Blog de Mildzy
2012-01-01
Amor Prohibido
Contengo la respiración. Sus grandes ojos de vidrio se fijan en los míos durante un momento que parece eterno. Acerco lentamente mi rostro al suyo y puedo sentir los latidos de mi corazón acelerándose como un tambor. Rozo sus labios y su calidez contagia mi cuerpo. Mis manos recorren su perfecta figura y con cada caricia la porcelana se transforma en carne. A lo lejos escucho el sonido del agua hirviendo y los canturreos monótonos de mi mujer.
Nuestro primer encuentro se dio cuando paseaba por un centro comercial en el Barrio Chino. Andaba distraido hasta que sentí una mirada penetrante sobre mi nuca. Volví la cabeza y sólo pude ver, detrás de una vitrina antigua, una colección de muñecas de porcelana. Quedé sorprendido cuando al acercarme, vi un par de ojos azules que seguía mis movimientos. Si los ojos eran indescriptibles, el resto era aún más delicioso. Su tersa piel de alabastro contrastaba con su cabellera azabache, cuyos rizos caían delicadamente sobre su figura esbelta. Sus labios carmesí sonreían seductores, haciendo juego con un vestido rojo de gala. Una aparición materializada en porcelana, encaje y seda.
Nunca llegué a entender porqué la dueña de la tienda no me cobró ni un centavo por la muñeca, será que solo hablaba chino. Fue así que en cuanto entré y fui al lugar de la la vitrina de inmediato me la entregó sin decirme una palabra.
Ese día la llevé con cuidado hasta mi casa. Como temía que mi mujer pudiera encontrarla, busqué un lugar apropiado para ella en el sótano. Y allí coloqué su altar. No me pareció mejor nombre para ella que Artémis, diosa cazadora de la luna, por la semajanza de su piel con el brillo lunar y su enigmática seducción.
Mi temor a que mi esposa me prive de este pedacito de felicidad, era fundado. Noelia ya no era la misma mujer cándida, dulce y servicial con la que me casé. Se había transformado en una bruja que me hacía la vida imposible por pura costumbre. Nuesta vida de casados era un sucesión rutinaria de peleas por dinero, reclamos, obligaciones y conversaciones sin sentido. No dormíamos juntos porque no me inspiraba deseo verla siempre en la misma ropa gris, con su eterno peinado de cola de caballo y su figura descuidada.Artémis se transformó en mi refugio y volvió a reanimar la llama de mi pasión. Ella siempre estaba ahí, sensual, sonriente y dispuesta a escuchar mis glorias juveniles, mis problemas y días más tarde, mis confesiones de amor. Ella nunca me respondía, mas su mirada acompañaba mis pasos y ya no me sentía solo.
Transcurrió una semana y mientras más tiempo pasaba en ese idilio sentimental, Artémis adquiría una apariencia más humana. Primero fue la manera en que parecía que las comisuras de sus labios adquirían movimiento, luego fue la manera como sus cabellos adquirían vida propia bajo la luz de las velas y lo más sorprendente fue cuando toqué su rostro por casualidad y su textura se volvió similar a la piel humana...
El pitido del agua hirviendo me trae de vuelta a la realidad.
Artémis está en mis brazos y mis sueños se han vuelto realidad. Nuestro primer beso y mis caricias bastaron para transformarla en una mujer real. Siento su cuerpo cálido y sus brazos firmes alrededor de mi cuerpo. Sus labios comienzan a bajar por mi cuello.
La oscuridad del sótano donde nos encontramos despierta mis deseos más íntimos con ella.
Interrumpen mis reflexiones, unos pasos precipitados bajando por la escalera que da al sótano.
Aprieto la cintura de Artémis con firmeza y le digo que mi esposa está a punto de descubrirnos.
- Eso no sucederá- dice Artémis.
Artémis se levantó, despeinada por el momento y se ajustó el soberbio escote de su vestido. Atraviesa la puerta del sótano que da a la escalera y la cierra detrás de ella.
Puedo escuchar muy cerca los pasos atolondrados de mi mujer y el andar delicado de Artémis. Luego, silencio.
Pasaron 5 minutos y Artémis regresa, diciéndome que ya no seremos interrumpidos. Embriagado por la felicidad y la pasión, nos entregamos al momento de amor. Cuando salimos, veo tirada en el último peldaño de la escalera que da al sótano, una muñeca de porcelana, vestida de gris, con una cola de caballo y el rostro de Noelia. Sus ojos inmóviles me miran con reproche...
