SE AGITA EL COTARRO ELECTORAL

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Sinesio Lopez Jiménez

Ha llegado la hora de las definiciones y las apuestas electorales. Los líderes de los partidos, los posibles candidatos y, en general, todos los actores políticos hacen cálculos electorales, examinan posibilidades de establecer coaliciones, definen sus programas y sus estrategias, seleccionan los integrantes de las listas. La cosa no es fácil porque hay varios problemas electorales que todos ellos tienen que enfrentar.  Uno de ellos es la desconexión creciente entre los llamados partidos nacionales  y los partidos regionales y locales. Otro es la fragmentación partidaria en todos los niveles (nacional, regional y local), pero sobre todo a nivel regional. Un tercero es la volatilidad electoral y partidaria también en todos los niveles. Y, finalmente, como resultado de lo anterior, el caudillismo y el personalismo de la política han despertado ambiciones desmedidas.

El desafío de los actores políticos es si  están o no dispuestos a enfrentar y resolver estos problemas y expresan esa predisposición en sus definiciones y apuestas. ¿Se puede superar la desconexión entre los partidos nacionales y regionales?. Teóricamente hay varias posibilidades, pero en la práctica la más posible es la coalición entre los partidos nacionales y los partidos regionales. Es posible, pero no es fácil, si se tiene en cuenta el desprestigio de los partidos nacionales y la variedad de los escenarios regionales. La viabilidad de la coalición reposa quizá en que a través de ella los partidos regionales pueden alcanzar una proyección nacional y los partidos nacionales, un anclaje regional.

En la conformación de las coaliciones posibles entre partidos nacionales y regionales, quienes llevan la batuta son generalmente estos últimos. Puede haber algunas excepciones como La Libertad en el caso del Apra. Es una cuestión de realismo político. El grado de aceptación de un candidato y la correlación política de fuerzas son buenos criterios para definir las coaliciones políticas. Las pequeñas ambiciones y los deseos de perfilarse como alternativa política no pueden desconocer estos datos básicos de la realidad. El juego de perder ahora para ganar mañana no funciona en estas circunstancias porque la derrota puede ser tan aplastante que impide cualquier juego mañana. Digo esto para todos los partidos, pero sobre todo para la izquierda en los casos de Cajamarca, Lima, Moquegua,  quizás Cusco y alguna otra región.

El cemento de estas coaliciones nacional-regionales o simplemente regionales y locales puede provenir de diversas fuentes (buena relación entre los líderes, presiones militantes y ciudadanas para forjarlas, liderazgos prestigiados, necesidad de hacer frente a adversarios poderosos, deseos de ganar las elecciones o de competir decorosamente, etc), pero el más importante es el programa que se ofrece a los electores. La importancia radica no tanto en que la gente vota por programas sino en que sirve para gobernar, para organizar un partido y definir el carácter de la coalición: derecha, centro, centro-derecha, centro-izquierda, izquierda. La gente tiende a votar más por la simpatía y la confianza (que le inspiran los candidatos) que por programas.

 

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