Jump to navigation
Artículos con la etiqueta Carlos Hurtado Ames
noviembre 21, 2011

Carlos H. Hurtado Ames
No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que fui a la Biblioteca Municipal de Jauja, pero fue un verano de las vacaciones en que solía volver a Jauja cuando estaba en el pregrado en San Marcos. De esa primera visita recuerdo que quien estaba a cargo como bibliotecario era Arturo Mallma, quien tenía un gran conocimiento de la bibliografía jaujina y de la colección de libros que tenía esta biblioteca, lo que en muchos sentidos, en ese momento, fue un agradable descubrimiento. De esa fecha hasta el presente he regresado siempre que he podido innumerables veces. En este tiempo, he visto pasar a varias personas como encargadas de la biblioteca luego de que Arturo dejara el cargo al encontrar nuevos horizontes en la Universidad del Centro. A excepción de él y del profesor Gilberto Espinoza –ambos puestos durante las gestiones del ex alcalde Balvín Martínez, que, en sentido, hay que reconocer, no fue nefasto– ninguna de estas personas reunía el perfil necesario para estar al frente de una entidad de esta naturaleza. Se trataba de personal administrativo de la Municipalidad que habían sido puestos ahí, en algunos casos y por increíble que pueda parecer, a manera de “castigo”, según propia versión de los aludidos, lo que muestra la importancia que se le ha solido dar a la cultura en Jauja por parte de las autoridades de turno. Lógicamente que en este contexto, la biblioteca ha ido languideciendo paulatinamente. Actualmente su situación no puede ser menos que preocupante, quizás hasta desastrosa.
Uno de sus primeros problemas es su local. En la época de Mallma estuvo ubicada dentro de la misma Municipalidad aunque casi hacinada; después se pasó a la casa de Pedro Monge en el barrio de La Samaritana; luego se la instaló en el segundo nivel del Mercado Modelo y finalmente, con esta gestión, se volvió a la casa de Monge. La razón del porque la biblioteca se trasladó dos veces a la casa de Monge estriba en el hecho de que él, mediante cláusula testamentaria, donó su biblioteca particular de más de cinco mil volúmenes a la Biblioteca Municipal, con la condición de que se queden en su casa, que también donó al Municipio. Sin embargo, el asunto es que, debido a su lejanía del centro, los lectores simplemente no van ahí. Esta es la razón, seguramente, por la que se vio por pertinente hacerla funcionar en el local del jirón Bolognesi sobre el Mercado Modelo, donde tenía una vida más activa en cuanto a lectores, principalmente escolares, que cuando se ubicaba en La Samaritana. No obstante ello, a los genios de los regidores que han entrado en esta gestión, no se les ha ocurrido mejor idea que llevarla nuevamente al otro lado de la ciudad, obviamente sin conocer ni importarles nada.
Otro asunto es la organización misma de la biblioteca. En principio, actualmente los libros están mesclados, entreverados, no hay un orden, no tienen clasificación, lo que permite que fácilmente se pierdan. Por ejemplo, me acuerdo que había como diez ejemplares de la primera edición de Cuentos Populares de Jauja, de Pedro Monge, ahora no hay ni uno; igualmente, había varios ejemplares de Imagen de Jauja, de Edgardo Rivera Martínez, ahora apenas hay sólo uno. Por supuesto que no hay ficheros ni catálogos ni nada que se le parezca. Muchos de los estantes, además, están sumamente deteriorados. Al menos durante el tiempo de Mallma y el profesor Espinoza había un mínimo orden. Lo que ha sucedido es que, en este último traslado, se han acomodado los libros a la diabla, como se suele decir. Después, no sé desde cuando no se compra un libro para la biblioteca, sus últimas adquisiciones son básicamente donaciones. ¿Existirá alguna partida para ello? Llegaban antes libros de la Biblioteca Nacional y del Concytec porque la biblioteca estaba afiliada al Sistema Nacional de Bibliotecas, pero ahora no llega nada porque no se ha hecho la renovación respectiva, lo que, en definitiva, es una cosa sumamente sencilla.
Evidentemente esta situación no es culpa de quienes son o han sido responsables de la biblioteca porque, simplemente, han estado desprovistos de un conocimiento mínimo sobre el manejo de este tipo de instituciones, ni tampoco tienen o han tenido la sensibilidad humanística necesaria que da el saber. No sé porque las autoridades en Jauja han visto a la cultura como la última rueda del coche, lo que es y ha sido parte de un problema estructural en esta ciudad. Lamentablemente tampoco ahora es la excepción. La actual persona que atiende me comentó que le había informado al Gerente Municipal el tema de la poca o casi nula concurrencia de lectores a la biblioteca debido a su actual ubicación, ante lo que éste no tuvo otra mejor idea que decirle “entonces la cerraremos”. Lo desconcertante y patética de esta respuesta, independientemente de su inviabilidad, deja patente el nivel de algunos altos funcionarios que actualmente están en el Municipio, y deja pocas expectativas a lo inmediatamente venidero. Sinceramente, con este tipo de mentalidad no se puede hacer mucho. Bajo ningún punto de vista se debe permitir que la biblioteca cierre, lo que sería un atentado de lesa cultura y un acto de severo desprecio a la historia y cultura de Jauja; pensarlo siquiera es una completa aberración.
Creo que la biblioteca debería volver a funcionar en el centro de la ciudad donde volvería a tener un cierto tipo de dinamismo y convertirse en el eje cultural de Jauja. Realizar un orden mínimo es más que urgente. Para ello, creo, que lo más adecuado, y por lo que se le agradecería eternamente al Alcalde, es contratar los servicios de un bibliotecólogo que realice un cambio y una transformación estructural. Es claro que no hay lectores porque no hay un plan de incentivo a la lectura; es inaudito que no haya actualmente ni siquiera un periódico mural o algo que se le parezca, que varios cuadros valiosos (hay algunos de Wenceslao Hinostroza, Ernesto Bonilla y Hugo Orellana) que son parte de su patrimonio estén almacenados en algún cuarto empolvándose, en vez de ser parte de una muestra permanente. Sólo a partir de un real cambio de la situación en que actualmente se encuentra –que corresponde a una decisión política–, la biblioteca puede proyectarse a cosas más complejas y buscar los tantos apoyos que hay a las iniciativas culturales locales, establecer convenios, afiliarse a las redes de bibliotecas, tanto en el Perú como afuera, solicitar donaciones y realizar actividades de fomento cultural, como conversatorios, recitales, exposiciones permanentes, como sucede en cualquier biblioteca del mundo.
Ahora que todo el mundo en Jauja habla del aeropuerto –y donde algunos se aprovechan de ello para decir estupideces en las redes sociales con tal de parecer críticos e inteligentes–, quizás algunos puedan pensar que este es un asunto menor y sin importancia. Ello es un error, y es necesario reiterarlo todas las veces que se pueda. La cultura es requisito y condición de progreso. En más de una ocasión Edgardo Rivera Martínez me dijo que tenía la intención y voluntad de donar su biblioteca a la Biblioteca Municipal de Jauja. Con profunda pena tuve que sugerirle que no lo hiciera, no en las actuales condiciones por lo menos.
Publicado en General
|
3 comentarios »
| Visto: 637 veces
septiembre 01, 2011
Los tísicos y la tuberculosis en la historia de Jauja
Carlos H. Hurtado Ames
Hasta mediados del siglo XX, Jauja tuvo una característica que la diferenció de las demás ciudades aledañas en la sierra central del Perú. Debido a las bondades de su clima, fue un lugar de sanación de la tuberculosis, uno de los grandes males de ese tiempo, llegando incluso a establecerse un Sanatorio en la ciudad misma desde 1921.
Efectivamente, Jauja tuvo fama de ser un lugar de sanación, lo que puede rastrearse desde la colonia. Por ejemplo, hacia 1639 el padre Bernabé Cobo señala que: “[…] su temple es tan sano y regalado, que muchos van a esta ciudad a cobrar salud y convalecer en aquel valle”. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, Manuel Pardo, en un texto que escribió como resultado de una estadía en la ciudad a consecuencia, precisamente, de la mentada enfermedad, menciona que: “Jauja es el antídoto de la tisis, es el único temperamento de la superficie del globo que posee tan valiosa virtud”. El futuro presidente y fundador de Civilismo en el Perú, reclamaba, además, la construcción de una ciudad sanitaria, lo que recién se daría en la segunda década del siguiente siglo. Estos testimonios que, ciertamente, podrían multiplicarse entre finales del siglo XIX y principios del XX, dan cuenta de la importancia que tuvo Jauja en la curación de esta enfermedad.
Ahora, desde finales del siglo XIX se generaliza la idea en la comunidad médica limeña de la necesidad de los sanatorios para el tratamiento de los tuberculosos, lo que era parte de la idea muy aceptada de la cura de reposo en las sierras, basada en el descanso y la buena alimentación. En el caso peruano, el lugar en el que se pensó desde un inicio fue Jauja, posiblemente en atención a los antecedentes de su clima, ya señalados. Sin embargo, la construcción del Sanatorio, a pesar de la real disposición que había para tal fin, tuvo que esperar hasta la segunda década del siglo XX, y tener como motor de gestación una donación testamentaria, en este caso la del ciudadano Domingo Olavegoya. El Sanatorio comenzaría a funcionar en Jauja en 1921, cuando se inauguraron los pabellones y se trasladaron pacientes y médicos que llegaron de la capital de la República. Una vez que se estableció el Sanatorio en la ciudad, comenzaría lo que algunos autores denominan como su periodo de auge, el mismo que comprendería desde su inauguración, en 1921, hasta el descubrimiento de las vacunas que tratarían con éxito la mortal enfermedad (la estreptomicina) a mediados del siglo XX. Durante este periodo llegarían a Jauja gente de muchas latitudes, cuya cantidad está aún por determinarse, con el propósito principal de sanarse. Si bien, como ya hemos señalado anteriormente, la presencia de tísicos en la zona data desde tiempos coloniales, las evidencias nos inducen a pensar que es en la etapa del auge del Sanatorio que su número se dinamiza. De esta manera, en una nota de El Porvenir del 22 de enero de 1920, el alcalde pidió que Jauja sea beneficiada con el proyecto de saneamiento de ciudades al gobierno de ese entonces, debido a que “[…] muchos habitantes de Lima, de otras provincias y del extranjero van a la ciudad para restablecer su salud por el clima apropiado para curar la tuberculosis”.
