El “amor” analizado jurisdiccionalmente en Argentina (caso inédito)

[Visto: 1890 veces]

INEDITA SENTENCIA EN CAPITAL FEDERAL ARGENTINA

FUENTE: Clarin 28/05/08

Un tribunal falló que si un matrimonio se divorcia por “desamor”, no hay culpables
En primera instancia, el hombre había sido condenado por infidelidad.

En primera instancia, la Justicia había decretado el divorcio vincular por exclusiva culpa del esposo y, por ende, lo había condenado a pasar alimentos. Invocaba como causa el adulterio. Pero la Sala B de la Cámara Civil revisó y cambió todo. Habló de lo que significa un matrimonio y de lo arbitrario que puede ser una sentencia “que recree las figuras de un culpable’ y un inocente’ en el divorcio”. Mas bien encontró una explicación en el “desamor” y citó a Francoise Dolto cuando dijo que “la culpa es un veneno destilándose” en el seno de una familia.

Desde el punto de vista jurídico, el caso tiene causas objetivas y otras subjetivas. Lo objetivo es que el hombre se fue de la casa. Lo subjetivo, el adulterio y las injurias graves que le adjudicaba la esposa.

El juez que fundamentó el fallo, Mauricio Mizrahi, fue contundente a la hora de valorar las causas subjetivas. “Es harto improbable la determinación, con un grado razonable de certeza, del real responsable -si es que existe- del fracaso conyugal –escribió-. Es que no debe perderse de vista que en el vínculo matrimonial se parte de una comunidad de vida en la que se entremezclan comportamientos cuyos respectivos orígenes son de muy difícil identificacin. La realidad es que el juez no podrá conocer lo que ha sucedido en la intimidad del hogar”.

Con semejante declaración de principios, la Sala se abocó a los hechos que consideró probados.

El hombre se apartó del hogar en noviembre de 1997. La separación fue reconocida por la mujer, quien lo responsabilizaba por eso. En el año 2003 le envió una carta documento en la que decía la causa era el adulterio. El Tribunal cita otras expresiones de la esposa: “Fuertes desencuentros en la pareja”, un deterioro paulatino, el “desamor y desinterés” del marido en la pareja, en suma, “el desquicio o fracaso de nuestro matrimonio”.

Pero la Sala B encontró que la mujer, con el paso del tiempo, cambió de parecer. Dejó de reconocer la ruptura de la unión en 1997 y la imputó a “razones laborales”. “El se retira para ir detrás de ella”, dijo la esposa, y por eso consiguió el traslado en su trabajo a una ciudad del sur bonaerense. También dijo que el matrimonio funcionó como tal hasta 2003. Esto motivó una reflexión del juez Mizrahi, suscripta por los otros camaristas, Gerónimo Sanso y Claudio Ramos Feijoo, acerca del matrimonio.

Que durmiera en el “hogar conyugal” cada 15 días o un mes, que se presentaran en sociedad como matrimonio, que hayan viajado juntos a Mar del Plata… todo eso no significa nada. Bueno, “tal vez una relación armónica entre los esposos, pero de ninguna manera implica que se haya reestablecido la plena comunidad de vida tras una suerte de reconciliacin”.

La misma Sala había decidido en el año 2003 que incluso el nacimiento de un hijo “no comporta la reanudación de una vida en común con todas las consecuencias que ello implica”.

La separación de hecho ocurrió en 1997. La acusación de adulterio ocurrió en 2003. “Durante 5 años y 3 meses la que se dice afectada permaneció en absoluto silencio”. Esto implica una admisión de la voluntad de separación. La mudanza del marido, dijeron los jueces, “es una consecuencia del quiebre de la convivencia y no a la inversa”.

Para la Sala B, no quedó probado que el marido haya tenido una nueva pareja antes de noviembre de 1997.

¿Y si la tuvo después? “Los derechos y deberes matrimoniales no se tornan exigibles una vez que ha quedado quebrantada la unión conyugal -sentencia el fallo-. Está en juego el derecho a la privacidad de los sujetos: ello dicho para el supuesto de que se pretendiera imponer al separado de hecho una veda absurda, como sería la imposición coactiva de una inconcebible abstinencia sexual”.

En consecuencia, decretó el divorcio vincular. Sin culpas. Y sin pagos de uno a otro

“Un nuevo imaginario en el derecho de familia”
La sentencia de la Sala B cita abundante bibliografía. Entre ellos, a Guillermo Borda, de quien recuerda la frase: “Debajo de la superficie, oculta a los ojos del juez, no expresada /y no expresable en las fojas del expediente, está la gran masa de pequeños hechos que son la verdadera causa del divorcio”.

El doctor Borda amplió ayer a Clarín su punto de vista: “Estoy a favor del divorcio remedio, no del divorcio sanción. Se trata de solucionar la desavenencia sin culpar a uno. La relación se enfrió, han perdido el fuego, se acabó la pasión y no son culpables, o lo serán pero no como las causas que establece el Código: injurias graves, adulterio, abandono del hogar voluntario, maltrato frente a terceros, el desprecio. No buscar sangre ni demostrar la culpa redunda en beneficio de los hijos también”.

Otro abogado especialista en temas de familia, Osvaldo Ortemberg, saludó el fallo: “Usted no va a ver en el Código Civil la palabra amor, entonces uno no puede menos que maravillarse con la sentencia porque así entra nuevo imaginario en el campo del derecho de familia, la noción de amor”.

Si en un divorcio no hay culpables, ¿cuáles son las consecuencias económicas? “En todos los divorcios los bienes que integran la sociedad conyugal se dividen en partes iguales, así haya un culpable. Pero en el tema alimentario hay una incidencia según quién resulte culpable y quién inocente. El inocente tiene derecho a mantener el mismo nivel de vida que tenía durante el matrimonio”.

TESTIMONIO
“Nos obliga a preguntarnos por el amor”
“El desamor no se puede ver ni probar como una infidelidad o un golpe. No es cuantificable ni tangible. Este fallo entrecruza cuestiones jurídicas y psicológicas, e intenta buscar una razón desde lo emocional. Pero surge una dificultad: no es tan sencillo hablar de amor”, afirma la psicoanalista Cristina Castillo, docente y coordinadora de Pareja y Familia del Centro Dos asociación civil.

Sin embargo, Castillo destaca que el fallo abre un significativo interrogante: “preguntarnos a qué llamamos amor”.

En ese sentido, la psicoanalista avanza en una breve introducción: “Todas las parejas transitan por una etapa de enamoramiento en la que priman la ilusión, la pasión y el romanticismo. Y es esperable que con el tiempo ese momento se termine. Ahora bien, cuando eso sucede muchas parejas confunden la caída del enamoramiento con el desamor”.

“Lo cierto es que después de la fascinación -aclara Castillo-, el amor continúa pero de otra manera. Y en cada caso depende de la madurez emocional de los integrantes de la pareja. Aquí comienza una construcción complicada, que se hace de a dos. Es el momento en el que la pareja se pone a punto: sigue o no”.

“¿Qué es entonces el desamor? Tampoco es fácil hablar de esto”, responde Castillo.

“Lo que más me preocupa es que no se oculte en conflictos más graves como las cuestiones económicas y las infidelidades”, culmina.

__._,_.___

Puntuación: 0.00 / Votos: 1

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *