Infidelidad, Sindrome de Medea, Alienación Parental: los hijos son un botín de guerra

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Infidelidad, Sindrome de Medea, Alienación Parental

Fuente: Apadeshi

MEDEA. Una mujer suele estar llena de temor y es cobarde para contemplar la lucha y el hierro, pero cuando ve lesionados los derechos de su lecho, no hay otra mente más asesina.(263-266)

MEDEA. Ahora, sin embargo, cambio mis palabras y rompo en sollozos ante la acción que he de llevar a cabo a continuación, pues pienso matar a mis hijos; nadie me los podrá arrebatar y, después de haber hundido toda la casa de Jasón, me iré de esta tierra. (790-795)

CORIFEO. ¿Te atreverías a matar a tu simiente, mujer?
MEDEA. Así quedará desgarrado con más fuerza mi esposo. (816-817)

MEDEA. Es de todo punto necesario que mueran y, puesto que lo es, los mataré yo que les he dado el ser. (1062-1063 y 1240-1241)

JASÓN. ¡Tú que sobre tus propios hijos te atreviste a lanzar la espada, a pesar de haberlos
engendrado, y, al dejarme sin ellos, me destruiste! (1325-1326)

MEDEA. Tú, como es natural, morirás de mala manera, golpeado en la cabeza por un despojo de la Argo. (1386-1387)

JASÓN. Entro, privado de mis dos hijos.
MEDEA. Aún no es nada tu llanto; aguarda a la vejez. (1395-1396)

Medea de Eurípides.

Citas de MUJERES MÍTICAS: LA MEDEA INFANTICIDA Rosa Sala Rose, http://www.gipuzkoakultura.net/ediciones/antiqua/sala.pdf

En una película reciente, El infierno, no muy bien valorada por la crítica, a pesar de partir de un guión del desaparecido Kielowsky, se actualiza eficazmente el mito de Medea, hija del rey Eetes, sobrina de la hechicera Circe y mujer fatalmente enamorada de Jasón desde el primer instante en que lo vio.

Jasón que había acudido al reino de Eetes, la Cólquide, en el remoto Mar Negro, a la búsqueda del vellocino de oro, pudo concluir la empresa que tenía que llevarle al trono de la ciudad de Yolco, gracias a los embrujos, maleficios y maldades de Medea. La alianza entre ambos se demostró indestructible, porque el valor de Jasón unido a los poderes y a la falta de escrúpulos de Medea vencía todos los obstáculos.

Hasta tal punto, llevó Medea su celo por Jasón, que para favorecer su huida en el navío “Argo”, no tuvo reparos en tomar como rehén a su propio hermano y después deshacerse de él, descuartizándolo y lanzándolo por la borda, para que su padre interrumpiera la persecución y recogiera los restos del hijo fallecido.

Ya en Yolco, Medea también consiguió deshacerse del usurpador Pelias, a cuyas hijas embaucó para que lo despedazasen y lo hirvieran en un caldero con tal de devolverle la juventud. Ante el horror de los habitantes de Yolco, ambos tuvieron que abandonar la ciudad y el sueño de Jasón terminó frustrándose. Sin embargo, Medea sí consiguió parcialmente el suyo: vivir felizmente con Jasón. Pero, fue un sueño efímero, porque al cabo diez años, Jasón se enamoró de otra mujer, Glauce –hija del rey corintio Creonte-, y decidió repudiar a la letal Medea.

Medea que, como hemos visto, ya apuntaba maneras, decidió vengarse de la manera más dolorosa y terrible que ningún ser humano pueda concebir: matando a sus hijos habidos con Jasón. También mató a Glauce y a su padre Creonte.

El antes imbatible Jasón acusó severamente el golpe y malvivió el resto de sus días, hasta morir aplastado un día por la proa carcomida de su antes glorioso barco Argos.

En Medea, pues, cristaliza una conducta femenina arquetípica: matar a los hijos para vengar la herida narcisista que le ha provocado la infidelidad del marido.

