El “síndrome de Estocolmo” laboral y la baja autoestima

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Expreso

El problema es cuando la persona no es consciente de estar en un ambiente psicológicamente perjudicial.
Cuando una víctima de algún tipo de abuso, durante y después del fatal suceso, comienza a manifestar sentimientos de cariño y simpatía por sus captores, padece lo que se denomina “síndrome de Estocolmo”.

Ahora bien, si una situación así parece extraída de cualquier película de Alfred Hitchcock, qué opina de este síndrome en un plano laboral.

Netamente baja autoestima
Para la gerente general de la consultora Resource y especialista en recursos humanos, Laura de Acha, cuando la persona es sometida constantemente a gritos, maltratos e insultos, su autoestima se ve afectada, hasta dudar de sus propias capacidades y talentos.

“El problema es grave cuando la persona no tiene conciencia de que está conviviendo en un ambiente psicológicamente perjudicial”, explicó De Acha.

Detalles a tomar en cuenta
La primera señal –que muchas veces pasa inadvertida– es cuando se permite la agresión verbal, la cual se da paulatinamente. Si el trabajador en la primera vez es capaz de frenar educadamente dicha actitud es probable que el jefe se mida en las próximas situaciones.

El segundo paso es tomar conciencia de que estamos frente a un problema y estar seguros de tomar una decisión.
“La víctima tiene dos opciones, o convive y por ende se adapta al problema, o coge sus cosas y sale por la puerta grande. Pero es necesario que se tome una decisión”, comentó la experta.

Posible solución
Es muy probable que algunos lectores estén conscientes de que tienen este síndrome, pero predomina más la situación económica que impide un cambio de centro laboral. Por eso resulta importante que si se decide convivir con el “agresor”, se establezcan reglas específicas de lo que se va a permitir y de lo que no, como por ejemplo no permitir calificativos despectivos ni menos palabras groseras.

Asimismo, la selección de personal debe realizar minuciosos exámenes psicológicos para evitar llegar a situaciones perjudiciales como conllevar a un empleado a experimentar un de síndrome de Estocolmo laboral.

El dato
La diferencia entre el síndrome de Estocolmo laboral y el clínico es que en el primero la “víctima” no ha sido forzada o sometida a cautiverio por un tercero. Por el contrario, ingresó por su propia voluntad y permanece dentro de ese ambiente, sin mostrar decisiones de cambio

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