14/02/12: Paul Auster
Escribir nunca me ha servido para resolver nada. La escritura no es ninguna terapia. Como mucho es una compulsión o una enfermedad. Nunca he entendido por qué alguien querría dedicarse a esto, excepto si tiene el sentimiento de que resulta absolutamente necesario. Lo único que puedo decir para justificar mi trabajo es que, durante las últimas tres décadas y media, he dado todo lo que tenía. Lo he hecho lo mejor que podía cada día de mi vida. Incluso cuando todo lo que he escrito durante un día ha terminado en la basura, me he podido levantar del escritorio y decirme a mí mismo: “Por lo menos no has hecho trampas”. Pero se trata de una profesión extraña. Sentarse en una habitación y pasar todo el día solo no es algo que la mayoría de personas quieran hacer con su vida. La gente quiere estar ahí afuera, con los demás, haciendo cosas juntos.
21/12/11: What would you fight for?
I am not sure I would always fight for my life.
Life might not be worth fighting for.
I am not sure I would always fight for my wife.
A wife isn't always worth fighting for.
Nor my children, nor my country, nor my fellow-men.
It all depends whether I found them worth fighting for.
The only thing men invariably fight for
Is their money. But I doubt if I'd fight for mine, anyhow
not to shed a lot of blood over it.
Yet one thing I do fight for, tooth and nail, all the time.
And that is my bit of inward peace, where I am at one
with myself.
And I must say, I am often worsted.
Life might not be worth fighting for.
I am not sure I would always fight for my wife.
A wife isn't always worth fighting for.
Nor my children, nor my country, nor my fellow-men.
It all depends whether I found them worth fighting for.
The only thing men invariably fight for
Is their money. But I doubt if I'd fight for mine, anyhow
not to shed a lot of blood over it.
Yet one thing I do fight for, tooth and nail, all the time.
And that is my bit of inward peace, where I am at one
with myself.
And I must say, I am often worsted.
08/11/11: Pudiera ser verdad
Pudiera ser verdad que no estoy solo;
Alguien viene a dictarme lo que vivo.
Pudiera ser verdad que no estoy muerto.
Pudiera ser verdad que en blanco escribo.
Arde un duelo en mi cuarto desolado.
Alguien cierra mis ojos cuando miro.
Pudiera ser verdad cuando he callado.
Pudiera ser verdad cuanto he mentido.
De cualquier modo, soy . Me acuesto tarde.
Le tengo al llanto un poco de cariño.
Y llego puntualmente a degradarme .
Sigo esperando lo que ya ha venido.
Guardo mi corazón para mañana.
Me despido de aquello que no vino.

César Calvo. Poemas bajo tierra
Alguien viene a dictarme lo que vivo.
Pudiera ser verdad que no estoy muerto.
Pudiera ser verdad que en blanco escribo.
Arde un duelo en mi cuarto desolado.
Alguien cierra mis ojos cuando miro.
Pudiera ser verdad cuando he callado.
Pudiera ser verdad cuanto he mentido.
De cualquier modo, soy . Me acuesto tarde.
Le tengo al llanto un poco de cariño.
Y llego puntualmente a degradarme .
Sigo esperando lo que ya ha venido.
Guardo mi corazón para mañana.
Me despido de aquello que no vino.

César Calvo. Poemas bajo tierra
16/06/11: El cómplice, Jorge Luis Borges
Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desvent
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desvent
22/01/11: Más allá del bien y de mal
Mark Twain :
A nadie le gusta ser entrevistado, pero sin embargo a nadie le gusta decir que no; porque los entrevistadores son corteses y gentiles, incluso cuando vienen a destruir. No digo que vienen conscientemente a destruir o que se dan cuenta después de que han destruido; no, creo que su actitud se parece a la del ciclón que viene con la graciosa propuesta de enfriar un pueblo que está agobiado por el calor y no se da cuenta, después, de que le ha hecho cualquier cosa al pueblo, menos un favor.