Diego Armus, un historiador de la salud en América Latina, observa que la tuberculosis engranaba una serie de elementos, que van desde aspectos culturales hasta políticos más insospechados; es decir, sirvió para hablar de muchas cosas. Para el caso que aquí interesa, y siguiendo las ideas de este mismo autor, se puede decir que la tuberculosis como tema médico penetró la sociedad y la cultura, y fue un recurso discursivo presente en la literatura, el periodismo, el ensayo político y sociológico. Precisamente, es en la literatura donde se da uno de los reflejos más claros de la presencia de los enfermos de tisis en Jauja. De esta manera, dos autores que padecieron la enfermedad dejaron testimonio de su paso por Jauja y por el Sanatorio; uno de ellos es Carlos Parra del Riego con Sanatorio (1938), y el otro Pedro del Pino Fajardo con Sanatorio al Desnudo (1941).
La situación presentada es definitoria y concluyente para lo que aquí se trabaja, ya que por tal motivo llegarían a la ciudad personas de diversas latitudes que, en muchos sentidos, se hicieron parte de la geografía social y dejaron una huella en su desarrollo histórico y cultural. Nuestro punto de vista es que muchos de los aspectos que tienen que ver con determinados procesos históricos, sociales y culturales en Jauja, están en estrecha relación con la presencia de los tísicos. Como lo han mostrado los relatos que ha dejado varios autores jaujinos sobre ello, -siendo los más notables los de Pedro Monge-, éstos convivían con los habitantes de la ciudad en muchos aspectos.
Es inobjetable que a la ciudad llegaron muchas personas de otras latitudes con el fin de curarse de la tuberculosis. A Jauja llegaban no sólo gentes de Lima sino también de Europa. Según Edgardo Rivera Martínez, un viajero francés cuenta que hacia 1875 encontró en esta ciudad una pequeña sociedad cultivada, conformada tanto por la clase media del lugar como por los extranjeros asentados allí. A manera de ejemplo, este mismo autor, señala que los curas encargados de la parroquia de Jauja eran franceses, quienes a la vez le enseñaron su idioma a él en sus años párvulos, lo que nos habla de la particular atmósfera que se vivía en la ciudad. La fuerte presencia de extranjeros en el pasado, incluso, se puede rastrear en la actualidad, mediante la existencia de diversos apellidos de las más distintas latitudes. En el caso de los japoneses, por citar un ejemplo, entre los años de 1909 a 1942, había algo de sesenta familias, de los que actualmente quedan un promedio de seis. En el cementerio de Jauja se encuentran los restos de 370 japoneses, siendo la tumba más antigua de 1915. Esta situación da idea de que se trataba de una ciudad bastante cosmopolita. Al menos Manuel Baquerizo, un ensayista de la cultura del valle del Mantaro, encuentra que hacia la segunda década del siglo XX, Jauja era una de las ciudades más cosmopolitas del Perú, incluso más que Lima en ese momento.
Lo mostrado hasta aquí permite afirmar que Jauja tenía una personalidad cultural que se definía por la influencia de varias vertientes, patentizada en la presencia de personas de diversas latitudes llegadas a Jauja por motivos que se han destacado en el presente artículo. El hecho debe destacarse, debido a que estamos inmersos en una realidad urbana y, sobre todo, andina. Esta personalidad se reflejará en varios aspectos, en particular en la producción intelectual de sus escritores, lo que sería parte de un análisis independiente del aquí realizado.
Post relacionado:
-
Gracias Leonor Álvarez-Calderón Olavegoya
Publicado en General
|
2 comentarios »
| Visto: 514 veces
junio 17, 2011
Invitación
En el marco de la III Feria del Libro Zona Huancayo (FELIZH), invitamos a Ud. y familia a la presentación del libro Pueblos del Hatun Mayu. Historia, Arqueología y Antropología en el valle del Mantaro, editado por José Luis Álvarez Ramos, Carlos H. Hurtado Ames y Manuel F. Perales Munguía. La presentación se llevará a cabo el día 24 de junio a horas 6:30 p.m. en el auditorio Oswaldo Reynoso de la FELIZH (Plaza Huamanmarca – Huancayo).
Este libro ha sido ganador del Concurso Nacional de Subvención a Publicaciones Científicas y Tecnológicas del CONCYTEC 2010 en el área de Ciencias Sociales y Humanidades.
Los comentarios estarán a cargo de José Carlos de la Puente Luna.
Los editores agradecen su asistencia.
Jauja, junio del 2011.
Publicado en Jauja Cultural
|
4 comentarios »
| Visto: 774 veces
octubre 11, 2010

Carlos H. Hurtado Ames
Los Xauxas fue el grupo étnico que tuvo centro de poder en el valle de Yanamarca y en la parte norte del valle del Mantaro en la actual provincia de Jauja. Cronológicamente se les puede incluir dentro del llamado Intermedio Tardío o Segundo Regionalismo, entre los 1000 a 1460 d. C. Fue el grupo étnico más importante de la región que se suele denominar como del Mantaro, lo que se comprueba al ver los centros arqueológicos que han quedado en la actualidad y que marcan una clara diferencia de desarrollo con los grupos étnicos del sur del valle del Mantaro, conocidos como Huancas, y con los Taramas, de Tarma.
1. Aclarando las confusiones
Durante mucho tiempo, Xauxas y Huancas han sido confundidos constantemente, tanto en la literatura arqueológica como histórica, principalmente por la similitud observada en su cultura material, como la construcción de estructuras de piedra de planta circular como viviendas, la localización de sus asentamientos en cumbres de cerros y partes elevadas sobre el valle y el uso de géneros similares de cerámica. Sin embargo, todas las informaciones históricas y las investigaciones arqueológicas indican que se trata de grupos distintos.
Esta construcción histórica local ha tenido importantes repercusiones en la memoria histórica de la región. Un ejemplo es la muy difundida idea de un denominado “Reino Huanca”, que supuestamente sería el gran antecesor antes de la llegada de los incas a la zona. Se trata de una inventiva que tiene un punto de partida en los trabajos del historiador Waldemar Espinoza Soriano, quien formuló la idea de un grupo étnico denominado como los huancas común a toda la región, que habría tenido una capital y un rey, con poderes omnímodos y cuyo nombre se ignora. Debido, quizás, a que se trataba de un argumento que se adaptaba perfectamente a las necesidades explicativas de una colectividad en crecimiento y formación, como lo era Huancayo en la década de los setentas del siglo XX y, por ajustarse, además, a ciertos intereses políticos de ese lugar, la idea caló hondo. Un ejemplo son las frases de “Nación Huanca” o “Construyendo el futuro de la Nación Huanca”, derivaciones directas de esta construcción del pasado. Como es evidente, ello ha creado una serie de malos entendidos y falsas lecturas del ayer y tergiversaciones que aquí no dilucidaremos, pero que conviene diferenciar de lo que realmente ha sido el pasado prehispánico en la región.
En este sentido, una lectura cuidadosa de las fuentes históricas muestra el panorama real de las situación que se vivía en la zona antes de la llegada de los incas, sumado a los aportes realizados por la arqueología y la lingüística, a partir de lo cual se puede establecer que los xauxas era un grupo totalmente distinto de los huancas. Por ejemplo, una observación inicial del cronista Pedro Pizarro indica que: “Estos naturales de Xauxa son dos parcialidades, unos llaman Xauxas, y otros Huancas (…) Los Xauxas traen unas fajas coloradas alrededor de las cabezas, de anchor de una mano; los Huancas las traen negras”.
Por su parte, los informantes que respondieron al interrogatorio hecho por Andrés de la Vega en 1582, y que se conoce como la “Descripción de Xauxa”, contenida en las Relaciones Geográficas de Indias, señalaron que:
"[…] antes del Inca, nunca fueron sujetos a nadie, más de que en cada uno destos repartimientos tuvieron y conocieron por sus señores á los indios más valientes [y] traían guerra unos con otros por adquirir más tierras, y no salían fuera deste valle á pelear, sino era, dentro del valle, los de la una banda del rio que por él pasa con los indios de la otra […]";
La sugerencia a un clima de fragmentación en esta última fuente es clara. El Inca Garcilaso de la Vega da cuenta de una situación similar: "[…] con ser todos de una nación, tenían bandos y pendencias sobre las tierras de labor y sobre los términos de cada pueblo […]"; e indica que por ello, los incas dividieron la región en tres parcialidades, que fueron Hanan Huanca, Lurin Huanca y Hatun Xauxa, con el fin de poner fin a estas disputas.
Como es de suponer, este clima de división en los pueblos del valle era una realidad cuando llegaron los españoles, por lo que es claro que ello era parte de una situación anterior a la presencia de los incas. De acuerdo a estas fuentes, al menos como se aprecia en la “Descripción de Xauxa”, no hay evidencia de ninguna unidad política traducida en la figura del un reino. Más bien, como se ha visto, por lo menos hubo dos grupos de importancia, que eran los Xauxa y los Huanca.
La investigación arqueológica también va por este sentido. Por ejemplo Terence D´Altroy (1992), señala lo siguiente:
Contrariamente a los reportes de un reino Wanka unificado [se refiere a las afirmaciones de Espinoza Soriano], los datos arqueológicos señalan la existencia de un conjunto de numerosas unidades políticas en competencia dentro de la región. Lo que ocurre es que, simplemente, una identidad étnica común no implica necesariamente una unificación política. El poder sociopolítico en la sierra central en el Intermedio Tardío estuvo dividido entre numerosas unidades políticas autónomas, aunque las sociedades de la región se estaban volviendo cada vez más centralizadas y estratificadas.
Como ya se ha dicho al inicio, los Xauxas se habrían ubicado en el actual valle de Yanamarca y en la parte norte del valle del Mantaro. Los restos arqueológicos que han quedado de este grupo étnico, hacen pensar que se trataba del más importante de los grupos humanos existentes en la región cuando llegaron los incas. Debido a esta importancia, han merecido el interés de uno de los proyectos arqueológicos más importantes y de más largo aliento que se han realizado en el Perú, tal como es el caso del Upper Mantaro Archaeologicas Research Project (UMARP), quienes han realizado uno de los trabajos más serios hasta ahora existentes sobre esta parte de nuestra historia, estableciendo una periodificación regional sobre la base de las distintas fases arqueológicas que lograron identificar, con la denominación de “Wanka”. Parte de sus investigaciones se han difundido, últimamente, a partir del importante volumen editado por el Centro de Estudios Históricos “Julio Espejo Nuñez” denominado Los Xauxas, territorio e historia (2010), de los profesores Lucio Villanes, Henoch Loayza y Luis Cáceres.
