no puede alcanzar su propósito, porque la misma norma se lo impide. Entonces, si existe una desarmonía de las normas jurídicas, claro está que en el fondo es una necesidad abrumadora de una ideología. De modo que, a nuestro criterio, el problema de la deficiencia en la administración de justicia se debe a que en el ordenamiento legal establecido en el Perú no existe una coherencia que necesariamente debe haber. Las normas legales se encuentran a cada momento en un concurso legal, en duplicaciones y en contradicciones que sólo traen como consecuencia la vulneración del orden constitucional, y obviamente, repercutiendo para que algunos derechos inherentes a las personas vistas desde el sistema constitucional, sustantivo y adjetivo, hayan sido vulnerados, inhibidos o subrogados. Téngase en cuenta que no está la solución solamente en el evocar el control difuso, así su existencia y finalidad sean, por el momento, indiscutibles.

De lo que hemos referido anteriormente podemos concluir que la ideología no tiene por qué ser un pensamiento de vulneración. Usualmente, si a cualquier cosa se le llama ideología, es lógico que cualquier persona se pueda llamar ideólogo o poseedor de una ideología. No obstante debemos tener en cuenta que el criterio jurídico no menoscaba en ningún momento el acto de pretender un ideal, como puede ser una nación desarrollada, libre y plenamente independiente, educada al fin y al cabo. Si podemos reconocer en primer plano una coherencia existente, entonces podemos decir que estamos en el inicio de las bases ideológicas.

De todos modos, el pensamiento político de hombres realmente ideólogos puede traer una evolución y consecuentemente el desarrollo de cualquier país. ¿Por qué? Porque los ideólogos plantean sus ideas e ideales de acuerdo a un esquema sistematizado en donde se puede reconocer dónde se encuentran los principios ideológicos y a dónde se quiere llegar.

Nuestro país carece de un criterio ideológico y tal parece que sus representantes (nos referimos a los legisladores, que, en su mayoría, al menos en nuestro país, carecen de formación ideológica y se arman proyectos de ley sin tener en cuenta la Filosofía del Derecho, esto, porque no existe restricciones para ser legislador, no hay requisito más dificultoso que cumplir con determinada edad y ser capaz. No creemos que se vulneren derechos fundamentales impidiendo que personas sin una formación, por lo menos mínima sobre leyes, política e ideología, accedan a un escaño en el congreso, es vulneración para el pueblo, en cambio, dejar que lo sea cualquiera) no entienden la finalidad de la ideología y su posible contribución para dar respuesta a la problemática peruana con respecto a sus cimientos no sólo políticos y jurídicos, también los económicos, sociales, culturales y educativos. Por lo tanto, bien haríamos en dejar de utilizar ad náuseam el término ideología.
* Dejo constancia de mi agradecimiento al PhD. Alonzo Ramírez Alvarado, quien ha contribuido notablemente con este ensayo.

** Palabras tomadas de la entrevista realizada por Rosa María Palacios en: Prensa Libre, 01 de julio de 2005.

[1] DRAE, en Microsoft Encarta AE, 2005.

[2] Hans Barth, Verdad e ideología (Buenos Aires: F. E. C., 1951), 16-19.

[3] Ferruccio Rosi-Landi, Ideología (Barcelona: Labor, 1980), 31; en Francisco Miró Quesada Rada, Ciencia Política, Manual y Antología (Lima: Studium Editores, 1988), 271

[4] Con nuestra tesis discrepamos, entonces, con la afirmación de Georges Sorel que define a la ideología como “… el conjunto de creencias, cualesquiera ellas fueran, asumido por un determinado grupo o élite revolucionaria, que sirve para cohesionar al grupo y justificar sus actos violentos”. Cfr. Osvaldo Guariglia, Ideología, verdad y legitimación (Bs Aires: Sudamericana, 1986)

[5] David Sobrevilla, “La segunda muerte anunciada de las ideologías: sobre una tesis de Fukuyama, Hutington y Revel”, en Socialismo y Participación (Setiembre 1998), 79-90.

