¿Cuánto hielo derritió en la cumbre?

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La República
Por Mirko Lauer

Este viernes Alan García perdió la oportunidad de dar una versión 2009 del discurso de Fernando Belaunde (probablemente a una portátil) cuando regresó a Lima de la cumbre de Punta del Este 1963: “Por qué me aplaudes pueblo, si tú me enviaste a Montevideo”. En verdad esta vez no había nadie aplaudiendo en el aeropuerto, pero una performance presidencial como la de Bariloche siempre sube algo los bonos de un presidente.

Las propuestas de García en Unasur fueron de estilo más bien positivo-utópico, pero eso también puede acopiar unos cuantos puntos. Pedir que cesen las compras de armas porque ya se ha comprado demasiadas es algo que nos cae bien, pero rara vez funciona. Proponer inspección multinacional de las bases colombianas podría tener mejor suerte, pero va a tomar su tiempo.

Aun así, el discurso de García en la cumbre logró ubicarse en el centro de las preocupaciones regionales, con un giro propio: integración vs. armamentismo, mutuo respeto entre las diversas ideologías gubernamentales, actitud más serena frente a la percepción del peligro imperialista o populista o izquierdista, o la mala imagen que da a Sudamérica la multiplicación de los conflictos.

En cambio del lado negativo de la contabilidad el viaje de García no parece haber servido para arreglar en firme los ásperos entredichos con Bolivia y Chile. Michele Bachelet por su parte se mantuvo algo distante de la delegación peruana, y pidió para reunirse con Evo Morales, pero nada público salió de ese encuentro, también él medio secretoso. Unasur estaba en otra cosa.
Pero si bien no arregló el tema, al haber definido los términos de una relación más equilibrada con el bloque chavista, García quizás haya calmado una parte de los ímpetus antiperuanos de Morales. Al evitar un apoyo cerrado a Álvaro Uribe, e incluso al haber tomado una leve distancia respecto de él, García acaso ha puesto en marcha un proceso de moderado acercamiento Caracas-Lima.

García va a extrañar esa pascana en Bariloche, pues aquí en casa lo espera la agenda de todos los días: una polémica en torno al gas con fuerte potencial movilizador en el sur, la posibilidad real de un rebrote amazónico, la cuota semanal de asesinados por el narcoterrorismo, o escándalos (reales o ficticios) en el gremio político. Temas en los cuales García por lo general no protagoniza, sino acota.

Para volver a Fernando Belaunde, este alguna vez definió cada año de gobierno como un toro que sale a embestir al presidente. Sabemos que el primer año es el más cómodo. FBT nunca dijo cuál era el más peligroso, pero en el caso de García este cuarto año es un candidato de fuerza: ya todo parece jugado, es tarde para lanzar iniciativas importantes, y todavía no llega la distracción electoral. Los viajes internacionales son, literalmente, una salida.

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