2. Organización política y vida cotidiana
Los sitios de ocupación que han sido examinados por este grupo de investigación son varios, casi el medio centenar, y se ubican entre los 3500 y 3700 msnm. y en las partes altas o puna, por sobre los 3700 msnm. Es en la denominada fase Wanka II (1350 – 1460 d. C.) que los asentamientos de las partes altas toman mayor dimensión. De todo el conglomerado de asentamientos, en esta fase, al parecer cuatro fueron los centros de mayor rango o cabecera: Tunanmarca, de 25 ha.; Hatunmarca, de 73 ha.; Llamap Shillon, de 20 ha. Estos centros regionales mayores habrían tenido una serie de comunidades satélites, entre las que se encuentran, por ejemplo, Chawin, de 6 ha.; Umpamalca, de 14 ha.; Huajlasmarca, de 4 ha.; etc.
Estos grandes centros regionales mayores no tuvieron parangón en la parte sur del valle, es decir con los Huancas, cuyos restos arqueológicos no presentan el tipo de complejidad y tamaño de los asentamientos Xauxa, lo que sugiere que se trataba de sociedades de menor importancia. Indudablemente, los Xauxas se hallaban en un proceso de crecimiento y complejización que hubiera devenido en un gran señorío, de no ser que fueran conquistados por los incas.
Uno de los Centros Regionales Xauxas que más se ha estudiado es Tunanmarca, que al parecer era el más importante. De acuerdo a las investigaciones del Proyecto Alto Mantaro, se sabe que su ocupación fue entre los años 1280 y 1425 d.C. Todas las edificaciones eran multifuncionales, pues algunas servían como cocina por la presencia de fogones y abundantes restos de ollas, mientras que otras habrían sido dormitorios o depósitos aunque también se han identificado áreas de almacenaje en los patios, hacia algunas esquinas o espacios encerrados en medio de dos construcciones circulares. De igual modo, se sabe que la basura era acumulada hacia algunas de las esquinas del patio o detrás de las viviendas. En su mejor momento debió tener una extensión de 23.1 hectáreas que albergaron entre 7,955 y 13,259 habitantes.
Siguiendo las conclusiones de este mismo Proyecto, Manuel Perales indica que la ciudadela tiene dos murallas defensivas, una que la rodea casi totalmente, y la otra que protege sólo su lado sudoeste. Contiene mayormente recintos circulares agrupados en lo que se denomina como complejo de patio, que se agruparían en dos barrios, acorde con el sistema dual andino en general. Un corredor de diez a treinta metros de ancho separa ambos barrios; éste, a la vez, tiene dos grandes plazas contiguas. La ciudadela tiene un promedio de 174 estructuras circulares por ha., lo que hace un total aproximado de cuatro mil estructuras (Hatunmarca, otro centro regional mayor, sólo tiene cincuenta estructuras por ha.) Ahora bien, la dieta de los habitantes de Tunanmarca era relativamente variada, presentando mayor incidencia en el consumo de maíz, talhui, quinua, papa, oca, olluco y mashua, los cuales eran complementados con la carne de llama, alpaca, cuy, perro, vicuña, guanaco, taruca, venado, ranas, aves silvestres y peces de la zona. Evidentemente, esta imagen puede proyectarse a los demás centros regionales y aldeas satélites, lo que nos da una idea de cómo era la vida cotidiana de los Xauxa.
Ahora bien, cada uno de estos centros regionales era gobernado por “los indios más valientes que hubo”. En el caso concreto de los Xauxas, la “Descripción de Xauxa” menciona a Auquiszapari y Yaloparin. A pesar de que culturalmente eran una unidad, que denominamos como los Xauxas, no lo eran políticamente, por lo que cada centro regional se comportó de manera distinta ante la llegada de los incas. Unos se avinieron pacíficamente y otros se enfrentaron. Hatunmarca es ejemplo de lo primero, mientras que Tunanmarca de los segundo. Salvo en el caso de Huajlasmarca, que se mantuvo incólume hasta la época del virrey Toledo (1570) y amerita un estudio aparte, todos estos centros regionales fueron abandonados cuando los incas los sometieron, mismo que trasladaron el centro del poder a la parte norte del valle del Mantaro, al fabuloso centro administrativo de Hatun Xauxa.
3. Palabras finales
A pesar que hay una especie de discurso histórico oficial que dice que fueron los Chancas quienes ofrecieron la máxima resistencia a la expansión imperial cusqueña, arqueológicamente no hay prueba de ello; no se ha encontrado ninguna evidencia de enfrentamientos ni de que esta sociedad estuviera en condiciones de poder resistir a los incas. La idea de que Pachacuti derrotó a los “aguerridos” Chancas con ayuda de las piedras es una construcción mítica antes que una realidad, lo que era usual en la discursividad histórica que de su pasado hacían los incas. Esto viene a colación porque todos los indicios arqueológicos hasta ahora reportados, parecen indicar que desde su expansión, fue con los Xauxa donde los incas encontraron la principal resistencia. Se trata de un hecho que indudablemente merece un mayor análisis, pero que de ser así, debería ser parte de una reinterpretación de lo que han sido los Xauxas en la historia peruana, hasta ahora ignorados, confundidos y pasados, injustamente y arbitrariamente, a segundo plano en la historia regional y nacional.
Publicado en Jauja Cultural
|
2 comentarios »
| Visto: 1092 veces
octubre 07, 2010
El Proyecto Jauja Monumental tiene el grato honor de invitar a usted y familia a la presentación del libro: La Iglesia Matriz y la Capilla de Cristo Pobre de Jauja. Estudios y Documentos, del Historiador Dr. (c) Carlos H. Hurtado Ames. Dicho evento tendrá lugar en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de Jauja el día sábado 9 de octubre del presente año a horas 7:30 p.m.
La presentación estará a cargo del Antropólogo Mg. José Luis Álvarez Ramos y los comentarios a cargo del Profesor Lic. Sergio Castillo Falconí.
Carlos H. Hurtado Ames es Licenciado en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y candidato a Doctor en Historia por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.
La Comisión Organizadora agradece su asistencia.
Jauja, octubre del 2010.
Publicado en Jauja Cultural
|
2 comentarios »
| Visto: 702 veces
julio 07, 2010
Carlos H. Hurtado Ames
Como es evidente, las mayor parte de las calles de Jauja surgieron con el trazo a manera de cuadrícula que se le dio a la ciudad; es decir, en 1565, cuando se estableció el pueblo de indios “Santa Fe de Hatun Xauxa”, una suerte de prolongación de la “Muy noble ciudad de Jauja” de 1534, aunque con otra ubicación. Sin embargo, no todas han tenido la misma importancia en su historia urbana. Prácticamente, dos son las que han sido como el eje central del movimiento económico y la sociabilidad jaujina, reflejada en el hecho de caminar por ellas sin mayor fin que el desasosiego y la tertulia. Estas son los actuales jirones de Junín y de Grau, antiguamente denominados como calle Real (llamada también calle del Carmen en algunos tramos) y calle de Mercaderes, respectivamente.
Una de las pocas descripciones que hay de Jauja en la colonia, que data de finales del siglo XVIII y realizada por Hipólito Ruiz, señalaba que las eran rectas y solo las aceras de las mas principales están empedradas, por lo que, cuando llovía, se forman en muchas de ellas grandes lodazales, que las hacia intransitables. Se puede suponer que las empedradas han de haber sido, precisamente, la calle Real y la de Mercaderes.
A principios del siglo XX, todavía observamos que las calles se definen por su empedrado, lo que, como es lógico, se constituía ya en un problema para la ciudad misma. De esta manera, en una nota aparecida en El Porvenir en 1911, uno de los periódicos más importantes que circulaban por la ciudad, en una columna denominada “Esas calles”, da cuenta de los siguiente: “Lamentable es el abandono en el que se encuentran las principales calles de la población (…) El reimpiedro de la calzada de varias calles, se encuentra empezado y no concluido”. Dentro de esta coyuntura, una de los principales reclamos era, precisamente, la refacción del reimpiedro de la calle de Junín: “Inaplazable. Ya que vemos tan buena voluntad en el Honorable Concejo Provincial de Jauja, nos permitimos insinuarle lo conveniente que es el reinpiedro y construcción de aceras en la calle de Junín de la esquina del telégrafo al puente nuevo. Obra es esta que consideramos inaplazable y complemento de la pila y regadío de la contigua Alameda”.
Este mismo periódico daría cuenta del reimpiedro de esta calle unos meses después: “Reimpiedro. Continua reimpiedrandose la calzada de las dos últimas cuadras de la calle de Junín; por lo que felicitamos al Consejo que con estas obras prueba su interés por la mejora del piso en calle de tanto tráfico y por donde cruzan numerosos peatones por ser camino obligado a la estación”. El hecho de que el principal reclamo de “reimpiedro” que se muestra en este periódico, la antigua calle de Junín, nos dice bastante de la importancia que tenía en la configuración urbana de Jauja esta arteria, que, como vimos, es posible de remontar hasta el momento mismo de la fundación de la ciudad. No se debe olvidar que era el paso de transito casi obligado para quienes se dirigían a la Estación del Tren, por años el más importante medio de comunicación que hubo en el siglo XX en Jauja.
Por su parte, la calle de Grau, al menos la parte que va de la Plaza de Armas a la Alameda, era el paso obligado para el tránsito hacia el Cementerio, por lo que, en cierta medida, era la calle ritual más importante de la ciudad en el aspecto religioso. Además, ahí se ubicaron los principales comercios en la colonia y buena parte de la república; de ahí su nombre de “Mercaderes”.
El cambio más importante de las arterias en cuestión, se dio cuando se optó por la decisión de pavimentar las calles de la ciudad. Este proceso se estaba terminando en 1954, como se colige tras una lectura de El Porvenir, lo que hace suponer que a partir de este año, o unos antes, se generaliza esta situación en Jauja, dándose el cambio del empedrado a la fisonomía de pavimento que la caracterizará. Al parecer, ello no ha sido común a todas las calles. La importancia de las mismas hizo que se establecieran prioridades.
Hoy las calles lucen un estado deplorable. Pasan los gobiernos ediles y no hay el mínimo interés en revalorarlas, a pesar de su importancia en el entramado urbano. Las veredas y el pavimento presentan grietas y rajaduras o borbotones, lo que entristece el alma a quienes sabemos de su pasado. No obstante, la puesta en valor que viene ejecutando el Gobierno Regional, precisamente de los jirones Grau y Junín, entre otras cosas, parece que revertirá esta situación. En este sentido, la expectativa es grande, y que bueno que sea así.
Foto: Halckon Editores
Publicado en Jauja Cultural
|
Sin comentarios »
| Visto: 940 veces
junio 29, 2010
Carlos H. Hurtado Ames
La ciudad de Jauja es una de las más antiguas que se establecieron en los territorios anexados a la Monarquía Española en el siglo XVI, conocidos como las Indias. Se la fundó en octubre de 1533 y abril de 1534, con la denominación de “Muy noble ciudad de Jauja”, dándosele la categoría de capital de Gobernación. El emplazamiento se realizó al costado del centro administrativo inca Hatun Xauxa, que deslumbró y maravilló a los españoles.
