09/02/09 |
Publicado por: a20022125 | Categoría Teoría Social
- Añadir comentario | Link permanente | Visto: 2392 veces |
Steven Lukes en su texto
Poder y Autoridad (en: Historia del análisis sociológico. Tom Botomore y Robert Nisbet. Buenos Aires: Amorrortu, 1988) nos dice que el modo de conceptualizar el poder y la autoridad, y su relación, ha devenido en una interminable querella dentro de la teoría y la sociología política. Es así, que plantea exponer en abstracto los conceptos de poder y autoridad empleados por determinados autores dentro de contextos particulares, sus desarrollos de un pensador a otro y sus refutaciones.
El concepto de Poder
Su núcleo, común a todas las concepciones, es la idea de producción de consecuencias. Es atribuido a personas, colectividades o a veces a sistemas o estructuras, las cuales generan causalmente consecuencias. Para aplicar esta idea a la comprensión de la vida política y social se debe entender que estas consecuencias son significativas, no triviales. Es decir, que las concepciones de poder tienen que incorporar un criterio de significatividad, definir qué es lo que vuelve significativas las consecuencias producidas por A, para que se las considere poder.
Para algunos autores, lo esencial del poder es la realización de una voluntad o deseo. Lo cual supone una concepción intencional del poder, que puede ser potencial o actual. Parten de agentes individuales y colectivos solo en la medida en que sea posible atribuirles intenciones (en esta perspectiva grupos como las élites no tienen poder ni lo ejercitan salvo si están unidos y persiguen conscientemente sus objetivos). Para otros, lo esencial del poder no es la intención ni tampoco la realización de la voluntad, más bien extienden el concepto incluyendo las acciones y la inacción (las cuales pueden coincidir o no con sus intenciones, si es que las tienen). Este punto de vista no solo contempla efectos no intencionales, sino diversas formas de poder individual y colectivo (poder de clase, poder estatal) que la anterior concepción no incluía.
Es así, que las concepciones de poder se pueden dividir en dos amplias categorías:
1. Las concepciones asimétricas, que consideran el conflicto (actual o potencial) y la resistencia. En las cuales el supuesto es que las relaciones sociales o políticas son de rivalidad y les es inherente el conflicto. Estas concepciones a su vez se pueden dividir analíticamente en tres distintas:
a) Las concepciones que se centran en el acatamiento, en el control (intentado o logrado) de unos sobre otros. Es esencial al poder la prevalencia de la voluntad de unos sobre otros, y por lo tanto el conflicto y la resistencia.
b) Concepciones que se centran en el poder como relación de dependencia.- B no se pliega a la voluntad e intereses de A por acciones discernibles o amenazas, sino a causa de la relación misma existente entre A y B, relación en la que B se encuentra subordinado y depende de A, sin que muchas veces interesen las acciones y objetivos de A e incluso sin su conocimiento.
c) El poder como desigualdad, es decir una concepción distributiva que se centra en las capacidades diferenciales de los actores pertenecientes a un único sistema para procurarse ventajas o recursos valorados, pero escasos. El poder en tanto es control y dependencia se mide determinando la ventaja de A y la pérdida de B, en razón del acatamiento de B. Así mismo, el poder se puede poseer y ser ejercido sin que A asegure el acatamiento de B, siempre que B sea dependiente de A.
2. Concepciones del poder en donde no necesariamente uno gana a expensas de otros, sino que todos pueden ganar. Siendo el poder una virtualidad o un logro de una colectividad. Lo cual presupone las relaciones políticas y sociales, al menos potencialmente, como armoniosas y comunitarias. Tienden a destacar los aspectos benignos y comunitarios del poder, en contraposición a los aspectos conflictivos.
El concepto de Autoridad
Tiene una doble articulación. Y supone el no ejercicio del juicio personal. Quien acepta la autoridad admite como razón suficiente para obrar o creer el haber sido instruido en ello por alguien cuyo derecho a hacerlo él reconoce. Aceptar la autoridad es abstenerse de examinar lo que a uno le dicen que debe hacer o creer. Ejercer autoridad es no tener que dar razones, sino ser obedecido o creído porque uno tiene el reconocido derecho a serlo.
Entonces tenemos que:
1. El primer componente del concepto de autoridad es dar y aceptar una razón que es al mismo tiempo de orden primero para la acción o la creencia y de orden segundo que mueve a dejar de lado razones que se opusieran. A lo cual, se debe señalar que: 1. dar estas razones, ejercer la autoridad, no necesariamente es intencional; 2. que un determinado caso se considere un ejemplo de autoridad dependerá del punto de vista desde el cual se lo entienda, 2.1 puedo utilizar el término de una manera “normativa” o relativizada, juzgo si se ha dado una razón autoritativa, en contra de patrones que a mi juicio pueden ser objetivos. O 2.2 puedo emplear el término de manera “descriptiva” o relativizada, abriéndose aquí dos posibilidades: 2.2.1 Puedo individualizar qué razones son autoritativas por referencia a las creencias y actitudes de los que están sujetos a la autoridad (autoridad de facto) o 2.2.2 por referencia a un conjunto de reglas que imperan en determinada sociedad, no importa lo que crean los que participan en determinada relación (autoridad de jure). Este es el punto de vista de los teóricos del derecho y de Max Weber. 3. El tercer punto es que es posible una variación considerable con respecto al dominio de las razones opuestas que la razón autoritativa excluye. Si estoy sujeto a la autoridad, puede que se me permita actuar según mi conciencia o respetando algunos de mis intereses, o sobre la base de la autoridad de otro.
