Artículos con la etiqueta teatro


Categoría: General
Publicado por: a19936084
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Para los que nos acercamos a la base cuatro, Cocina y zona de servicio la atinó por su cómica manera de hablarnos sobre los grandes temas existenciales que nos aquejan hoy. Soy de la generación que está insatisfecha de todo. Del amor, del cuerpo, de rumiar tanto. Soy de la generación de los matrimonios sombríos y agotados, de las solterías histéricas, del vacío detrás del éxito monetario, de la desadaptación crónica, del egocentrismo y la adicción, del aferramiento al ritmo, de la eterna rebeldía con o sin causa.
A diferencia de la vida, en Cocina y zona de servicio todo transcurre en la cocina de la casa perfectamente puesta por una pareja de esposos que han acostado a sus hijos pequeños y que se han preparado con nerviosismo para recibir a una pareja de invitados que no ven hace diez años y que para colmo se tardan dos horas en llegar. ¿Se trata de la ansiedad por el reencuentro? ¿Por el propio paso del tiempo? ¿Por lo que quedó inconcluso entre los cuatro? ¿Por la “felicidad” que aún no logran saborear a pesar del intento? Lo que sí es cierto es que las cosas han cambiado para todos. Con expectativas distintas y, lo que es más, con historias de vida diversas, ocurre este fracasado encuentro. Ninguno quiere mostrarse, ninguno quiere aceptar frente al otro el rumbo elegido. La nostalgia por los tiempos pasados es notoria. La necesidad de ocultarse detrás de un puesto importante o unos tacones altos, lo cotidiano. La incomprensión eterna y el fracaso laboral. La plata. El bacalao que no sabe bien. La ceguera como consecuencia de la convivencia monótona. La resignación y la desesperación. Los hoteles sofisticados y los de mala muerte. La huida. La infidelidad. Y todo aprisionado en el estrecho bolsillo de un pantalón usado.
Si hacemos el esfuerzo de ponernos serios (cosa casi imposible), Marisol Palacios, la directora de esta divertida comedia, pone sobre el tapete el tema de la elección. Y es que llegado cierto momento de la vida el perfecto edificio que algunos pensábamos haber construido resulta que se desploma por completo en el tiempo que nos toma encender un cigarrillo. Y de ahí en adelante, todo responde a los ciclos caóticos del adentro. Y al que no le ocurre esto, entonces no puede reírse con el mismo placer. O a lo mejor no puede contemplar la actuación de Miguel Iza sin gozar de esa mezcla de lucidez, humor, crudeza, pesimismo y ternura que caracterizan a su personaje. Es como si él estuviera allí para traducir los gestos, para mirar hacia adentro, para retirar el velo del optimismo ridículo o para recordarnos que también nos podemos dar licencias en nombre de las grandes búsquedas, de los negros vacíos y de los cabos sueltos. ¿Será posible?
Categoría: General
Publicado por: a19936084
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Como parte de la IV Muestra Internacional de Teatro de Lima se presentó La Mujer de Antes, un montaje de la Compañía mexicana Línea de Sombra, que aborda grandes temas con poca escenografía. Adaptación de Roland Schimmelpfennig, la originalidad de la obra está en el manejo acertado del tiempo. En un vaivén que va de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante, todo lo que presenciamos transcurre durante una sola noche. Admirable la capacidad de los actores de volver sobre sus pasos y repetir las escenas a manera de un rompecabezas. Los gestos, el tono de voz, los movimientos del cuerpo son los mismos en momentos distintos como si hubieran sido grabados y al hacer rewind los volviéramos a ver reflejados en una pantalla. De fragmento en fragmento se construye la historia. Una historia que comienza con una pareja que luego de 19 años de estar casada decide mudarse con su hijo adolescente a otra ciudad. Las luces de los carros reflejadas en las ventanas del departamento, los sonidos metálicos al fondo pero nítidos y los jeans obligados sirven para situar esta historia en alguna gran urbe que aplasta. Quizá por eso la mudanza. Quizá por eso las cajas pesadas regadas por todos lados. Pero la llegada de la que fue enamorada del esposo durante un verano de su lejana adolescencia interrumpe inesperadamente en la escena para reclamar ese amor perpetuo que el joven de aquellos días le prometió. La aparición es absolutamente absurda pero lo que sigue es un drama que cobra matices terroríficos. Paralelamente, el joven hijo de esta pareja vive un amor intenso y así como el padre, promete el mismo amor eterno que aquél a aquella chica que ahora regresa. Estas dos historias se entretejen y el desenlace final es una tragedia danzada. Sí, danzada porque descubrimos hacia lo último a unos actores que demuestran muy bien sus iras, celos, desilusiones y violencia con el lenguaje del cuerpo.
Quién es esta mujer tan inocente que se aparece así como así luego de 24 años a reclamar sus derechos como mujer cortamente amada que fue? Quién es esta mujer que en el lapso de unos minutos tiene la capacidad de traerse abajo toda una vida construida en familia? Como si fuera una prueba de fuego para esta pareja o como si fuera el fantasma del pasado que habita en ellos, esta mujer más bien representa los antiguos deseos, lo perdido, las ilusiones cortas, la canción. Pone en evidencia lo que los años de vida en común, pueden, paradójicamente, corromper. El marido ha olvidado cantar, la esposa guarda con recelo y nostalgia los buenos momentos y el hijo, que aún no puede dejar sus juguetes de la infancia vive un amor de juventud. El tiempo ha enterrado lo que cada quien fue y lo que tuvo. Pero el tiempo también es capaz de preservar encapsulado el amor de verdad. Así lo demuestra esta mujer que viene no sé sabe de dónde ni hacia dónde va pero que lleva consigo un gran poder.
