Navidad en Tumbes

Justamente hoy me di cuenta de que es el momento indicado para hablar de la navidad. Como allá hay verano eterno a 21ºC y no es aceptable tomar chocolate caliente, teníamos que esperar a que éste, en punto de ebullición, se enfriara como sea.

Mientras tanto, todos nos juntábamos a reventar verdaderos “arsenales militares” en plan de demostrar nuestra valentía mientras las chicas se sentaban en los columpios y observaban nuestras atrevidas acciones, cuando nos colocábamos temerariamente un petardo encendido a la altura de los genitales mientras gritábamos: “Mira, mira la rata blanca” o cuando concursábamos por demostrar nuestra hombría reventando cohetecillos encendidos en nuestros bolsillos, o cuando “íbanos” a detonar “napoleones” en las entradas de las madrigueras de los pacazos y jañapes (¿qué culpa tenían ellas? Sí, malísimo, pero cuando eres niño generalmente eres idiota). En suma, realizábamos acciones que mal que bien se “justificaban” con nuestra pueril edad mental.

Oh! noche buena, se viene la navidad!.

Luego, “subíanos” al pozo de agua y desde esas alturas (apróximadamente 25 metros) gustábamos de atacar a los más “lornas” con cohetecillos dirigidos hacia sus pies. Cuando querías no les dabas y cuando ni te lo esperabas chuntabas con alguna extremidad de la pobre víctima. Los más alucinantes eran los que íban a la “luna”..a la luna de la casa de algún vecino ausente.

Oh noche buena , se viene la navidad!.

“Bajábanos” inmediatamente y corríamos a encender los petardos que al dar vueltas rápidamente cambiaban sus colores. Ya eran las 11 de la noche y nos separábamos poco a poco para recibir la llegada de Jesús en nuestras respectivas casas. Pasábamos por algunas de ellas y ya veíamos en los patios el bosquejo de algunos muñecos rellenos con kilos de polvora (y uno de ellos con un petardo enorme en el área púbica para variar) que iban ser quemados en la noche de año nuevo.

Oh noche buena, se viene la navidad!.

Algunos ya estrenaban ropa nueva y otros alguna pelota Adidas “Questra” que sería la sensación del próximo año. Chimpunes marca Umbro y zapatillas con luces marca L.A. Gear (sí, las mias) llamaban la atención. La verdad hice que me compraran esas zapatillas de puro “mono” ahora que lo recuerdo, esas luces no tenían ninguna funcionalidad salvo que estuviera perdido en Sechura o perdido en el camino de la peregrinación del sagrado señor de Ayabaca. Sin embargo, hoy he visto zapatillas con ruedas, muy prácticas si es que estas apurado por llegar a un sitio puntualmente o si quieres jalar como maleta a tu pequeño hijo. Extravagancias aparte, recuerdo con cierta melancolía esas navidades en grupo rodeado de verdaderos amigos y regalos llamativos.

El nacimiento de Jesús es algo para recordar, a quienes creen en él, que la pobreza en la cual debemos enfocarnos no es esa pobreza material sino la de espíritu que significa la carencia de su presencia en el alma humana.

Dios, nos envía a su hijo como un gran gesto de amor y con ello busca llenar esa falta de iluminación divina dentro de nosotros. Pasarla en familia, con amigos, con quienes más quieres y con quien realmente amas, es lo más bonito y real de la navidad. Por eso, no esperes regalos en navidad, considéralos ya entregados con el más puro amor, bondad y buena voluntad.

El chocolate no llegaba frío a las 12 de la medianoche, entonces le metiamos hielo ante la impotencia de no poder tomar algo refrescante. Llegábamos a nuestras respectivas casas sudando y por eso esperábamos un buen chocolate contra el omnipresente calor .

Oh noche buena, ya llegó la navidad!.

Feliz Navidad!

 

La rutina y la razón

Las mañanas iluminadas de fuerte luz vespertina son muy comunes en el Norte. El sol se levanta justo debajo de tus pies y te despierta como si te encendieran una potente linterna en los ojos. Una vez espabilado y bien desgañitado, bostezas cual hipopótamo sabanero para luego a estirar tus extremidades como gato de faraón.