El entrevistador te examina hasta el último detalle acerca de la creación, pero no concibe que uno puede ver eso como una desventaja. La gente que culpa a un ciclón lo hace porque no reflexiona acerca de que las masas compactas no son la idea que el ciclón tiene de la simetría. La gente que le encuentra culpas a un entrevistador lo hace porque no se da cuenta de que, después de todo, es un ciclón aunque disfrazado bajo la imagen de Dios, como el resto de nosotros; que no es consciente del daño incluso cuando está limpiando un continente con tus restos: piensa que te está haciendo las cosas placenteras. Por lo tanto la manera justa de juzgarlo es teniendo en cuenta sus intenciones, no su trabajo.
La entrevista no fue una invención feliz. Es quizá la más pobre de todas las maneras de llegar a lo que está dentro de un hombre. En primer lugar, el entrevistador es el reverso de la inspiración, porque uno le tiene miedo. Uno sabe por experiencia que no hay opción entre estos desastres. No importa lo que él ponga, uno verá de un solo vistazo que hubiera sido mejor si ponía esto otro: no que eso otro hubiera sido mejor que esto, sino meramente que no hubiera sido esto; y cualquier cambio debe ser, y hubiera sido, una mejora, aunque en la realidad uno sabe muy bien que no lo hubiera sido.
Puede ser que no sea claro. Si es así, es que fui claro –algo que sólo es posible de hacer siendo poco claro, porque lo que estoy tratando de demostrar es lo que uno siente en esos momentos, no lo que uno piensa–porque uno no piensa; no es una operación intelectual; es sólo dar vueltas en un confuso círculo habiendo perdido la cabeza. Uno sólo desea, de una manera tonta, no haberlo hecho, aunque no sabe realmente qué es lo que le hubiera gustado no hacer, y sobre todo no le importa. Ese no es el punto: uno simplemente desea no haberlo hecho, sea lo que sea; el qué es una cuestión de importancia menor y no tiene nada que ver con el caso. ¿Llegan a comprender lo que quiero decir? ¿Se han sentido así? Bueno, así es como uno se siente cuando ve impresa la entrevista que le hicieron.
Sí, uno le tiene miedo al entrevistador y eso no es inspirador. Uno cierra el caparazón, se pone en guardia, trata de mimetizarse perdiendo los colores; intenta ser manipulador y hablar alrededor de un asunto sin decir nada sobre él: y cuando uno ve esto impreso, le da náuseas comprobar que ha tenido éxito. Todo el tiempo, con cada nueva pregunta, uno se pone alerta para detectar hacia dónde se dirige el entrevistador y pasarle por el costado. Especialmente si uno atrapa al entrevistador intentando hacernos decir cosas graciosas. Y la verdad es que siempre trata de hacer eso. Lo demuestra tan claramente, trabaja para eso tan abierta y desvergonzadamente que su primer esfuerzo cierra la reserva de humor, y el segundo la sella.
Supongo que nada realmente gracioso se ha dicho en una entrevista desde que se inventó este intercambio sobrenatural. Sin embargo, el entrevistador debe tener algo “característico” así que él mismo inventa los humorismos y los intercala cuando escribe la entrevista. Siempre son extravagantes, con frecuencia demasiado floridos, y generalmente enmarcados en “dialecto” –un dialecto inexistente e imposible–. Este tratamiento ha destruido a más de un humorista. Pero eso no es mérito del entrevistador, porque no intentó hacerlo.
Hay cantidad de razones por las cuales la entrevista es un error. Una es que el entrevistador nunca parece darse cuenta de que lo más inteligente que puede hacer, después de haber intentado abrir esta y la otra y aquella canilla con una multitud de preguntas hasta encontrar esa que fluye libremente y con interés, es mantenerse en esa línea de interrogatorio y tratar de conseguir lo mejor de allí, y dejar de lado todo lo que ha asegurado antes. Pero no piensa en eso. Se asegura de cerrar ese manantial con una pregunta sobre algún otro tema; y enseguida su pobre pequeña oportunidad de conseguir algo que valga la pena llevarse a casa ha desaparecido, y para siempre.
Hubiera sido mejor mantenerse en el asunto que su hombre está interesado en tratar, pero nunca podrá convencerlo de hacer esto. No ve la diferencia cuando uno le entrega metal o paladas de barro. Todo es lo mismo para él, apunta todo lo que uno dijo; después ve que son cosas un poco verdes y que no valían la pena de ser dichas, así que intenta arreglarlo poniendo algo de su cosecha, que cree es maduro, pero en realidad está podrido. Cierto, tiene buenas intenciones, pero también las tiene el ciclón.
Sus interrupciones, su manera de pasear de un tópico a otro, tienen un efecto muy serio: lo dejan a uno tartamudeando ante cada tópico. En general, uno consigue expresar lo justo, lo suficiente como para dañarse; uno nunca llega al lugar donde puede explicar y justificar su posición.
A nadie le gusta ser entrevistado, pero sin embargo a nadie le gusta decir que no; porque los entrevistadores son corteses y gentiles, incluso cuando vienen a destruir. No digo que vienen conscientemente a destruir o que se dan cuenta después de que han destruido; no, creo que su actitud se parece a la del ciclón que viene con la graciosa propuesta de enfriar un pueblo que está agobiado por el calor y no se da cuenta, después, de que le ha hecho cualquier cosa al pueblo, menos un favor.
El entrevistador te examina hasta el último detalle acerca de la creación, pero no concibe que uno puede ver eso como una desventaja. La gente que culpa a un ciclón lo hace porque no reflexiona acerca de que las masas compactas no son la idea que el ciclón tiene de la simetría. La gente que le encuentra culpas a un entrevistador lo hace porque no se da cuenta de que, después de todo, es un ciclón aunque disfrazado bajo la imagen de Dios, como el resto de nosotros; que no es consciente del daño incluso cuando está limpiando un continente con tus restos: piensa que te está haciendo las cosas placenteras. Por lo tanto la manera justa de juzgarlo es teniendo en cuenta sus intenciones, no su trabajo.
La entrevista no fue una invención feliz. Es quizá la más pobre de todas las maneras de llegar a lo que está dentro de un hombre. En primer lugar, el entrevistador es el reverso de la inspiración, porque uno le tiene miedo. Uno sabe por experiencia que no hay opción entre estos desastres. No importa lo que él ponga, uno verá de un solo vistazo que hubiera sido mejor si ponía esto otro: no que eso otro hubiera sido mejor que esto, sino meramente que no hubiera sido esto; y cualquier cambio debe ser, y hubiera sido, una mejora, aunque en la realidad uno sabe muy bien que no lo hubiera sido.
Puede ser que no sea claro. Si es así, es que fui claro –algo que sólo es posible de hacer siendo poco claro, porque lo que estoy tratando de demostrar es lo que uno siente en esos momentos, no lo que uno piensa–porque uno no piensa; no es una operación intelectual; es sólo dar vueltas en un confuso círculo habiendo perdido la cabeza. Uno sólo desea, de una manera tonta, no haberlo hecho, aunque no sabe realmente qué es lo que le hubiera gustado no hacer, y sobre todo no le importa. Ese no es el punto: uno simplemente desea no haberlo hecho, sea lo que sea; el qué es una cuestión de importancia menor y no tiene nada que ver con el caso. ¿Llegan a comprender lo que quiero decir? ¿Se han sentido así? Bueno, así es como uno se siente cuando ve impresa la entrevista que le hicieron.
Sí, uno le tiene miedo al entrevistador y eso no es inspirador. Uno cierra el caparazón, se pone en guardia, trata de mimetizarse perdiendo los colores; intenta ser manipulador y hablar alrededor de un asunto sin decir nada sobre él: y cuando uno ve esto impreso, le da náuseas comprobar que ha tenido éxito. Todo el tiempo, con cada nueva pregunta, uno se pone alerta para detectar hacia dónde se dirige el entrevistador y pasarle por el costado. Especialmente si uno atrapa al entrevistador intentando hacernos decir cosas graciosas. Y la verdad es que siempre trata de hacer eso. Lo demuestra tan claramente, trabaja para eso tan abierta y desvergonzadamente que su primer esfuerzo cierra la reserva de humor, y el segundo la sella.
