EL DOCENTE EXITOSO: UN NUEVO APOSTOLADO

            El Perú de hoy sigue siendo un país fragmentado, injusto, inequitativo y discriminador. Los grandes avances en la macroeconomía de estos últimos tiempos no han significado mayores cambios al respecto. Debemos construir un Perú diferente, un país para todos, un lugar incluyente donde todos, sin distinciones de ningún tipo,  nos sintamos parte de esta nación. Debemos convertir nuestras postraciones y potencialidades en acciones para un futuro mejor.

            Sin duda, el motor del desarrollo incluyente y de la reconversión de los valores y de los sentimientos es la educación. Para ello, es imperativo hacer realidad un vigoroso sistema educativo que nos conduzca hacia la conformación de un Perú mejor.

            Para lograr este gran desafío, el sistema educativo debe considerar varios aspectos. Entre ellos tenemos las bases sólidas de condiciones de educabilidad de los niños; la infraestructura adecuada y pertinente; medios y materiales educativos de calidad; contexto social y medios de comunicación que participen activamente en la labor educativa y formativa; y, el factor determinante, que marca la diferencia y crea valor para que el servicio educativo sea de calidad y logre sus objetivos, la labor docente.

            El docente es el elemento fundamental para la transformación educativa. Es el motor del cambio para hacer de este país un lugar con igualdad de oportunidades para todos.Pero, cómo es este maestro que  causa profundas influencias en el alma de las personas y de la sociedad. ¿Qué características poseen los profesores que tienen éxito en las aulas? ¿Qué y cuánto sabe el buen profesor que logra influir positivamente en sus estudiantes? ¿Qué tipo de relación establece el maestro de modo que cala profundamente en el alma de sus estudiantes? En suma, ¿cómo es un maestro exitoso y de calidad? El presente trabajo pretende ensayar algunas respuestas que nos permitan descubrir el tipo de maestro que requiere el Perú de hoy.

            El Perú que queremos requiere un docente renovado, diferente, un docente para el siglo XXI.

Uno de los aspectos fundamentales que conforman las características de un buen docente es su conocimiento profundo de la especialidad. Un buen maestro debe dominar su especialidad, cualquiera sea esta, llámese Matemática, Lingüística, Historia, Geografía, Arte, etc. Esta particularidad influye positivamente en dos aspectos. En primer lugar porque, solo quien ama una disciplina se interesa por conocerla amplia y profundamente. Y, en segundo lugar, porque, quien ama una disciplina hace los máximos esfuerzos por explicarla de la manera más fácil y comprensible posible.

Además, el alto nivel de conocimiento de la especialidad permite descubrir diferentes métodos y estrategias para compartirlo con los otros.No siempre ello es producto de un gran esfuerzo. Un especialista siempre tiene a la mano las mejores y formas más creativas para transmitir un conocimiento. Según Bain (2007) estos docentes “[…] saben cómo simplificar y clarificar conceptos complejos, cómo llegar a la esencia del asunto con revelaciones motivadoras, y son capaces de pensar sobre su propia forma de razonar en la disciplina, analizando su naturaleza y evaluando su calidad” (p. 27).

A este punto se debe añadir el conocimiento amplio, profundo y enciclopédico de la vida y de la cultura, que le permitirá al docente relacionar sus conocimientos de la especialidad con los hechos cotidianos. Cuando el docente posee un alto nivel de conocimiento de su materia y amplia cultura, cualquier detalle de la clase, que se manifiesta como una pregunta, una broma, un comentario e, incluso, una burla se convierte rápidamente en una ocasión para transmitir conocimiento y saber.

Otro aspecto importante que caracteriza al buen maestro es la profundidad de sus reflexiones y su capacidad interpretativa y crítica de las informaciones y de los acontecimientos, que añade a su conocimiento de la especialidad y a su amplia cultura. Estas cualidades le otorgan una gran variedad de herramientas para transmitir y compartir sus saberes de manera más efectiva.

