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PENSAMIENTO SOCIAL
Blog en el que se tratará diversas formas de pensar la sociedad

Artículos con la etiqueta Teoría Social


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A continuación sintetizo los diversos elementos que constituyen la noción de proyecto político, y en este sentido también la noción de sujeto político. Espero que le sea útil a todo aquel que lleve acabo una investigación y/o que busque consolidar algún proyecto político democrático.

La noción de Proyecto Político designa los conjuntos de creencias, intereses, concepciones del mundo y representaciones de lo que debe ser la vida en sociedad, los cuales orientan la acción política de los diferentes sujetos. Esta noción, a su vez, tiene varias implicaciones:

1. El esfuerzo por enfatizar la intencionalidad como componente de la acción política, afirmando el papel del sujeto y de la agencia humana como dimensiones fundamentales de la política. Implica un horizonte más o menos abierto de posibilidades, estructurado culturalmente a través de las narrativas existentes, pero implicando también orientación, misión y vocación, esto es, un compromiso autoconsciente con un futuro transformable.

2. No se reducen a estrategias de actuación política, sino que expresan, vehiculan y producen significados que integran matrices culturales más amplias. Así, los distintos proyectos políticos al mismo tiempo que se anclan en configuraciones culturales existentes, también elaboran e introducen nuevos elementos. Tensionando y transformando el repertorio cultural de la sociedad.

3. Esta noción de proyecto político no se limita a formulaciones sistematizadas y abarcadoras como los proyectos partidarios, recubre una amplia gama de formatos en los cuales las representaciones, creencias e intereses se expresan en acciones políticas con distintos grados de explicitación y coherencia. La flexibilidad de la noción permite que sea capaz de dar cuenta de la multiplicidad y diversidad de los sujetos políticos y de sus diferentes formas de acción. Tal diversidad incluye sujetos más o menos estructurados, con un ámbito de actuación más local o más amplio, centrados en la institucionalidad política o en la transformación social o cultural.

4. Más allá de le heterogeneidad formal que asume la noción de proyecto, contiene además una diversidad interna en cuanto a las varias dimensiones que en ella están presentes.

Así los proyectos políticos son colectivos y se caracterizan fundamentalmente por su dimensión societaria, pues contienen visiones de lo que debe ser la vida en sociedad. El carácter distintivo que lo diferencia de otras nociones es su vinculación con la acción política, en el hecho de que los contenidos de un proyecto político orientan esta acción en las diversas formas que ella asume.

En los proyectos políticos, si bien la dimensión societaria es muy importante, estos estarán conformados siempre por combinaciones de una variedad de dimensiones, con énfasis y pesos variables en la configuración de cada uno. La identificación de la presencia de esas dimensiones y sus respectivos pesos puede permitirnos una comprensión más adecuada de los distintos proyectos y, especialmente, de la disputa que se traba entre ellos.

La noción de proyecto político apunta al proceso de síntesis entre identidades colectivas y personales, lo cual es necesariamente constitutivo de la elaboración de proyectos o “narrativas proyectivas”.

Por otro lado, la dimensión de clase tiene un lugar evidente y exhaustivamente estudiado como elemento constitutivo de los proyectos políticos. La posición de clase define un horizonte de intereses, vivencias, experiencias y cultura compartidos que crea las bases de potenciales proyectos específicos. Sin embargo, el compartir estos elementos no garantiza la existencia de proyectos políticos.

Toda esta gama de las diferentes dimensiones de los proyectos políticos, si bien constituye apenas una primera aproximación al tema, evidencia la complejidad y la variedad de los procesos de síntesis, de las combinaciones y negociaciones que pueden establecerse entre ellos.

El énfasis en las varias dimensiones y en la dinámica interna de los proyectos, en los procesos de síntesis y de múltiples combinaciones que de ella derivan, afirma también su carácter mutable, en continua y necesaria transformación. Una dinámica que se produce como resultante de procesos “internos”, que responden a transformaciones de sus portadores, como de las relaciones que los proyectos necesariamente establecen con sus interlocutores “externos”, sea que nos refiramos a las condiciones objetivas, recursos, oportunidades, que califican la realización de las intencionalidades, deseos y aspiraciones en ellos contenidas, o a los otros proyectos en disputa.
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*En: Para otra lectura de la disputa por la construcción democrática en América Latina. Dagnino, Olvera y Panfichi.
Steven Lukes en su texto Poder y Autoridad (en: Historia del análisis sociológico. Tom Botomore y Robert Nisbet. Buenos Aires: Amorrortu, 1988) nos dice que el modo de conceptualizar el poder y la autoridad, y su relación, ha devenido en una interminable querella dentro de la teoría y la sociología política. Es así, que plantea exponer en abstracto los conceptos de poder y autoridad empleados por determinados autores dentro de contextos particulares, sus desarrollos de un pensador a otro y sus refutaciones.