Esa iluminación, tan fuerte y calurosa, al rato me causaba un ligero dolor de cabeza desde mis ojos hacia la nuca y de paso me hacía sudar. Se suponía que el sol curaba todo y a lo mejor me estaba curando en aquél momento de agonía. Esperaba temblar y levitar, pero no. No importaba. El mejor remedio para ello era salir a comprar el pan para el desayuno en la famosa “casa del gato”. Una caminata mañanera caería muy bien y de paso vería al pequeño minino.

Abro la puerta mosquitera, coloco un pie fuera, entre la puerta y el marco, para aguantarla (es que la puerta tenía algo que la jalaba hacia el marco) y mientras calculaba los céntimos para comprar una buena cantidad de panes-cápsula y cachangas, escucho un sonido poco usual a unas cuadras de mi casa. Saco la cabeza y veo, nada más y nada menos a una vaca que, con torpes trancos respiraba con mucha fuerza con la lengua afuera, estaba huyendo de algo a sólo unos próximos 4 metros de la puerta de mi casa y de mi.

Inmnediatamente después de ver al mamífero desbocado le grité a mi madre que aún no iba a poder comprar el pan para el desayuno porque había “una vaca suelta corriendo frente a la casa” y que, por esa razón, podría ser peligroso salir. Ella no me creyó y me dijo que dejara de hablar huevadas tan temprano; de pronto apareció galopando un vaquero quien portaba una cuerda gruesa que colgaba de su brazo, mientras que con la otra extremidad se sostenía firme de las riendas. Seguramente iba camino a enlazar a la vaca loca. “Tocotoc, tocotoc, tocotoc” concertaban las sonoras pezuñas del brioso equino. Alucinante! nunca había visto una escena así tan de cerca, simplemente quedé sorprendido de ver algo así.

Cuando noté que los inusuales visitantes se habían alejado lo suficiente decidí salir a comprar el pan para el desayuno.

En sandalias caminé por la lustrosa vereda de cemento, doblé la esquina, pero luego, amables lectores, me podían ver regresando en presuroso correr hacia mi casa con una expresión en el rostro de “Puta madre, corre que no la cuentas!”:

Un toro gigantesco corría frenéticamente, como loco, respirando muy fuerte y con los cuernos en posición de ataque, bramaba y exhalaba tanto que su respiración se sentía a muchos metros, a eso añádanle un semblante enojado. Al parecer estaba persiguiendo a la vaca que yo había visto hace rato y escapando de los otros dos arrieros que lo perseguían gritando “Jo!, Jo!, Jei!” y golpeando las costillas de unas “brillantes mascotas de Héctor”. Ellos iban en posición inclinada y muy enojados, veloces: ¿20 km/h aproximadamente?.

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Años después me toparía con una imagen similar en New York

Me fijé un poco y la mirada de los caballos le daban un aire sereno y solemne al momento. Pude ver los grandes y profundos ojos negros de esa bestia y su enormidad me hizo recordar a los demás toros sobre los que había escuchado: los de miura o los de creta junto con las espectaculares acrobacias que sus bípedos oponentes realizaban en sus lomos en vez de clavarles vistosas banderillas con agudas puntas ganchudas que hoy traspasan su carne.

Asimismo recordé la festividad de San Fermín en España donde no sólo habia que tener valentía sino unos enormes mangos piuranos en vez de bolas entre las piernas: Porque correr delante de un toro loco que te puede asesinar de un solo golpecito, podría ser algo posible sólo si estuviera desahuciado. Su altura y su fortaleza me hicieron ver que el ser humano no era nada y sin embargo, gracias a su inteligencia, tiene un privilegiado poder sobre los demás seres vivos (hacer viviendas con caca de burro por ejemplo).

