El Nobel Gore (nunca fue presidente, pero ayudó no haberlo logrado)

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De ex vicepresidente de los Estados Unidos pasó a ser el gurú del medio ambiente. Hoy, Al Gore, flamante Premio Nobel de la Paz, se debate en el dilema de volver a tentar la presidencia o continuar su gesta contra el calentamiento global.

Por Nilton Torres. La República

Es carismático, se codea con los más famosos y comprometidos rockeros, ha sido presentador en los premios Oscar y en los MTV, es amigo de los políticamente incorrectos Matt Groening –creador de Los Simpson– y Michael Moore, y al ganar el Premio Nobel de la Paz se ha colocado a la altura de la Madre Teresa, Martin Luther King y el Dalai Lama.

Albert Arnold Gore Jr., o simplemente Al Gore, el político norteamericano que se presenta en público como el que “alguna vez fue conocido como el próximo presidente de los Estados Unidos”, ha recibido el importante galardón que la academia sueca concede a la persona o institución que ha trabajado promoviendo la paz en el mundo, un premio que comparte con el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas (IPCC). El Comité del Nobel dijo a los medios que le otorgaba este reconocimiento debido a su esfuerzo por “construir y divulgar un mayor conocimiento sobre el cambio climático causado por el hombre”.

La decisión, dada a conocer el pasado viernes 12 de octubre, coloca a Gore, de 59 años, en una posición envidiable al ser ponderado como uno de los principales defensores del medio ambiente en el mundo.

Luego de que en el año 2000 perdiera las elecciones presidenciales frente a George W. Bush y de haber sido vicepresidente de los Estados Unidos durante ocho años en la administración de Bill Clinton, el ex senador demócrata se ha dedicado a viajar por el mundo dictando conferencias que alertan sobre el peligro que se cierne sobre el planeta. Gore ya no es más un loser, y apelando a esa simpatía de la que hace gala frente a Larry King o ante una parodia del decano del humor gringo, Saturday Night Live, ha sido elevado a la categoría de gurú del medio ambiente, y más aun luego de haber conducido el documental ganador del Oscar “La verdad incómoda”.

“Estoy profundamente honrado. La crisis climática no es una cuestión política, sino un reto moral y espiritual para toda la humanidad”, dijo Gore a través de un comunicado difundido por la cadena CNN poco después de conocida la decisión de la Academia Sueca. Un galardón que lo coloca en una posición envidiable, sobre todo si es que trata de volver a tentar el sillón presidencial, como ya muchos están pronosticando.

En “calor” de multitudes

Gore continúa su gesta ambientalista, aunque sus detractores le recriminan que cobre miles de dólares por sus conferencias.

Gore nació en Washintong DC y, como hijo de la capital y del senador Albert Gore, perfiló su carrera política apuntando directamente a la Casa Blanca. Fue a Vietnam y se casó con su novia de la adolescencia, la fotoperiodista y activista por los derechos en salud mental Mary Elisabeth “Tipper” Gore, con la que tiene cuatro hijos.

En 1976 fue elegido para el Congreso representando a Tennessee, estado en el que pasó su infancia, y ocho años después llegó a ganar un escaño en el Senado, repitiendo el plato en 1990. En 1991 publicó “Earth in the Balance: Ecology and Human Spirit”, un manifiesto a través del cual se presenta como un humanista verde y en cuyas páginas llama a prevenir la inminente crisis ambiental y el calentamiento global que nos sofocará en el siglo XXI.

Dos años más tarde, en 1993, acompañó a Bill Clinton en la plancha presidencial y se convirtió en el cuadragésimo octavo vicepresidente de los Estados Unidos. Curiosamente durante aquel tiempo es que se constituye el Protocolo de Kioto, pacto celebrado en 1997 durante la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático, y que comprometía a los estados a reducir, entre el 2008 y el 2012, sus emisiones de gases que generan el “efecto invernadero”. Este protocolo necesitaba de la firma de 55 países, por lo menos, para entrar en vigor y recién en el 2005, con la adhesión de Rusia, se pudo concretar. Estados Unidos no ha suscrito este documento debido a la férrea oposición de Bush y de los republicanos en el Congreso norteamericano.

En noviembre del año 2000, Gore tentó la presidencia de su país por primera vez en una elección que, según las primeras proyecciones, ganó, pero que luego de un ajustado conteo de votos y de la intervención de la Corte Suprema norteamericana se determinó el triunfo de su oponente, el republicano George W. Bush.

A partir de entonces, y luego de un breve periodo como profesor universitario, Gore retomó el activismo ambiental y se dedicó a dar conferencias. Cuando el año pasado el documental dirigido por Davis Guggenheim, “La verdad incómoda” (An Inconvenient Truth) –que se basa precisamente en las conferencias de Gore pero revestidas con imágenes de nevados sin nieve, osos polares ahogados y huracanes devastadores– gana el Oscar, el político de andar rígido y sonrisa perpetua se erige como el non plus ultra de la defensa del planeta.

Gore for president

Los glaciares y su lenta agonía.

En mayo de este año la revista Time le dedicó –proféticamente– la portada a Gore. El titular en primera página era bastante elocuente: “La última tentación de Al Gore”, refiriéndose a la opinión recogida entre los miembros más influyentes del Partido Demócrata, que coinciden en que es el único con probabilidad de ganar en las elecciones del 2008. Y sus méritos no serían sólo el Nobel. También pueden incluirse el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, recibido en junio de este año, e incluso la organización del Live Earth, concierto de rock realizado el 7 de julio en simultáneo en siete países para llamar la atención de la juventud sobre el calentamiento global. En estos eventos participaron Red Hot Chili Pepers, Madonna, Metallica, Shakira, Maná, Black Eyed Peas UB40, The Police, entre muchas otras figuras consagradas del rock y la música pop.

“No la he descartado (la posibilidad de postular), pero no creo que eso tenga posibilidad de producirse ahora”, ha dicho Gore a la prensa, y sus voceros ratifican esa posición con inocultable resignación porque para todos los analistas resulta un poco tarde para comenzar a recolectar fondos para una campaña.

Aun así, a comienzos de la semana en The New York Times se publicó una carta abierta, firmada por los miembros de la denominada “Campaña por la Candidatura de Gore”, quienes exhortan al ex vicepresidente a que escuche el clamor del país, y en el internet la cosa se replica por millones de bytes. Incluso famosos como Leonardo Di Caprio y Cameron Diaz le piden que acepte. No deberá pasar mucho tiempo para que Al Gore defina su situación, por lo que la próxima campaña electoral estadounidense podría teñirse de verde.

Verdades que incomodan…

A pesar de la simpatía que despiertan Gore y su gesta ambientalista, no son pocos los que se han manifestado en su contra. La web “Kaos en la red” recuerda que fue durante el gobierno de Clinton-Gore, que Estados Unidos bombardeó Yugoslavia, Sudán, Afganistán, Irak, Zaire y Haití. “De pacifista, nada”, dice el portal, que también lo señala como uno de los impulsores del uso de biocombustibles, propuesta que, aseguran, auspicia la deforestación y atenta contra el cultivo de productos básicos para la alimentación. De otro lado, en marzo de este año el Tennessee Center for Policy Research denunció que la mansión de los Gore consumía 22,619 kilowatios hora, más del doble de la media de las familias americanas en un año. Y por si fuera poco, hace unas semanas el juez del Tribunal Supremo de Londres, Michael Burton, falló a favor de una demanda interpuesta por el ciudadano Stewart Dimmock contra “Una verdad incómoda”, a la que denunció por alarmista, exigiendo que se prohíba su exhibición en las escuelas públicas inglesas.

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