¿Dónde está la tesorería del Congreso?

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Por: Juan Paredes Castro
El Comercio

Siempre que un parlamentario se ve envuelto en un tema caliente de desembolso fiscal, pareciera que el Congreso no tuviera tesorería ni contaduría.

El Congreso debería disponer de un protocolo de vigencia obligatoria mediante el cual sus funcionarios encargados del teje y maneje económico tuvieran la capacidad de aclarar ciertas cosas antes de que pretendan hacerlo únicamente los parlamentarios.

El enredo que rodea el pago de 15 mil dólares a la cantante criolla Fabiola de la Cuba, por un show privado, y que ha puesto en el disparadero público al presidente del Congreso, Luis Alva Castro, podría terminar en un santiamén con la sola voz y los números sobre la mesa de quienes llevan las cuentas presupuestales.

Si Alva Castro está seguro de que procedió correctamente, ordenando que le descontaran de sus remuneraciones los 15 mil dólares que salieron de las arcas fiscales, quien tiene que explicar en todo su detalle el trámite seguido, para bien o para mal, es la señora Lucía Bravo Roncal, jefa del Departamento de Tesorería.

Ocurre, con frecuencia, que la retaguardia administrativa del Congreso nunca es invocada ni convocada a la hora de los esclarecimientos necesarios, pese a ser depositaria de todos los pasivos y activos de los parlamentarios, que no han encontrado mejor motivo para rehuir de esa reserva informativa clave que hacer como si no existiera.

La reserva informativa administrativa del Congreso goza de buena salud y puede ponerse a disposición de quien desea investigar y acusar o también defenderse de las imputaciones. La puede usar Alva Castro para apoyar sus argumentos o de la misma manera sus cuestionadores para sostener los suyos. En suma, si se trata de que el papelito mande, basta con tocar las puertas de la tesorería y la contabilidad del Congreso.

El caso que compromete a Alva Castro es de números y de documentación, aspectos tan tangibles que podrían ahorrarnos discusiones enteras.

Vayamos, pues, al grano: llámese a una sesión a la señora Bravo Roncal y póngase punto final al enredo, a menos que ella quiera esconder algún as bajo la manga y tornarlo todo más oscuro.

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