Desde entonces, el drama se sigue repitiendo inexorablemente, porque muchos hombres siguen siendo infieles y muchas mujeres siguen utilizando los privilegios maternos para su castigo, no ya con el asesinato físico de los hijos, sino con otro lacerante “asesinato” mucho más sutil que consiste en indisponerles hacia el padre (alineación parental), en desprestigiarle, depreciarle y disminuirle, en impedir o dificultar el contacto, en privarle de sus bienes. Es una venganza fría e inexorable que se aplica con lentitud litúrgica por Medeas rigidificadas, fatalmente enquistadas en el consuelo morboso que les produce su desquite cruel. La película El infierno lo cuenta muy bien, críticos aparte.

Por cierto, estos días se está hablando mucho del síndrome de alineación parental a raíz de una sentencia que, por primera vez, invoca esta patología, cuestionada -¡cómo no!- por muchas abogadas –y abogados- feministas, cómplices de abusos misándricos. Me deja perplejo ver en televisión el nerviosismo con que rebaten la existencia de este síndrome. En sus caras se lee el “NOS HAN PILLADO”.

En los últimos debates que he visto, empiezan a cambiar de posición y optan por decir que este tipo de abusos pueden atribuirse también al padre, no solo a la madre. En abstracto parece evidente. Pero, resulta que actualmente el 90 % de los hijos de parejas separadas o divorciadas están bajo la custodia de la madre, no del padre. Con la custodia compartida las cosas indudablemente serían diferentes: los hijos disfrutarían de sus dos progenitores y el riesgo de abuso sería mucho más improbable.

La siguiente entrevista de La Contra de La Vanguardia abunda en el tema.

La Vanguardia, miércoles, 20 de junio de 2007

La Contra página nº 76

“Madre alienadora, padre excluido” VÍCTOR-M. AMELA

O D I O

Estremece oír los casos que me relata Arantxa Coca en su consulta, analizados también en su manual ´Hijos manipulados tras la separación´ (Oxigen Viena), coescrito con Domènec Luengo y subtitulado ´Cómo detectar y tratar la alienación parental´. Algunas madres llegan a ´encargarle´ informes psicológicos que perjudiquen al padre, para que el juez le paralice las visitas a los hijos, y así tener vía libre en su proceso de ´alienación parental´. Arantxa Coca las rechaza: “Sólo trabajo con menores si tengo el consentimiento de ambos progenitores” (cosa que no todos los psicólogos hacen). “Mi ex me ha destrozado la vida, ¡y ahora se va a enterar!”, se dice una parte. Y vaya si se entera… a costa de inmolar a los hijos, a los que ama menos que a ese odio que la abrasa.

ARANTXA COCA, PSICOPEDAGOGA FAMILIAR. Tengo 31 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy psicopedagoga familiar. Vivo en pareja y tengo un bebé de seis meses, Dominic. Soy librepensadora. No comento mis creencias religiosas. Constato hoy un incremento del síndrome de alienación parental: uno de los progenitores intenta extirpar al otro de la esfera afectiva de su hijo

-Las familias necesitan psicólogo?

– Sobre todo en defensa de los menores.

– ¿Estamos dañándoles?

– A mí ahora me inquieta mucho el incremento del síndrome de alienación parental.

– ¿Qué es eso?

– Es un atentado al derecho del menor de disfrutar de dos progenitores, a tener dos referentes, a tenerlos integrados dentro de sí.

– A contar con un padre y una madre, ¿no?

– Tanto si están vivos como si están muertos, el menor tiene derecho a integrarlos afectivamente a ambos desde el bienestar.

– ¿Y quién perturba ese derecho del menor?

– El alienador parental.

– ¿Quién es ese tipo?

– Uno de los dos progenitores.

– Pues empezamos mal…

– Sí. Un progenitor se convierte en alienador cuando actúa de modo que logra indisponer al menor con su otro progenitor.

– Ah, ya voy entendiendo…

– Sucede en muchas separaciones de pareja: un progenitor programa mentalmente al menor para que identifique al otro progenitor como una amenaza, como al enemigo.

– ¿De verdad podemos “programar mentalmente” a un menor?

– ¡Claro! Es una auténtica programación mental con fines perversos. ¡Un lavado de cerebro como el de una secta!

– Un ejemplo.

– Imagine a una madre separada que le dice a su hijo, antes de librarlo al padre en su fin de semana: “No tienes por que hacer nada que no te apetezca…”.