[6] Lectura citada por Miró Quesada Rada. Op. cit. 284, tomada de: Lev Moskvichov, Teoría de la desideologización: Ilusiones y realidad (Moscú: Progreso, 1974)

[7] No necesariamente oprimidos económicamente o políticamente, sino más bien social y culturalmente.

[8] Al respecto, véase: C. Marx y F. Engels, obras escogidas, tomo I (Moscú: Progreso, 1973)

[9] Socialista es distinto de social, téngase en cuenta. En cualquier caso, el liberalismo y el socialismo son dos caminos diferentes que aspiran llegar al mismo objetivo, entonces, la diferencia entre ambos es el camino, los medios que utilizan para lograr su fin. Al respecto, léase: Gerhart Raichle, Principios de la Política Social Liberal (América Latina: Ed. Fundación Friedrich-Naumann,), 9-14.
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Antenas y ondas electromagnéticas

Casi todos hemos escuchado que los celulares, las antenas y cosas que emiten ondas electromagnéticas causan cáncer, son nocivas para la salud y que ocasionan un sinnúmero de problemas en nuestro organismo. Ello se ha vuelto prácticamente un rumor urbano tan impactante que la gran mayoría está convencida de eso, incluso la prensa, sin el menor cuidado y sin la certeza que merece el caso ha emitido opiniones que han contribuido a que la gente tenga pánico y horror al uso de los celulares, pero sobretodo a la instalación de antenas cerca o lejos de sus hogares. Obviamente, frente a las opiniones vertidas por personas que supuestamente podrían saber del tema porque gozan de alguna embestidura pública, reputación pública o porque lo escucharon en radio o lo vieron en televisión, ocasiona el apoyo de la gente y el repudio ante cualquier cosa que le presentemos como malo. Alguien dijo alguna vez que las radiaciones electromagnéticas son malas y hacen daño, pero nunca dijo por qué. Si preguntamos a alguien que afirme ¿por qué, cuándo y cómo produce daño?, probablemente le pongamos en serios apuros.

Para empezar diremos que las ondas electromagnéticas siempre han existido en el medio ambiente de manera natural o producida por artefactos electromagnéticos, es decir, pueden estar en forma libre en el medio ambiente o en condiciones controladas, como en un horno microondas, por ejemplo. Éstas no representan peligro alguno para la salud humana. Sin embargo, si las ondas electromagnéticas se encuentran en un rango por encima de lo permisible o están demasiado cerca a nuestro organismo podrían provocar problemas.

Allí está el dilema, hay estudios que concluyen diciendo que las ondas electromagnéticas emitidas por los celulares se encuentran en un rango que no representan peligro para las personas. Sin embargo, también existen estudios que concluyen afirmando que el uso del celular es potencialmente peligroso para la salud, o por lo menos sugiriendo que no se puede aseverar que el celular no represente riesgo para los usuarios. Pero aclaremos que las ondas electromagnéticas no todas son iguales.

Existen dos tipos de ondas electromagnéticas, las ondas electromagnéticas ionizantes y las no ionizantes. Un aparato que emita ondas electromagnéticas ionizantes son los hornos microondas o los artefactos de emisión de rayos X. Es decir que cuando uno se rompe la pierna y le sacan su placa utilizando rayos X, se ha expuesto a una radiación de ondas ionizantes. Es verdad que las ondas electromagnéticas ionizantes debido a la pequeña longitud de ondas que tiene aunque no esté radiando su máxima potencia, van a generar daño a la salud porque rompen con la energía enorme que tienen estas ondas concentradas y rompen los enlaces químicos de los seres humanos. Pero si nos exponemos a dichas radiaciones cuando nos sacan una placa en un hospital, se lo hace implícitamente a sabiendas de que nos pueda causar daño, pero a un tiempo tal que supera el periodo de vida normal. Por ejemplo, las células de nuestro cuerpo podrían empezar a degenerarse a causa de estas ondas ionizantes, pero cuando hayamos cumplido los ciento veinte o ciento cuarenta años. Eso quiere decir que se permite la utilización de estos rayos porque cuando nos cause un daño real, ya no estaremos vivos. Estas ondas ionizantes son las que comienzan muy por encima de las microondas, que están en la banda de infrarrojo, en la banda rayos X, en las bandas ultravioletas, en las bandas de gamma y en otras bandas más elevadas; son las que la longitud de ella se mide en nanómetro y el nanómetro es la billonésima parte de un metro.