Supongo que nada realmente gracioso se ha dicho en una entrevista desde que se inventó este intercambio sobrenatural. Sin embargo, el entrevistador debe tener algo “característico” así que él mismo inventa los humorismos y los intercala cuando escribe la entrevista. Siempre son extravagantes, con frecuencia demasiado floridos, y generalmente enmarcados en “dialecto” –un dialecto inexistente e imposible–. Este tratamiento ha destruido a más de un humorista. Pero eso no es mérito del entrevistador, porque no intentó hacerlo.
Hay cantidad de razones por las cuales la entrevista es un error. Una es que el entrevistador nunca parece darse cuenta de que lo más inteligente que puede hacer, después de haber intentado abrir esta y la otra y aquella canilla con una multitud de preguntas hasta encontrar esa que fluye libremente y con interés, es mantenerse en esa línea de interrogatorio y tratar de conseguir lo mejor de allí, y dejar de lado todo lo que ha asegurado antes. Pero no piensa en eso. Se asegura de cerrar ese manantial con una pregunta sobre algún otro tema; y enseguida su pobre pequeña oportunidad de conseguir algo que valga la pena llevarse a casa ha desaparecido, y para siempre.
Hubiera sido mejor mantenerse en el asunto que su hombre está interesado en tratar, pero nunca podrá convencerlo de hacer esto. No ve la diferencia cuando uno le entrega metal o paladas de barro. Todo es lo mismo para él, apunta todo lo que uno dijo; después ve que son cosas un poco verdes y que no valían la pena de ser dichas, así que intenta arreglarlo poniendo algo de su cosecha, que cree es maduro, pero en realidad está podrido. Cierto, tiene buenas intenciones, pero también las tiene el ciclón.
Sus interrupciones, su manera de pasear de un tópico a otro, tienen un efecto muy serio: lo dejan a uno tartamudeando ante cada tópico. En general, uno consigue expresar lo justo, lo suficiente como para dañarse; uno nunca llega al lugar donde puede explicar y justificar su posición.
10/08/10: NO ES QUIÉN VIVIO AQUÍ
sino quién murió aquí;
y no se trata de cuando,
sino de cómo;
no son
los grandes conocidos
sino los grandes que murieron sin ser conocidos
no es
la historia
de los países
sino las vidas de los hombres.
las fábulas son sueños
no mentiras
y
la verdad cambia
como cambian los hombres,
y cuando la verdad no cambia
los hombres
se
convertirán
en muertos
y
el insecto
y el fuego y
el diluvio
se cobvertirán en
la verdad.
y no se trata de cuando,
sino de cómo;
no son
los grandes conocidos
sino los grandes que murieron sin ser conocidos
no es
la historia
de los países
sino las vidas de los hombres.
las fábulas son sueños
no mentiras
y
la verdad cambia
como cambian los hombres,
y cuando la verdad no cambia
los hombres
se
convertirán
en muertos
y
el insecto
y el fuego y
el diluvio
se cobvertirán en
la verdad.
12/02/10: Embrujo

He pasado tres días extraños: el mar, la playa, los caminos me fueron trayendo recuerdos de otros tiempos. No sólo imágenes: también voces, gritos y largos silencios de otros días. Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos; ahora mismo, aquí frente al mar, sé que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza.
El mar está ahí, permanente y rabioso. Mi llanto de entonces, inútil; también inútiles mis esperas en la playa solitaria, mirando tenazmente al mar.
en: El Túnel, Ernesto sábato.
01/02/10: Jim Jarmusch
LAS REGLAS DE ORO
REGLA No. 1: No hay reglas. Hay tantas maneras de hacer una película como cineastas potenciales. Es una forma abierta. Como sea, yo personalmente no sería capaz de decirle a nadie qué hacer o cómo hacer algo. Para mí es como decirle a alguien cuáles deberían ser sus creencias religiosas. A la mierda. Eso va en contra de mi filosofía personal – esto es más un código que una serie de reglas.