Velocidad, fuerza, corpulencia y gran altura no eran nada si no fuera por la exclusiva organización del pensamiento. Entendí que la inteligencia objetiva era la clave en nosotros. Con este episodio (y no con Kant O Hegel), y en ese mismo momento, comprendí la importancia de la relación entre la razón y la frágil condición humana.

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La Caca de Burro ¿Estas bromeando, no?

La población de Tumbes por tradición ha morado dentro de casas rurales construidas con la útil caña brava, la mezcla de cemento con pajilla y como techo una fresca calamina de metal (aunque ésta puede volverse insoportable a las 12:00 del mediodía si se construye a una baja altura). Estas viviendas eran tan flexibles y ecológicas que no necesitaban de ladrillos y cemento para obtener seguridad frente a inusuales o inexistentes movimientos sísmicos. Su utilidad, frescura, bajo costo y su finalidad ecológica le daban una buena onda al ambiente norteño.

Un día, mientras retornaba del colegio por el corto pero peligroso camino del barrio “El Pacífico”, a la altura del segundo cementerio, vi como un padre y sus 3 hijos construían lo que iba a ser la sala de su futura casa. La verdad no me sorprendió mucho la manera en que la estaban costruyendo: Un puñado de clavos grandes, un atado envolviendo cinco cañas bravas, barro mojado, machetes, palas para revolver el barro, alicates y alambres, escalera, etc; eran los instrumentos que yo normalmente había visto utilizar a los pobladores de otras zonas del Perú en las cuales viví.

En eso me da el alcance “Aldillo car’e caldillo”, un amigo que estaba estudiando dos años menos que yo en mi colegio.

-“¿Que haces?” Me preguntaba él con los ojos medio cerrados por el intenso sol.
-“Viendo como hacen la casa”.
-“Uuuy! de aqui se demorarán hasta el viernes, Shhh” – “Era martes”, me decía a mi mismo mientras sacaba la cuenta con mis dedos y con las pupilas hacia arriba.
-“Y eso que falta lo mas importante” – me decía Aldillo con esa retorcida sonrisa.
-“¿Que más falta ahí? – le preguntaba yo con ese típico desconocimiento de foráneo.
-“El burro pues!” – me gritaba él como si yo estuviera ignorando algo tan vital en la vida como el hecho de comer un bolo a las 12:00 del mediodía.
-“Ah ya!, ¿para que cargue las cosas?”- le preguntaba yo con la finalidad de sacarle la verdad de manera ingenua.
-“No ‘hijo’ (no sé por qué pero a algunos tumbesinos les da por tratarte de ‘hijo’ aún sabiendo que tienen menos edad que su interlocutor), si ya esta todo ahí, ¿o crees que el burro va a subir la escalera?- me decía como si yo fuera nuevo (en efecto, era nuevo y nunca había escuchado del burro como el ingrediente final para la construcción de una casa rural).
-“Bueno, entonces ¿para qué lo necesitan?”
-“Por su caca”- me dijo – “su caca es el elemento esencial, no es la pajilla, no es el barro, ni la habilidad del constructor; es la caca” – me insistió tratando de convencerme de que la caca era como el “quinto elemento” (aire, agua, fuego, tierra y…caca pues!). Así, el amor pasaba a ser un elemento privativo de quienes construían la casa.
-“Ah! entonces es para que ‘descargue’ en vez de que ‘cargue’ “- y me reí con él al imaginar la situación.
-“Si pues” – me decía aliviado y satisfecho de que al fin su foráneo amigo haya compredido.

Nos reimos mucho después de imaginarnos a un pobre burro dando vueltas cual pollo a la brasa mecánico, al mismo estilo de esas cementeras que se utilizan en las construcciones modernas y que dan vueltas sin parar. Alucinando más: con cada vuelta iría soltando caca, dura al comienzo y menos espesa después luego de darle algún laxante con yogurt o algo así, un rebuzno indicaría la falta de alfalfa y los obreros esquivarían peligrosas salpicaduras en el piso. Aquella sería la máquina modelo Pollino-720-HP con motor piajeno. Recuerdo que ese fue uno de los primeros chistes de humor escatológico que tuve en mi vida (después vendrían más).

