EL GOBIERNO Y EL ESTADO EN LA PICOTA

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Sinesio López Jiménez

Las últimas encuestas muestran que los peruanos están hartos del gobierno, de los poderes del estado y del Estado mismo, pero los más repudiados son el congreso y su presidente. Al congreso no sólo lo rechazan los encuestados sino también la calle que pide su clausura. Si la protesta de la calle crece, se masifica y se extiende a todo el país puede acabar en un golpe ciudadano no sólo contra el congreso sino también contra el gobierno en su conjunto. Hay un creciente malestar ciudadano que puede acabar mal.

Este es un gobierno sin brújula y sin agenda. Vizcarra, Villanueva y KF tienen ya el gobierno que buscaron con angurria y con ánimo golpista, pero no saben qué hacer con él. No saben cómo poner en movimiento a la economía prácticamente casi estancada. El MEF, que fue manejado desde hace más de 20 años por una pedante tecnocracia neoliberal, hoy está a la deriva. La política fiscal es un misterio. El ex-ministro Tuesta quiso resolver la crisis fiscal al modo neoliberal: que la pague el pueblo sin tocar los bolsillos de los ricos, de los grandes deudores del fisco, de los evasores y de las exoneraciones tributarias. El paquete tributario produjo la irá y la protesta de la gente y el tímido repliegue del gobierno.

Las políticas sectoriales tampoco están claras porque los ministros no saben qué hacer y porque carecen de los recursos necesarios. Al gobierno le faltan ideas, liderazgo, mística y plata. Han perdido la oportunidad de empatar con la gente gobernando para ella o, al menos, alimentando la esperanza de un futuro mejor con el nuevo gobierno y llamándola a poner el hombro. Sospecho que ahora ya es tarde. En política ya no se puede recuperar el tiempo perdido. La gente piensa y siente que el gobierno es incapaz de enfrentar los principales problemas que la afectan: la corrupción, el desempleo, la inseguridad ciudadana.

Si el Ejecutivo está mal, el Congreso anda peor. Ha potenciado al máximo el cretinismo parlamentario. Se dice con frecuencia que el Congreso ha mejorado su representatividad, pero ha empeorado su calidad. El rechazo masivo de la gente muestra, sin embargo, que es poco representativo y que la mayoría sobre-representada en el Congreso es ahora una minoría en el país. El Congreso ya no sólo es poco representativo sino que está lleno de impresentables, con las excepciones del caso por supuesto. Es hora ya de que FP pise tierra y de obligarla a pisar tierra. Es lamentable   que las minorías fragmentadas estén perdiendo la oportunidad de organizar una lista unitaria para desplazar a FP del control del congreso.

A la crisis del gobierno, hay que añadir el desastre el Estado. Con una presión tributaria de 13% del PBI, un poco más de la mitad de presión tributaria media de AL (21.7%), el Estado muestra que carece de una de las capacidades fundamentales (capacidad impositiva) que le permita desarrollar otras capacidades estatales (capacidad coercitiva, efectividad legal, eficacia burocrática, seguridad ciudadana, provisión de bienes públicos, penetración en la población y en el territorio). Adiós OCDE.

 

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