- ¡¡Ernestooo!! !!Se hace tarde para que me lleves al trabajo!! Levántate de una vez bueno para nada. No sé porqué nunca le hice caso a mi madre cuando me dijo que arruinaría mi vida de casarme contigo. - Dijo Noelia, cuando el sonido del despertador, interrumpió el sueño mas hermoso que tuve alguna vez en nuestros 25 años de matrimonio.
Nuestro primer encuentro se dio cuando paseaba por un centro comercial en el Barrio Chino. Andaba distraido hasta que sentí una mirada penetrante sobre mi nuca. Volví la cabeza y sólo pude ver, detrás de una vitrina antigua, una colección de muñecas de porcelana. Quedé sorprendido cuando al acercarme, vi un par de ojos azules que seguía mis movimientos. Si los ojos eran indescriptibles, el resto era aún más delicioso. Su tersa piel de alabastro contrastaba con su cabellera azabache, cuyos rizos caían delicadamente sobre su figura esbelta. Sus labios carmesí sonreían seductores, haciendo juego con un vestido rojo de gala. Una aparición materializada en porcelana, encaje y seda.

Nunca llegué a entender porqué la dueña de la tienda no me cobró ni un centavo por la muñeca, será que solo hablaba chino. Fue así que en cuanto entré y fui al lugar de la la vitrina de inmediato me la entregó sin decirme una palabra.
Ese día la llevé con cuidado hasta mi casa. Como temía que mi mujer pudiera encontrarla, busqué un lugar apropiado para ella en el sótano. Y allí coloqué su altar. No me pareció mejor nombre para ella que Artémis, diosa cazadora de la luna, por la semajanza de su piel con el brillo lunar y su enigmática seducción.
Mi temor a que mi esposa me prive de este pedacito de felicidad, era fundado. Noelia ya no era la misma mujer cándida, dulce y servicial con la que me casé. Se había transformado en una bruja que me hacía la vida imposible por pura costumbre. Nuesta vida de casados era un sucesión rutinaria de peleas por dinero, reclamos, obligaciones y conversaciones sin sentido. No dormíamos juntos porque no me inspiraba deseo verla siempre en la misma ropa gris, con su eterno peinado de cola de caballo y su figura descuidada.Artémis se transformó en mi refugio y volvió a reanimar la llama de mi pasión. Ella siempre estaba ahí, sensual, sonriente y dispuesta a escuchar mis glorias juveniles, mis problemas y días más tarde, mis confesiones de amor. Ella nunca me respondía, mas su mirada acompañaba mis pasos y ya no me sentía solo.
Transcurrió una semana y mientras más tiempo pasaba en ese idilio sentimental, Artémis adquiría una apariencia más humana. Primero fue la manera en que parecía que las comisuras de sus labios adquirían movimiento, luego fue la manera como sus cabellos adquirían vida propia bajo la luz de las velas y lo más sorprendente fue cuando toqué su rostro por casualidad y su textura se volvió similar a la piel humana...
El pitido del agua hirviendo me trae de vuelta a la realidad.
Artémis está en mis brazos y mis sueños se han vuelto realidad. Nuestro primer beso y mis caricias bastaron para transformarla en una mujer real. Siento su cuerpo cálido y sus brazos firmes alrededor de mi cuerpo. Sus labios comienzan a bajar por mi cuello.
La oscuridad del sótano donde nos encontramos despierta mis deseos más íntimos con ella.
Interrumpen mis reflexiones, unos pasos precipitados bajando por la escalera que da al sótano.
Aprieto la cintura de Artémis con firmeza y le digo que mi esposa está a punto de descubrirnos.
- Eso no sucederá- dice Artémis.
Artémis se levantó, despeinada por el momento y se ajustó el soberbio escote de su vestido. Atraviesa la puerta del sótano que da a la escalera y la cierra detrás de ella.
Puedo escuchar muy cerca los pasos atolondrados de mi mujer y el andar delicado de Artémis. Luego, silencio.
Pasaron 5 minutos y Artémis regresa, diciéndome que ya no seremos interrumpidos. Embriagado por la felicidad y la pasión, nos entregamos al momento de amor. Cuando salimos, veo tirada en el último peldaño de la escalera que da al sótano, una muñeca de porcelana, vestida de gris, con una cola de caballo y el rostro de Noelia. Sus ojos inmóviles me miran con reproche...
- ¡¡Ernestooo!! !!Se hace tarde para que me lleves al trabajo!! Levántate de una vez bueno para nada. No sé porqué nunca le hice caso a mi madre cuando me dijo que arruinaría mi vida de casarme contigo. - Dijo Noelia, cuando el sonido del despertador, interrumpió el sueño mas hermoso que tuve alguna vez en nuestros 25 años de matrimonio.