Aldillo me contó que la caca de burro era utilizada en la construcción de las viviendas rurales porque cumplía no solo una finalidad antisísmica (teniendo en cuenta de que hubo, a lo mucho, 1 temblor en los últimos 30 años) sino además cumplía la función de impermeabilidad ante las torrenciales lluvias de verano. Que esta era una tradición que venía de años desde sus ancestros hasta el día de hoy y, quizás, hasta Felipillo, antes de volverse español, tuvo su casita armada con las heces de algún otro animal que no haya sido traido de Europa. No lo sé, pero en esta última Aldillo no me pudo convencer.

Así, llegué a convencerme de que la caca de burro, era el elemento integrador de la construcción rural. Sin este elemento la construcción se vendría abajo como un castillo de naipes. Carecería de sentido contruir una casita rural sin tener al menos prestado un pollino que buenamente te hiciera el favor. Sin la caca de burro no existiría esa comunión de elementos. De cohesión. En suma, sin la caca de burro, simplemente, lo construído no pegaría.

Con su sonrisa de vivo, Aldillo se separó de mi para ir con dirección a su casa que, como me lo había confesado, estaba hecha con caca “pero” de vaca (al final venía a ser lo mismo sólo que con “otro estilo” según él). Yo aún trataba de explicarme lo raro que sería pegar tus muebles a la pared, colgar los cuadros familiares e incluso al mismo Jesus y la ultima cena en un muro así. Qué herejía!. Yo acostumbraba colocar los cachetes contra la pared durante las noches. Después de haberme enterado de esto, no lo haría más. Ahora, si eres amante de la ecología, esta es tu oportunidad: viaja a Tumbes, consigue un sencillo hospedaje con las características descritas, instálate y empieza la lectura de la biblia en el capítulo del Apocalipsis (que es, en resumen, “el fin de los tiempos”) para ir entrando en onda. Si viviera en una casa así, colocaría mi cama en medio del cuarto.

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Creciendo después de la lluvia II

Pasaba el domingo y empezaba otra nueva pero rutinaria semana, con ese plus que la convertía algo diferente: la lluvia. El cielo aún seguía gris después del tremendo chapuzón de fin de semana (lo cual era signo de que ese regalo del cielo continuaría cayendo por algunas horas más), aún chispeaban esas gotitas de agua parecidas a la “lluvia” que los limeños ven sorprendidos en la capital.

Teníamos que estar en el colegio a las 8:00 a.m. y el bus escolar se aparecía a las 7:15 a.m. para hacerla a tiempo.

Yo, por fortuna, vivía muy lejos del paradero del bus y llegaba a ser uno de los más altos del grupo por causa de la lluvia. Asi es! “creciendo después de la lluvia”, pues sí, el asunto es que muchos quienes han vivido en climas tropicales dirán que lo que les cuento sobre el barro y la lluvia aquí es cierto: El suelo barroso de Tumbes no te suelta..se te pega en las plantas de los zapatos, chancletas o yanques que estes utilizando. La única solución es caminar descalzo en el barro o caminar de espaldas (porque se te despega caminado en sentido opuesto).

Efectivamente, en cada pisada, hacia adelante, siempre se iba adhiriendo una gratuita capa de barro en las plantas de mis recién lustrados zapatos negros escolares. Una verdadera mierda era tener que abrir la lata de betún para lustrar mis zapatos por la mañana, hacerlo era un suplicio para mi naríz porque se me cerraban las fosas nasales por mis alergias respiratorias se habían mitigado mas no curado. En fin, tener que lustar mis zapatos en vano me enseñó a no lustrarlos durante el verano.

Frases como: “Ya no lo hago porque esta lloviendo mucho, ¿ves?”, justificaban mis convicciones de marzo y abril. Por ello, lustar mis zapatos en época de lluvias era algo tan innecesario como la obligación de lavarte los dientes antes de comer, saludar a todos en una reunión ni bien has llegado y aún sabiendo que sólo conversarás a lo mucho con dos personas y nadie más, inclusive hoy, lo comparo con algo tan innecesario como comprar el periódico del día teniendo internet en casa (mil disculpas para quienes no tengan el servicio).

