‘Baño de Jauja’ en un domingo limeño

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Cardenal Juan Luis Cipriani y el Padre José Chuquillanqui

Darío A. Núñez Sovero

Apura nuestra ansiedad el avance de las horas. Una pertinaz vigilia ha asaltado nuestros sueños. Ya es de madrugada y la noche nos va pareciendo eterna. En esa pavorosa oquedad azabache de la noche limeña, nos atemoriza escuchar el persistente ulular de las sirenas de los carros de emergencias, presagio que la implacable muerte acecha en esta ciudad sembrada de violencia y cemento. La estridente música que de las fiestas vecinas se agolpan en nuestros oídos, son trágicas ofrendas que perturban nuestra desfalleciente voluntad de descanso.

Finalmente las luces de la aurora se filtran por nuestra ventana y las urgencias de la naturaleza apuran nuestro aseo. Es domingo, día especial para el peruano promedio, dia para el cual hemos reservado una serie de acciones fuera de la rutina semanal. Pero de todas, con el riesgo de la prescindencia, hay una insoslayable que como todo buen cristiano hay que cumplir: asistir a la misa dominical. Estamos en Lima, hay una serie de barreras que nos alejan de nuestra tierra: la distancia, la idea de que los nuestros están a esa misma hora haciendo los mismos apremios pero, probablemente, alertados y convocados por el hermoso tañido de la campana central, la soledad forzada a la que nos obliga esta lejanía…. Con la hora que se nos cuelga como un péndulo, salimos con una rapidez de rayo hacia la catedral. Vamos en busca del confort espiritual con el que nos suele abrigar una misa. Ya dentro de la Iglesia una suerte de obligada comparación nos retrotrae mentalmente a nuestra Iglesia Matriz jaujina, vemos que faltan esos grabados hermosos que adornan y solemnizan la cúpula central y rápido pensamos en que hay cosas que la nuestra es de mayor esplendidez. La catedral de Lima será la primera del Perú pero (sigo mentalmente comparando) la iglesia matriz de la primera capital del Perú es mejor en algunos aspectos como el que ya mencioné.

De pronto, una voz grave nos avisa que va a empezar la misa y de la parte posterior sale una música que acompaña la armonía de las voces, entonces nuevamente mis recuerdos me devuelven a mi Jauja y pienso en las bellas notas que se podrían arrancar de ese viejo órgano que duerme en la soledad del desván del templo jaujino. Los fieles presentes se ponen de pie cuando una corte de acólitos empieza a desplazarse por el altar mayor. Los siguen dos sacerdotes con túnicas verdes y luego, portando un cayado dorado con terminal arqueado, la figura del Cardenal Juan Luis Cipriani aparece en el recinto. Para cerciorarme bien restrego mis ojos y confirmo que uno de los sacerdotes es el R.P. jaujino José Chuquillanqui a quién el Reverendo Cardenal agradece su presencia y también a la grey de su Vicaría que lo acompaña. Nuevamente me digo que Jauja respira por mis poros, siento que estoy lejos pero como en familia y agradezco a Dios por estas raras coincidencias, que ponen a mi terruño en el primer plano de la espiritualidad. Luego de este banquete espiritual abandono la Iglesia no sin antes recibir la bendición del representante del Papa en el Perú.

Estaba por disponerme a retornar a mi casa cuando advierto que un gentío se atiborra frente a Palacio de Gobierno para ver el tradicional cambio de guardia. Turistas, en su mayoría, se disputan un lugar preferente para captar alguna toma fotográfica. Otros más audaces registran los hechos con máquinas filmadoras. La alegría me inunda cuando la banda de música presente entona la marcha militar “Jauja” y con pasos entrecortados y muy marcialmente el batallón Húsares de Junín va asumiento el protocolo y mientras la gente insiste afanosamente en captar y registrar el mínimo detalle, me voy alejando discrétamente con el regocijo de escuchar aquella melodía que me devuelve a mi tierra.

Entonces pienso si es que Juan Bolívar y el “pupo” Amadeo Abregou habrán pensado que algún día aquella canción que inspiraron serviría igual para alegrar a la Patria y mientras mis pasos van devorando veredas siento que me he dado un “baño de Jauja”. Para mí ha sido un día especial en esta brumosa y atolondrada Lima.

Puntuación: 5.00 / Votos: 5

Un pensamiento en “‘Baño de Jauja’ en un domingo limeño

  1. rosa romero espinoza

    Gracias por escribir sobre esta experiencia, con mi familia, cuando queremos sentir la tierra como dices, nos vamos a la plaza de armas. Sabes que nos han dicho (no lo hemos corroborado)que algunos de esos musicos son acollinos? Muy probable, ya que sólo ellos harian esa magistral interpretacion (jejeje creo estoy siendo injusta con los demás, pero sabemos que los acollinos tienen lo suyo, si?)
    Recuerdos jaujinos Dario
    Rosa Romero

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