Por lo tanto, olvídate de las “reglas” que estás leyendo en este momento y considéralas más bien simples notas para mí mismo. Uno debería hacer sus propias “notas” porque no hay una única forma de hacer nada. Si alguien te dice que hay una única forma, su forma, aléjate de él tan rápido como puedas, tanto física como filosóficamente.
REGLA No. 2: No te dejes agarrar de esos hijos de puta. Ellos no pueden ni ayudarte ni dejar de ayudarte, pero sí pueden detenerte. La gente que financia películas, distribuye películas, promueve películas y exhibe películas no son cineastas. No están interesados en permitir que los cineastas definan y dicten la forma en que hacen sus cosas, así que los cineastas no debemos tener ningún interés en permitirles dictar la forma en que se hace una película. Carga un arma si es necesario.
Además, evita a los diletantes a toda costa. Siempre hay personas por ahí que sólo quieren meterse a hacer cine para volverse ricas, para volverse famosas o para tener sexo. Generalmente saben tanto de cómo hacer cine como George W. Bush de combate cuerpo a cuerpo.
REGLA No. 3: La producción está ahí para servir a la película. La película no está ahí para servir a la producción. Desafortunadamente en el mundo del cine esto se da casi universalmente al revés. La película no se hace para servir al presupuesto, al cronograma o a las hojas de vida de los involucrados. A los cineastas que no entienden esto deberían colgarlos de los tobillos y preguntarles por qué de pronto el cielo está para abajo.
REGLA No. 4: El cine es un proceso de colaboración. Tienes la oportunidad de trabajar con otros cuyas mentes e ideas pueden ser más fuertes que las tuyas. Asegúrate de que se mantengan enfocados en su propia función y no en el trabajo de alguien más, o será un desastre. Pero trata a todos tus colaboradores como iguales y con respeto.
Un asistente de producción que está deteniendo el tráfico para que el equipo técnico pueda rodar un plano no es menos importante que los actores en escena, el director de fotografía, el director de arte o el director. Las jerarquías son para aquellos cuyos egos están inflados o fuera de control o para la gente que está en el ejército. Aquellos con los que eliges colaborar, si escoges bien, pueden elevar la calidad y el contenido de tu película a un nivel mucho más alto de lo que cualquiera hubiera podido imaginarse por sí solo.
Si no quieres trabajar con otras personas pinta un cuadro o escribe un libro (y si quieres ser un maldito dictador parece que por estos días lo único que hay que hacer es meterse a la política…).
REGLA No. 5: Nada es original. Roba de cualquier sitio que te llene de inspiración o alimente tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones intrascendentes, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, ríos, luces y sombras. Selecciona para robar solamente aquellas cosas que le hablen directamente a tu alma. Si lo haces, tu trabajo (y tu robo) será auténtico. La autenticidad es invaluable; la originalidad no existe. Y no te preocupes en ocultar tu robo – celébralo si hace falta.
En cualquier caso recuerda siempre lo que dijo Godard: “De lo que se trata no es de dónde tomas las cosas, sino de a dónde las llevas”.
»Leer más
Por lo tanto, olvídate de las “reglas” que estás leyendo en este momento y considéralas más bien simples notas para mí mismo. Uno debería hacer sus propias “notas” porque no hay una única forma de hacer nada. Si alguien te dice que hay una única forma, su forma, aléjate de él tan rápido como puedas, tanto física como filosóficamente.
REGLA No. 2: No te dejes agarrar de esos hijos de puta. Ellos no pueden ni ayudarte ni dejar de ayudarte, pero sí pueden detenerte. La gente que financia películas, distribuye películas, promueve películas y exhibe películas no son cineastas. No están interesados en permitir que los cineastas definan y dicten la forma en que hacen sus cosas, así que los cineastas no debemos tener ningún interés en permitirles dictar la forma en que se hace una película. Carga un arma si es necesario.
