Estoy con Ustedes, Micaela y Lorena

¿A quién miraste en el bus? – preguntó él, con una mirada extraña
¿Qué? – contestó ella con otra pregunta, pues no entendía a qué se refería él
No te hagas la idiota, habla – él continuó exigiendo por una respuesta
Ella no sabía que decir, solo recordaba estar muy cansada y mirar perdidamente hacia una ventana del bus. Fue en ese momento que todo el mundo pareció derrumbarse. Una mano cayó en su rostro con fuerza. El instinto hizo que ella se cubra el rostro con sus brazos para evitar otro golpe. Las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, no entendía porqué.
Encima me quieres golpear. Levantas tus brazos para golpearme ¿no? – dijo él lleno de rabia y dispuesto a volver a golpearla
El grito de terror que ella emitió hizo que él se detuviera y solo atinar a decir – ¿Por qué los seguías con la mirada?, conversemos ¿ok?

Era el inicio del fin.

La violencia había llegado a esa relación tóxica. Él decía “Olvidémoslo, todas las parejas tienen problemas”, “No seas exagerada, lo que pasa en una pareja, se queda ahí”

Ese “él”, no era un hombre sin educación. Muy al contrario, Nº1 de su promoción universitaria, contaba con varios títulos y premios en su haber, fiel creyente católico (sí esos que van todos los domingos a misa a golpearse el pecho y tienen en casa una especie de altar a Dios) y sobretodo predicador del significado verdadero de Amor. Probablemente lo veas caminar y te sonreirá. Te dirá cosas que quieres escuchar. Si es tu amigo, quizás lo tengas en whatsapp, te mandará emojis (esos de los que sonríen y sonrojan) y te hablará de la importancia de Dios. Te haría incluso dudar de las palabras dichas por la mujer de líneas arriba.

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Así como él, “gente bien”, como un tal Juan Mendoza o un Martín Camino, puede aparecer en tu vida. La violencia se disfraza de amor (“me pongo así porque te amo”), de lealtad (“si realmente me amas, no tendrías ojos para otras personas”) y de protección (“tú eres muy inocente, cualquiera te puede engañar”). La violencia no es solo de sectores socioeconómicos considerados “bajos”, puede estar en cualquier parte. Es nuestro deber, como mujeres, NO CALLAR!. Cuando la violencia llega, ya no es solo de la pareja, es un problema en el que debe involucrarse la sociedad.

Micaela y Lorena, víctimas de viles agresores, no deberían ser juzgadas por esta sociedad machista, porque es cierto, muchos también dirán “si ellas ya sabían, ¿porque no los dejaron antes?” o el absurdo “algo habrán hecho pues”. No señores, la violencia es injustificable. Mi solidaridad completa con ellas.

Si eres una víctima de violencia de género, no temas, ¡denuncia! pues el que debe tener el rostro rojo de vergüenza no eres tú sino el agresor!

Hoy yo digo #NiUnaMenos. Tocan a una, tocan a todas!

Nos vemos en la marcha del próximo mes!

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