Retornando a mis días de “grandeza” temporal; yo llegaba, solo por molestar, midiendo unos cinco centímetros más de lo que habitualmente mido, para luego, con aquél barro desprendido de mis suelas, meter espectaculares goles de media tijera en las rejas de la casa ubicada frente al paradero con esas suelas de barro que la naturaleza me ofreció: mis suelas estilo “creación del Dr. Frankenstein”.

Yo era bueno, en el “fútbol-reja” nadie me ganaba en ensuciar la pared, y la chica que me gustaba estaba ahí mirándome con asco y deseo: asco de esa actitud infantil de ensuciar paredes y deseo de que el bus me atropellara por casualidad, “oops!”. La mueca de su boca entreabierta me lo decía todo. Ella, más alta y desarrollada que las demás chicas que yo conocía, y yo, aún hecho una papa rellena de cabello muy corto e hirsuto nunca estaríamos destinados a estar juntos en cuestión de sentimientos (pero esa es otra historia).

Entonces, al avisorar el bus a lo lejos, nos afanábamos por tener los zapatos menos sucios. Golpeábamos los tacos contra la pobre pared y, luego, en fiel desacato de las normas de respeto y urbanidad; los más grandes entraban antes que los pequeños, incluso entre amigos la amistad se volvía de barro, ya no habia respeto. El encargado del bus bajaba tratando de poner fin al estado de naturaleza que se desarrollaba en la puerta del bus escolar. Obviamente no podía y tenía que gritarnos terminando cada exclamación con un “carajo”, un “puta” o un “mierda”: la cola se convertía así en el fiel retrato del pensamiento Darwinista o Darwiniano y creo que Thomas Hobbes hubiera estado señalándonos con el dedo ahí parado y aplaudiendo a carcajadas por la confirmación de sus teorías. Como dicen por ahí: “todo depende de la motivación”, para algunos todo ese cáos era por obtener un asiento y llegar descansaditos (¿más?) al colegio; mientras que para mi era sólo para estar en el rango de visión de la chica que me gustaba mucho. Todas las cosas tienen su motivo en este mundo.

Finalmente, era en vano llegar con los zapatos limpios al colegio. El piso del corredor del bus era una verdadera cochinada. Parecía el transporte de cuarenticuatro cerditos yendo por el camino de la granja feliz. Nunca pude llegar en esas época de lluvias con los zapatos limpios al colegio. Ahora, soy capaz de decir: “Crecí paso a paso de camino al colegio en aquéllas mañanas norteñas de lluvia ligera”.

 

Creciendo después de la lluvia I

Durante las estaciones de primavera y verano comenzaba a a llover como si el gordo de arriba hubiera abierto la ducha por ese calor que probablemente le molestaba a él y literalmente abrasaba a la gente que osaba caminar en las calles de este rincón norteño del Perú. Yo siempre consideraba que el clima tropical era el mejor: no me gusta el frío ni la nieve, ni tampoco los climas húmedos con cielo panza de rata; prefiero estar en el calor, con el sol sofocándome y con las piernas abiertas a la sombra del saliente techo de calamina de mi casa, y, posada en el piso, una jarra de limonada azucarada con hielos semejantes a tres icebergs flotando dentro (y que poco a poco se empequeñecían = COP15).

El viento del litoral soplaba suavemente, con los ojos cerrados y muy apaciblemente lo sentías susurrándote algo..¿que?..que no te preocuparas..ah no?..no, porque en un ratito nomás..sí, en un momentito..iba a empezar el aguacero…primera gota…, segunda, tercera y EMPEZÓ A LLOVER! -“Shhh! la primera lluvia de la temporada Guá!”- qué satisfacción.

