Incidencia del reposicionamiento de liderazgo regional para asegurar el desarrollo sostenible peruano al 2030 (*)

El proceso del planeamiento estratégico de un país debe considerar según metodología una primera fase de pensamiento estratégico, que puede tener un carácter más propositivo, y permitirá definir la visión e intereses nacionales. Una segunda fase, menos intuitiva y más racional, plantea la formulación de objetivos estratégicos nacionales de largo plazo. Finalmente, una tercera fase deriva las acciones programadas con más racionalidad para alcanzar los efectos e impactos del modelo propuesto. En ese sentido, se considera sumamente importante proponer el reposicionamiento del liderazgo del país dentro de la región que lo contiene, para una gestión efectiva del desarrollo sostenible al 2030.

La idea es demostrar la pertinencia de la tesis planteada, en tal magnitud como para no renunciar[1] a “Lograr ser un referente regional” y situarlo como un acelerador estratégico más allá de los intereses nacionales.

Del punto de vista académico, se propone desarrollar un análisis prospectivo basado en evidencia[2] que permita justificar dicho reposicionamiento frente a nuestros competidores naturales. Lo interesante de esta metodología del CEPLAN, alineada a lo recomendado por OCDE, es que permite simular un escenario contracorriente al enfoque progresista muy de moda.

Como agente de cambio, se requiere modificar los “hábitos” de la clase política-económica en los estamentos claves del estado, lo cual implica desplegar un plan de sensibilización que permita el éxito de dicha intervención.

Tomamos como base de nuestra propuesta lo observado en el acuerdo nacional[3] Así, en referencia a la política 25 publicada dentro de la división IV –Estado eficiente, transparente y descentralizado– el rol de las fuerzas armadas pasa a un nivel similar al asignado a cualquier de proveedor de servicios públicos, en este caso, como si fuera una concesión a costo cero y adjudicada directamente para la defensa del sistema democrático. En ese sentido, antes de sopesar cualquier postura anti castrense que podría interpretar una fuerza armada optimizada desde una mínima expresión, analicemos logísticamente lo que representa la provisión de dicho servicio.

Toda actividad formal que provee un bien o servicio, presenta dos flujos. El primero considera el flujo real del producto o servicio que se canaliza desde proveedor hacia el cliente. En este caso, del militar al ciudadano. Y así, desde un enfoque sistémico se configuran las diferentes etapas que comprende dicho flujo: aprovisionamiento, procesamiento y distribución o entrega.

De forma paralela, se establece el segundo flujo que comprende el caudal de información que retroalimenta los criterios de decisión en cada una de las etapas del ciclo en reversa. En síntesis, a cada acción del flujo real corresponde una reacción del flujo de información.

Sin embargo, la evidencia demuestra un desfase entre ambos flujos. El retardo observado queda sujeto a la capacidad de respuesta del sistema. Esto se traduce en el procedimiento establecido para comunicar el estado de las cosas. Es decir, cómo aprovisionar un lote más, sin la información oportuna y pertinente que el lote anterior ya fue procesado.

La figura adjunta, explica los flujos mencionados. Nótese que el periodo comprendido entre los tiempos t0 y t1 corresponde al flujo real de la prestación del bien o servicio, mientras el periodo entre los tiempos t1 y t2 corresponde al flujo de información que transporta el dato resultante de la entrega efectuada. La toma de decisión oportuna queda sujeta al periodo comprendido entre los tiempos t2 y t3, que determinan el retardo en cuestión.

Fuente: Elaboración propia.

En el caso de las Fuerzas Armadas, los inputs que aprovisiona son magnitudes tangibles e intangibles, que comprende equipamiento, suministros, armamento, planes, directivas, servicios de defensa, servicios de inteligencia, entre otros, que ingresan al procesamiento del modelo actual, y se transforman en outputs, productos o servicios dirigidos a brindar resultados e impacto en el sistema democrático para el ciudadano.

De lo mencionado queda claro que el financiamiento de la cadena logística militar requiere un programa realista para su sostenibilidad en el ejercicio de las funciones atribuidas desde el marco estratégico del Estado.

Sin embargo, existen grupos o activistas ideológicos que se oponen a la comunidad de intereses nacionales, que, a nuestro entender, constituye un lazo poderoso entre los ciudadanos que se identifican con la patria real. En ese sentido, la divulgación histórica de los hechos pese a ser sesgados[4] permitirá afrontar esa lucha ideológica y la construcción de esa identidad nacional, aquella tan redituable en todos los sectores cuando una selección de futbol exhibe resultados en competencia mediática.

La alta disponibilidad[5] de una nación para ciudadanos que conviven en una economía dual, actualmente se encuentra sin un plan de contingencia para la defensa del “olivo[6] nacional” que enfrente a la agenda progresista enquistada en organismos multilaterales. Las ideologías que se disfrazan de derechos humanos y que cambian en el tiempo no puede condicionar la continuidad de la nación libre e independiente. Una nación no es eterna, comienza y termina. Por tanto, su continuidad depende de la voluntad entre hombres por defecto capaces de dinamizar dicha entidad que nos permita conducirnos en libertad.

Por ello, considero importante efectuar un análisis prospectivo basado en evidencias de porque nuestro país no debe de renunciar a su posición expectante en la región. Para esto evidenciamos los siguientes hechos:

Lima mantuvo su condición de centro financiero hegemónico desde 1750 al 1987[7], por evidencias desde el legado colonial, las finanzas del guano del siglo XIX, el ciclo agroexportador después de la guerra con Chile, las finanzas del algodón de 1930 a 1950, la dictadura liberal de Odría, el endeudamiento militar desde 1968 hasta la estatización de García.

Los poderes representados por los asentamientos mineros del Virreinato en el Perú consolidan nuestra tesis irrenunciable de ejercer nuestro liderazgo regional en salvaguarda de los intereses y soberanía nacionales. En palabras del historiador Dennis Flynn[8]: “… para el temprano siglo XVII, la población de Potosí creció hasta igualar o superar a la de Londres o Paris. Es posible que haya sido el poblado minero más espectacular de la historia del mundo.”

Resultaría repetitivo comentar en referencia a la importancia del rol militar dentro del trabajo, más si está dirigido a una comunidad cívico militar con mayores competencias y evidencias de posicionamiento en la historia.

En ese sentido, concentremos nuestro esfuerzo para potenciar nuestra fuerza armada para precisamente proteger nuestro terruño, para poder tomar decisiones soberanas sobre los recursos disponibles en beneficio de las grandes mayorías, sin miopías ni ideologías que buscan coactar el flujo o circulo virtuoso del progreso.

Para quienes no comulgamos con la agenda del gobierno actual y el sequito progresista que lo sostiene, la reciente denegatoria de confianza al hoy ex premier Cateriano, no debe satisfacer a nadie. Se configura, en respuesta a intereses ideológicos que recrean escenarios de caos para justificar el cambio de modelo institucional. Evidencias como lo ocurrido en Chile, procura desmantelar la planificación pública para instaurar la agenda del “Buen Vivir” al estilo ecuatoriano[9].

El impacto global del covid 19 ha transparentado la capacidad real del Estado para hacer frente a las demandas del ciudadano. Sin embargo, llama la atención que, existiendo una organización pertinente, legal y transversal, como el Comando de Emergencia Nacional, este no haya sido convocado. De manera personal, intuyo que la brecha de desconfianza civil militar ha propiciado esta decisión. Pero considero más aún que los posibles réditos políticos y mediáticos no fueran trasladados lejos del ámbito del despacho de gobierno.

Por eso resulta necesario reprogramar la mentalidad del funcionario público para generar las respuestas en beneficio de la continuidad de la patria. Al igual que la transformación digital no se relaciona con el hardware o software de TI sino con el cambio del pensamiento estratégico, de la misma forma se debe impulsar el cambio y actitud responsable de los hacedores de política, impartiendo directrices que permitan de forma transversal refundar el rol de la función militar en el país en los tres niveles de gobierno.

El problema de la distribución de ingreso se acentúa pese a los programas sociales cuyas limitaciones de orden institucional repercuten en la sostenibilidad de dicho modelo. La bien intencionada política de incluir para crecer desarrollada en la última década ha evidenciado resultados contrarios a lo alcanzado por su antagónica “crecer para incluir”. En ese plano, la asignación de presupuesto para la optimización del servicio a cargo de las fuerzas armadas responde más a una gestión de intereses personales y no programáticos.

No debemos esperar casos como de la Operación Fénix[10] en el 2008 que permitieron prácticas reactivas en el incremento significativo del presupuesto para la defensa ecuatoriana frente al ataque colombiano, quienes bombardearon un campamento de las FARC, en territorio más allá de sus fronteras.

El hombre no tiene un código de supervivencia automático[11]. Se diferencia de las demás especies enfrentando alternativas por medio de una elección volitiva: código de valores que guie sus acciones.

Tratando de hacer un símil en nuestra región, cuando Ernest Renán en 1882 vaticinaba el final de las conflagraciones mundiales del siglo siguiente, al argumentar que la Europa atomizada en nacionalismo garantizaba una coalición natural para reestablecer la paz frente a cualquier intento de dominación.

Cuan posible seria aquel escenario dentro de la idiosincrasia regional. Como nos visualizamos, a través de un simple adjetivo de aquel filósofo[12], “… llámese a la pedantería, argentina; a la maldad, colombiana; a la alegría, brasilera; llámese a la payasada, chilena, a la tristeza, boliviana; a la chabacanería, venezolana; y por último, llámese a la hipocresía, peruana”. Doble cara, la del indio[13] que traicionó a la sangre del “Pirú”, y que se replicó cada cierto tiempo.

Avancemos!

 

(*) Ensayo final para el XXXVII Curso de Dirección Estratégica para la Defensa y Administración de Crisis, Escuela Superior de Guerra Naval, Grupo H, 2020-1.

[1] Mi grupo en mayoría decidió removerlo pese haber acordado su inclusión. Presumo que es más fácil desempeñar el rol de un sistema operativo “amigable”.

[2] Existe evidencia geopolítica, económica, histórica, financiera y militar suficiente que justifican la propuesta de intervención.

[3] https://acuerdonacional.pe/politicas-de-estado-del-acuerdo-nacional/politicas-de-estado%e2%80%8b/politicas-de-estado-castellano/

[4] https://www.cverdad.org.pe/pagina01.php

[5] Aplicando términos de niveles de servicio.

[6] Pese a la visión contraria en “Burn the olive tree, sell the lexus” por Greg Palast y Oliver Shykles, publicado en “Everything you know is wrong” editado por Russ Kick, 2002, Barnes & Noble Books.

[7] Alfonso W. Quiroz (2017) “Crédito, inversión y políticas en el Perú entre los siglos XVIII y XX”, pág. 49-59, BCRP-IEP.

[8] Kendall W. Brown (2015) “Minería e imperio en Hispanoamérica colonial, Producción, mercados y trabajo”, pág. 19, BCRP-IEP.

[9] Fredy Rivera Valdez (2014) “Ecuador: tradiciones políticas, cambio de época y revolución ciudadana” pág. 69, en “Actualidad política en los países andinos centrales en el gobierno de izquierda” por Yusuke Murakami, CIAS, IEP.

[10] https://repository.javeriana.edu.co/bitstream/handle/10554/7732/tesis393.pdf?sequence=1

[11] Rand, Ayn (2019) “Atlas Shrugged” Deusto, Editorial Planeta.

[12] Al texto publicado entre los años 1993 y 1995 en el suplemento el Dominical de El Comercio, de aquel filósofo que olvide su nombre, pero siempre recuerdo y reitero en sesiones de clase.

[13] Luis Seden Codina (1974) “Felipillo” Editorial Ecoma,

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