EL SUSTO PERMANENTE

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Sinesio López Jiménez

Las élites conservadoras del Perú han vivido siempre en el susto permanente. En la colonia, ellas temían a los estallidos indígenas y a las sublevaciones sociales. En el período de la independencia, temían que los negros (que habitaban la capital) aprovecharan la ocasión para liberarse y se abstuvieron por esta razón de participar en la gesta libertadora. En el siglo XIX temían que el mundo andino invadiera y expandiera su pequeña comunidad criolla. En la primera mitad del siglo XX temían a las invasiones de las haciendas y de las ciudades criollas por los andinos, temían al APRA y a la izquierda marxista y sobre todo temían otorgar el sufragio universal. En la segunda mitad del siglo XX temían a Velazco y a todos los que se le parecieran, no como dictaduras (siempre se apoyaron en ellas), sino como gobiernos que pudieran cuestionar sus privilegios. En el siglo XXI se asustan del sufragio universal ejercido cada cinco años, se asustan de Humala y de todos los que se le puedan parecer políticamente. El miedo de las élites es consustancial a la inestabilidad social y política y a su incapacidad de construir un orden basado en la integración, en instituciones compartidas y en pactos políticos relativamente permanentes. Apelan entonces a la fuerza, al engaño, a la dictadura y a alguna institución conservadora que haga llevadero el sufrimiento terrenal de la gente. Otro mecanismo es extender el miedo, democratizarlo y hacer que todos lo compartan, a lo Maquiavelo en su arista conservadora y a lo Hobbes. Todos son unos malandrines decía el lado no republicano de Maquiavelo. Todos son violentos decía Hobbes: Homo homini lupus. Cualesquiera sean los motivos y los mecanismos, el miedo es la base de todos los Estados autoritarios.

¿Por qué asusta el sufragio universal a las élites conservadores peruanas del siglo XXI?. A los actuales conservadores peruanos les está pasando lo que a los liberales de Europa de mediados del siglo XIX. Mientras John Stuart Mill y Alexis de Tocqueville tuvieron miedo a la falsa democracia y a la dictadura de la mayoría que se desarrolla en la sociedad moderna, Carlos Marx vio en el sufragio universal un paso importante en el tránsito al socialismo. Marx creía que la dictadura de la mayoría y la dictadura del proletariado se acercaban. Liberales y marxistas del siglo XIX pensaban, sin embargo, que la democracia y el capitalismo se acompañan, aunque ambos lo hacían ciertamente desde perspectivas diferentes. El siglo XX, sin embargo, mostró cruelmente que existen capitalismos sin democracia (fascismos y nazismos) y que la democracia es difícil en las sociedades rurales. Para explicar el miedo al sufragio universal de los conservadores peruanos sugiero una hipótesis: El sufragio universal ha producido una revolución política en el campo, en los distritos, en las provincias y en las regiones predominantemente rurales o que se siente excluidas en su vida económica y social y que, por esa razón, son pobres o sienten pobres y discriminados y votan por sus propios representantes y contra los candidatos de las elites privilegiadas o vinculados a ellas. Esto es lo que se viene produciendo en la sierra y en la selva. Los principales, como llaman los campesinos a las élites y a las autoridades vinculadas al poder establecido, han sido arrinconados o han emigrado y sus representantes, en forma fragmentada y sin una organización nacional, han ocupado su lugar gracias al sufragio universal.

Y como quieren los conservadores superar sus miedos y curarse en salud frente al sufragio universal?. Su estrategia despliega políticas superficialmente integracionistas y políticas extremadamente perversas. Entre las primeras están la tímida inversión actual en infraestructura y, a partir probablemente, del 2009 o 2010, un agresivo asistencialismo en el campo y en las regiones desafectas a los candidatos conservadores con el beneplácito de toda la derecha, las organizaciones empresariales y los mismos organismos financieros internacionales que estarán dispuestas a abrir temporalmente todas las compuertas que ellos mismos han construido para impedir la distribución social hacia abajo. Entre las segundas, están la exclusión de Ollanta Humala y de todos los Ollantas, tal como lo sugiere una Fiscal probablemente digitada por el APRA o por la derecha más conservadora. Como esta táctica es inviable por incivilizada y contraproducente, otra política perversa es la búsqueda de una mayor fragmentación de la representación de las regiones pobres y excluidas, multiplicando los candidatos que pueden competir efectivamente con Ollanta. La libertad de Antauro y del mismo Fujimori puede ser supeditada a esta política. Pero la propuesta más perversa es la eliminación del sufragio universal y su reemplazo por el llamado sufragio libre. En el contexto peruano actual ésta no es una medida liberal sino excluyente y antidemocrática. Se trata de eliminar a lo que un periodista, habituado a encubrir sus limitaciones intelectuales con el insulto y la patanería, llama el electarado. En realidad, se trata de sacar de la cancha a todos los electores que no piensa como él, vocero de las cavernas políticas del país.

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