Desde ese momento hasta el presente, ha tenido un proceso amplio y sumamente complejo, que abarca un horizonte temporal de casi quinientos años, aunque el pasado histórico se remonta mucho más atrás, cuando fueron principales actores los Xauxa, el grupo étnico que pobló este lado del valle. Como es obvio, en Jauja se respira historia por todos lados. Desde los formidables centros arqueológicos Xauxa, como Tunanmarca, Hatun Malca o Huajlasmarca; el enorme y fascinante sistema de colcas de Hatun Xauxa y la misma ciudadela inca; las diversas edificaciones de la ciudad en la colonia y la república, que le dan un particular aire de ciudad andina/ciudad colonial. Nos centraremos brevemente en esto último.
A pesar de que la ciudad se fundó en los primeros años del coloniaje, el origen del emplazamiento urbano actual es de 1565, cuando se movió la ciudad unos kilómetros de su antigua ubicación a la actual, en un hecho muy usual de esos tiempos. El nuevo emplazamiento, debido quizás a la poca población española que quedó en la región luego de que se trasladara a la costa la capital al fundarse la Ciudad de los Reyes (la Lima de hoy), tuvo la categoría de pueblo de indios, con la denominación de “Santa Fe de Hatun Xauxa”. Por avatares propios de la organización política interna del virreinato, en 1784 se le da la categoría de villa. El privilegio de ciudad lo volvería a obtener luego del proceso de la independencia el 6 de abril de 1822, ratificada el 5 de febrero de 1828, con lo que se iniciaría un nuevo proceso que se caracteriza por el influjo de la modernidad de distintas maneras y en distintos tiempos.
Como es evidente, en todos estos procesos, han surgido una serie de edificaciones y espacios que se constituyen en el Patrimonio Histórico Urbano de la ciudad. Uno de los más importantes está constituido por la arquitectura religiosa, que se resume en la Iglesia Matriz y la Capilla de Cristo Pobre. La Iglesia surgió, como es claro, con el emplazamiento de 1565. A lo largo de su historia ha tenido una serie de modificaciones, tanto interna como externamente, siendo la más notable la realizada por los Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción, desde 1914 hasta 1934. La capilla de Cristo Pobre, por su parte, inició su construcción en 1920, inaugurándose en 1922, y terminándose los trabajos en 1928. De igual forma, ha tenido una serie de intervenciones, siendo la más notable la realizada en la década de los ochentas del siglo pasado, debido al deterioro de varios elementos de la infraestructura.
Otra parte del Patrimonio Monumental de la ciudad son las diversas casas y casonas coloniales que se construyeron en la colonia y en la república. Las más importantes y mejor conservadas se encuentran en el denominado Centro Histórico o Zona Monumental, que comprende, prácticamente aunque con algunas variantes, la delimitación de la cuadrícula del trazo original de la ciudad. Las casas coloniales eran principalmente de un piso; es en la república que se generaliza los ambientes de dos niveles, las que a la vez son los que definen el paisaje urbano de Jauja debido a su mayor número. Por lo general, este tipo de casonas disponen de zaguán y patio principal; sus fachadas son de estilo neoclásico; las puertas y ventanas características de los segundos niveles poseen carpintería de madera, siendo de estilo neoclásico compuestos por pilastrillas en las jambas y entablamentos.
Los espacios públicos también son parte del Patrimonio Urbano de Jauja. Se trata de ambientes por donde discurre la mayor parte de la sociabilidad de la comunidad. Concretamente, se reducen a dos: la Plaza de Armas y el conjunto que conforma la Plazuela de Santa Isabel, el Arco y la Alameda. Indudablemente que el emplazamiento de la Plaza Mayor fue ideado cuando se trazó la misma ciudad hacia 1565. La Plaza era el centro del poder y la interacción social. Ahí estaba la Iglesia Matriz, el Cabildo y Ayuntamiento, la Gobernación, la Cárcel y las casas de los vecinos más encumbrado. Las principales evidencias muestran que era el mayor espacio de sociabilidad; ahí se realizaban las Corridas de Toros hasta el siglo XIX y es muy probable que, desde la colonia, fuera el lugar donde se realizaran periódicamente las ferias. También era el lugar donde se desarrollaban o convergían las diferentes fiestas de acuerdo al calendario festivo anual de la ciudad.
Actualmente la Plazuela de Santa Isabel, que también se le suele denominar como de La Libertad, el Arco, al que se le suele designar con el mismo nombre, y la Alameda son parte de un mismo espacio público. La Plazuela también tenía funciones propias de un espacio de sociabilidad, aunque no en la dimensión de la que tuvo la Plaza de Armas. Hay algunos testimonios, sobre todo de carácter oral, que advierten que ahí se realizaban también corridas de toros y el baile de la Tunantada, antes que se traslade al distrito de Yauyos. El Águila que aparece en el monumento que se ha colocado al medio, data de 1921 y fue confeccionado para conmemorar el Centenario de la Independencia. Es de señalar que, con este motivo, se cambió el nombre del barrio por el de La Libertad.
Finalmente, aunque no lo hemos señalado explícitamente, está implícito que las mismas calles de la ciudad son parte de este Patrimonio. Dos son las más importantes, la de Junín y la de Grau, antiguas calle Real y calle de Mercaderes, respectivamente. Desde siempre fueron por donde se concentró el transito, el comercio y la tertulia. Por la calle Real se iba a la Estación de Tren, el más importante medio de comunicación de Jauja durante el siglo XX; y por Mercaderes se iba al Cementerio, por lo que fue una calle netamente ritual, donde, además, se ubicaron los comercios más importantes de antaño.
Como se puede apreciar, se trata de un Patrimonio ingente que no ha sido valorado en su integridad hasta ahora. Por lo mismo, un proyecto de recuperación se constituye en la alternativa más adecuada y óptima. En la medida que se valore adecuadamente nuestro pasado, conociendo y entendiendo lo que hemos sido, las posibilidades de estructurar un proyecto de desarrollo real serán más claras.
Publicado en Jauja Cultural
|
Sin comentarios »
| Visto: 1162 veces
junio 21, 2010

Carlos H. Hurtado Ames
La problemática de Jauja es múltiple y diversa. Implica, de un lado, a los actores sociales que son parte de su realidad y, de otro, al proceso histórico que ha vivido, particularmente en su etapa contemporánea. Explicaré brevemente en el espacio del que dispongo estas ideas. Es evidente que Jauja, me refiero a la ciudad, no es una entidad abstracta desligada de lo social. Esto quiere decir que para mirar a fondo sus diversos problemas, hay que mirar básicamente a los jaujinos. Por ahí partiremos.
Por alguna razón detrás de cada jaujino hay una gran complejidad. Esto, a la par de ser maravilloso, es complicado. Pedro Monge, en la década de los cincuenta del siglo pasado, hace no mucho tiempo, decía que somos una sociedad enferma de individualismo. Parece que en parte tenía razón. Sin embargo, también parece que más podríamos ser una sociedad pequeña donde cada quien busca su espacio, lo que también es una verdad a medias, ya que hay una considerable cantidad de organizaciones que demostrarían lo contrario. Sea como fuere, hay algo que, desde esta perspectiva del análisis, no va bien en los jaujinos y que tiene que ver con nuestra misma sensibilidad social. Se trataría de una compleja manera de ser que no ha traído los mejores frutos, por decirlo de alguna manera, independientemente de nuestra herencia culturalmente mestiza. Una anomía en el lenguaje de los sociólogos.
Ahora, que cada quien busque su espacio en una realidad del interior del Perú (despectivamente llamada provinciana) y en las condiciones económicas que imperan en Jauja, no tiene nada de malo, como cualquiera podría argumentar. Esto nos lleva a un elemento externo de la cuestión que aquí se intenta dilucidar. Para bien o para mal, depende de la óptica, durante la mayor parte del siglo XX Jauja vio ver un declive político y económico muy marcado, ante la emergencia de Huancayo y de otras ciudades aledañas. Las causas son varias: que se convirtiera en una Ciudad Sanatorio, por la que fue vista con temor y cuidado; la fantasía de creer haber sido una ciudad señorial, que impidió el desarrollo de una mentalidad progresista sino más bien una retrógrada; o la espalda que le dio el Tercer Militarismo, trasladando la capital departamental de Pasco a Huancayo y no a Jauja como era lógico en ese momento, en castigo a esta última por permanecer absurdamente Leguista.
El caso es que desde ese momento, sobre todo, Jauja ha visto un marcado declive de su crecimiento económico, del que aún hoy no se encuentra una alternativa viable para revertir el proceso, sumado a la política centralista de la urbe limeña. La situación parece haberse acelerado en los últimos veinte o treinta años, producto de una serie de desatinos en cuanto a la elección de autoridades ediles. Particularmente, desde mi perspectiva, los tres gobiernos ediles del abogado Balvín Martínez han sido completamente nefastos para la ciudad, y eso hay que decirlo claramente. Aún hoy se observan en la ciudad una serie de edificaciones que no le sirven a nadie, y en los cuales indigna saber que se ha malgastado tanto dinero necesario para otras cosas que ésta clama. Lamentablemente, pareciera que Jauja ha tenido un destino fatal, una suerte de perros, en cuanto a autoridades municipales. La situación actual tampoco es una excepción.
Creo, en consecuencia, que en estos factores se pueden agrupar los grandes problemas de Jauja. Uno tendría que ver con una serie de contradicciones que hay entre los mismos jaujinos; y otro, con la consecuencia de una serie eventos del pasado, un tanto inmediato, que hasta ahora no se han resuelto, y la nefasta participación de las autoridades edilicias de turno de las últimas décadas.
Y quizás se ha llegado a un punto crítico de involución por ese terrible desconocimiento del pasado; es decir, de lo que hemos sido. Efectivamente, si hay alguna posibilidad de futuro para Jauja ésta está en la grandeza de su pasado milenario y en su múltiple patrimonio histórico y cultural. En reconocer y aceptar la diferencia que hay entre los mismos jaujinos resaltando los vínculos que finalmente nos unen, como es la pertenencia a un mismo suelo; una misma herencia y una misma cultura. Pero ello requiere de un trabajo y una decisión política que involucre el fortalecimiento de nuestra identidad desde la escuela, una decisión que, al menos este gobierno edil, está lejos de tener. Mientras tanto, pasarán los días, los años, y siempre estaremos en lo mismo. Ciertamente, el futuro es impredecible, y es bueno que sea así, porque ello significa que tenemos la posibilidad de mejorarlo. En este desafío nos encontramos.
