Fue a la cárcel porque su hija lo acusó de violación y hoy sale porque era mentira

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Argentino estuvo preso durante 20 meses. La joven reconoció que mintió porque él era muy controlador. “Vení hija, te perdono”, le dijo su padre

Buenos Aires (AP). Un hombre estuvo preso durante 20 meses acusado por su hija de violación, pero la justicia lo dejó libre al comprobarse que la menor mintió porque su progenitor le exigía en sus estudios. La justicia absolvió al sujeto de nombre Jorge, de 42 años, y cuyo apellido no trascendió por cuestiones legales, dijo el fiscal de la causa, Marcelo Altamirano.

“Fue un hecho desgraciado”, declaró Altamirano a la prensa, al término de un juicio oral en la ciudad de Córdoba, escenario del caso, a unos 750 kilómetros al noroeste de Buenos Aires.

“La menor, luego de la denuncia, explicó que su padre era inocente”, agregó el fiscal. “Pero en su momento se temió que la joven hubiera sido amenazada para que diera otra versión de lo sucedido”.

El camionero pasó 20 meses detenido en una cárcel de máxima seguridad, después que su hija, por entonces de 17 años, lo acusó de haberla violado en forma reiterada entre 2003 y 2007. Primero se lo dijo a su madre en diciembre del 2007, esta se lo confesó a una predicadora de una iglesia evangélica que la convenció de presentar la denuncia, y en febrero del 2008 la Policía detuvo al camionero.

“El hombre era demasiado recto y quería que sus hijas fueran personas de bien, que estudiaran y que honraran a la familia”, dijo Claudia Mirele, la abogada defensora de Jorge. “La principal bronca (fastidio) de la chica hacia su papá era el control estricto hacia sus cinco hijos”, agregó Mirele.

“Mi cliente es camionero, pero había llegado a la universidad y para alimentar a su familia dejó de estudiar”, destacó la abogada. “Entonces, quería que sus hijos estudiaran y que no fueran vagos. Era un padre rígido que ponía controles”.

El diario Clarín dice que al salir de la sala de audiencias, Jorge se abrazó a su familia. Agregó que su hija, la falsa acusadora, lo miraba llorando desde un banco. Al verla, el hombre se acercó, le tendió la mano y le dijo: “Vení hija, te perdono”.

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