2011-02-18
Noche de Cabaret
Hola a todos, los invito a leer mi primera incursión en el género de la narrativa erótica, a raíz del concurso de San Valentín, organizado por la tienda de lencería Bombón Rojo. Gané entre los finalistas seleccionados un kit Bombón Rojo :).
Era ya medianoche y una exuberante figura envuelta en un abrigo caminaba a paso seguro, luciendo sus bien torneadas piernas con unos tacones estilo burlesque y medias de encaje rosa, atravesando las calles húmedas y bañadas con luces de neón hasta detenerse en la puerta de servicio del mejor cabaret en esa ciudad gris. Dio tres golpes fuertes seguidos de 1 suave.
La puerta se abre y unos brazos fuertes toman su cintura, arrastrándola al interior. En la oscuridad, solo puede sentir la firmeza de aquel cuerpo joven que se abalanza sobre ella, despojándola de su abrigo de piel, mientras siente acercarse un tibio aliento en su rostro. Su corazón late estremecido cuando unos labios conocidos besan su cuello y bajan hasta el espacio entre sus senos altivos.
-Te he echado de menos Rafael. – dijo ella, mientras su amante hábilmente deshacía los amarres del corset con lazos fucsia que vestía. –Pero pareces no entender que no debemos vernos más.
-Y tú no quieres aceptarlo Linda,- dijo sonriendo Rafael. – Te conozco y sé que lo único que te hace sentir viva y parte de este mundo es entregarte a nuestra pasión. No pienses, disfruta.
El corset cae al piso. Linda cierra los ojos, mientras Rafael besa juguetonamente sus pezones y le baja el zipper de su minifalda. Ella, a su vez le desabotona camisa y pantalón hasta desnudarlo por completo y revelar su físico de dios griego. Él remueve de un tirón la tanga negra de su musa y levanta su figura curvilínea entre sus brazos, apoyándola contra una pared para hacerla suya, mientras sus gemidos son silenciados por la música del show que resuena a lo lejos.
Ella puede sentir un verdadero fuego recorriéndola y satisfaciendo sus deseos, sus piernas se abrazan contra la espalda de Rafael y sus cuerpos se deslizan al suelo para seguir con la misma fuerza y cadencia el compás de la banda lasciva que toca esa noche en el Cabaret.

La puerta se abre y unos brazos fuertes toman su cintura, arrastrándola al interior. En la oscuridad, solo puede sentir la firmeza de aquel cuerpo joven que se abalanza sobre ella, despojándola de su abrigo de piel, mientras siente acercarse un tibio aliento en su rostro. Su corazón late estremecido cuando unos labios conocidos besan su cuello y bajan hasta el espacio entre sus senos altivos.
-Te he echado de menos Rafael. – dijo ella, mientras su amante hábilmente deshacía los amarres del corset con lazos fucsia que vestía. –Pero pareces no entender que no debemos vernos más.
-Y tú no quieres aceptarlo Linda,- dijo sonriendo Rafael. – Te conozco y sé que lo único que te hace sentir viva y parte de este mundo es entregarte a nuestra pasión. No pienses, disfruta.
El corset cae al piso. Linda cierra los ojos, mientras Rafael besa juguetonamente sus pezones y le baja el zipper de su minifalda. Ella, a su vez le desabotona camisa y pantalón hasta desnudarlo por completo y revelar su físico de dios griego. Él remueve de un tirón la tanga negra de su musa y levanta su figura curvilínea entre sus brazos, apoyándola contra una pared para hacerla suya, mientras sus gemidos son silenciados por la música del show que resuena a lo lejos.
Ella puede sentir un verdadero fuego recorriéndola y satisfaciendo sus deseos, sus piernas se abrazan contra la espalda de Rafael y sus cuerpos se deslizan al suelo para seguir con la misma fuerza y cadencia el compás de la banda lasciva que toca esa noche en el Cabaret.
2010-09-14
El destierro de las Gacelas Thompson
De (más) joven y a punto de terminar los insufribles años de la adolescencia tenía una teoría que no sé cómo ni bajo qué destino maquiavélico pudo haberse formado en mi mente, se explicaría quizás por mi temprana fascinación por los animales salvajes o tal vez por mi gran defecto de querer buscarle una enrevesada explicación a las cosas más convencionales (lo simple a veces no funciona para mí), el punto es que se me quedó grabado el siguiente planteamiento:
Tenemos a las gacelas Thompson, sí, esos gráciles y frágiles animalitos de la Sabana que usualmente terminan sus días como la cena de los animales más veloces que existen sobre la faz de la tierra: los guepardos, bueno pues estos inocentes tienen como único mecanismo de sobrevivencia la habilidad de distraer y confundir al enemigo! Cómo? Pues zigzaguean por el campo, cada vez que el guepardo les ha echado el ojo para hincarle el colmillo, echan la carrera pero no van nunca en la misma dirección y cambian constantemente de ruta… Siendo el guepardo el rey en largas distancias pierde velocidad ante esos cambios de dirección y esta táctica termina resultando la diferencia entre la vida y la muerte para las Thompson.