Foto: Fernando Guerrero
Publicado en General
|
Sin comentarios »
| Visto: 732 veces
noviembre 02, 2009
Muchas gracias

Recientemente, la audiencia mundial me honró con la visita 250 000, lo cual, naturalmente fue un hecho que, al principio, no lo esperaba. Sin embargo, haberlo conseguido, de por sí, me exige a corresponder con humildad y transparencia desde esta esquina virtual, la acogida que ha encontrado mi blog en la blogóssfera.
Por lo expuesto me apuro a testimoniar a todas las personas interesadas en leer el contenido de este espacio, mi profundo agradecimiento y mi compromiso renovado de seguir brindando más información sobre el pasado, presente y futuro de nuestra amada Jauja.
Esta es la oportunidad propicia de agradecer a todas aquellas personas que me ayudan, de una u otra forma, a alimentar este blog, Es así que la pluma de mi querido padre, Darío Núñez Sovero, se ha encargado de abrir los baúles del recuerdo; a Julio Dávila Mendiola, por su voluntad de incentivar la lectura sobre temas jaujinos; a Carlos Hurtado Ames, por la objetividad e importante análisis que hace de la historia de Jauja; a Luis Dávila Cárdenas, por su iniciativa de realizar muchos proyectos a favor de nuestra tierra; a Ricardo Rodríguez Zegarra y Martín Valenzuela Gave, cuyas cámaras fotográficas profesionales han servido para ilustrar muchos posts de este blog; a Candy Castilla Pagador, quien siempre está atenta a todas las actividades próximas a realizarse en Jauja; a Carmencita Cáceres Mayor (Q.E.P.D.), quien fue la que ideó muchos artículos del blog y cuyos recuerdos, siempre estarán presentes. En fin, muchas gracias a todas aquellas personas que han contribuido con sus valiosas opiniones y observaciones. Gracias totales.
Actualmente me encuentro en Jauja (vacaciones). Después de doce años celebraré mi cumpleaños en mi querida ciudad, previamente, honraré a mis parientes difuntos que reposan en el cementerio de Jauja; es por ello, que la última semana descuidé el blog; no obstante, estoy registrando más información que lo compartiré los siguientes días. A propósito, el grupo de rock Manthiz realizará un pequeño concierto en mi casa de Jauja, mañana a las 11 p.m., y si las cosas salen como están planeadas, se intentará transmitirlo en vivo a través de este blog. Para terminar, no hay cómo estar en el País de Jauja. Un abrazo y gracias nuevamente.
Actualización:
- Y transmitimos en vivo la presentación de Manthiz
Publicado en General
|
9 comentarios »
| Visto: 660 veces
octubre 14, 2009
Carlos H. Hurtado Ames
Hace unas dos semanas que se ha presentado en Jauja un libro denominado El Ferrocarril al corazón del Perú: Jauja. Estudios sobre la provincia de Jauja, de Manuel Pardo. Se trata de una reedición del famoso trabajo que el fundador del civilismo en el Perú publicó en 1860 y 1862, donde plasmó sus impresiones de la sierra central a raíz de una estancia en la región, enmarcadas dentro de la idea de progreso liberal del siglo XIX, traducidas en la construcción de líneas férreas.
Lo mejor del libro es la edición en el aspecto formal. El asunto debe destacarse porque se trata de una edición muy bien cuidada y que marca una diferencia con muchos de los textos que han aparecido últimamente en la región, mismos que ignoran, prácticamente, mínimas reglas del sistema internacional de edición. En este sentido, el trabajo que ha realizado Halckon Editores, el sello que lo ha impreso, es impecable.
Ello no exime, sin embargo, de serias carencias que se aprecian en la reedición. La más visible es la inexistencia de un estudio preliminar que explique y contextualice un texto publicado en el siglo XIX, como es el que aquí se comenta, y los cambios que se han realizado a la edición original. De esta manera, por ejemplo, no hay mayor explicación del agregado “El Ferrocarril al corazón del Perú” al título original de “Estudios Sobre la provincia de Jauja”, tal como fue concebido por Pardo; agregado que, tal cual, se presenta como arbitrario. Tampoco se aclara que por Provincia de Jauja Pardo se refiere, en realidad, a un espacio mucho más grande que el de la actual provincia del mismo nombre, y que no sólo comprendía el territorio del hoy llamado valle del Mantaro, sino la parte oriental del mismo. Esta situación no hace otra cosa que confundir el ámbito espacial de lo que se trata, máxime si se maneja la idea de que la Jauja de Pardo es la misma, espacialmente hablando, que la de ahora.
Quizás lo más adecuado hubiera sido realizar una edición comentada del trabajo de Pardo, que no haga ilegible algunos párrafos a cualquier lector no familiarizado con procesos inherentes al siglo XIX. A lo mejor la denominada Sociedad Amantes del Ferrocarril, no estaba -o no está- en condiciones de realizar un trabajo de esta naturaleza. La enumeración de fechas, que se pretende hacer pasar como una historia, que aparece en un artículo que se ha incluido al final del volumen denominado “Ferrocarril central trasandino”, hace sospechar ello; lo mismo que la primariosa información sobre Pardo que se presenta en las solaperas, misma que no marca mayor distancia con lo que se encuentra hasta en Wikipedia.
Finalmente, hay algunas cosas incomprensibles. Me pregunto cuál es el sentido de incluir unos párrafos de Rostworowski sobre la Jauja del siglo XVI, donde presenta ideas que en realidad ya las había formulado Raúl Porras en “Jauja, capital mítica”, que no tienen mayor relación con el trabajo de Pardo. Tampoco comprendo, exactamente, cuál es la razón de poner el curriculum vitae de quien firma el Prólogo en la hoja de créditos.
Fuera de ello, es importante el hecho de poner en vitrina nuevamente el tema del Ferrocarril y las múltiples ideas que son el antecedente de su presencia en la sierra central peruana. En gran medida esta edición cumple ese objetivo, y ese es su principal mérito.
Publicado en Jauja Cultural
|
2 comentarios »
| Visto: 964 veces
octubre 02, 2009
Carlos H. Hurtado Ames
Todo lo que se ha escrito sobre el origen del culto a la Virgen del Rosario de Jauja está equivocado. Después de revisar lo poco que se ha publicado sobre el particular, casi todos del dominio de la fantasía y la ficción, e incluso sin haber encontrado un documento que acredite el tiempo de llegada de la imagen, es posible llegar a esta conclusión.
Por ejemplo, se ha asumido que en 1994 se han cumplido cuatrocientos años de presencia de la Virgen en nuestra región, o sea que habría llegado a Jauja en 1594; también se dice que la imagen fue donada por Carlos V para la catedral del Cuzco en 1544 o en una fecha no determinada hasta antes de 1556, cuando el hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso abdicaría al trono; otra versión señala que el busto llegó a la ciudad por los años 1670 a 1680.
Es imposible saber de dónde salió el año de 1594 como fecha de llegada de la Virgen a Jauja o a qué fantaseador se le ocurrió. El único dato que se aproxima son las ambiguas afirmaciones de Alejandro Contreras Sosa (1992). Este autor, en un trabajo publicado a comienzos de la década de los noventas del siglo pasado, dice que la Virgen del Rosario de Jauja es un obsequio de los Reyes de España y que fue entregada a misioneros dominicos que venían al Perú. Agrega que estos frailes dominicos vendieron la efigie, como ocurrió con la imagen, la capilla y el retablo de la Virgen del Rosario de los españoles en Lima, según una escritura del 7 de mayo de 1595, por ante Sebastián de Núñez de la Vega, aunque ambiguamente no aclara que se trata de un documento referente a esta Virgen. Sin embargo, este dato ha sido vinculado a la imagen que se venera en Jauja, tal como se aprecia en algunos folletos de enternecedora ingenuidad que circulan en la ciudad.
Aunque con cierta cautela, y enfatizando que es una deducción, Clodoaldo Espinosa Bravo propuso que el culto a la Virgen del Rosario de Jauja debió comenzar en 1544, ya que en ese mismo año habría comenzado a florecer en Lima la veneración a la imagen de la misma advocación que se venera en el templo de Santo Domingo, agregando que la imagen era un obsequio de los Reyes de España a los dominicos del Cuzco. Espinosa Bravo fue el primero en mostrar un interés por la historia de la Virgen (su artículo se publicó en 1942, reeditado luego en 1964 en su Jauja Antigua), aunque al parecer existía, en aquel momento, relatos orales entre la colectividad jaujina que señalaban que la Virgen fue un regalo de Carlos V. Ello se muestra con claridad en la alocución radial que hiciera Teobaldo Ibarra en 1954, publicado luego como artículo, donde, al parecer, el principal sustento de lo que se dice es, precisamente, la imaginaria y la historia oral.
La versión de que la imagen de la Virgen llegó entre los años de 1670 y 1680 es presentada por Pedro Rodríguez Meza, en un artículo aparecido también en 1954, donde indica, además, que la imagen tenía como destino final Ayacucho. Lamentablemente, este autor no indica la fuente de donde obtuvo este dato. Sin embargo, es posible que también se trate de una recopilación oral vigente en ese momento.
Como se puede observar, no hay unicidad en los pareceres ni un real sustento de lo que se dice. Lo que más bien se aprecia es que casi todas las afirmaciones se sustentan en tradiciones orales que han debido irse tejiendo desde finales del periodo colonial. Se entiende esta situación, además, en razón de la nula investigación documental que ha habido sobre la historia de Jauja en general, siendo que la mayor parte de lo que se ha dicho de la misma está sustentado en la oralidad. Una investigación acuciosa en archivos de la región y de la capital es el único camino que podría indicar una fecha relativamente precisa de la llegada de la Virgen a la ciudad; la que debería ser complementada con un estudio detallado de la imagen desde la perspectiva de la historia del arte, que daría más luces sobre su origen y antigüedad. Mientras tanto, por el momento, conviene olvidarse de todas las fechas mostradas hasta este punto.
Sin embargo, ateniéndonos al hecho histórico, es indudable que la imagen de la Virgen que ahora se venera en la Iglesia debió llegar en algún momento del siglo XVI, y que debió ser traída por los dominicos, orden misionera que fomentaba el culto a la Virgen del Rosario dentro de la piedad mariana. Imágenes de María, de tanta celebridad, como las del Rosario de Chiquinquirá en Colombia, la de Lima, Córdova y Puebla, fueron traídas por ellos. También es probable que fuera un obsequio de los Reyes de España, ya que ellos tenían por estilo enriquecer las iglesias que se iban fundando en sus dominios, como sucedió con la imagen de la Virgen del Rosario que se venera en Lima, la misma a la que en 1541, ya se le tributaba culto en su iglesia.
