Viernes, 4 de mayo 2012

Entrevista a Roberto de la Puente director del documental “Choleando: ¿somos o no racistas los peruanos?”

Por Adriana Fernandez Godenzi

Alumna de la Maestría en Psicología Comunitaria

Dirección Académica de Responsabilidad Social de la PUCP

En este post se presenta la entrevista realizada al director del documental “Choleando: ¿somos o no racistas los peruanos?” Roberto de la Puente. La pregunta que es parte del nombre del documental nos invita a pensarnos como sujetos pero sobre todo como sociedad. ¿Cómo definimos racismo?, ¿Por qué decimos que una persona es racista?, ¿Qué implica el comportamiento racista?; son algunas, de las varias preguntas que nos genera ponernos a pensar en si somos o no racistas los peruanos.

Como sociedad y país multiétnico, pluricultural y multilingüe somos conscientes de que una de nuestras características centrales es la diversidad. Muchas veces la negación de esta diversidad o el entenderla como desigualdad, hace que se produzcan actos, pensamientos hasta incluso sentimientos discriminatorios entre ciudadanos peruanos que pueden denominarse racistas.

Los dejamos con la entrevista y esperamos que al final puedan responder si ¿somos o no racistas los peruanos? ¿Qué opinan?

Roberto, cuéntanos, ¿qué te llevo a hacer un documental que toque el tema del racismo en nuestra sociedad? ¿Qué impacto quisieras causar con el documental?

Yo detesto al racismo peruano. Hay pocas cosas que detesto más. Desde muy niño fui consciente de nuestro racismo y siempre me insubordinaba. Simplemente me parecía muy cruel, demasiado injusto y francamente estúpido. Siempre quise entenderlo, comprenderlo a fondo a fin de poder saber cómo enfrentarlo efectivamente.

Hacer este documental me permitió eso: a través de las lecturas, investigaciones y las decenas de entrevistas que hicimos, pude comprender a fondo nuestro racismo. Pero también me permitió algo más importante: conversar con muchísimas personas sobre este tema y darme cuenta que hay un montón de gente reflexionando y luchando para enfrentar las distintas discriminaciones que vivimos a diario en nuestro país. Por eso espero que este documental contribuya con esa labor de reflexión, discusión y acción contra la discriminación.

Por un lado busco que los espectadores comprendan a fondo el racismo y las otras discriminaciones que vivimos a diario en nuestro país. Pero también me gustaría que los espectadores del documental salgan con ganas de dialogar del tema con sus familiares, amigos y conocidos. O sea: que el racismo deje de ser un tema del que no se habla (por aquel temor de herir a los otros o de herirnos a nosotros mismos), o del que se habla a partir de generalidades, medias verdades o lugares comunes. Lo máximo sería que los espectadores propongan soluciones y respuestas a este problema que durante tanto tiempo nos ha hecho tanto daño como nación

El racismo es un problema social que genera discriminación, ¿Cómo crees que este tipo de violencia social afecta la convivencia y el bienestar social?

El racismo es la creencia de que existen razas humanas, de que existe una jerarquía entre esas supuestas razas y de que los miembros de una supuesta raza comparten características (intelectuales, físicas, morales) y habilidades que son transmitidas biológicamente, de padres a hijos, de manera ineludible. Estas creencias generan discriminación racial, es decir, el catalogar y tratar a un ser humano de una forma determinada por su supuesta pertenencia a una “raza”. A algunas personas se les dará un tratamiento privilegiado y muchas oportunidades por pertenecer a una supuesta “raza superior”. A otras personas se les denigrará y se les cerrarán las puertas por formar parte de una supuesta “raza inferior”. Generalmente el fenotipo (la apariencia externa de las personas, el color de la piel, los rasgos del rostro) es el indicador máximo de la pertenencia a una raza. En el Perú, durante siglos, el fenotipo fue el criterio central, general y aceptado con el que se clasificaban los peruanos. Si bien es cierto que las cosas han cambiado mucho, aún hoy la discriminación racial persiste con fuerza, claro que mezclada con otras distintas discriminaciones.

Así, en nuestro país, las personas de fenotipo caucásico (piel, ojos y cabellos claros) tienen una clara ventaja: se les considera más inteligentes, más hermosas y en general son valoradas como personas “superiores” o que están sobre las demás. Por supuesto esto genera problemas de baja autoestima y auto percepción negativa en los miembros de los demás grupos fenotípicos. Pero también genera un creciente resentimiento, ira y “envidia”.

Si bien ya no vivimos en una sociedad estamental, pues cualquier persona puede destacar en el plano económico, político, social o cultural, aún es cierto que para algunos es “más fácil” y para otros “más arduo” escalar posiciones, simplemente por el fenotipo que detentan. Esto choca con los principios democráticos e igualitarios sobre los que se supuestamente se construye nuestra sociedad. Es difícil que alguien crea en el principio de la igualdad si todos los días de su vida ve que no se trata a las personas como iguales. Esto es dañino para la democracia y la confianza en las instituciones. Crea tensiones, fracturas y recelos.

Ahora bien, las mayores postergaciones e injusticias en nuestro país vienen cuando se entrecruzan distintas discriminaciones. Así, las poblaciones rurales, con pocos ingresos, con niveles bajos de escolarización, que tienen una lengua materna distinta al castellano, y cuyos miembros tienen un fenotipo andino o amazónico, son las más excluidas y abandonadas por el Estado. Literalmente son ciudadanos de “segunda categoría”. Esta es, de lejos, la mayor violencia que genera la discriminación estructural en nuestro país.

Tu documental sugiere que el racismo es un problema que no todos reconocen como tal, ¿crees que es necesario reconocerlo como un problema de nuestra sociedad? ¿DE QUE MANERA ayudaría este reconocimiento?