He aquí el momento de mi revelación…y que si las chicas fuéramos como las gacelas, no sería obviamente un factor determinante de supervivencia en aquel campo de batalla que es el amor, la habilidad de distraer y confundir al oponente, obviamente después que los individuos (léase guepardos) menos aptos y perezosos (poco merecedores de la gacela) salgan confundidos de esta tácticas de defensas, sólo el guepardo más apto, hábil y que conozca tan bien a la gacela como para anticiparse a sus movimientos podría quedarse con ella (obviando claro el salvajismo que ocurre en el mundo animal cuando pasa eso). Aquí se grabaron las 3 palabras que escudarían muchas de mis acciones futuras: mecanismos de defensa.
Fue así como las¨ inocentes¨ gacelas pasaron a ser las villanas de la obra, no contentas con ser una extravagante idea, se instalaron en el inconsciente, y aquellos mecanismos de defensa pasaron a ser la venda que elegía ponerme antes de comprometerme demasiado, mis tácticas de distracción, las distracciones que yo misma me ponía en el camino para evitar ver y evitar tomarme un rato para pensar lo que verdaderamente quería, algunos guepardos que podrían haber tenido potencial salieron perjudicados.
Todo cambió al darme cuenta lo que las gacelas habían ocasionado, no solo me restaba poder al considerarme en la escala inferior de la pirámide alimenticia, sino que metafóricamente me seguía visualizando como la presa. Decidí acabar con las gacelas y ser yo misma una leona (al final son más responsables y aguerridas que los guepardos y leones) y batallar en la Sabana con todas las cartas sobre la mesa.
Destierra a las gacelas, a la larga hacen más daño que los colmillos de cualquier guepardo.
Tenemos a las gacelas Thompson, sí, esos gráciles y frágiles animalitos de la Sabana que usualmente terminan sus días como la cena de los animales más veloces que existen sobre la faz de la tierra: los guepardos, bueno pues estos inocentes tienen como único mecanismo de sobrevivencia la habilidad de distraer y confundir al enemigo! Cómo? Pues zigzaguean por el campo, cada vez que el guepardo les ha echado el ojo para hincarle el colmillo, echan la carrera pero no van nunca en la misma dirección y cambian constantemente de ruta… Siendo el guepardo el rey en largas distancias pierde velocidad ante esos cambios de dirección y esta táctica termina resultando la diferencia entre la vida y la muerte para las Thompson.

He aquí el momento de mi revelación…y que si las chicas fuéramos como las gacelas, no sería obviamente un factor determinante de supervivencia en aquel campo de batalla que es el amor, la habilidad de distraer y confundir al oponente, obviamente después que los individuos (léase guepardos) menos aptos y perezosos (poco merecedores de la gacela) salgan confundidos de esta tácticas de defensas, sólo el guepardo más apto, hábil y que conozca tan bien a la gacela como para anticiparse a sus movimientos podría quedarse con ella (obviando claro el salvajismo que ocurre en el mundo animal cuando pasa eso). Aquí se grabaron las 3 palabras que escudarían muchas de mis acciones futuras: mecanismos de defensa.
Fue así como las¨ inocentes¨ gacelas pasaron a ser las villanas de la obra, no contentas con ser una extravagante idea, se instalaron en el inconsciente, y aquellos mecanismos de defensa pasaron a ser la venda que elegía ponerme antes de comprometerme demasiado, mis tácticas de distracción, las distracciones que yo misma me ponía en el camino para evitar ver y evitar tomarme un rato para pensar lo que verdaderamente quería, algunos guepardos que podrían haber tenido potencial salieron perjudicados.
Todo cambió al darme cuenta lo que las gacelas habían ocasionado, no solo me restaba poder al considerarme en la escala inferior de la pirámide alimenticia, sino que metafóricamente me seguía visualizando como la presa. Decidí acabar con las gacelas y ser yo misma una leona (al final son más responsables y aguerridas que los guepardos y leones) y batallar en la Sabana con todas las cartas sobre la mesa.
Destierra a las gacelas, a la larga hacen más daño que los colmillos de cualquier guepardo.