Al igual que la famosa efigie de Lima, la imagen de la Virgen del Rosario de Jauja es de tamaño natural y muy hermosa, en su rostro parece que se aúnan y dan la mano la majestad de la Reina y la dulzura de la madre. El niño, a quien sostiene en el brazo izquierdo, es también obra perfecta. Que es una imagen muy antigua dentro del coloniaje lo acredita el mismo estilo de la efigie, en el que se advierte el influjo del Renacimiento Italiano.
Ahora bien, es conocido el relato mítico que explica las causas por las que la Virgen se queda en Jauja, el que a su vez ha sido recogido por Clodoaldo Espinosa Bravo. Según éste, la imagen debía ser conducida al Cuzco, pero al hacer pascana en Jauja se desató una fuerte tormenta de granizo, lo que fue interpretado por la feligresía como una expresión del anhelo de la Virgen de quedarse en Jauja. Una variante de este relato, y que ha sido recogido por Pedro Rodríguez Meza, indica que la Virgen se dirigía a Ayacucho, y que tras una parada de rutina en Jauja, fue imposible alzar el cajón en el que se la transportaba. Demostrado y comprobado antes numerosos vecinos la imposibilidad de tal conducción, los consignatarios resolvieron dejar el valioso objeto en la ciudad, porque el hecho demostraría que un designio superior así lo disponía.
Si bien se trata de un relato común a varias regiones del Perú sobre el origen de algunas devociones, es interesante observar como en Jauja desde una época temprana, el culto a la Virgen del Rosario adquiere importancia, no sólo en el aspecto religioso, sino sobre todo en la social y cultural, dándole una particularidad que difiere a los demás cultos marianos en el antiguo valle de Jauja, ahora valle del Mantaro. En su origen mítico, ninguna otra Virgen de las que se veneran en el valle, tiene esta connotación
No se tiene informaciones de cómo se desarrollaban las festividades y el culto en honor a la Virgen del Rosario durante la colonia. Sin embargo, sabemos por documentación existente en diversos archivos, que existía una cofradía del Rosario en Jauja, a la que la elite, ya sea indígena o española, entregaba diversos tipos de donaciones, principalmente tierras de pan llevar. La importancia de la veneración y devoción rosariana en Jauja se comprueba al ver que en los testamentos otorgados en aquella época, además de pedirse en gran mayoría como intercesora a la Virgen María, se pedía explícitamente ser enterrados a los pies del altar de la Virgen del Rosario de Jauja.
Un ejemplo de ello es el testamento de doña Sebastiana Astocuri Apoalaya, una noble india de Jauja, donde dejaba en claro que deseaba ser enterrada en la capilla de “Nuestra Señora del Rosario”. La señora también establecía que todos los años se diga una misa cantada el día de Nuestra Señora del Rosario en su capilla y pagándose la limosna de sus bienes, y que una imagen de dicha advocación que ella tenía (heredado de su madre, según se refiere), se trasladase cada vez que se dijeran estas misas. O sea que debajo del altar de la Virgen, debe existir una considerable cantidad de entierros que ahora han quedado en el olvido.
Ahora, que un bulto de la Virgen se trasladase a la capilla, que suponemos es la misma donde hoy se encuentra, sugiere un clima de fuerte efervescencia religiosa que no sorprende. Sin embargo, lo importante de este documento es que muestra la fuerte presencia que tenía la veneración rosariana en Jauja en un contexto colonial. Al menos queda claro que, durante el siglo XVIII, ya estaba bastante difundida. El hecho de que sea precisamente en este siglo cuando se construya el retablo en el cual se rinde culto a la imagen de la Patrona de Jauja, es significativo.
Efectivamente, el retablo de la Virgen del Rosario de Jauja se comenzó a construir en la década de los veintes del siglo en cuestión, concretamente en 1722. Ello queda corroborado a la luz de un documento existente en el Archivo Regional de Junín. Según el mismo, el retablo se construyó en el lapso de dos años y fue realizado por los maestros Esteban y Severino Pérez. El hecho muestra, en resumidas cuentas, que el culto de la imagen las connotaciones de devoción que la acompañarán incluso hasta hoy. Hay algunas informaciones que señalan que, a fines del periodo colonial, la fastuosidad tan aclamada en ciertos relatos, ya estaba presente. Sin embargo, ello es parte de un proceso histórico distinto a los límites del presente ensayo.
Publicado en Patrona de Jauja
|
3 comentarios »
| Visto: 1391 veces
agosto 25, 2009
Centro Cultural de la Universidad Continental
PONENTE: Carlos H. Hurtado Ames
El Centro Cultural de la Universidad Continental, invita al público en general a la Cátedra Libre: “La élite de Jauja a mediados del siglo XVIII”, dictada por el historiador Carlos H. Hurtado Ames; la cual será comentada por los investigadores e intelectuales Manuel Perales Munguía y Víctor Solier. La cita es este jueves 27 de agosto, a las 7:00 pm. en la Sede Central, Calle Real 125 Huancayo. El ingreso es libre.
La élite india de Jauja a mediado del siglo XVIII
Este trabajo tiene por fin estudiar a ese grupo elusivo y complejo que fue la élite india en el virreinato peruano a partir de los elementos de juicio e interpretación histórica y antropológica. Concretamente nos centraremos en la estructura del poder y la organización política de los diversos niveles de autoridad nativa que se observan en un espacio y momentos específicos, esto es el antiguo valle de Jauja a mediados del siglo XVIII. Partiremos de la evidencia de que en este momento, esta élite se encontraba en una situación distinta, tanto en lo social, económico y político, a la de otras regiones del virreinato peruano.
El aspecto en el cual centraremos la exposición es la discursividad histórica “diferente” que encontramos entre los mismos repartimientos o curacazgos que conforman el valle (Hanan Huanca, Lurin Huanca y hatun Xauxa). Esta diferencia, a nuestro juicio y entendimiento, es parte de una larga duración, que se observa desde antes de la llegada de los incas a la zona, tal cual es la distinción fundamental, entre Xauxa y Huanca (grupos étnicos del lugar), que también se observará en la colonia y hasta en la época actual. En el siglo XVIII esto se traduce en diferentes conflictos entre los curacas asociados a Hanan y Lurin Huanca, con los de Hatun Xauxa, que, planteamos, se tratan de situaciones, sobre todo, de alteridad. Mediante esto, pretendemos desarrollar, en el caso de Jauja, la propuesta que hiciera Marshall Sahlins sobre como la historia es ordenada por la cultura, siendo que a diferentes culturas diferentes historicidades. Es decir, a pesar de encontrarse en un mismo espacio regional con aparente unidad, hay distinciones culturales muy claras.
CARLOS H. HURTADO AMES:
Historiador por la UNMSM; estudios de Maestría en Antropología en la PUCP y en Historia en la UNMSM; estudios de Doctorado en Historia en El Colegio de México.
Ha publicado Curacas, industria y revuelta en el valle del Mantaro (Concytec, 2006); Fuentes para la historia colonial de la sierra central del Perú. Testamentos inéditos de los curacas del valle del Mantaro (siglo XVII–XVIII) (UNCP, 2003) (en colaboración con Víctor Solier Ochoa); y editado La Fiesta del Rosario. El culto a la Virgen del Rosario Patrona de Jauja (ed.) (Halckon Editores, 2005) (en colaboración con JC. Dávila-Mendiola W.)
Ha ejercido la docencia en la Universidad Nacional del Centro del Perú y la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. Ha recibido becas del Consorcio de Universidades de la Comunidad Francesa de Bélgica; la Secretaría de Relaciones Exteriores de México y El Colegio de México.
Publicado en Jauja Cultural
|
1 comentario »
| Visto: 1230 veces
febrero 16, 2009
Carlos H. Hurtado Ames
El carnaval jaujino es el antiguo y señorial baile de nuestros padres y ancestros: figura principal en nuestra infancia y que, a la postre, se hizo parte fundamental en nuestras vidas. Así es, esencia viva de los de La Libertad y los jaujinos en general.
En el presente artículo haremos una presentación del barrio de La Libertad de Jauja y de cómo desarrolla sus fiestas de carnaval. El mencionado barrio es el más antiguo de la ciudad en cuanto a fundación, ya que data de 1871 y, dentro del proceso celebratorio de todo el carnaval jaujino, es uno de los más tradicionales, importantes y de mayor concurrencia.
LAS INSTITUCIONES BARRIALES EN JAUJA
En la sierra central del Perú, y particularmente en el valle del Mantaro, a comienzos del siglo XIX surge la figura de la asociación, que toma las funciones de la antigua cofradía que por este periodo entra en crisis. La “asociación” era una especie de círculo de afiliados dedicado a la devoción de santos específicos y dependía principalmente de la contribución de sus miembros. Al igual que ahora, muchos de estos cargos tenían responsabilidades específicas en la fiesta y supuestamente debía costear algunas ceremonias o la misa. Muchas de estas sociedades compraron tierras (muchas de ellas, también, las perdieron más adelante), que eran administradas por la autoridad más elevada: el mayordomo.
En el caso de la ciudad de Jauja, las asociaciones más importantes fueron realizadas por personas que vivían en un lugar común que delimitaba el barrio, y que tenían por eje articulador la adoración a la llamada Cruz del Barrio. La Asociación más antigua es precisamente la del barrio de La Libertad, que se fundó en 1871 con el nombre de “Asociación Fraternal del Barrio de La Libertad”; le siguen en antigüedad la del barrio de Huarancayo, que se fundó en 1928 con el nombre de “Asociación Fraternal Huarancayo” y la de la Samaritana, que data de 1934, esto último de acuerdo a lo que informa Pedro Monge en Estampas de Jauja (1980). En el caso de La Libertad y Huarancayo, existen libros de Actas que certifican esta información.
Precisamente ha sido Pedro S. Monge quien, de manera fina y elegante, ha enfatizado la importancia de los barrios en Jauja, sobretodo en cuanto a su participación en la fiesta de la ciudad, verbigracia, el carnaval jaujino: “En Jauja puede decirse que los Carnavales se han hecho para los barrios y que los barrios son obra de los carnavales. Cada barrio ha surgido bajo el signo de la alegría, de la música y la danza, con su capilla, su “monte” y su “pandilla”. Y barrio que no celebra este acontecimiento del año no tiene razón de existir”. Pedro Monge también observó que en el vocabulario local la palabra “barrio” significa algo más que en su acepción general y conocida. Designa, señala, no sólo a cada una de las partes en que se divide la ciudad, sino, sobre todo, a una asociación de vecinos, especie de hermanos, organizada, con obligaciones religiosas y sociales para los tiempos de Carnaval. Cada barrio tiene su junta directiva, con su presidente y sus funcionarios de fiesta, devotos del Señor de la capilla y devotísimos del “cortamonte”. Por eso, para Pedro Monge, al decir los “barrios de Jauja”, se designa en realidad a estos conjuntos organizados, verdaderos resortes de voluntas colectiva, capaces de acciones más grandes que la simple celebración de un carnaval.