Categoría: General
Publicado por: a19936084
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Esperando La Carroza, obra escrita por Jacobo Lagsner y adaptada por Alberto Isola, trata sobre el conflicto familiar desatado por la supuesta muerte de “Mamá Cora”, que de matriarca pasó a la clandestinidad psíquica y física. Esta tragedia más que comedia se inicia cuando la joven y embarazadísima esposa del hermano mayor de la familia (Jimena Lindo) estalla de ansiedad por convivir con la suegra entrometida, pero además, cuando irrumpe y conmociona al espectador con su rabia porque está indignada de la indiferencia ajena. De aquí en adelante toda la atmósfera se tiñe de envidias, engaños, culpa y lam No soporto la hipocresía y menos aún cuando te la arrojan en la cara en su versión más barroca. ento disfrazado porque en el fondo bien que todos quieren deshacerse de la vieja Cora que sólo sabe traer problemas y hacer merengues que ya nadie quiere probar.
Terminé aturdida. A lo mejor yo soy una de esas personas para las que las comedias no están hechas. Lo que produce carcajada a mí me da náusea, lo que pasa desapercibido a mi me desorienta totalmente y lo que se dice a voz en cuello a mi me provoca vergüenza ajena. Y si no fuera porque en plena función aparecieron los cronopios por entre los escombros de mi mente aplastada (esos seres de otro? mundo que se han convertido en mi objeto transicional), no hubiera podido tolerar aquello de las poses impuestas y la pena fingida. No voy a negar que prefiero la sutileza irónica que despliega Julio Cortázar en “Conducta en los Velorios” que la histriónica falsedad puesta en escena por Isola para decir lo mismo.
Para variar, otra vez gana mi sentimentalismo. Por eso me quedo con aquella entrañable familia que ha organizado toda su existencia asistiendo a los velorios del barrio para “enseñarles” a sus vecinos deudos que es más creíble el dolor llorando hasta humedecer por completo un pañuelo morado, que es mejor preparar un discurso para conmover de veras a los demás, que es muestra de mayor humanidad quedarse hasta el alba junto al cajón pero tomando mate caliente. Típicamente cortazariano, este relato se burla del giro social y festivo de los ahora llamados velorios pero también muestra sin pelos en la lengua que lo más grotesco de nuestra existencia es harina de este costal.
Categoría: newcat1
Publicado por: a19936084
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“Proyecto Empleadas”, la obra teatral que se presenta por poco tiempo en el centro cultural elgalpón.espacio gracias a la sensibilidad de sus directores, Rodrigo Benza y Jorge Baldeón, es una propuesta interesante que se inscribe en la larga lista de ideas artísticas que vienen explorando la temática del/la trabajador(a) del hogar.
Entre las que recuerdo ahora, figura una muestra fotográfica llamada “La Otra” de la artista Natalia Iguiñiz. Se trataba de una serie de imágenes en las que aparecían las empleadoras posando junto a sus respectivas empleadas. Bastaba contemplar sus rostros y posturas para intuir todo acerca de la relación que había entre ellas.
"Bin-jip”, película del surrealista director coreano Kim Ki-duk, cuyo título original significa "Hogares Vacíos", trata sobre un joven indigente que se introduce como un fantasma en casas ajenas para hacer los trabajos domésticos que sus empleadores no hacen porque pertenecen a una posición social acomodada. Si bien en un inicio el personaje se introduce en dichos hogares en el anonimato total, con el tiempo, en esas mismas paredes abandonadas irá a descubrir el gran amor de su vida.
En este caso, “Proyecto Empleadas” explora dramáticamente esa trama que se va tejiendo entre quienes conviven en un mismo hogar y ocupan jerarquías distintas.
Pero empecemos por el galpón. Propicio lugar que los directores escogen para reflexionar sobre un tema social tan presente y tan dejado de lado en nuestra sociedad. Si pensamos que antiguamente un galpón era una casa destinada a los esclavos de las haciendas de América, desde allí hay mucho material que, sutilmente, se sugiere. Lo divertido es que uno se siente muy bien en ese galpón-garaje rodeado de gente amistosa, música en vivo, cafecito y luces de neón.
Mientras nos vamos acomodando en el estrado del espacio escénico las dos y únicas actrices de la obra, Stephanie Orúe y Andrea Fernández, ya están esperándonos lavando la ropa (de ellas?, de sus patrones?). Parece que los directores nos hicieran tomar conciencia de cuán cotidiana es esta escena en la vida de cualquier peruano. Me estaba acomodando en mi sitio y de pronto distingo nítidamente unos “ruidos” que simulan artefactos eléctricos, movimientos de alguien que está lavando platos, el chirrido de puertas que se abren y cierran, la alarma de un reloj; es decir, los sonidos de una rutina tan pesada como exclavizante.
Desde el inicio, la obra nos golpea y no deja de hacerlo durante toda la función. Asistimos a un viaje en el que por momentos nos identificamos con alguna escena doméstica, sentimos pena y culpa por ello, reparamos en la hipocresía social y en la desconfianza innata, nos avergonzamos de los gestos tan instalados de discriminación, nos apena por quienes vivieron pérdidas irremplazables y por quienes viven añorando una vida mejor.
Hacia el desenlace de la obra, una de las actrices alza la voz para proponer una idea que sigue resonando en mi mente. “Hay que prevenir la migración”. Y me quedo pensando en la necesidad de que una obra como esta se presente en espacios teatrales más comerciales de nuestra ciudad. Valdría la pena.