Esta competencia profesional le permite gestionar de manera didáctica la información y las destrezas que pretende transmitir a sus estudiantes. Tienen la habilidad de convertir las ideas o conocimientos en mensajes didácticos sencillos fácilmente comprensibles por los estudiantes (Zabalza, 2009).

Los profesores extraordinarios conocen su materia extremadamente bien. Todos ellos son consumados eruditos, artistas o científicos en actividad. Algunos poseen una gran cantidad de publicaciones; otros poseen pocas publicaciones; y, muchas veces, no poseen ninguna publicación. Pero con muchas publicaciones o escasas publicaciones, los docentes extraordinarios están pendientes de las informaciones recientes en el campo intelectual, científico o artístico. Realizan razonamientos valiosos, creativos y originales en sus asignaturas; estudian y analizan con prolijidad y en abundancia lo que otras personas hacen en sus disciplinas; leen continuamente mucha información de otros campos del conocimiento, y, ponen mucho interés en las controversias y discusiones en torno a su asignatura, y el conocimiento en general. Estas cualidades les permiten conseguir intelectual, física o emocionalmente lo que ellos esperan de sus alumnos (Bain, 2007).

Según el autor antes citado, un profesor exitoso no solo conoce su disciplina a profundidad, sino su historia y las controversias que se han originado en torno a ella. Esa comprensión le ayuda a reflexionar de manera profunda sobre la naturaleza  del pensamiento en su campo. Utilizan esa capacidad para pensar sobre su propio razonamiento y sobre la comprensión de la disciplina con el fin de encontrar los mejores mecanismos para saber cómo podrían comprenderlo otras personas. Esta comprensión les permite saber en qué orden deben enseñar los conocimientos. Distinguen rápidamente entre los conocimientos fundamentales y los complementarios. Se dan cuenta en qué puntos los estudiantes podrían hallar dificultades en su proceso de comprensión, lo que le permite aligerar y simplificar los contenidos para que sean fácilmente comprensibles.

Siguiendo a Zabalza (2009) podemos afirmar que un docente de calidad es aquel que tiene claro lo que la educación tiene que aportar al desarrollo integral de las personas y de la sociedad en su conjunto y ello está relacionado con los conocimientos de alto nivel. Esto le permite lograr que sus alumnos obtengan aprendizajes de calidad.

Otra característica fundamental de un buen maestro es que este establece una relación abierta,  amable y comprensiva con sus alumnos. Según Bain (2007), los profesores muy efectivos tienden a mostrar una gran confianza en los estudiantes. Parten de la premisa de que estos quieren aprender y pueden lograrlo. En algunas ocasiones, para establecer relaciones más cercanas, y hacer de sus alumnos personas perseverantes, sinceras y reflexivas, el profesor habla sobre su propia aventura intelectual. Comenta acerca de sus ambiciones, sus triunfos, sus batallas perdidas, sus frustraciones, sus errores.

Los buenos docentes tienen altas expectativas de los logros de sus estudiantes. Lo que hace que los mejores profesores tengan éxito con sus alumnos es una compleja red de creencias, concepciones, actitudes y prácticas orientadas en favor de estos últimos.

Por ejemplo, los mejores profesores aprecian el valor de cada estudiante. Buscan potenciar las capacidades y saberes de cada uno de ellos. “[…] tienen normalmente una gran fe en la capacidad de aprendizaje de los estudiantes y en el poder del desafío saludable, pero también saben apreciar que el exceso de ansiedad y tensión puede dificultar el aprendizaje. Por tanto, mientras ayudad a los estudiantes a sentirse relajados y a creer en su capacidad para aprender, también fomentan una especie de inquietud, el sentimiento que brota del entusiasmo, la curiosidad, el desafío y el suspense (sic) intelectuales, y de las maravillosas promesas que hacen sobre lo que podrán conseguir sus estudiantes” (Bain, 2007:110).

La confianza que transmite el maestro es un aliciente fundamental en desarrollo de las capacidades de los estudiantes. El profesor comprende que el miedo y la ansiedad pueden reducir la capacidad de razonamiento, por ello, promueve el estímulo intelectual y la curiosidad. En este punto es importante saber que estos maestros establecen lazos de confianza y amabilidad porque han renunciado al poder que les confiere el cargo. De esta forma, invitan a los estudiantes a perseguir objetivos ambiciosos y les prometen apoyo para conseguirlos, aunque les dejan en claro  que el control de sus aprendizajes y de su formación está en sus manos.