– Ah, qué sutil…

– Instila en el menor una actitud refractaria hacia el padre, ¡la actitud de defenderse de él! Y, claro, aquí me llegan padres desesperados porque su hijo de diez años les ha espetado: “¡Tú a mí no me mandas!”.

– Tristísimo: así es imposible ser padre…

– El padre, loco de dolor, ve como pierde el afecto de su hijo. ¡Y al hijo le roban al padre!: el alienador (la madre, en este caso) inflige un gravísimo maltrato psicológico al hijo, pues le extirpa al padre de su esfera afectiva, de su psique. ¡Una mutilación emocional!

– En este caso que me cuenta, ¿el menor está metabolizando el odio de la madre?

– El padre se retrasa diez minutos en recoger al menor, y la madre comenta: “Ay, otra vez nos ha fallado tu padre”. ¡”Nos”, dice!: fusiona al menor a ella. Y el menor se identifica, y se desvivirá por no “traicionarla”.

– ¿Y con qué consecuencias?

– Interiorizará el abandono (y eso derivará en tristezas, depresiones…), se sentirá culpable de lo que sucedió, ¡y no soportará separarse de su madre! Y pronto será el menor quien actuará por ella: se negará a ver al padre.

– ¡Parece un ejercicio de vudú, de posesión!

– No es mal modo de verlo.

– Me ha hablado de una madre alienadora: ¿es el esquema habitual, o hay otros?

– Por desgracia, es el más frecuente. Es un triángulo: madre alienadora, padre excluido, menor alienado. ¡Psíquicamente mutilado!

– El padre es el que más sufre, en principio.

– “Este niño me adoraba, y ahora… ¡no le reconozco!”, me dicen padres entre sollozos. Es la señal: el niño ha sido alienado. Es decir, ha mutado su identidad afectiva: ¡al igual que una anoréxica se ve gorda, ahora este niño ve en su padre a un enemigo!

– Todo un drama…, ¿irreversible?

– Habría que retirarle el hijo alienado (maltratado) al alienador (maltratador): retirarle la custodia, apartarle una temporada.

– Hágase, pues.

– Hay un problema: los jueces. Los jueces no quieren mojarse: la custodia, para la madre. ¡No quieren complicarse! No contemplan el síndrome de alienación parental como maltrato psicológico. ¡Y se consuma!

– Pues vaya con nuestros jueces…

– Los jueces optan por preguntar al niño. Y, claro, el niño alienado habla por boca del alienador… Y el juez no profundiza más.

– ¿Qué puede hacerse?

– A la sociedad, que ya se ha concienciado acerca de maltratos como el mobbing y el bullying,le toca ahora concienciarse de este maltrato de alienación parental.

– ¿Qué aconseja a un progenitor que empiece a detectar este síndrome en su hijo?

– Pese a todo, comunicárselo al juez. Insistir. Luchar por el menor. Por su bien. A un padre excluido le he dicho: “Lucha por tu hijo, ¡para que un día comprenda que tú quisiste tenerle a tu lado!”. La madurez del hijo, un día, podría devolvérselo…

– Magro consuelo.

– Lo peor, lo más duro para el padre excluido, es verse insultado, ¡insultado!, por su hijo. Se registran muchas depresiones, claro…

– ¿Qué síntomas en un niño deberían alertar al progenitor?

– Si el niño viene con una lista de normas del otro progenitor: “Que haga o no haga esto”, que si la ropa, que si los deberes… O cuando el niño le suelta al padre: “¿Por qué no nos das más dinero?” O cuando el padre le riñe y el niño replica: “¡No me hables así o irás al juez!”. O le dice: “¡No me toques!”.

– ¿Alguna pista más?

– El niño puede somatizar su caso en alteraciones digestivas. Y empeorar en la escuela, por una merma de atención y memoria.

– ¿Todos somos alienadores en potencia?

– Sí. Sobre todo si eres una persona susceptible, tajante, monolítica, exagerada, y si sueles pensar que todo el mal está en el otro.

– ¿A qué extremo puede llegar el alienador?

– Una acusó con falsedad a su ex de acoso sexual sobre sus hijos, para que el juez los apartase cautelarmente del padre… ¡y así culminar sin trabas la alienación del menor!

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