A pesar de que la lluvia era algo esperado durante la epoca de verano, era mostro tenerla al comienzo, pero luego de estar casi tres meses presente, ya aburría y molestaba. Era como aquél huésped esperado, ese familiar que no veías hace mucho tiempo y que se quedaba varios días sin aportar nada y que constituía un estorbo en vez de un aporte para la casa. Primero, la lluvia era muy jodida porque ésta significaba siete horas de chorreo acuoso incontenible (aquí sí que las nubes se exprimían con ganas), literalmente formaba lagunas y esto era sinónimo de arduo trabajo cuando terminaba de caer. Asimismo, el sustantivo “lluvia” significaba la salida (o mejor dicho, escape) de todos aquellos bichos que se habían escondido del peligro y la muerte segura que representaba el encontrarse en su camino con un ser humano: hormigas chiquitas, iguanas, cucarachones, sapos, zarigueyas, gusanos, escorpiones, hormigas gigantes, pacazos, etc. Todos ellos pugnando por entrar a la casa como sea, después de tiempo..que ingratos!

-“Pero pasen con confianza! acá los espero con mi chancleta”.

La lluvia también era una molestia porque era la correcta traducción de “baldear” el jardín cuando ya las gotas caían en intervalos mucho más largos. En efecto, para que mi casa no se convirtiera en la película “2012” tenía que salir con mi balde de pintura y una escoba en forma de “T” para empujar el agua hacia la puerta de salida. Trabajo mecánico hecho sin parar durante cuatro horas..cuatro horas!!!!!

Esas tres razones eran el dolor de cabeza para cualquiera por allá; era el “después de la lluvia”, aquella molestia inevitable por el bien de la casa. Sin embargo, la lluvia era lo mejor que se podía sentir en ese momento: era la tregua del sol con el hombre. Como el acuerdo entre la tierra y nosotros. La lluvia era ese relajo esperado, era salir a la calle y sentir las gotas caer en toda la cara, coronilla, hombros, pecho, espalda, brazos..axilas, etc. (algunos aprovechaban para darse el merecido baño). Era, en suma, la alegría compartida de muchos, era una comunión concretizada. Todos te iban a responder lo mismo si les preguntabas con la palma de la mano en el borde de la oreja, al mismo estilo de misa de domingo:

“¿Les gusta la lluvia hijos..?”
Y todos -“¡Guá, que sí!”-al unísono

Así, yo no era el único que salía y empezaba a correr como un orate desvergonzado con la ropa mojada pegada al cuerpo. Todos los demás locos del lugar salían eufóricos (porque, al igual que yo, eran nuevos en el lugar) y prestos a “enmarranarse” (nueva palabra) en el barro. Recuerdo que salíamos a jugar fútbol en una cancha de tierra improvisada con todo lo necesario: cuatro piedras visibles y/o ladrillos partidos colocados en forma opuesta. Gente al medio y listo -pásame la bola cojudo!- gritábamos.

Correr, gritar, tomar agua sin necesitar aguatero, sudar sin sentir el sudor, correr y revolcarse cual puercos en el barroso suelo, realizar barridas espectaculares dignas de Paolo Maldini, volar por los aires como Ravelli, faulearnos sin piedad, intentar no mentarnos la madre y sobrevivir a la justa deportiva sin heridas se volvía en un gran reto si queríamos afirmar la “limpieza del juego”..Correr, correr y con cada tranco sentir que creces, eres más grande, más que los demás…un momento…todos también crecieron..¿que ocurre?..¿qué pasó?

Sentirte grande en un partido en plena lluvia es algo que se hace realidad para cualquiera en Tumbes..en el próximo post les contaré por qué.