Además, evita a los diletantes a toda costa. Siempre hay personas por ahí que sólo quieren meterse a hacer cine para volverse ricas, para volverse famosas o para tener sexo. Generalmente saben tanto de cómo hacer cine como George W. Bush de combate cuerpo a cuerpo.
REGLA No. 3: La producción está ahí para servir a la película. La película no está ahí para servir a la producción. Desafortunadamente en el mundo del cine esto se da casi universalmente al revés. La película no se hace para servir al presupuesto, al cronograma o a las hojas de vida de los involucrados. A los cineastas que no entienden esto deberían colgarlos de los tobillos y preguntarles por qué de pronto el cielo está para abajo.
REGLA No. 4: El cine es un proceso de colaboración. Tienes la oportunidad de trabajar con otros cuyas mentes e ideas pueden ser más fuertes que las tuyas. Asegúrate de que se mantengan enfocados en su propia función y no en el trabajo de alguien más, o será un desastre. Pero trata a todos tus colaboradores como iguales y con respeto.
Un asistente de producción que está deteniendo el tráfico para que el equipo técnico pueda rodar un plano no es menos importante que los actores en escena, el director de fotografía, el director de arte o el director. Las jerarquías son para aquellos cuyos egos están inflados o fuera de control o para la gente que está en el ejército. Aquellos con los que eliges colaborar, si escoges bien, pueden elevar la calidad y el contenido de tu película a un nivel mucho más alto de lo que cualquiera hubiera podido imaginarse por sí solo.
Si no quieres trabajar con otras personas pinta un cuadro o escribe un libro (y si quieres ser un maldito dictador parece que por estos días lo único que hay que hacer es meterse a la política…).
REGLA No. 5: Nada es original. Roba de cualquier sitio que te llene de inspiración o alimente tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones intrascendentes, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, ríos, luces y sombras. Selecciona para robar solamente aquellas cosas que le hablen directamente a tu alma. Si lo haces, tu trabajo (y tu robo) será auténtico. La autenticidad es invaluable; la originalidad no existe. Y no te preocupes en ocultar tu robo – celébralo si hace falta.
En cualquier caso recuerda siempre lo que dijo Godard: “De lo que se trata no es de dónde tomas las cosas, sino de a dónde las llevas”.
18/06/09: El Carmen
Uno de los distritos más visitados de la provincia de Chincha es El Carmen, distante a diez kilómetros hacia el sudeste de la capital provincial, este valle agrícola por excelencia, despierta gran interés turístico por su población mayoritariamente afro descendiente y la singularidad de sus expresiones culturales, sus danzas y bailes, su música y su idiosincrasia alegre y colorida. En contraste con esa sensualidad que la gente morena muestra, los orígenes carmelitanos están ligados a la opresión y al abuso: Cuando los Jesuitas se instalaron en estas tierras a fines del siglo XVII, necesitaron mano de obra para los cultivos de caña de azúcar y sus derivados, cómo los indígenas no les alcanzaban, trajeron hombres y mujeres de raza negra para completar sus cuadrillas, practica común en el proceso de colonización europea. Así se formo está pequeña aldea, que con el tiempo y luego de la expulsión de los Jesuitas de todo el territorio Español —colonias incluidas— sirvió de refugio los negros cimarrones, a los inválidos y a aquellos que por su edad, o algún defecto físico ya no eran útiles para el trabajo.
Con el tiempo los antiguos esclavos siguieron siendo peones de campo generalmente mal tratados en las grandes Casas-haciendas (San José, San Regis, Larán y Hoja Redonda) donde trabajaron hasta mediados del siglo XX en condiciones inhumanas. Posteriormente el caserío creció, la esclavitud real o disfrazada terminó, y esta gente morena se asentó definitivamente en este poblado rural, dedicado por muchos años al cultivo del algodón, la yuca o el frejol, y posteriormente a los cultivos agroindustriales de exportación.