Si ves las encuestas que se han hecho sobre el tema, la mayoría de los peruanos reconocen que existe “racismo” en el país. El problema radica en que nadie está de acuerdo en qué consiste ese racismo, ni en cómo surge, ni en cómo funciona o en cómo se reproduce. El racismo viene a ser una suerte de cajón de sastre: etiquetamos casi todas las discriminaciones y prejuicios como racismo.

Es por eso que en nuestro documental no sólo explicamos detenidamente el funcionamiento del sistema de discriminación racial peruano, sino que mostramos que en el Perú existen muchas otras discriminaciones (lingüísticas, étnicas, culturales, socioeconómicas, etc.) que se “camuflan” debajo del rótulo de “racismo”.

El racismo es uno de los problemas más graves que afrontamos como Nación, pues provoca fracturas, divisiones, postergaciones, recelos y desconfianzas. La idea del documental es dar las herramientas necesarias para que haya una comprensión clara y cabal del problema. Y esto no por un afán académico ni escolástico. Creo que el primer paso para resolver un problema es reconocer que efectivamente existe un problema. El siguiente paso es comprender a cabalidad por qué existe ese problema. Luego vienen las soluciones. Ahora bien: un documental no resuelve un problema social. La superación de las múltiples formas de discriminación (fenotípica, étnica, socioeconómica, lingüística, etc.) requiere de la aplicación de políticas públicas bien diseñadas y claramente enfocadas. Pero también requiere de ciudadanos que comprendan a fondo la injusticia de estas discriminaciones y simpaticen con la necesidad de superarlas. Y es ahí donde un documental puede ayudar, haciendo posible que los espectadores reconozcan y comprendan la profunda injusticia y sufrimiento que generan esas discriminaciones.

La conclusión N° 171 de la CVR dice “La CVR entiende que la reconciliación debe ocurrir en el nivel personal y familiar; en el de las organizaciones de la sociedad y en el replanteamiento de las relaciones entre el Estado y la sociedad en su conjunto. Los tres planos señalados deben adecuarse a una meta general, que es la edificación de un país que se reconozca positivamente como multiétnico, pluricultural y multilingüe. Tal reconocimiento es la base para la superación de las prácticas de discriminación que subyacen a las múltiples discordias de nuestra historia republicana”. ¿Qué opinas de este reto que tenemos como sociedad luego de haber hecho tu documental? ¿Cuál lejos estamos de la ansiada reconciliación entre peruanos y peruanas?

Me parece que se trata de una cuestión más que ardua en la que hemos avanzado muy poco y muy lentamente.

Creo que tienes razón, se necesitan los reconocimientos simbólico, que el “país” se reconozca multiétnico, pluricultural, etc. Pero creo que lo que necesitamos de manera urgente es que las personas, los individuos que forman nuestro país, se reconozcan como esencialmente semejantes y con los mismos derechos. Y no en abstracto, no sólo al nivel de discursos, sino al nivel de las emociones y reacciones más inmediatas. O sea: que veas a una persona y que sientas que esa persona, a pesar de que es muy distinta a ti, es un semejante, un “igual”. No sólo saberlo, no sólo decirlo, sino sentirlo. Profunda y visceralmente.

Por supuesto, para lograr esto hay una dimensión personal, subjetiva, de trabajo sobre uno mismo. Y eso tiene que ver con lo que se aprende en el núcleo familiar y con la educación que se recibe en la escuela. Ambas esferas deberían formarnos para no sentirnos ni como superiores ni como inferiores a nadie. Y deberían darnos las herramientas para desactivar los “impulsos” discriminatorios. Esto no sucede, o más bien, sucede pero muy marginalmente. Allí hay toda una línea de trabajo en la que puede y debe incidirse.

Ahora bien, creo que eso sólo es una parte del asunto. En las discriminaciones que vivimos cotidianamente subyace una cuestión de poder, de estructuras de poder, de grupos que tienen distintos grados de poder. Me explico: mientras haya grupos humanos al interior de nuestro país que no tienen un mínimo grado de poder sobre sus vidas, que no pueden asegurar que sus hijos no se mueran de enfermedades absurdas para este siglo, que no tiene verdadera injerencia política, que no participan significativamente en el aparato económico y productivo, que son invisibles para los medios de comunicación, etc., pues simplemente vamos a continuar en lo mismo.

Entonces: los reconocimientos simbólicos son importantes. El trabajo sobre uno mismo es importante. Pero me parece que ambos no alteran la estructura de discriminación. Mientras haya grupos privilegiados, que mantienen el monopolio de todos los capitales (económico, cultural, social, simbólico) se va a perpetuar la “base material” sobre la que se construyen los prejuicios y las discriminaciones. Si las personas de las zonas rurales, de fenotipo andino, quechua hablantes, etc., siguen siendo las últimas en el reparto de la torta, pues vamos a seguir discriminándolas, vamos a seguir viéndolas (y sintiéndolas) como inferiores. Lo objetivo, lo estructural, lo material es la fuente que alimenta lo subjetivo, lo simbólico, lo relacional.

Necesitamos de un paquete mínimo que nos de verdadera ciudadanía a todos. Un paquete real, material. Acceso a verdaderos servicios de justicia, educación, seguridad, salud, infraestructura. Esa ciudadanía no sólo da dignidad, da poder: da igualdad. Si tuviéramos verdaderos ciudadanos, grupos humanos con poderes semejantes, sería mucho más difícil, sino imposible, que se acepten las discriminaciones que vivimos todos los días. Simplemente los mismos individuos no lo permitirían: porque tendrían las herramientas necesarias para impedirlo.

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