Como vemos, una de las principales funciones del barrio es la organización de la celebración de la fiesta del carnaval: el cortamonte. Pero la función de la asociación no se limita sólo a esto, se observa que también realiza actividades en pro del desarrollo del barrio. Este aspecto no será desarrollado en este artículo, que se centra en el barrio como ente organizador y que asegura del éxito de la fiesta.
EL BARRIO DE LA LIBERTAD: ORIGEN DE LA MEMORIA

Histórica fotografía de la Plazuela de La Libertad en Jauja. Foto Recopilada en el Concurso de Fotografías Antiguas "Jauja Recuerdos en Blanco y Negro", participante: Pio Peña Cairampoma
www.xauxatiempoycamino.org
El emplazamiento del barrio de La Libertad es el que corresponde prácticamente al ahora llamado Centro Histórico, el damero o la cuadrícula, considerado como zona de resguardo arquitectónico por el Instituto Nacional de Cultura. Esto porque el barrio esta comprendido en la zona central de la ciudad y ha sido así desde los tiempos más antiguos. Los límites del barrio aceptados por el consenso, aunque imprecisos, son desde el jirón Junín, entre los jirones Tarapacá y Manco Cápac; del jirón Manco Cápac hasta el jirón Arica y del jirón Tarapacá hasta el jirón Acolla. El lugar más representativo del barrio los constituyen la Plaza Santa Isabel y la Alameda que va al cementerio, donde termina el límite.
Se trata de un barrio lleno de historia. En efecto, desde los primeros tiempos, La Libertad ha estado presente en toda la historia de Jauja, ya sea en la decisiva participación en las luchas por la independencia o las acciones con Cáceres durante la infausta Guerra del Pacífico. Precisamente, la historia de la institución se remonta a las últimas décadas del siglo XIX, que, como ya señalamos, es lo que nos muestran los valiosos documentos históricos que tiene la Asociación. De acuerdo a esta información, se sabe que el barrio se fundó en 1871 y tiene, por lo tanto, 136 años de existencia, aunque es obvio que el proceso histórico es más amplio. En el respaldo de la primera Cruz del barrio aparecen los nombres de los cobarrianos: Manuel Monge Rivero, Gabriel Vargas Valenzuela, Carlos Vargas Monge, Valeriano Monge, Pablo Bonilla Gutierrez, Francisco Abanto Monge, Manuel Velazco Hurtado, José Ampuero Núñez, Manuel Landa Pacheco, Justo Villanes, Alejandro Osorio, Humberto Lizarraga, Germán García, Juan Ames Galarza, Santiago Solís, Rosendo Solís, Cesar Lira, Rosendo Bravo, Pelegrino Loli, Pedro José Núñez, Cesario Villanes, José Saravia. Pedro H. Prado, Erasmo Posadas, Rolando Colareta, Luis Bardales, Arturo Vásquez, Manuel del Valle, Vicente Caballero, Fortunato López y otros distinguidos cobarrianos que no se han podido obtener sus nombres.
En aquella época, se fundó la Asociación con el nombre de "Santa Isabel", el que sería reemplazada por el de "La Libertad" a raíz del centenario de la independencia en 1921 y la construcción del peculiar monumento con águila encima en la plaza del barrio. Esta plaza, así como la Alameda que va al Cementerio, fueron realizados en 1859 por el Batallón "Paucarpata". Esta plaza tiene mucha historia, ya que aquí se realizaban sonadas corridas de toros y fue el sitio primigenio donde surgió el "jalapato", al igual que la tunantada, como lo viene demostrando la investigación científica objetiva y no el empirismo subjetivo que es poco lo que aporta. La Alameda ha sido y es un espacio público de tertulia, donde han nacido muchos romances, siendo de recuerdo las parejitas y su "amor de tísicos" que inspiraron muchos relatos y poemas. El Arco, que es prácticamente un símbolo del barrio, es un diseño del artista Wenceslao Hinostroza ya en el siglo XX y que reemplazó a las antiguas rejas similares a la de la Alameda de los Descalzos de Lima que antes había.
Edgardo Rivera Martínez, vecino notable del barrio, ha plasmado en varias de sus obras, esta geografía urbana que venimos mencionando.
CARNAVAL: ENSOÑACIÓN Y MAGIA

Lindas jaujinas en pleno carnaval
Sin embargo, lo que más caracteriza al barrio de La Libertad son los famosos carnavales que aquí se organizan. En principio este barrio es el único de entre todos que conserva celosamente la tradición de plantar y tumbar alisos en sus tradicionales cortamontes. Curiosamente, las pepitas del aliso comienzan a madurar por la época de carnavales en Jauja.
Para la organización de la fiesta de carnavales, antes existían dos juntas directivas, una para el monte que se tumba el día viernes, el más antiguo, y otro para el que se tumba el día martes, el llamado de "la juventud". Posteriormente, estas juntas se unieron, y a partir de 1983, se consiguió la personería jurídica del barrio para los trámites legales respectivos de diferente índole. El origen del monte del día viernes no ha sido determinado con claridad, aunque es posible que sea parte de la expansión de la fiesta de cortamontes en Jauja que se dio, al parecer, entre la segunda y tercera década del siglo XX. En este momento inicial, tanto la llamada traída y el cortamonte propiamente dicho, eran en un solo día, situación que cambio al hacerse más compleja la fiesta. El monte de la “juventud” se remonta a épocas más recientes, a la década de los sesenta del siglo pasado. Este monte es el más concurrido de toda la provincia de Jauja y seguramente de toda la sierra central del Perú. El martes de la juventud no alcanza la vista para ver las cuadras y cuadras de bailantes. Se trata de un espectáculo simplemente impresionante. La jaujina liberteña con su atuendo típico innumerable, abarca una dimensión más alta de la que aquí podemos mostrar.
Todo jaujino que se precie ha bailado o desea bailar en La Libertad y cada vez son más las parejas de bailantes y seguramente se irán incrementando con el devenir del tiempo. En este sentido, la construcción de la plaza folclórica del barrio por la anterior junta directiva es una cosa digna del aplauso (me refiero a la integrada por las profesoras Mary Velasco, Marina Ames y Antonieta Olivera). Mediante ello aseguramos la conservación y permanencia de uno de las expresiones folclóricas más importantes de Jauja, pero sobre todo de nuestra identidad. Por su parte, la actual junta ha puesto más énfasis en la construcción de la Capilla barrial con la participación de casi todos los cobarrianos, que a la vez es un anhelo en el que se ha venido trabajando desde hace muchos años.
Hay magia en el carnaval, quienes esperamos todo el año para ataviarnos de jaujinidad en estos días, lo sabemos. Un milagro secreto, unánime, que se renueva y revitaliza. Tantas sensaciones mezcladas en la traída y en el baile, alegría, euforia, ensoñación, un no sé qué, amor tal vez. Eso que nos hace decir felizmente somos jaujinos, felizmente nacimos aquí. ¿Cuántos sueños, cuántas vivencias, cuánta razón de vivir? Carnaval en La Libertad, así como ese nido que abriga la esperanza; la ilusión que nos convence del milagro de la vida.
Por todas estas razones, hablar del carnaval jaujino es hablar del barrio de La Libertad, y hablar del barrio de La Libertad es hablar de la historia de Jauja. Efectivamente, para comprobar esta verdad tan fundamental, basta con darse una vuelta por las calles del barrio tan llenas de esta historia, o ejecutar el maravilloso baile del carnaval jaujino, elegante por sobre todas las cosas, infinito, lleno de vida y de tiempo.
Huamanga, febrero del 2007.
Publicado en Carnaval Jaujino
|
8 comentarios »
| Visto: 3224 veces
enero 26, 2009
Trascendencia histórica de la cultura popular jaujina

Carlos H. Hurtado Ames
El Colegio de México
Dentro de las diversas manifestaciones de la cultura viva en la sierra central peruana, la Tunantada ocupa un lugar de particular importancia y trascendencia. Si bien es una festividad que se desarrolla en diversos distritos de la provincia de Jauja en varias fechas, es en el Distrito Metropolitano de Yauyos donde toma ribetes de fastuosidad sin igual, en el llamado "20 de Enero".
Se trata de una fiesta sumamente compleja que involucra muchas cosas: desde la representación del baile; la transformación con las máscaras; las diversas formas de resistencia cultural presentes en la música que ejecutan las Orquesta típicas; hasta los múltiples debates por la búsqueda de una "autenticidad" en la ejecución del baile y en la vestimenta; y la negociación y reafirmación de identidades. Básicamente, la Tunantada está inmersa en lo más profundo de la manera de entender la vida y de afrontar el tiempo en los jaujinos y, sobre todo, en los yauyinos. Por lo mismo, va más allá de la hastiante frase que la identifica como "maravilloso baile", que se suele escuchar en ciertos encuentros, mesas redondas y congresos que no aportan nada nuevo, fuera de ciertos lugares comunes como es la descripción de la vestimenta y el baile. Se la puede definir, en líneas generales, como una expresión simbólica de cultura popular, relacionada, en forma relativa, con la naturaleza social y la posición estructural de los individuos en un presente, y con su pasado histórico y cultural.
En varias crónicas que hemos localizado en el antiguo periódico jaujino El Porvenir de la primera y segunda década del siglo XX, sólo aparecen referencias a dos cuadrillas de bailantes de la danza, ambas de Jauja y una de ellas dirigida por los hermanos Suárez. El lugar donde se realizaba la festividad no está claro en estas fuentes, pero hay otras informaciones, sobre todo de carácter oral, que señalan que ésta se desarrollaba en ciertos puntos de la ciudad, por ejemplo la antigua plazuela de Santa Isabel, hoy La Libertad. Las páginas de El Porvenir, también muestran que la Tunantada era una fiesta secundaria o accesoria del "Jalapato", que era el principal atractivo y celebración del momento.
