ALAN PROUST

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                                   Sinesio López Jiménez

En la última etapa de su vida García anda, como Marcel Proust, en búsqueda del tiempo perdido, no por él, sino por Ollanta Humala, pero pretende recuperarlo él cuando lo reelijan en el 2016. Entonces podrá completar su zaga política y escribir  “el tiempo recuperado” probablemente en el decano. Este es, en esencia, el argumento político que García ha comenzado a esgrimir contra el gobierno de Humala y a favor de su reelección en el 2016 (El Comercio, 08/12/13). El argumento no es muy feliz porque puede funcionar como un bumerán si se consideran sus dos gobiernos, en especial el primero.

Si el crecimiento del 5% le parece un tiempo perdido, ¿cuánto tiempo se perdió cuando el PBI decreció -9.4% en 1988, -13.4% en 1989 y -5% en 1990?. Con estas cifras espeluznantes, el Perú perdió, no dos años y medio, sino décadas. El segundo mandato de García es el de las oportunidades perdidas. Con las tasas de crecimiento que tuvo gracias a los precios de los commodities y a la sostenida demanda internacional, salvo el catastrófico 2009 (en el que el crecimiento bajó de 9.8 en 2008 a 0.9), pudo hacer algunos cambios sustantivos (el impulso de un desarrollo sostenible, una reforma democrática del Estado, una mejor distribución del ingreso a través de una reforma tributaria progresiva, una asignación mayor de los gastos del estado en educación y salud, el establecimiento de la consulta previa, etc.), pero no los hizo.

En lugar de promover una reforma integral de la educación, García bajó el gasto en ese rubro de 3.2% en el 2006 a 2.8% del PBI en el 2010 y pretendió reformarla, no sólo sin los profesores, sino contra ellos. En lugar de políticas sociales de calidad, prefirió, al estilo de Odría, el cemento a la gente, la obra pública gigante que encarna el viejo dicho latinoamericano de la cultura permisiva de la corrupción: si el gobierno hace obra, no importa que robe. En lugar de desarrollo sustentable, profundizó el capitalismo salvaje con su célebre “teoría” sobre el perro del hortelano.

García sostiene que hay una desaceleración de la economía peruana porque han bajado las inversiones, cuya disminución se debe, a su vez, a “una desaceleración en la toma de las decisiones que depende del presidente”. Cree que la crisis mundial del capitalismo y las dificultades que tienen algunos países de AL para crecer no son una valla sino una oportunidad para que el Perú crezca. Para ello basta la decisión del Presidente. García le está pidiendo probablemente a Humala que aplique más agresivamente su “teoría” del perro del hortelano. ¿Le parecen insuficientes a García las siete medidas de Humala para recuperar la confianza del empresariado?.

La innovadora “teoría” de García parece ser que la tasa de ganancia que mueve a los empresarios a invertir depende principalmente de las condiciones que les ofrezca un presidente decidido y voluntarioso. Las crisis del capitalismo no cuentan en esta historia. Mientras más concesión de condiciones, sin importar a qué precio, más inversión. Todo lo demás lo deja en manos de Dios. ¿Cree que Dios interviene en política?, pregunta la Balbi y García responde: “Interviene en todo, señora. No sé qué pensará usted, yo soy creyente”. Manjar de dioses para politólogos, teólogos y sicoanalistas. Si Dios fallara, está el Fiscal de la Nación, su amigo y compañero, para salvarlo y allanarle el retorno en el 2016. ¡Qué tal faenón!. Oreja y rabo para García.

 

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Un pensamiento en “ALAN PROUST

  1. Carolus

    "Oreja y rabo para García" que sabe ir de faenón en faenón aùn con viento en contra y es que sabe lo que quiere y sabe cómo lograrlo; aunque no nos guste, la culpa es nuestra, ya por el sistema caudillista que le hace el juego, por nuestro pseudo sistema democràtico y por los pèsimos polìticos que no estan a la altura de las circusntancias.

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