Así mismo, cada atribución de autoridad va acompañada de un supuesto acerca de las circunstancias bajo las cuales se aplica y acerca de las razones que ella excluye (la autoridad puede ser absoluta en dos casos: si se aplica a todas las circunstancias y si excluye todas las razones que la contrarían).
2. El segundo componente del concepto de autoridad es la identificación del que la posee o ejerce en tanto tiene títulos para ello. Presupone un criterio que permita identificar la fuente de las preferencias autoritativas. Lo cual presupone insignias que permiten ver en qué hombre se encuentra el poder, estas pueden ser: edad, género, status, parentesco, ocupación, casta, raza, riqueza, propiedad, hazañas militares, títulos religiosos, honor, credenciales, el papel funcional, el cargo y el poder como tal. Este criterio exige que existan normas mutuamente reconocidas que permitan a las partes distinguir al que es autoritativo del que no lo es.
A la vez, concepciones diferentes de autoridad derivan de diversas ideas de sociedad, concepciones de cooperación social y de presupuestos filosóficos. Así, distinguimos tres formas de conceptuar la autoridad:
1. Autoridad fundada en la creencia, por contraposición a la ejercida sobre la conducta. Consiste en prestar asentimiento a la verdad de proposiciones porque su fuente es reconocida como autoridad. Esto abarca casos que van desde la fe ciega hasta la aceptación con fundamento racional. La autoridad se considera materia de fe sobre la base de una sabiduría especial, revelación, destreza, visión o conocimiento.
2. Podemos contraponer a la anterior, en tanto se basa en títulos especiales y aceptados, la autoridad por convención, en la cual los títulos de una persona para ser obedecida se basan en haber sido investida de autoridad por un procedimiento acordado, no por orígenes tradicionales, seres sagrados o conocimientos especiales.
3. Autoridad por imposición , en esta concepción, las razones autoritativas y las reglas de reconocimiento se imponen por medio del poder. Estas concepciones dan a entender que en las sociedades contemporáneas la autoridad es (al menos en parte) impuesta por medio del poder, sea este un control directo o se ejerza indirectamente en virtud de relaciones de poder.
25/01/09 |
Publicado por: a20022125 | Categoría Anarquismo
- Añadir comentario | Link permanente | Visto: 2470 veces |
Aquí definiré brevemente qué es el anarquismo y el contexto dentro del cual aparece. Pues bien, es un sistema filosófico-social- político que surgió en Europa en el siglo XIX dentro del contexto del romanticismo político, de la fe en la ciencia, el progreso, el evolucionismo aplicado a la historia da la Humanidad y de una especie de escatología laica, acompañada o de una visión apocalíptica o de una concepción profético mesiánica (García Salvatecci 1972: 7). El anarquismo (así como el marxismo) se inscriben en esta última.
Si bien el anarquismo, dentro de su larga construcción histórica, ha adoptado diferentes tendencias y “escuelas” (de las cuales hablaré en posts posteriores, y ya hablé de una de ellas en un post anterior) se puede definir a partir de sus concepciones básicas y compartidas. En este sentido el anarquismo es:
“un sistema de pensamiento social que apunta a cambios fundamentales en la estructura de la sociedad y particularmente –pues este es el común elemento que une a todas sus formas- a la sustitución del estado autoritario por alguna forma de cooperación no gubernamental entre individuos libres” (Woodcock 1979: 15).
Errico Malatesta nos puede ayudar a comprender esto más claramente, señalando que:
“Los anarquistas se sirven ordinariamente de la palabra Estado para expresar todo el conjunto de instituciones políticas, legislativas, judiciales, militares, financieras, etc., por medio de las cuales se sustrae al pueblo la gestión de sus propios asuntos, la dirección de su propia conducta y el cuidado de su propia seguridad para confiarlo a unos cuantos…” (García Salvatecci 1972: 10)
En este sentido, es el aspecto del poder, para Malatesta, el que es y debe ser criticado. Estos elementos también son compartidos por los anarquistas de las diferentes “escuelas”.
