¿Con quién tiene que hablar Távara para lograr algo?

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¿Con quién tiene que hablar Távara para lograr algo?

Por: Juan Paredes Castro | El Comercio

El Gobierno y el Congreso están llevando al Poder Judicial a una situación humillante, que no es la mejor carta de presentación para un país que se jacta de celebrar tratados internacionales de comercio como el suscrito y ratificado con Estados Unidos.

Inclusive nuestras tendencias de crecimiento económico se verían en algún momento seriamente afectadas solo por el agravamiento de la crisis de eficiencia y confianza que padece la administración judicial.

Ahora ya no puede decirse que el problema sea de liderazgo. Francisco Távara representa lo que en mucho tiempo no ha tenido la presidencia de la Corte Suprema y del Poder Judicial: la voluntad de ir hasta las últimas consecuencias por los cambios y reformas que necesita el sector. Pero tampoco está dispuesto a hacer el ridículo pidiendo cada centavo de sol al ministro de Economía y Finanzas y esperando que la bendita pereza del Congreso acabe pronto para que la propuesta de la Ceriajus (Comisión de Reforma Integral de la Administración de Justicia) sea vista pronto.

Siempre que la máxima autoridad judicial del país ha querido hacer una cuestión de Estado de su crisis institucional, lo único que ha conseguido es una fotografía en Palacio de Gobierno, flanqueado por el presidente de la República y el presidente del Congreso. Por esta circunstancia pasaron Hugo Sivina, gran impulsor de la Ceriajus, y Manuel Vásquez Vejarano, que prefirió no hacer demasiadas olas.

Por supuesto que Távara no querrá pisar las cumbres del poder para que todo siga igual. El ministro Luis Carranza debería ir al despacho de Távara con una solución en la mano. Sería todo un gesto de cambio en un país en el que los presidentes de la Suprema han tenido que implorar el favor de ser recibidos en el despacho de Economía y Finanzas. Apenas asumió la presidencia del Congreso, Luis Gonzales Posada dio el desacostumbrado ejemplo de visitar a Távara. ¿Pero qué sacó este de ese protocolo? Hasta ahora, ¡ nada!

Con toda la voluntad que tiene Távara de cambiar las cosas y devolverle la confianza necesaria al Poder Judicial, su dependencia del Gobierno y del Congreso es profundamente dramática.

Távara ha llegado al punto de no saber con quién hablar y con quién tratar. Carranza no le contesta sus llamadas. Gonzales Posada suele ser cortés con él, pero los votos de la reforma judicial siguen todavía sometidos al chantaje de la bancada humalista, que exige previamente lo que por ahora es imposible: la convocatoria a una asamblea constituyente para cambiar la Carta Política del 93.

¡Qué tal exigencia para más absurda!

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