Hoy en día el Carmen es un pueblo pequeño que busca la modernidad, que ha hecho de su cultura su mayor atractivo, sobre todo del ritmo afro peruano, uno de los acervos culturales más importantes del país, ritmo que se expresa en las décimas, como las que recitaba Nicomedes Santa Cruz, o en sus bailes en base a instrumentos de percusión, como el cajón, la caja, la quijada de burro, y en las danzas como el landó, el festejo, el panalivio, la zamacueca, el alcatraz; o el zapateo, que se practica desde la infancia, con el acompañamiento del violín y el cajón en competencias de contrapunto, en los que era legendario el patriarca Amador Ballumbrosio .
Es gracias a El Carmen que Chincha es considerada como cuna del folclor negro, el que tiene en el Festival Verano Negro su mayor expresión turística, en el mes de marzo, y en las danzas del Atajo de Negritos las de tradición popular. Refiere el profesor Guillermo Santa Cruz que en las veinticuatro danzas que ejecutan los negritos, participan niños, jóvenes y adultos, quienes visiten traje blanco, banda de colores, gorros de diversos colores, chicotes y campanillas; organizados en cuadrillas recorren el pueblo durante la navidad visitando los nacimientos. Allí al compás de la música de un violín, danzan y cantan villancicos.
La mayoría de las danzas que practican los negritos son el producto de la confluencia social y religiosa, en devoción y adoración al niño Jesús, así como también de veneración a la Virgen del Carmen; se baila el veinticuatro y veinticinco de Diciembre por la navidad y el veintiséis y veintisiete de Diciembre por las festividades de la Virgen, continuando con las representaciones el seis de Enero con la bajada de reyes, que coincide además con las celebraciones por el nacimiento de Melchora Saravia, la beatita Melchorita.
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Con el tiempo los antiguos esclavos siguieron siendo peones de campo generalmente mal tratados en las grandes Casas-haciendas (San José, San Regis, Larán y Hoja Redonda) donde trabajaron hasta mediados del siglo XX en condiciones inhumanas. Posteriormente el caserío creció, la esclavitud real o disfrazada terminó, y esta gente morena se asentó definitivamente en este poblado rural, dedicado por muchos años al cultivo del algodón, la yuca o el frejol, y posteriormente a los cultivos agroindustriales de exportación.
Hoy en día el Carmen es un pueblo pequeño que busca la modernidad, que ha hecho de su cultura su mayor atractivo, sobre todo del ritmo afro peruano, uno de los acervos culturales más importantes del país, ritmo que se expresa en las décimas, como las que recitaba Nicomedes Santa Cruz, o en sus bailes en base a instrumentos de percusión, como el cajón, la caja, la quijada de burro, y en las danzas como el landó, el festejo, el panalivio, la zamacueca, el alcatraz; o el zapateo, que se practica desde la infancia, con el acompañamiento del violín y el cajón en competencias de contrapunto, en los que era legendario el patriarca Amador Ballumbrosio .
Es gracias a El Carmen que Chincha es considerada como cuna del folclor negro, el que tiene en el Festival Verano Negro su mayor expresión turística, en el mes de marzo, y en las danzas del Atajo de Negritos las de tradición popular. Refiere el profesor Guillermo Santa Cruz que en las veinticuatro danzas que ejecutan los negritos, participan niños, jóvenes y adultos, quienes visiten traje blanco, banda de colores, gorros de diversos colores, chicotes y campanillas; organizados en cuadrillas recorren el pueblo durante la navidad visitando los nacimientos. Allí al compás de la música de un violín, danzan y cantan villancicos.
La mayoría de las danzas que practican los negritos son el producto de la confluencia social y religiosa, en devoción y adoración al niño Jesús, así como también de veneración a la Virgen del Carmen; se baila el veinticuatro y veinticinco de Diciembre por la navidad y el veintiséis y veintisiete de Diciembre por las festividades de la Virgen, continuando con las representaciones el seis de Enero con la bajada de reyes, que coincide además con las celebraciones por el nacimiento de Melchora Saravia, la beatita Melchorita.