Bibliografía:
GARCÍA SALVATECCI, Hugo
1972 El anarquismo frente al marxismo y el Perú. Lima: Mosca Azul Editores.
WOODCOCK, George
1979 Anarquismo, historia de las ideas y movimientos libertarios. Barcelona: Ariel.
13/01/09 |
Publicado por: a20022125 | Categoría Teoría Social
- Añadir comentario | Link permanente | Visto: 6519 veces |
Existen muchos puntos criticables del estructuralismo funcional de Talcott Parsons. Parsons considera la sociedad como un sistema ordenado y estable, en el cual cada elemento de este y subsistema tiene una función destinada a mantener el orden social. Según Ritzer (2002) este énfasis en el orden social está presente en todo su modelo teórico, en su denominado sistema de la acción. Es así que cada sistema dentro del sistema de la acción -organismo conductual, sistema de la personalidad, sistema social y sistema cultural- ha sido pensado como diversos elementos conservadores del orden. La crítica que presento se centra en tres puntos: en sus nociones de sistema de la personalidad, de sistema cultural y de la sociedad como estado-nación.
Sistema de la personalidad.- Ritzer plantea que este elemento del sistema de la acción propone un individuo totalmente dominado por la estructura social. Plantea que Parsons en realidad no habla del sistema de la personalidad, sino más bien de la forma en que este es integrado y controlado por el sistema social. Es así que para Parsons la socialización es esencial como mecanismo de control social, a través del cual los individuos aprenden las orientaciones, normas y valores necesarios para mantener el orden societal, así mismo, de esta forma se contentan con su posición y función en la estructura social, es decir con su
rol dentro de ella.
Esta es una visión muy pasiva del individuo, en la cual este se encuentra esencialmente sujeto a la estructura social, sin capacidad de acción, innovación o creatividad.
Sistema cultural.- Parsons se autodeominó determinista cultural, ya que consideraba la cultura de una sociedad como el elemento fundamental para mantener el orden y el control social. Esto es debido a que consideraba que la cultura además de ser transmitida de un individuo a otro, podía transmitirse entre los diferentes sistemas de la acción, pudiendo a la vez formar parte de ellos (en el sistema social la cultura se encarna como normas y valores, y en el sistema de la personalidad es internalizada por el actor). De esta forma vemos que para Parsons la cultura es el más importante mecanismo de control y orden social.
Parsons habla como si en una sociedad hubiera una sola cultura estable y homogénea (esto será tratado con mayor profundidad en el siguiente punto) destinada al control. Esta visión no permite abordar los múltiples elementos culturales presentes en las sociedades muchos de los cuales son disidentes.
Noción de sociedad como estado-nación.- Wallerstein (2006) critica el hecho que, en general, las ciencias sociales han "homologado" el concepto de sociedad con el de estado-nación, es decir que cuando se referían al primero en sus teorizaciones e investigaciones en realidad se referían al segundo y viceversa, a partir de lo cual propone la elaboración de nuevas unidades de análisis. Elías (1987) nos dice lo mismo pero específicamente para el caso de Parsons, planteando que Parsons elabora su teoría pensando en los estados-naciones, realizándola de forma estática debido a su búsqueda del mantenimiento del orden social en el cual vive, del mantenimiento de los estados-nacionales en los cuales la burguesía es élite. Esta crítica de Elías calza de cierta manera con las críticas marxistas a la teoría parsoniana.
Bibliografía:
ELIAS, Norbert
1987 El proceso de la civilización: investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.
RITZER, George
2002 Teoría sociológica moderna. Madrid: Mc Graw-Hill Interamericana.
WALLERSTEIN, Immanuel
2006 Abrir las Ciencias Sociales. México, D.F.: Siglo Veintiuno.
05/01/09 |
Publicado por: a20022125 | Categoría Anarquismo
- Añadir comentario | Link permanente | Visto: 2641 veces |

Tendencia anarquista que aparece a fines de la década de 1960 y constituye un esfuerzo de sintetizar las tendencias anarquistas del feminismo y las tendencias feministas del anarquismo, para así lograr un diálogo entre las dos tradiciones. Lxs anarcx-feministas comparten algunas de las preocupaciones y objetivos feministas “tradicionales”, como el control sobre el cuerpo de unx mismx y su sexualidad, eliminación de los estereotipos sexuales, alternativas a la familia nuclear y la desmantelación de relaciones patriarcales. Sin embargo, estos temas son abordados con una crítica que se centra en el poder, preguntándose cómo el poder opera y qué alternativas existen en cada contexto.
Si bien lxs anarcx-feministas se preocupan por muchos aspectos sociales, el estado recibe particular atención como el último reducto de la dominación masculina. Esta posición lleva a lxs anarcx-feministas a distanciarse de otras escuelas de pensamiento feminista que buscan “empoderar” a las mujeres promoviendo a algunas de ellas a posiciones de poder. Es aquí donde quizá surge su aporte más original. El rechazo a representaciones matriarcales junto con el rechazo al estado de las trabajadoras o partidos de mujeres va en contra de muchos feminismos. Lxs anarcx-feministas insisten en que las mujeres revolucionarias no deben tomar parte de una estructura opresora . Podemos rastrear esta tendencia al pensamiento de Emma Goldman (1869-1940).
La noción de que el poder en las manos de la mujeres seguirá replicando jerarquías y estructuras de dominación ha sido desarrollada por lxs anarcx-feministas como una crítica vital a la acción política[1].
___________________
[1] Affinity Project. http://affinityproject.org/traditions/anarchafeminism.html Traducción propia.