El hecho que ahora la Tunantada sea la principal festividad –ganándole espacio e importancia al "Jalapato"–, así como la existencia de algo de veinte instituciones tunanteras y que la fiesta se desarrolle en el distrito de Yauyos, anexo a la ciudad, sugiere varias cosas. En principio, es una muestra del proceso de complejidad del que ha sido parte, y como la festividad se acomodó a un espacio favorable a su desarrollo. Esto se explica por el hecho de que las fiestas son procesos históricos y, por lo mismo, dinámicas y cambiantes. Por ejemplo, hay varias evidencias que muestran que antes en la ciudad de Jauja se bailaba no sólo la Tunantada, sino la Huayligía y el Corcovado; al menos de acuerdo a lo que recogió el viajero alemán Von Tshudi a finales del siglo XIX. Actualmente, estas fiestas han sido desplazadas a los distritos de la provincia y la que se ha impuesto es el Carnaval Jaujino, siendo la única y principal fiesta de la ciudad (fuera de la fiesta patronal en homenaje a la Virgen del Rosario que es parte de otro proceso, que ciertos aficionados a la sociología no conocen ni menos entienden). Es decir, el baile del carnaval jaujino estableció un mecanismo que fue más exitoso al momento de aglutinar y negociar identidades en la población jaujina, ante lo cual las otras danzas dieron un paso al costado, Calistrada incluida (antiguo componente del carnaval).
Esto quiere decir que la Tunantada se bailaba en la ciudad y de ahí se desplazó al distrito de Yauyos. El hecho de que actualmente las dos instituciones tunanteras más antiguas sean de Jauja –el "Centro Jauja" y el "Hatun Xauxa"–, no hace sino confirmar esta suposición (las instituciones más antiguas de Yauyos son posteriores a la mitad del siglo XX). Esto no significa, lógicamente, que el origen de dicho baile sea propio de la ciudad. Esclarecer ello ameritaría una investigación acuciosa, en desmedro de las múltiples fantasías e inventivas que se suelen decir sobre la aparición de la danza. Por ejemplo, los supuestos entendidos repiten casi mecánicamente y sin mayor reflexión que la Tunantada es de origen colonial; o sea que se originó en las ferias dominicales virreinales donde convergían gentes de diferentes geografías, los que al final de las ventas, se ponían a bailar. Así se explicaría la presencia de personajes tales como el argentino, el boliviano, la cusqueña, la chupaquina, la huanca, etc. Sin embargo, a pesar que suena bonito, esto no se puede demostrar verídicamente, y es difícil que se pueda hacer además, por lo que se puede pensar se trate de un relato mítico –es decir, uno que recrea un pasado de acuerdo a las necesidades explicativas del presente–, y que hoy en día los folclorólogos lo han asumido ingenuamente como verdad. En todo caso, una discusión de esta naturaleza es anecdótica. Desde nuestra perspectiva, más importante es dilucidar los conceptos de proceso, cambio y acomodamiento ligados a un evento de esta naturaleza.
Ahora bien, se puede plantear que esta fiesta tuvo un proceso similar al del Carnaval en la ciudad una vez ya en Yauyos; es decir estableció mecanismos que permitieron a los actores sociales –jaujinos, pero principalmente yauyinos– reafirmar una identidad local. De esta manera, desplazaría en importancia a otras manifestaciones ahí presentes, por ejemplo el Jerga Kumu, hasta llegar a convertirse en lo que actualmente es. La frase que propugna la Municipalidad de "Paraíso y capital de la Tunantada", y el hecho de que las autoridades ediles de dicho distrito, de un tiempo a esta parte, se retraten con el tongo del "chuto" –uno de los personajes más representativos de la fiesta–, muestran que ésta a permeado todos los ámbitos de la vida social y se ha establecido en un símbolo parte de la cotidianeidad; es decir en el principal elemento de la identidad de este espacio local.
Es claro que hay un proceso histórico que involucra diversos elementos para una situación de esta naturaleza. En principio, el crecimiento de la fiesta ha ido a la par con el cambio musical que se ha dado en la región desde finales del siglo XIX y principios del XX, sobre todo con la aparición de la "Orquesta típica" (antes de la misma existía el llamado "Conjunto musical", que se constituía básicamente por guitarras y quenas), y la introducción de instrumentos tales como el clarinete y el saxofón al repertorio musical serrano. En resumidas cuentas, la Orquesta típica permitió el crecimiento y masificación de este tipo de manifestaciones en la región, mediante lo que conceptualmente se denomina como mestizaje cultural. Como han probado las investigaciones de Raúl Romero, en la generación de una vigorosa soberanía cultural regional –hablando en un plano lato–, la presencia de la música es vital. Es decir, el proceso por el cual la Tunantada se hizo compleja y comenzó a tener mayor presencia en la dinámica cultural y social, es propio del siglo XX.
Una muestra de ello es el también cambio y adaptación presente en los personajes que danzan en las cuadrillas. Así, el "payaso", el "doctor" o el "chuncho", han desaparecido o tienden a desaparecer; mientras que otros se hacen exitosos y complejos, como el "príncipe", el "chuto" o la "huanquita", contándose hasta más de once pasos en la ejecución del baile de alguno de ellos. Se puede suponer que en el futuro, los personajes evolucionaran aún más, sin desligarse, por supuesto, de los debates sobre autenticidad que caracterizan este tipo de manifestaciones.
Otro aspecto que es de suma importancia en esta danza, es la transformación mediante el uso de la máscara y careta. En realidad esto es lo que define a la fiesta, esa cierta mudanza que permite el uso de un adminículo de esta naturaleza, el transformarse por unos cuantos días. Esto, sumado al hecho de que la fiesta dura cinco días, y siguiendo los postulados de la teoría semiótica de la fiesta (aquella que plantea que los fenómenos culturales son fenómenos de comunicación, es decir, sistemas de signos), permite plantear que la Tunantada es una fiesta, sobre todo, de inversión. Es decir, hay una vuelta del orden, una interrupción de las actividades normales por la fiesta en los actores sociales involucrados en ella, y principalmente, una transformación. Esto funciona así por que hay todo un año de observancia ritual que permite esta suerte de desfogue, y por los pocos días en que ésta se lleva a cabo. Se agrega el hecho de que en Jauja y Yauyos no hay otra fiesta que tenga esta connotación de rompimiento del orden. En este sentido, el carnaval jaujino tiene una connotación diferente.
Más Datos:
- La Tristeza del Tunantero
- Jauja y sus Productos Bandera I
- Nueva Junta Directiva en la “Asociación de Tunanteros del 20 de Enero, Jauja – Yauyos”
Publicado en Tunantada
|
3 comentarios »
| Visto: 4028 veces
enero 26, 2009
Carlos H. Hurtado Ames
Me parece que es un antropólogo americano quién señalaba que la modernidad actual es el descubrimiento del mundo como imagen. Es un planteamiento que se sustenta en la fuerza que ha tomado la inmediatez de los acontecimientos ocurridos en cualquier parte del orbe, los que pueden ser aprendidos y conocidos rápidamente por la masificación de los medios de comunicación.
Dentro de los mismos, sin duda alguna, es internet el que desde hace buen tiempo ocupa un lugar trascendente y fundamental. Por lo mismo, es impresionante la manera como uno puede comunicarse, aprender y conocer de otras realidades mediante la red de redes. De esta manera, podemos enterarnos de muchas cosas de determinados espacios a través de una página web. En el caso de los ámbitos locales: de su patrimonio, de su historia, de sus recursos y diversas potencialidades; lo que son, en definitiva.
Esto viene a colación a propósito de la imagen institucional de Jauja presente en la web de la Municipalidad Provincial. Si bien es entendible que el principal fin sea el destacar ciertas actividades realizadas por el Alcalde y compañía, no se entiende porque no hay mayor información de ningún tipo sobre Jauja. Por ejemplo, aparte del diseño, que no es de los más óptimos que digamos, no hay mayor información sobre su historia; sobre su patrimonio material, ya sea el arqueológico o el monumental; su patrimonio vivo o de algún calendario festivo; ni de sus intelectuales ni de la gran producción literaria y artística que la caracteriza. Huelga decir que tampoco hay información turística, ni cosa parecida. Nada de nada. El asunto es muy delicado, porque se trata de la imagen que se transmite de Jauja al mundo. Verla es llorar, aunque parezca increíble. Tantas cosas que se podría hacer y decir a través de este medio. Que diferencia con lo que viene haciendo la Municipalidad de Concepción en este sentido, que utiliza las tecnologías de la información para destacar y transmitir su patrimonio, con el fin de captar la mayor cantidad de turistas que recalan en nuestro valle, con la ingeniosa frase “Capital del valle del Mantaro”, y la permanente actualización de sus actividades culturales.
Creo que, principalmente, la presencia de Jauja en internet debe constituirse en un espacio que tenga por fin el acercamiento a una reflexión sobre ella y los jaujinos que la constituimos como tal. Una reflexión que conlleve a poner sobre el tapete, en primer lugar, los aspectos más importantes, tanto en lo social, económico y cultural, de las principales problemáticas de la ciudad y la provincia. En segundo lugar, que difunda los aspectos más importantes de la realidad jaujina en su ámbito cultural y humanista; además de su patrimonio múltiple. Una aproximación de esta naturaleza, aunque acotada y parcialmente, la podemos ver en la página web del Sr. Domingo Martínez y en la del Sr. Manuel Rojas; y más recientemente el blog del Sr. Sergio Núñez. Sin embargo, hay muchas cosas que faltan, por lo que la correcta participación de la autoridad política, en esta situación, es imperativa.
Lógicamente no es suficiente con las buenas intenciones, que, en el mejor de los casos, es la característica de la actual gestión edil. Si bien no estamos inmersos directamente en el proceso que se vive dentro de la Municipalidad, es claro que uno de sus grandes problemas –ahora al igual que antes–, son las clientelas y favores políticos, por las cuales ciertas personas, en mérito a casi nada, “encuentran trabajo” en la misma en cada nuevo periodo edil. No es necesario ser taumaturgo ni nigromante para inferir que quienes están detrás de la elaboración y construcción del espacio virtual municipal, son parte de ello. Creo que el día que se haga un filtro mediante concurso público para las diversas “oficinas” municipales, donde no prime una filiación política que, por supuesto, no garantiza calidad ni eficiencia, la situación –Jauja en general– mejorará.
Ahora, si el espíritu que trasunta la página web en cuestión, es el mismo de los que actualmente gobiernan la provincia, pudiéramos pensar que las cosas no son para nada positivas. Por lo mismo, preocupa mucho que las principales obras de esta gestión edil sean la donación de “kids deportivos”, al menos como se puede desprender de la información que se publica en la misma web. Por lo pronto, y para ser honestos, no se aprecia una obra realmente trascendente. Esperemos, pues, que no se defraude las expectativas que tenían algunos pocos conciudadanos en esta gestión edil y que, sobre todo, no sea una más de las tan nefastas que han pasado por Jauja; esas que habían visto a la política como una manera de ganarse la vida, y a la Municipalidad como un botín. Esperemos que no.
Publicado en Jauja
|
3 comentarios »
| Visto: 2123 veces