El ciclo 2010-II en la Católica se dictó una clase llamada “Cultura popular y urbana”, una clase de la que en particular tomé notas frenéticamente, notas que ahora han desaparecido y que con cierto desespero busco (ok, bastante desespero).
Una de las clases tocó el tema del carnaval, habló de esta manifestación cultural popular (porque el pueblo es el protagonista) que consigue revertir los papeles (los ricos se vuelven pobres y los pobres se vuelven ricos... pare eso los disfraces) por cierto tiempo o que consigue igualar a las personas (para eso la utilización de las máscaras).
El carnaval muchas veces sirve como catalizador, como tubo de escape de las tensiones sociales que nos pone al mismo nivel por un momento, donde nos divertimos, donde no tenemos que hincarnos ante el rey sino que nos podemos burlar de él exhibiendo como reyes a nuestros bufones, donde podemos mostrar mujeres desnudas o semi desnudas montadas en grandes y adornados carros alegóricos y nombrarlas nuestras reinas del carnaval, donde podemos correr con globos llenos de agua, talco o betún y atacar a transeúntes en la calle en nombre de la diversión, en nombre del carnaval y hacer muchas, muchas cosas más.
Esta semana dedicamos nuestras entradas a esta manifestación cultural celebrada en muchos países y ciudades, bajo distintos parámetros pero con un solo fin: DIVERTIRNOS.
Saquen sus pitos, sus serpentinas, sus tangas, sus disfraces, chapen su garota, su árbol para hacer yunza, su globo de agua, su talco para pies, lo que se use en su país o ciudad y pongámonos a festejar, a bailar, a jugar, A VIVIR EL CARNAVAL.