El concepto de Poder

Su núcleo, común a todas las concepciones, es la idea de producción de consecuencias. Es atribuido a personas, colectividades o a veces a sistemas o estructuras, las cuales generan causalmente consecuencias. Para aplicar esta idea a la comprensión de la vida política y social se debe entender que estas consecuencias son significativas, no triviales. Es decir, que las concepciones de poder tienen que incorporar un criterio de significatividad, definir qué es lo que vuelve significativas las consecuencias producidas por A, para que se las considere poder.
Para algunos autores, lo esencial del poder es la realización de una voluntad o deseo. Lo cual supone una concepción intencional del poder, que puede ser potencial o actual. Parten de agentes individuales y colectivos solo en la medida en que sea posible atribuirles intenciones (en esta perspectiva grupos como las élites no tienen poder ni lo ejercitan salvo si están unidos y persiguen conscientemente sus objetivos). Para otros, lo esencial del poder no es la intención ni tampoco la realización de la voluntad, más bien extienden el concepto incluyendo las acciones y la inacción (las cuales pueden coincidir o no con sus intenciones, si es que las tienen). Este punto de vista no solo contempla efectos no intencionales, sino diversas formas de poder individual y colectivo (poder de clase, poder estatal) que la anterior concepción no incluía.

Es así, que las concepciones de poder se pueden dividir en dos amplias categorías:

1. Las concepciones asimétricas, que consideran el conflicto (actual o potencial) y la resistencia. En las cuales el supuesto es que las relaciones sociales o políticas son de rivalidad y les es inherente el conflicto. Estas concepciones a su vez se pueden dividir analíticamente en tres distintas:

a) Las concepciones que se centran en el acatamiento, en el control (intentado o logrado) de unos sobre otros. Es esencial al poder la prevalencia de la voluntad de unos sobre otros, y por lo tanto el conflicto y la resistencia.

b) Concepciones que se centran en el poder como relación de dependencia.- B no se pliega a la voluntad e intereses de A por acciones discernibles o amenazas, sino a causa de la relación misma existente entre A y B, relación en la que B se encuentra subordinado y depende de A, sin que muchas veces interesen las acciones y objetivos de A e incluso sin su conocimiento.

c) El poder como desigualdad, es decir una concepción distributiva que se centra en las capacidades diferenciales de los actores pertenecientes a un único sistema para procurarse ventajas o recursos valorados, pero escasos. El poder en tanto es control y dependencia se mide determinando la ventaja de A y la pérdida de B, en razón del acatamiento de B. Así mismo, el poder se puede poseer y ser ejercido sin que A asegure el acatamiento de B, siempre que B sea dependiente de A.

2. Concepciones del poder en donde no necesariamente uno gana a expensas de otros, sino que todos pueden ganar. Siendo el poder una virtualidad o un logro de una colectividad. Lo cual presupone las relaciones políticas y sociales, al menos potencialmente, como armoniosas y comunitarias. Tienden a destacar los aspectos benignos y comunitarios del poder, en contraposición a los aspectos conflictivos.

El concepto de Autoridad

Tiene una doble articulación. Y supone el no ejercicio del juicio personal. Quien acepta la autoridad admite como razón suficiente para obrar o creer el haber sido instruido en ello por alguien cuyo derecho a hacerlo él reconoce. Aceptar la autoridad es abstenerse de examinar lo que a uno le dicen que debe hacer o creer. Ejercer autoridad es no tener que dar razones, sino ser obedecido o creído porque uno tiene el reconocido derecho a serlo.
Entonces tenemos que:

1. El primer componente del concepto de autoridad es dar y aceptar una razón que es al mismo tiempo de orden primero para la acción o la creencia y de orden segundo que mueve a dejar de lado razones que se opusieran. A lo cual, se debe señalar que: 1. dar estas razones, ejercer la autoridad, no necesariamente es intencional; 2. que un determinado caso se considere un ejemplo de autoridad dependerá del punto de vista desde el cual se lo entienda, 2.1 puedo utilizar el término de una manera “normativa” o relativizada, juzgo si se ha dado una razón autoritativa, en contra de patrones que a mi juicio pueden ser objetivos. O 2.2 puedo emplear el término de manera “descriptiva” o relativizada, abriéndose aquí dos posibilidades: 2.2.1 Puedo individualizar qué razones son autoritativas por referencia a las creencias y actitudes de los que están sujetos a la autoridad (autoridad de facto) o 2.2.2 por referencia a un conjunto de reglas que imperan en determinada sociedad, no importa lo que crean los que participan en determinada relación (autoridad de jure). Este es el punto de vista de los teóricos del derecho y de Max Weber. 3. El tercer punto es que es posible una variación considerable con respecto al dominio de las razones opuestas que la razón autoritativa excluye. Si estoy sujeto a la autoridad, puede que se me permita actuar según mi conciencia o respetando algunos de mis intereses, o sobre la base de la autoridad de otro.
Así mismo, cada atribución de autoridad va acompañada de un supuesto acerca de las circunstancias bajo las cuales se aplica y acerca de las razones que ella excluye (la autoridad puede ser absoluta en dos casos: si se aplica a todas las circunstancias y si excluye todas las razones que la contrarían).