Las ondas no ionizantes, son aquellas utilizadas por los celulares y las antenas de repetición, a diferencia de las ionizantes, aquéllas andan en el orden de longitudes de ondas milimétricas, por tanto, estamos ya hablando de parte del metro relativamente más grande. Y por lo tanto son incapaces de producir ruptura de enlaces químicos. Ello quiere decir que no se causa ni remotamente ningún daño a la salud. Esto, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud y la Unión Internacional de las Telecomunicaciones. Entiéndase que no existe ni aquí ni en la China algún dispositivo de radiación ionizante que emita señal para celulares o internet. Las antenas de celular, radio y televisión emiten ondas electromagnéticas NO IONIZANTES.

Sin embargo, debemos entender algo. Se conoce por un sentido común que el exceso nunca es bueno; por ello, existen límites máximos permisibles, los cuales son aprobados por organizaciones tanto nacionales como extranjeras que protegen la salud y el bienestar, acorde con el desarrollo de las telecomunicaciones y el avance tecnológico responsable. En ese sentido, para que se pueda instalar un aparato de emisión de ondas electromagnéticas no ionizantes, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones posee unos parámetros a los que se tienen que ajustar obligatoriamente todas las empresas que producen y utilizan estos dispositivos, porque manteniendo un rango se evitaría cualquier problema de salud. Ello sólo por precaución, pero no porque se haya probado que cause daño.

Por otro lado, tenemos un parangón. Se solicita calidad a las empresas, se solicita que nos puedan brindar mejor cobertura y señal hasta en la punta del cerro o en el abismo más profundo. Pero cuando la empresa quiere instalar su antena para poder cumplir con ese objetivo, resulta que se ponen en contra y lo impiden, y a lo mejor, sin haber tenido la ocasión de poder determinar o probar si es correcto lo que defienden.

Supongo que si queremos un ambiente sano y una salud a largo plazo (que es un derecho de toda persona) debemos exigirla de todas maneras, pero de un modo correcto y habiendo vencido todos los medios de prueba que afirmen los rumores, porque finalmente podríamos ser perjudicados en lugar de estar ayudándonos. Hay una regla de oro: No creas todo lo que te vendan para que puedan vender.

Casualmente, leyendo en Internet, me topé con un artículo que afirmaba que las ondas electromagnéticas de los celulares y las antenas causaban daño, pero en ninguna parte del texto confirma sino rumores y estudios inconclusos que suponen que el exceso puede ser perjudicial, algo así como que, cuando yo bebo demasiado me puedo alcoholizar o si estoy mucho tiempo en el agua fría me da hipotermia o si estoy mucho tiempo en la computadora me vuelvo corto de vista, etc. Etc. Resulta que el artículo promocionaba más abajo un producto que supuestamente aísla y bloquea las ondas electromagnéticas no ionizantes.

O sea que, siempre el exceso va a causar daño. Por esa razón, no debemos andar mucho tiempo con el celular (a ver si pueden), y procuren exigir al Ministerio de Transportes y Comunicaciones no la desinstalación de las antenas, porque de alguna manera siempre nos van a servir, más bien exijan que cada instalación cumpla con los límites máximos permitidos por las organizaciones mundiales de protección de la salud. Ojo, el Osiptel no tiene intromisión en este tema, el tema escapa completamente de sus funciones.
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