Conquistadores (Pathfinder)

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Por Arturo Caballero Medina
acaballerom@pucp.edu.pe

(publicado en Noticias, abril 2007)

El cine épico está repleto de grandes momentos y también de fallidas realizaciones. La trilogía de El Señor de los Anillos ocupa un lugar preferencial dentro de las primeras en tanto producciones ambiciosas que no escatiman esfuerzos en los detalles; y no me refiero solo a las locaciones ni a la millonaria inversión, sino también a la atmósfera que una película épica debe crear para que el espectador se involucre y se convierta en un cómplice de la ficción; y un componente que considero primordial para ello es el tiempo narrativo. Como es ya conocido, Hollywood dicta las tendencias dominantes en el cine comercial mundial dando giros cíclicos: unas veces será el cine de la guerra post-vietnam, el terrorismo islámico o las precuelas y secuelas de películas de terror que ya agotaron lo mejor que tenían en su estreno y que, por ello, las recordaremos siempre muy gratamente. Como dijo alguna vez Ricardo Bedoya, “hay películas que envejecen bien y dan ganas volver a verlas, otras en cambio, envejecen muy may y hay que dejarlas ahí”.

Conquistadores se inscribe en aquella lista de películas épicas efectistas, programáticas y predecibles que Hollywood lanza al mercado para alargar y asentar el género por un periodo de tiempo luego de que grandes realizaciones lo pusieran de moda. También se agrega a la larga lista de remakes que la mayoría de veces no alcanza los niveles de calidad de la original; me refiero a la cinta noruega Ofelas, que en 1987 recibió varias nominaciones por mejor película extranjera.

Si 300, a la luz de una interpretación según el contexto político actual en el mundo, exalta la eugenesia y manipula muy sutilmente las dicotomías occidente/oriente, civilización/barbarie y tiranía/democracia, en Conquistadores la barbarie nos llega de los vikingos. Si los realizadores de la hazaña de las Termópilas argumentan en su defensa que prescindieron de escenarios reales reemplazándolos por paisajes virtuales en aras de un impacto visual que se compare con el cómic, ello podría explicar el porqué esa película se desvanece tan pronto (claro que para los ojos de los lectores del cómic la película les dio en la yema del gusto). En Conquistadores mi crítica va, además de la fotografía —cuyo trabajo me parece muy bueno en cuanto a las locaciones escogidas—, también a la débil construcción de los personajes, fijos y muy predecibles para mi gusto; y a la sobrecarga de protagonismo en desmedro del resto de personajes que se pierden en la inutilidad: son tan decorativos como el paisaje. Veámoslo a continuación.

La trama se inicia cuando 600 años antes del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, los vikingos llegaban a Norteamérica y luego de saquear y matar por doquier como era su costumbre, se retiraron dejando como evidencia un barco con varios cuerpos entre indios y vikingos. Una aborigen encuentra el barco y al interior a un niño, hijo de un guerrero vikingo. Después de deliberar, los jefes indios deciden quedarse con el muchacho guardando algunos reparos sobre su futuro el cual estará por decidirse cuando enfrente sus demonios en conflicto.

15 años después, retorna una segunda expedición vikinga y se repite la historia. La aldea de “Ghost” (“Fantasma” era su nombre indio) es exterminada junto con sus pobladores y él es testigo de cómo sus padres adoptivos fueron asesinados. Es aquí cuando se inicia la lucha y la persecución. Ghost (Karl Urban) advierte a los pobladores de otro clan que se aparten porque no tienen oportunidad frente a las armas de los “hijos del dragón” como llaman a los vikingos. Un requisito básico que ha caracterizado a las mejores películas épicas es la descentralización de la acción de los personajes, algo que para nada se cumple en Conquistadores: no basta con asignarle a un personaje secundario un momento de inmolación, se trata de que ese personaje sea vital para la trama (volviendo a El Señor de los Anillos un claro ejemplo de esto lo tenemos con Gollum). En esta lucha personal —que no llega a resistencia por parte de los indios, ni a combate abierto porque es el propio Ghost la mayor parte de veces quien pelea contra sus hermanos de sangre, y en menor grado, su compañera y el jefe indio— Ghost es el héroe dividido entre dos culturas “de ninguna y a la vez de ambas” quien se echa en los hombros la misión de enfrentar a los invasores. Su protagonismo es tan avasallador que opaca a todos sus posibles colaboradores en esta lucha; la escena en la cual con su espada (es el único en la tribu que tiene una) parte en dos la lanza de un guerrero aborigen es evidente: no hay victoria posible, huyan o mueran, yo (mitad indio, mitad vikingo) me enfrentaré a ellos.