2. El segundo componente del concepto de autoridad es la identificación del que la posee o ejerce en tanto tiene títulos para ello. Presupone un criterio que permita identificar la fuente de las preferencias autoritativas. Lo cual presupone insignias que permiten ver en qué hombre se encuentra el poder, estas pueden ser: edad, género, status, parentesco, ocupación, casta, raza, riqueza, propiedad, hazañas militares, títulos religiosos, honor, credenciales, el papel funcional, el cargo y el poder como tal. Este criterio exige que existan normas mutuamente reconocidas que permitan a las partes distinguir al que es autoritativo del que no lo es.

A la vez, concepciones diferentes de autoridad derivan de diversas ideas de sociedad, concepciones de cooperación social y de presupuestos filosóficos. Así, distinguimos tres formas de conceptuar la autoridad:

1. Autoridad fundada en la creencia, por contraposición a la ejercida sobre la conducta. Consiste en prestar asentimiento a la verdad de proposiciones porque su fuente es reconocida como autoridad. Esto abarca casos que van desde la fe ciega hasta la aceptación con fundamento racional. La autoridad se considera materia de fe sobre la base de una sabiduría especial, revelación, destreza, visión o conocimiento.

2. Podemos contraponer a la anterior, en tanto se basa en títulos especiales y aceptados, la autoridad por convención, en la cual los títulos de una persona para ser obedecida se basan en haber sido investida de autoridad por un procedimiento acordado, no por orígenes tradicionales, seres sagrados o conocimientos especiales.

3. Autoridad por imposición , en esta concepción, las razones autoritativas y las reglas de reconocimiento se imponen por medio del poder. Estas concepciones dan a entender que en las sociedades contemporáneas la autoridad es (al menos en parte) impuesta por medio del poder, sea este un control directo o se ejerza indirectamente en virtud de relaciones de poder.
Existen muchos puntos criticables del estructuralismo funcional de Talcott Parsons. Parsons considera la sociedad como un sistema ordenado y estable, en el cual cada elemento de este y subsistema tiene una función destinada a mantener el orden social. Según Ritzer (2002) este énfasis en el orden social está presente en todo su modelo teórico, en su denominado sistema de la acción. Es así que cada sistema dentro del sistema de la acción -organismo conductual, sistema de la personalidad, sistema social y sistema cultural- ha sido pensado como diversos elementos conservadores del orden. La crítica que presento se centra en tres puntos: en sus nociones de sistema de la personalidad, de sistema cultural y de la sociedad como estado-nación.

Sistema de la personalidad.- Ritzer plantea que este elemento del sistema de la acción propone un individuo totalmente dominado por la estructura social. Plantea que Parsons en realidad no habla del sistema de la personalidad, sino más bien de la forma en que este es integrado y controlado por el sistema social. Es así que para Parsons la socialización es esencial como mecanismo de control social, a través del cual los individuos aprenden las orientaciones, normas y valores necesarios para mantener el orden societal, así mismo, de esta forma se contentan con su posición y función en la estructura social, es decir con su rol dentro de ella.
Esta es una visión muy pasiva del individuo, en la cual este se encuentra esencialmente sujeto a la estructura social, sin capacidad de acción, innovación o creatividad.

Sistema cultural.- Parsons se autodeominó determinista cultural, ya que consideraba la cultura de una sociedad como el elemento fundamental para mantener el orden y el control social. Esto es debido a que consideraba que la cultura además de ser transmitida de un individuo a otro, podía transmitirse entre los diferentes sistemas de la acción, pudiendo a la vez formar parte de ellos (en el sistema social la cultura se encarna como normas y valores, y en el sistema de la personalidad es internalizada por el actor). De esta forma vemos que para Parsons la cultura es el más importante mecanismo de control y orden social.
Parsons habla como si en una sociedad hubiera una sola cultura estable y homogénea (esto será tratado con mayor profundidad en el siguiente punto) destinada al control. Esta visión no permite abordar los múltiples elementos culturales presentes en las sociedades muchos de los cuales son disidentes.

Noción de sociedad como estado-nación.- Wallerstein (2006) critica el hecho que, en general, las ciencias sociales han "homologado" el concepto de sociedad con el de estado-nación, es decir que cuando se referían al primero en sus teorizaciones e investigaciones en realidad se referían al segundo y viceversa, a partir de lo cual propone la elaboración de nuevas unidades de análisis. Elías (1987) nos dice lo mismo pero específicamente para el caso de Parsons, planteando que Parsons elabora su teoría pensando en los estados-naciones, realizándola de forma estática debido a su búsqueda del mantenimiento del orden social en el cual vive, del mantenimiento de los estados-nacionales en los cuales la burguesía es élite. Esta crítica de Elías calza de cierta manera con las críticas marxistas a la teoría parsoniana.

Bibliografía:

ELIAS, Norbert
1987 El proceso de la civilización: investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

RITZER, George
2002 Teoría sociológica moderna. Madrid: Mc Graw-Hill Interamericana.

WALLERSTEIN, Immanuel
2006 Abrir las Ciencias Sociales. México, D.F.: Siglo Veintiuno.