2009-10-14
Recomiendo no leer el siguiente artículo: Carta de la Despedida
Estimado lector: Por favor hacer caso de la recomendación arriba descrita, este artículo fue producto de un nivel exagerado de hormonas, producto del spm, cuyo principal efecto es provocar una sensibilidad exagerada en la redactora y mínima actividad racional. Releo el artículo y me da ganas de quemarlo, encima está inconcluso, por favor NO LEER. Gracias!
Precioso Chiquito:

Que difícil es intentar plasmar este torbellino de pensamientos, que ahora tengo en mi cabeza, en esta hoja blanca. Pero decidí escribirte esta carta, emotiva… si, cursi…tal vez; sincera…siempre, y así superar mi miedo a no poder expresar en breves líneas todo lo que deseo que sepas.
No se por donde comenzar, tal vez se me haga mas sencillo iniciar por el final, por recordar cómo fue que se desencadenaron los hechos que finalmente nos dieron la señal ineludible que nos llevó a aceptar que ya no podíamos seguir mas adelante con esta relación.
El final, no fue en nada como lo esperaba, tempestuoso para ambos, triste y confuso. Quizás fin no es la palabra apropiada para nuestra relación porque jamás llegare a olvidarte y mucho menos quiero apartarte de mi vida.
El tiempo, me jugo una mala pasada. Le reste importancia y fue gracias al paso del tiempo que no me di cuenta de cuando fue que te comencé a llegar a amar.
Nuestros conflictos, eran producto de una mezcla explosiva de dos elementos algo opuestos, tu calma era el combustible de mi carácter.
Sensaciones, ahora, las mas complejas del mundo, por un momento llegue a imaginar como seria de nuevo nuestra historia, superadas las dificultades, ambos juntos para siempre y me gusto lo que vi. Quizás sea solo una emoción momentánea, quizás solo me haya dejado llevar por la añoranza, quizás solo pueda valorarte como te mereces cuando siento que te he perdido.
Dualidad. Quisiera dividirme en dos, extraer mi parte temerosa, cauta y racional para aislarla en una segunda entidad. Y solamente perderme en mis sentimientos, porque estando así contigo, es cuando me siento verdaderamente unida a ti.
Libertad, fue un arma de doble filo. Mis ideas fijas. Que sucede cuando la búsqueda de la libertad nos hace perder el norte de aquel destino, que al final era mi razón de ser, mi felicidad.
Quizás solo necesite una excusa para poder dejar atrás esto finalmente, quizás necesite volver a recuperarte ...
FIN
Precioso Chiquito:

Que difícil es intentar plasmar este torbellino de pensamientos, que ahora tengo en mi cabeza, en esta hoja blanca. Pero decidí escribirte esta carta, emotiva… si, cursi…tal vez; sincera…siempre, y así superar mi miedo a no poder expresar en breves líneas todo lo que deseo que sepas.
No se por donde comenzar, tal vez se me haga mas sencillo iniciar por el final, por recordar cómo fue que se desencadenaron los hechos que finalmente nos dieron la señal ineludible que nos llevó a aceptar que ya no podíamos seguir mas adelante con esta relación.
El final, no fue en nada como lo esperaba, tempestuoso para ambos, triste y confuso. Quizás fin no es la palabra apropiada para nuestra relación porque jamás llegare a olvidarte y mucho menos quiero apartarte de mi vida.
El tiempo, me jugo una mala pasada. Le reste importancia y fue gracias al paso del tiempo que no me di cuenta de cuando fue que te comencé a llegar a amar.
Nuestros conflictos, eran producto de una mezcla explosiva de dos elementos algo opuestos, tu calma era el combustible de mi carácter.
Sensaciones, ahora, las mas complejas del mundo, por un momento llegue a imaginar como seria de nuevo nuestra historia, superadas las dificultades, ambos juntos para siempre y me gusto lo que vi. Quizás sea solo una emoción momentánea, quizás solo me haya dejado llevar por la añoranza, quizás solo pueda valorarte como te mereces cuando siento que te he perdido.
Dualidad. Quisiera dividirme en dos, extraer mi parte temerosa, cauta y racional para aislarla en una segunda entidad. Y solamente perderme en mis sentimientos, porque estando así contigo, es cuando me siento verdaderamente unida a ti.
Libertad, fue un arma de doble filo. Mis ideas fijas. Que sucede cuando la búsqueda de la libertad nos hace perder el norte de aquel destino, que al final era mi razón de ser, mi felicidad.
Quizás solo necesite una excusa para poder dejar atrás esto finalmente, quizás necesite volver a recuperarte ...
FIN






