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Tengo una manía. Cada cierto tiempo me vuelvo adicta a un autor en particular y no puedo dejarlo hasta que voy encontrando similitudes y temas recurrentes entre una obra y otra. Quizá tengo la manía de buscar lo permanente que está detrás de las palabras y la ficción. La más reciente víctima de esta suerte de acecho literario es Paul Auster. Yo ya había leído Mr Vértigo, La Invención de la soledad y la Trilogía de Nueva York. No me enamoré hasta que leí El libro de las ilusiones y El Palacio de la Luna. Ahora tengo en mis manos Invisible, la nueva novela que ha sido descrita como el Crimen y Castigo de Auster. Yo no lo sé. Lo que sí encuentro es un giro notorio en su temática. Si antes yo luchaba por no sucumbir a la atmósfera urbana decadente donde los personajes solos, abandonados, no repuestos nunca de pérdidas significativas, privados de cualquier atisbo de libido y desganados de sí mismos casi hasta la muerte, en Invisible, sucede todo lo contrario. Si bien también estamos frente a personajes sufrientes, confundidos, desadaptados e indudablemente apasionados por algún tipo de arte, ahora están tan enredados en las cadenas de eros que hasta lo incestuoso aparece como bello.
Lo interesante esta vez es que en Invisible se narran dos historias paralelas. El libro comienza con la primera parte del manuscrito que Adam Walker, un hombre maduro que está a punto de morir producto de una leucemia, escribe en sus últimos días. Esta primera parte de su proyecto se la envía a un viejo amigo de la infancia, escritor y crítico literario también, a quien no ve hace mucho tiempo junto a una carta en la que le pide consejos para resistirse al bloqueo y poder culminar su obra. La novela que se esconde detrás de esta NOVELA es la propia vida atormentada de Walker. Se trata del joven sensible que estudia literatura en la Universidad de Columbia (este dato podría ser autobiográfico) y que una noche de fiesta se encuentra con una pareja de franceses que le proponen sorpresivamente llevar a cabo su más grande sueño: dirigir una revista literaria neoyorkina de excelente calidad. Las cosas se complican demasiado entre los tres mientras el autor nos va contando quién es, cómo es su familia, de qué traumas tempranos padece, por qué la relación más que seductora con su hermana, su culpa… Uno va atando cabos entre todo aquel pasado y el ahora que cada vez más adquiere un matiz perverso y vengativo. Walker construirá inconscientemente toda su vida alrededor de ese alguien que un día se volvió invisible y que Walker no ha podido olvidar. El vacío será paradójicamente el motor de su vida.
Aún no llego a la última parte pero no dejo de sorprenderme cada vuelta de página. La acción y la reflexión van de la mano en este libro. Como siempre sucede con el Auster que he llegado a conocer hace poco. Podría ponerme a pensar qué de lo que escribe me enganchó ahora y no antes. O es que cogí las obras equivocadas. No sé acerca de sus influencias pero mientras leo Invisible recuerdo a Salinger de El Guardián entre el Centeno (que leí hace poco con motivo de su fallecimiento. Siempre pienso por qué el interés surge con la muerte). Sin duda que Adam Walker y Holden Coulfield (íconos de una parcela de la sociedad norteamericana?), se parecen en la forma que ambos tienen de preguntarse y asombrarse por las cosas que los demás no se percatan de la vida. Son seres incomprendidos, soñadores, rebeldes, sufridos porque poseen grandes dudas como claras certezas. En fin, ya estoy pensando qué leer de Auster cuando acabe Invisible.