LA AGENDA PENDIENTE

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Sinesio López Jiménez

Es la primera vez que esto me sucede. Me había preparado de antemano para escuchar una sorpresa. Carlos Franco, a quien creo y aprecio de veras, había anunciado en una entrevista a la República que, de acuerdo a informaciones más o menos confiables, los cambios podían comenzar el 28 de julio. Me senté cómodamente frente a la TV a la espera de los cambios anunciados. Lo escuché con atención durante media hora y luego me quedé profundamente dormido. El discurso de García fue para mí un poderoso somnífero no sólo por la forma sino sobre todo por el fondo. Todo lo que pude escuchar me pareció la lectura de un periódico de ayer, algo dejá vu. Tengo la impresión que los bajos niveles de aprobación ciudadana lo deprimen mucho, aunque lo niegue invocando a los peruanos a contagiarse con su optimismo. Me parece que ese mismo estado de ánimo lo indujo a realizar un modesto desfile militar y a mantenerse lejos de las multitudes.

Quizá lo más importante del discurso de García es lo que no dijo. Otro tono y otro espíritu habría tenido su discurso si hubiera señalado los grandes desafíos que tiene su gobierno en los tres años que le restan y que constituyen la agenda pendiente. En primer lugar está el crecimiento sin inflación. Este es el desafío inmediato. Hasta ahora los operadores de la política económica que están en el MEF y en el BCR se han mostrado incapaces para frenar la inflación. El consuelo que nos ofrece García y que nadie le cree, particularmente los pobres de las regiones, es que el Perú tiene la inflación más baja de AL y la solución que nos propone es la disminución de la demanda a través de la reducción del gasto público y de la inversión pública sin afectar un ápice el desbordante gasto privado y las importaciones. El segundo tema de la agenda pendiente es el crecimiento con distribución y con equidad. García ha mantenido un silencio total sobre este tema y ha asumido la tesis obsoleta de chorreo. La distribución es asunto básicamente político y la herramienta más eficaz para logarla es la reforma tributaria: Que paguen más los que más tienen. Que los ingresos fiscales provengan principalmente de la renta y no del IGV a través del cual pagan más los que menos tienen. Es hora de olvidarse del óbolo a las mineras, que tiene un sospechoso olor a corrupción, y discutir seriamente el impuesto a las ganancias extraordinarias. García en este aspecto ha optado por lo más fácil, extrayendo los ingresos fiscales de los sectores menos pudientes y de los más débiles: los consumidores y los trabajadores en planilla a los que mete la mano al bolsillo y les saca casi un tercio de su sueldo. Lo más irritante de los impuestos a la clase media es que no les devuelve nada a cambio, lo que constituye casi un robo. El tercer tema de la agenda pendiente es el desarrollo con descentralización. Enfrentar este desafío implica superar la injusta e irracional distribución de la renta principalmente minera (canon, regalías e impuestos) para que todos participen en la cosecha de lo que no siembran y que pertenece a todos los peruanos. Es necesario evitar la dilapidación de la renta engordando una abundante clientela política para destinarla al desarrollo de todas las regiones, especialmente de las más pobres, en un esfuerzo combinado del gobierno central, las regiones y la empresa privada. El aprobado CEPLAN es la herramienta necesaria para impulsar el desarrollo con descentralización. Una cuarta cuestión pendiente es la disminución de la pobreza con reducción de la desigualdad. El camino es más o menos conocido: el aumento de empleos adecuados con salarios dignos a través de la inversión privada y pública, además del incremento sustantivo del gasto público como parte del PBI para desarrollar las capacidades de los pobres e impulsar una política de igualdad de oportunidades a través de la educación de calidad y de la salud. La supuesta reducción de la pobreza se evaporó y se ha incrementado con la inflación actual. Un quinto tema de la agenda pendiente es la reforma del Estado en todas sus dimensiones (las instituciones y la burocracia, el sistema legal, las FF.AA. y policiales, los poderes del Estado, el Estado-para- la- nación, el Estado como sistema institucionalizado de dominación social) con la reforma política (reforma constitucional, reforma de sistema electoral, reforma de los partidos y del sistema de partidos y cambio de la forma de gobierno). Aparte de pequeños e insignificantes cambios burocráticos, las reformas estatales hasta ahora propuestas no son para la nación sino para el capital y los grandes empresarios. El último tema pendiente, y no por eso menos importante, es el desarrollo con democracia. García no puede sacrificar la democracia en nombre del crecimiento como lo viene haciendo hasta ahora: Cualquier demanda y la más modesta protesta social son definidas por él como una declaratoria de guerra. Y se prepara disparar y dispara. El crecimiento y el desarrollo forman parte sustantiva de la construcción de la democracia y de una sociedad democrática. En cuanto a la reforma del alma que propone García, debiera comenzar por la suya porque las políticas que viene desplegando son francamente desalmadas.

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