Por circunstancias que tiene la vida, hago tutoría y apoyo de nivelación escolar a alumnos de algunos colegios; y veo muchas situaciones que me hacen pensar en como se están manejando los entornos familiares en la crianza de los futuros hombres y mujeres de nuestro país.

Mi formación en psicología me hace analizar las situaciones paralelas y contrastantes que se pueden dar dentro de los núcleos familiares, como las que describiré a continuación:

a)Por un lado tenemos una pre adolescente (si cabe el término) de 11 años con un comportamiento que raya en el infantilismo, el cual se expresa claramente en gestos, ademanes, expresiones orales y comportamientos que- para su edad cronológica- disgustan y preocupan a los padres. Sin embargo, tiene un hermano de 9 años que mantiene una conducta acorde con su edad, mantiene expectativas sobre el futuro y tiene una capacidad de discernimiento asombrosa. Conversando con los padres, refieren que el "engreimiento" de la hija es producto de la relación con una niñera durante 3 años en los cuales esta última complacía en todo a la niña. Ahora bien, la pregunta que surge inmediatamente es: Y donde estaban ustedes como padres? a lo que la respuesta que recibí es la común y corriente en nuestros días: "trabajando para poder mantenerlos".

b) Un alumno de un colegio particular de 11 años de edad cuyo promedio de notas era bastante bajo y con una seria deficiencia en cuanto a niveles de organización para su alimentación y desarrollo de labores escolares. Al consultarle por los motivos, me refirieron de que "estaban acostumbrados". Ojo hablo de una pareja joven que no supera los 40 años de edad individualmente.

Ante esto me doy cuenta de que el grado en que se involucran los padres con sus hijos en la actualidad es bastante pobre, pues delegan la responsabilidad que les corresponde a terceras personas e indirectamente las hacen responsables de las fallas que los hijos cometan.

Al respecto, en el primer caso los padres literalmente "abandonaron" a su hija a un modo de crianza que claramente es perjudicial para la niña y que ahora sufren las consecuencias, lo cual los desgasta y vuelve tensa la relación padre-hijo. En el segundo caso, aparentemente prima más el modo de "no se como corregirlo" que el aceptar que las cosas no estan andando bien.

Apoyandolos en la medida de mis posibilidades he logrado mejorar sobre todo el segundo caso, pues lo tomé el año pasado y se ha organizado mejor este chico tanto a nivel personal como familiar. En el primer caso, aun no trabajo directamente con la niña, pero todo hace presuponer que así será.

Sólo me queda decir que esta situación se está generalizando y puede tomar ribetes preocupantes. Hay que insistir con los padres en que el apoyo a los hijos debe ser dado en proporciones adecuadas, pero también hay que estar comprometidos en la crianza de los hijos.