“La confianza, el rechazo del poder y el establecimiento de estándares que representan objetivos auténticos en lugar de tareas puramente escolares son cosas que estaban muy presentes en la clase de programas que solían utilizar los mejores profesores” (Op cit. p.88).

Se había dicho que solo quien ama una disciplina llega a conocerla en profundidad. Lo mismo puede suceder con la enseñanza. Solo quien conoce y domina su materia logra explicarla con pasión y convicción. Solo un maestro que domina su materia la vive y la sufre en cada clase.

Entonces, un docente exitoso es aquel que tiene un alto nivel de conocimiento de su especialidad y una amplia cultura humanística; establece relaciones cordiales y de elevadas expectativas con sus alumnos; halla las estrategias más sencillas y pertinentes para hacer comprensible los temas; cada sesión de clases se convierten en experiencias apasionantes de aprendizaje.

 Pero, además, en estos tiempos, es menester que el docente esté actualizado con el empleo de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. Este debe conocer, manejar y poseer las nuevas herramientas tecnológicas que le permitirán poseer información actualizada sobre todos los campos del saber, sino también estar a la vanguardia del desarrollo tecnológico.

Aunque no es un requisito indispensable para que un buen docente haga buenas sesiones de clases, las nuevas tecnologías de la información son elementos cada vez más recurrentes en el proceso de enseñanza – aprendizaje.

Además, las fuentes de información y los mecanismos de distribución se han informatizado casi en su totalidad. El maestro de hoy no puede estar ajeno al conocimiento y manejo de las nuevas formas de distribución de la información (página web, blog, redes sociales, e-book, etc.).También debe conocer los mecanismos y formas de funcionamiento de los nuevos repositorios de  la información.

Las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC), hoy, deben ser parte ineludible de las condiciones de un docente, tanto para su formación permanente como para el proceso mismo de las sesiones de enseñanza – aprendizaje.

Por otro lado, el dominio de las NTIC por el maestro es fundamental para que pueda orientar a los estudiantes, en el inmenso  océano de la información. Frente a esta situación, el docente asume nuevos roles como es enseñar a identificar la información más adecuada; orientar su búsqueda según objetivos prestablecidos; aportar criterios de selección; y, fundamentalmente, orientar a los alumnos a convertir la información en verdaderos conocimientos útiles en su praxis cotidiana.

El docente eficiente y exitoso, aquel que logra buenos  aprendizajes en sus alumnos y deja profundas huellas en su alma, goza del reconocimiento social. Posee un alto prestigio en la organización educativa, este trasciende las paredes de la institución y se instala en la comunidad en general. Los alumnos lo respetan, lo admiran y sienten un afecto especial por él. Los directivos de la institución y sus compañeros de labores reconocen su influencia y le otorgan mayor poder. Igualmente, los padres de familia y la sociedad reconocen la importancia académica y la labor formativa de estos docentes.

A todo lo mencionado anteriormente debemos añadir otro factor que hace del docente un verdadero maestro. Este es quizás el más importante de todos. Es lo que le confiere a su labor profesional un carácter cuasi religioso, porque la tarea educativa no se limita a la transmisión de conocimientos. El proceso educativo es “[…] una relación cargada de moralidad y afecto. Sin un contenido ético y de amor, toda acción educativa estará abocada al fracaso y toda vocación docente se dirigirá a la frustración” (Lerner, 2011: 12).

