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Israel Lazo: Jauja tendrá nueva zona monumental

NOTA DE PRENSA Nº015 –2016-2017/ILJ/CR

Plaza_principal_de_Jauja

El proyecto beneficiará a 63,947 personas de la primera capital del Perú

(Lima, 20 de setiembre de 2016) El congresista de Junín, Israel Lazo Julca (FP), miembro de la Comisión de Comercio Exterior y Turismo, informó que dentro de la cartera de proyectos del Plan COPESCO Nacional, se encuentra la creación y mejoramiento de los servicios turísticos públicos de la Plaza de Armas y su entorno en la zona monumental de Jauja – Junín, con un monto de inversión de S/7 846, 958.

Es una obra importante para la primera capital del Perú y el Valle del Mantaro, porque pone en valor la zona monumental de Jauja, donde se puede practicar el turismo cultural o histórico, muy solicitado por visitantes extranjeros. Como miembro de la Comisión de Comercio Exterior y Turismo me comprometo a impulsar este sector y fiscalizar que los proyectos encaminados se terminen en el tiempo programado”, resaltó Israel Lazo.

Como se recuerda, el Plan COPESCO, formula y ejecuta proyectos de inversión pública de infraestructura para el turismo a nivel nacional, en alianza con los gobiernos locales, plan que beneficia a la provincia de Jauja. Israel lazo, detalló que el proyecto de mejoramiento de la Zona Monumental de Jauja, con una inversión de 7 846, 958 millones, se encuentra en evaluación por la OPI MINCETUR con un avance del 90% (levantamiento de observaciones).

El proyecto de la Zona Monumental de Jauja contempla; el mejoramiento arquitectónico de la Plaza Armas, implementación de un Centro de Interpretación Turística, recambio de la redes eléctricas y de telefonía aéreas por subterráneas y la transferencia de capacidades en gestión y promoción turística.

Datos

La cartera de proyectos del Plan COPESCO Nacional, contiene 83 Proyectos de Infraestructura para el Turismo por un monto de S/ 1,038 millones (36 Estudios de Pre Inversión, 36 Expedientes Técnicos, 11 Obras en Ejecución).

La Región Junín, lamentablemente, está enferma

junin 

Darío A. Núñez Sovero

Es duro admitirlo, pero hay que decirlo. No hay mejor manera de reconocer nuestra enfermedad si no lo admitimos. Lo recomiendan los mejores especialistas antes de iniciar un tratamiento y, sin este gesto de introspección, será inútil cualquier terapia.

Me hubiese gustado que se me adelanten psicólogos sociales o sociólogos que saben leer e interpretar los fenómenos de nuestra sociedad, pero ante su silencio (¿cómplice?) me veo obligado a decirlo. Es el caso que, hace un buen tiempo, la salud mental de nuestra comunidad regional no pasa por buen momento ya que, sencillamente, está avasallada y deteriorada por una serie concatenada de hechos visibles. Los responsables de ello, en mi modesta opinión, son los espacios “noticiosos” que diariamente “bombardean” los receptores radiales de nuestros pobladores con mensajes que progresivamente van deteriorando la autoestima colectiva del pueblo, haciéndonos ver como una comunidad animada por un belicismo extremo, como una sociedad cuyo pasivo es una gran frustración.

Hacen unos años me tocó asistir a una conferencia de un reputado Psiquiatra, el Dr. Luis Guerra, de quién, asombrado, escuché que existen dos clases de psicopatologías: las neurosis y las psicosis. Las primeras ocurren diariamente, cuando existe un elemento perturbador de nuestra conducta; desaparecido este elemento perturbador nuestra conducta recobra su normalidad. Las neurosis, según este especialista, no necesitan tratamiento, lo que requieren es eliminar el estímulo que perturba a la persona. Las psicosis (lo que llamamos locura), en cambio,  son irreversibles y suponen un daño cerebral que altera la conducta del individuo; el tratamiento es especializado y farmacológico. Esta primera aproximación a aventurar que nuestra región, lamentablemente, está enferma de una grave neurosis me lleva a otro comentario adicional: quienes hayan leído la obra “1984” de George Orwell encontrarán que la sociedad escatológica que promueve el escritor inglés busca una distopía, es decir una sociedad en la que exista el peor de los mundos, situación que busca todo gobernante pues el fin último de esto es generar una sumisión extrema; para lo anterior Orwell nos habla de un Ministerio de la Verdad que, paradójicamente, sólo busca falsear la realidad y manipular la opinión pública, para lo cual la sumisión total debe hacerse bajo estos tres lemas: “La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza”. ¿Cómo se consigue eso? Con el odio y el odio debe ser hasta el dolor. El odio más fuerte es el más poderoso motor de cohesión social. Los 2 minutos diarios de odio de la sociedad orwelliana son la dosis necesaria para hacer funcionar el sistema ya que ellos constituyen la válvula de escape de todos nuestros instintos primarios. En ese lapso, todo el mundo dejaba sus labores para concentrarse y descargar toda su furia de odio y así denostar de todo lo que lo agobiaba. Luego de ese tiempo el pueblo volvía a sus labores habituales.

La región Junín in extenso vive, bajo las premisas expuestas, una grave neurosis social desde las 6 horas en que la ciudadanía enciende sus receptores (radio). La audiencia sólo recibe información tóxica que se recrea en sus problemas locales en las que las vedetes noticiosas son o bien las obras que se hacen en la ciudad o los problemas del transporte o los problemas de sus autoridades o los problemas de las ferias y mercados, o los problemas de agua y desagüe; en fin, paro de contar. En este período, llamadas telefónicas con nombres inventados o entrevistas con sesgo opositor, son interminables y así el insumo informativo de la ciudad se torna perverso. En este tiempo lo que menos importa son las honras de las personas que son aludidas de la peor forma. ¡Ah!, pero claro, la sociedad recobra su normalidad cuando acaba este período “noticioso”, en el que el denominador común es el fraticidio y aún el canibalismo. Reitero que eliminado el factor perturbador que genera la neurosis social (noticiarios) la comunidad recobra, según lo expuesto por el Dr. Guerra, su normalidad. Neurosis y odio orwelliano son, pues, dos factores del cóctel que corroe seriamente la base social de la región Junín y de todo el país. Duro ¿verdad?

Junín vive, en mi concepto, aislada de lo que acontece en el entorno nacional e internacional. La precariedad formativa de sus “periodistas” y “opinólogos” no le permiten formarse una buena base informativa. Ha trocado esta limitación por una información doméstica que, según Freud, sólo despierta sus instintos primarios, su irracionalidad. Ahora bien: qué hacer. Creo que hay que diversificar el caudal informativo de la sociedad. Los usuarios debieran de prescindir de este tipo de mensajes triviales y reorientar su interés por temas de mayor consistencia. Dejemos de ser Reader Digest (lectores u oyentes digeridos) y pasemos a ser usuarios de otros medios de información. O si ello no fuera posible, mil veces mejor para nuestra salud, escuchemos una buena música que relaje el tormento de vivir en una sociedad consumista y nos devuelva esa tranquilidad apacible bajo la cual nos hemos forjado. La región Junín y sus hijos nos lo merecemos.