¿La agonía del cristianismo?

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La República
Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

El catolicismo necesita reconectarse con la gente.

El catolicismo no sale bien parado de debates como el reciente sobre la despenalización del aborto cuando algunos de sus líderes más reconocidos pretenden ganarlos en la mesa del pacto con los políticos en lugar de hacerlo en la misa del convencimiento a la gente.

Como en la sentencia reciente del TC sobre la AOE, en el debate sobre el aborto algunos voceros del catolicismo andan con la actitud de ‘qué importa lo que digan, la discusión ya se ganó por la presión sobre las autoridades que al final van a decidir’.

Ello explicaría su pobreza argumental en un debate en el que no se debe olvidar que implica, en ambos lados, opciones personales vitales que se deben respetar. Pero cuando gritan que ‘Herodes anda suelto’ mientras miles de mujeres mueren porque –a diferencia de las que no son pobres– abortan en la precariedad, se concluye que algo anda mal con su argumento.

Este tipo de reacción sobre el aborto o la píldora del día siguiente también produce la posición de la iglesia católica en otros asuntos de la vida cotidiana de las personas –incluyendo de su feligresía–, como la homosexualidad, el uso del condón y, en general, sobre el papel de la mujer en la sociedad, a la que suelen percibir como nada más que un ‘aparato reproductor’.

Es penoso, por ejemplo, que el papa Benedicto XVI haya declarado en África, la región del mundo con mayor incidencia del sida, contra el uso del condón, algo que tiene implicancias mortales y, además, contradictorias con la defensa de la vida que declaran defender en el debate del aborto.

¿Estamos, acaso, en el Sodoma y Gomorra que sugiere la opinión de algunos líderes católicos? Claro que no. Lo que está sucediendo es una desconexión creciente entre la prédica de la iglesia católica con la manera como piensan y viven muchos de sus fieles que no se sienten inmorales, indecentes y pecadores porque no hacen lo que algunos curas les dicen sobre lo que pueden y no pueden hacer en la cama. O con quién.

Esto explicaría el decrecimiento de la proporción de católicos, o por qué varios líderes de esta religión buscan asegurar la continuidad de sus posiciones solo a través de pactos con los políticos de turno en lugar de triunfar en el terreno de las ideas y de las propias convicciones de una población que siente, cada vez más, que la iglesia tiene cada vez menos que decir sobre asuntos fundamentales de sus vidas.

Es obvio que esto no significa ‘la agonía del cristianismo’, pero sí creciente desconexión con la gente –especialmente con los más pobres–; pérdida de espacio frente a otros credos; iglesias vacías; y menor intensidad de la fe.

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