Los educadores que poseen un fuerte sentido de su misión entienden que la labor educativa es más que una función o una profesión. “El carácter profesional de la enseñanza lleva a reducir al docente en un experto. La enseñanza tiene que dejar de ser solamente una función, una especialización, una profesión y volver a convertirse en una tarea política por excelencia, en una misión de transmisión de estrategias para la vida. La transmisión necesita, evidentemente, de la competencia, pero también requiere, además, una técnica y un arte. Necesita lo que no está indicado en ningún manual, pero que Platón ya había señalado como condición indispensable de toda enseñanza: el eros, que es al mismo tiempo deseo, placer y amor, deseo y amor de transmitir, amor por el conocimiento y amor por los alumnos. El eros permite dominar el gozo ligado al poder, en beneficio del gozo ligado al don. Donde no hay amor, no hay más que problemas de carrera, de dinero para el docente, de aburrimiento para el alumno. La misión supone fe en la cultura y fe en las posibilidades del espíritu humano. La misión es por lo tanto, elevada y difícil, porque implica al mismo tiempo arte, fe y amor” (Morin, 2006:122).

El buen docente configura su tarea no para la sesión de clase, sino para toda la vida. Su objetivo no es que el alumno acumule información sino que logre conocimientos para formar un hombre nuevo y crear un mundo mejor. Su preocupación no se detiene en el campo intelectual, extiende sus poderes formativos a todas las dimensiones del hombre: la moralidad, la afectividad, la sensibilidad estética, la sociabilidad y la identidad. Busca hacer de sus alumnos ciudadanos plenos y seres humanos capaces de realizarse como tales (Lerner, 2011).

Sin embargo, la realidad del docente peruano está muy lejos del ideal. La formación profesional del docente es sumamente pobre y mediocre. La mayoría de las instituciones de formación magisterial (no universitaria) manifiestan procesos formativos intermedios o bajos en cuanto al logro (PEN, 2006). Por otro lado, es muy común saber que el nivel de exigencia y formación en las facultades de educación de las instituciones universitarias es inferior a otras facultades. Incluso, el nivel de exigencia en el ingreso a las facultades de educación e institutos de formación magisterial es muy inferior a sus pares.

Finalmente, es imperativo hacer los máximos esfuerzos por reconvertir a los docentes. La realidad educativa nos ha mostrado, nuevamente, que el sistema atraviesa graves dificultades. La mayoría de alumnos no comprende lo que lee y no puede desarrollar con éxito operaciones matemáticas simples. Nuestro sistema educativo requiere nuevos docentes, eficientes y exitosos.

El Estado y la sociedad deben participar para que la formación docente sea más rigurosa y permanente.

Se debe combinar condiciones de trabajo acordes conlas demandas actuales junto con un mayor compromiso y exigencia basado en la evaluación y en la responsabilidad profesional. Ello revertirá en la satisfacción personal, la valoración social y el mayor prestigio de los docentes.

Es necesario trabajar denodadamente para hacer de la labor docente un nuevo apostolado. Un nuevo apostolado basado en el alto conocimiento de la materia, el reconocimiento social, en el carácter ético de la tarea y, por su puesto, en el reconocimiento económico de esta magna función.

Es menester contar con un maestro formador de seres éticos, formador de ciudadanos: seres morales, libres, abiertos a la compasión y al respeto. El nuevo maestro debe recuperar el hecho ético de la educación, una educación cuyo mejor fruto sea sembrar en los niños peruanos el deseo de vivir y de prepararse para una vida buena. Pero para ello requiere una reconstrucción de nuestro mundo moral, una revuelta ética que ha de realizarse desde las conciencias individuales. (Lerner, 2011).

BIBLIOGRAFÍA

Bain, K. (2007). Lo que hacen los mejores profesores universitarios. Barcelona: PUV

Lerner, S. (2011). La educación como hecho ético. [fecha de consulta: 5-07-2012]. Recuperado de: http://www.larepublica.pe/node/728612/print

Morín, E. (2006). Educar en la era planetaria. Barcelona: Gedisa

PEN (2006). Proyecto Educativo Nacional. Lima: Consejo Nacional de Educación.

Polanco, J. (2006). Políticas educativas de éxito: análisis a partir de los informes PISA. Madrid: Fundación Santillana.

Rivero, J. (2003). Políticas de Formación Docente y Lucha contra la Pobreza. Lima: Instituto de Pedagogía Popular.

Zabalza, M. (2009). Competencias docentes del profesorado universitario. Madrid: Narcea.

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