La ingenuidad de los guerreros aborígenes toca niveles irrisorios o más bien patéticos, cuando caen en una trampa diseñada por Ghost contra los vikingos: nuevamente, se autoeliminan de la confrontación debido a un error y no queda otro que Ghost para hacerse cargo, justo cuando pensábamos que la película se salvaría al menos por algunas escena de combate memorable entre ambos bandos. No fue así porque la trama estuvo diseñada para que un solo personaje acaparara el protagonismo y esto le restó suspenso a la historia. Respecto a las escenas de lucha, estas no se pueden apreciar nítidamente por la oscuridad que ensombrece a los personajes. Bien por los escenarios escogidos (las tomas aéreas son muy buenas), pero el trabajo de fotografía en las luchas no permite apreciar quien enfrenta a quien debido a las escenas recargadas de sombras.

Capturados Ghost y su compañera, los vikingos serán guiados hacia su muerte por unos desfiladeros donde el peligro de avalancha es inminente por la llegada de la primavera. Ghost finge una riña con la aborigen y se las ingenia para aventar una piedra contra uno de los vikingos quien al caer por el abismo, arrastra consigo a todos los demás que llevaban atadas sogas. En este momento, el espectador está seguro de que algo sucederá y de que el jefe de la expedición vikinga, al filo del abismo, hará más difícil la tarea de su eliminación. Ghost, grita y provoca una gran avalancha que para sorpresa de todos, tampoco acaba con el perverso vikingo. No, la fórmula era que ni los indios ni la naturaleza, sino otro “de su sangre” como ellos termine con su vida. Ghost no es un híbrido que reúna lo mejor del indio y del vikingo, sino solo el instinto guerrero de estos, lo cual le sirve para enfrentarlos.

Finalmente, la aldea recibe entre sorpresa y veneración la llegada de Ghost quien otorga el distintivo de “buscador de caminos” (“pathfinder”) a su compañera sobreviviente e hija del jefe indio muerto por los vikingos. Las últimas escenas son narradas por ella, donde destacan la misión de Ghost en adelante (vigilar las costas) y la descendencia de ambos como muestra de una síntesis no violenta entre ambas culturas.

No soy partidario de criticar una película por su falta de rigor histórico. El arte, la literatura y el cine, tienen sus propias estrategias que las alejan del discurso histórico. No serán buenas o malas por acercarse o distanciarse del hecho real, sino por el aporte que hagan al género que representan, el cual puede manifestarse como reiteración de las fórmulas ya conocidas o renovación en base a lo ya existente. Si un director no aporta, entonces lo que le queda es mantener los cánones para lograr una película aceptable. Conquistadores no es una gran película épica, además de lo mencionado, porque continúa reforzando los estereotipos culturales que Hollywood insiste en difundir, en este caso, el buen salvaje americano y el cruel bárbaro vikingo.

Director: Marcus Nispel.
Guión: Laeta Kalogridis.
Genero: Acción, Aventura.
Calificación: Apta para mayores de 13 años.
Duración: 101 minutos.
Sitio Oficial: http://www.pathfinderthemovie.com/
Intérpretes: Karl Urban, Moon Bloodgood, Russell Means, Clancy Brown, Jay Tavare, Nathaniel Arcand, Ralf Moeller.
País de origen: USA (2006).


Puntuación: 4.33 / Votos: 6

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