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Noche de conflicto

7:00 PM: Escaramuzas en la frontera Ecuador-Peru.
7:10 PM: Recogen a todos.
7.15 PM: “Ya me voy a la frontera”.
7:15:27 PM: “Cuídate”.
7:50 PM: Esperando el noticiero nacional de las 8:00 PM.
8:00 PM: Viendo el noticiero ecuatoriano de las 8:00 PM.
8:12 PM: Cambiando el canal: 7, 2, 5, 9…..13, 3, 4, 11…evangélicos no, no..¿33?, ¿45?
8:15 PM: Peruanos: “Ellos nos invadieron” (“cruzaron la frontera”).
8:20 PM: Ecuatorianos: “Los peruanos invadieron” (“los encontramos dentro de nuestro territorio”).
8:23 PM: Llegan los amigos: “Oye! vamos afuera!”
9:00 PM: Todos reunidos, los siete reportándose.
9:16 PM: Una larga fila de tanques salía del cuartel; camiones y soldados marchaban presurosos hacia el norte.
9:20 PM: Sentados y discutiendo que papá iría primero: “Gua! el mio es valiente pero no tan huevón”.
9:30 PM: Primera mamá llamando: “Javicho!”.
9:30:07 PM: Javicho: “Chucha, mi vieja!…Ya voy ma’!”.
9:32 PM: Carloncho: “El que se va primero es un chivo!”.
9:32:01 PM: Contra!
9:34 PM: Javicho prefiere el ignominioso título a un jalón de patillas en la puerta de su casa.
9:35 PM: Se va el chivo a su casa.
9:40 PM: Observando, pensando en una vida sin papá.
9:50 PM: Discutiendo la jerarquías, ¿cuál se salva?…verdadera preocupación, regresamos a nuestras casas.
9:55 PM: Mueren dos, quedan cuatro (eramos siete)..el papá del chivo también se salvó.
10:00 PM: Mensaje a la nación: se cierra la frontera, se rompen relaciones diplomáticas, hay desconfianza mútua.
11:00 PM: ¿Hasta cuando durará esto?, no sabemos nada.
12:00 PM: Corte de energía eléctrica, no hay luz para evitar posibles bombardeos desde el otro lado.
12:01 PM: Oscuridad total.
12:05 PM: Fósforos. Noche con velas y lamparines.
12:30 PM: Sombras tristes y preocupadas se proyectan sobre la pared.
12:40 PM: Mi madre sopla la vela y el lamparin. A dormir.

Fueron cuatro noches sin luz, cuatro noches de desconcierto, cuatro noches de incertidumbre. Cuatro noches con los ojos abiertos, recordando las 7:15: 27.

¿Nortencio Gua?

Nortencio Gua; personalidad alternativa de un sujeto que logró sobrevivir al caluroso clima del departamento de Tumbes en el norte de la costa peruana.

Influenciado por el amarillo panorama de los inviernos y el limpio verde de los veranos, sólo se dedicó a jugar fulbito de lunes a domingo, de cenit a nadir bajo el abrasante sol de ese verano eterno. El suelo ardiente con abrojos esparcidos en toda su extensión hacían imposible que caminará descalzo tal y como lo hacían los demás chicos de su edad.

Algarrobos, chilalos, burros, pacazos y el omnipresente rio Tumbes hicieron que su paso por este lugar sea inolvidable. ¿Cómo no recordar el caso de la muca madrugadora?, ¿que fué del gato que perdió la cabeza en mi jardín? ¿y la tortuga gritona? ¿los insoportables monos pichicos y sus dudosas conductas sexuales?..el arból embrujado en la sala de la casa vecina, el misterio del mango enano, etc.

Nortencio, mitad Norte y mitad Hortencio:
A quien le parezca el nombre para un torpe
que se toma en serio la regla de la “H” muda,
dense cuenta de que no hay duda
que en el rico norte
por solo pesatañear se suda.

Norte caluroso,
Cielo lluvioso,
Toros bramando,
Borrachines su chicha tomando
Y en la calle de un tablazo
comiendo un rico cevichazo!

Norte de suelo ardiente,
con sus murciélagos de la tarde,
su imperceptible mordida caliente
hasta hoy en mis labios se sienten.

Nortencio: “no entiendo lo que dices”:
¿Aflojen las alforjas y prueben esos alfeñiques?.
No, que si no te comportas te cae como en el huarique,
Discúlpalo que ya no escucha
Pero si no esta sordo, sino gordo.
Queeee!?
Que no esta flaco y si escucha.

Nortencio Gua ha hablado y contadas aquí algunas de sus vivencias estan. Gua!
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